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“Estados Unidos y Brasil tienen elecciones en los próximos días. La actuación de ambos mandatarios
estuvo dirigida también a sus propias internas. Lula proyectó el peso y
el respeto internacional que concita su figura, mientras que Trump
insistió con una sobreactuación del MAGA (Make America Great Again) usando a
América Latina de punching ball. En paralelo a la presencia de Milei,
el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, estaba
también en Nueva York. Su visita se desarrolló en dos niveles, uno
económico y otro político. Por el primero, se reunió con los acreedores de
la deuda que tomó la exgobernadora María Eugenia Vidal y que debió negociar
Kicillof. También se reunió con empresarios interesados en conocer a un futuro
presidenciable. En el otro plano, el de la política, en vez de
buscar con afano una reunión con Trump que no le cedieron, Kicillof
se reunió con la antítesis de Trump, el joven alcalde de Nueva York, Zohran
Mamdani, quien declaró que, si tuviera la capacidad, hubiera metido preso a
Netanyahu. El gobernador bonaerense participó en una reunión de fuerzas
populares y progresistas en la que también intervino el mandatario español, Pedro
Sánchez. El itinerario fue la contracara del que realizó Milei. Lo más
insólito fue que el Presidente argentino responsabilizó a Kicillof por la suba
del riesgo país. Dos giras, dos países.
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Milei y Rubio en un pasillo de la Asamblea General de Naciones Unidas. Secretary Marco Rubio. EFE
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NACIONES DESUNIDAS.
Panorama Político Global.
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Milei volvió con poco de la ONU, atrás
quedó la curiosidad que provocaba. Sin bilateral con Trump ni respaldo por
Malvinas y apenas un encuentro de pasillo con Rubio. Kicillof en una gira
diferente.
Por Luis Bruschtein.
Fuente.
Página /12 domingo 17 de septiembre del 2026.
Milei y Rubio en un pasillo de la
Asamblea General de Naciones Unidas. Secretary Marco Rubio. EFE
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El tono sobregirado de los discursos
en la Asamblea General de la ONU fue una fotografía de la tensión extrema en un
planeta sacudido por los reacomodos en la circulación del poder, las guerras y
el surgimiento de una súper herramienta como la inteligencia artificial “que se
desarrolla sin comprender sus consecuencias” como afirmó Javier Milei. Por su parte el presidente
estadounidense, Donald Trump, amenazó a América Latina con
intervenir militarmente en cualquier país de la región.
En su afán de atraer al mega tecnológicas, Milei
se mostró como ferviente partidario de desarrollar sin regulaciones a la
inteligencia artificial, que tendría “grandes consecuencias para las
sociedades humanas, algunas de las cuales no llegamos a comprender”. Si
no se comprenden esas “grandes consecuencias”, razón demás para
desarrollarla tomando todas las precauciones del caso. Milei aplica un
razonamiento religioso, que es perfecto para cuestiones religiosas, pero
resulta estúpido en un tema científico.
La misma confusión de brutalismo anacrónico desplegó cuando calificó
de “genocidio” a la medida que salvó más vidas durante la pandemia
mundial. El aislamiento fue una medida traumática y dolorosa, pero era
la única solución para una pandemia que no tenía vacuna y era tan contagiosa.
Los países que no cumplieron el aislamiento, como Estados Unidos con Donald
Trump y Brasil con Jair Bolsonaro tuvieron gran cantidad de
víctimas, con sus sistemas de salud desbordados, lo que no sucedió en Argentina,
donde el aislamiento se cumplió. En el Estados Unidos de Trump, los
cadáveres se apilaban en camiones de transporte de sustancias alimenticias,
porque las morgues estaban desbordadas.
El mandatario argentino denunció como
“experimento de control social” a una medida que salvó tantas vidas, al mismo
tiempo que impulsó con entusiasmo un sistema de control social real, que ya se
aplica, como es la inteligencia artificial en el caso de Palantir. En esa doble confusión quedó expuesta
la apelación demagógica a la ignorancia como esencia de su discurso y la
inclinación por el autoritarismo como idea de gobierno.
En otro momento reafirmó su “firme”
alineación con los gobiernos de Donald Trump en Estados Unidos y de Benjamin
Netanyahu en Israel. Sólo
hubo un corto aplauso del grupo de su comitiva porque el resto del salón estaba
vacío durante su discurso. La mayoría de los mandatarios hicieron una defensa
del multilateralismo frente a los discursos hegemonistas, como el de Trump.
Los europeos expresaron su temor a una “guerra híbrida” con Rusia y
los de Medio Oriente apuntaron al temor a que se extendiera la guerra
entre Estados Unidos e Irán.
Con un seguimiento sobreactuado a
Israel y Estados Unidos, Milei quedó en soledad con su poco creíble defensa de
la soberanía argentina en las islas Malvinas. En su momento explicó el cambio abrupto de su posición
porque dijo que aprovechaba el enojo de Trump con su socio histórico
porque no lo acompañó en los bombardeos a Ormuz. Pero el norteamericano
mantuvo una bilateral amistosa con el primer ministro británico, Andy
Burnham y no se reunió con Milei. El libertario, que muchas veces
demostró que no le importan las Malvinas, jugó la soberanía argentina como
moneda de cambio en una negociación entre Estados Unidos y Gran Bretaña y, por
supuesto, el tema fue lo primero que quedó de lado.
El secretario del Departamento de
Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, apenas lo atendió de parado en un
pasillo para un intercambio de unos minutos. La única bilateral fue con Netanyahu, que fue
repudiado cuando gran parte de las delegaciones se retiraron entre abucheos
durante su discurso. La soledad de Netanyahu, el aliado de Milei fue
ominosa.
En declaraciones periodísticas tras su discurso, Milei
aseguró que Trump y Netanyahu son seres humanos “excepcionales”.
Trump acababa de amenazar a los países latinoamericanos, entre ellos
Argentina, con invasiones e intervenciones. Y Netanyahu tiene una
orden de captura pedida por la Corte Penal Internacional a raíz de los
crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza. La diplomacia del
gobierno de Milei se alejó de los que respaldaban el reclamo argentino
por Malvinas y se sometió a la de los países que respaldan a Gran Bretaña.
El premio consuelo que cedió el
gobierno de Trump fue un acuerdo sin plata, de financiamiento a futuro de obras
para los polos mineros, gasíferos o petroleros, por siete mil millones de
dólares. Pero Estados
Unidos exigió que el acuerdo sea aprobado a libro cerrado por el Congreso
argentino, o sea, sin discutir las cláusulas que lo constituyen.
Lula abrió el plenario con un discurso
impecable en el que
reivindicó el crecimiento con justicia social como meta socioeconómica, el
multilateralismo como ordenamiento internacional y advirtió contra los
hegemonismos. En ese punto incluyó la frase que molestó a Trump: “Brasil no
cabe en el patio trasero de ninguna potencia”.
Lo siguió Trump, que se cansó de
subrayar que su país tiene un “ejército maravilloso y el más fuerte del
planeta” lo que ejemplificó con la agresión a Venezuela y el inhumano bloqueo
al pueblo cubano. Y
advirtió que usará esa fuerza en cualquier país del hemisferio occidental (por América
Latina y el Caribe) si considera que están amenazados los intereses de su
país. Estados Unidos determina (sea cierto o no) que en determinado país
actúa un cartel narcoterrorista y se considera con el derecho de invadirlo. La
amenaza pareció una devolución a las palabras de Lula. Insistió con
arrogancia en la invasión a Venezuela y se jactó de haberse apoderado de su
petróleo, con otra frase brutal: “el botín es para los vencedores”.
Una amenaza de ese calibre siempre es grave. Pero en este caso la gravedad es mayor porque significa que la región perdió soberanía, que los latinoamericanos pasaron a convertirse en ciudadanos de segunda que no pueden tomar decisiones que disgusten a la potencia del Norte. Trump dijo que tiene derecho a intervenir en cualquier país de la región donde opere una banda narco. Para invadir Venezuela, inventó el Cartel de los Soles, que no existía.
Estados Unidos y Brasil tienen
elecciones en los próximos días.
La actuación de ambos mandatarios estuvo dirigida también a sus propias
internas. Lula proyectó el peso y el respeto internacional que concita
su figura, mientras que Trump insistió con una sobreactuación del MAGA
(Make America Great Again) usando a América Latina de punching ball.
En paralelo a la presencia de Milei, el gobernador de la provincia de
Buenos Aires, Axel Kicillof, estaba también en Nueva York. Su
visita se desarrolló en dos niveles, uno económico y otro político. Por el
primero, se reunió con los acreedores de la deuda que tomó la exgobernadora
María Eugenia Vidal y que debió negociar Kicillof. También se reunió con
empresarios interesados en conocer a un futuro presidenciable.
En el otro plano, el de la política, en vez de buscar con afano una
reunión con Trump que no le cedieron, Kicillof se reunió con la
antítesis de Trump, el joven alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani,
quien declaró que, si tuviera la capacidad, hubiera metido preso a Netanyahu.
El gobernador bonaerense participó en una reunión de fuerzas populares y
progresistas en la que también intervino el mandatario español, Pedro
Sánchez. El itinerario fue la contracara del que realizó Milei. Lo más
insólito fue que el Presidente argentino responsabilizó a Kicillof por la suba
del riesgo país. Dos giras, dos países.
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