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“Al respecto cabe recordar que la crisis de los misiles
de Cuba en los años 60 tuvo su génesis en la intención de EE. UU. de
poner armas nucleares en Turquía. La respuesta soviética fue la
instalación de sus propias armas estratégicas en el país caribeño.
En el primer decenio de los años 2000 EE. UU. comenzó a instalar misiles
interceptores en países de Europa del este. Esto fue percibido por Rusia
como una ruptura de las paridades estratégicas. Su defensa fue el desarrollar
armas hipersónicas que hicieron impotentes las defensas antiaéreas.
“Por
ahora, la construcción de la Cúpula Dorada de Trump es vista por Rusia
como un regreso al equilibrio estratégico en momentos que el país eslavo se
ve envuelto en el conflicto ucraniano, pero el desarrollo imprevisible de
los acontecimientos hace difícil un entendimiento de larga data entre las
potencias. La geopolítica del cambio climático se
sigue desarrollando, es factible que los EE. UU. de Trump ponga
próximamente sus ojos en la Antártida,
continente protegido por tratados internacionales que a
estas alturas son solo papel mojado.
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GEOPOLÍTICA DEL CAMBIO CLIMÁTICO.
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Por Ignacio Figueroa
Foessel | 28/01/2026 | Ecología social
Fuentes Revista rebelión miércoles 28
de enero del 2026
Fuentes: Rebelión.
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Desde hace unas décadas desde los ejes
del poder y sus medios fijaron que el cambio climático era la máxima
preocupación humana, una condición existencial que significaba compromisos para
la reducción de los gases de efecto invernadero y la preponderancia de
las organizaciones internacionales para alcanzar acuerdos que evitasen
tragedias.
Desde la investidura de Donald
Trump en su segundo periodo presidencial, además de los conflictos en
diferentes partes del mundo, una consecuencia ha sido la salida del tema
climático de los medios corporativos mundiales.
El negacionismo de Trump del cambio climático implica que el país con mayores emisiones de gases de efecto invernadero no participa de las negociaciones que podrían poner atajo a las consecuencias dramáticas del uso indiscriminado de combustibles fósiles.
“Todo lo sólido se disuelve
en el aire” la
frase de Marx en el Manifiesto Comunista sobre
el capitalismo, se convierte en un concepto de absoluta vigencia cuando el
régimen de Trump apoya a los líderes de ultraderecha en el mundo, creando
sociedades donde los valores democráticos son subvertidos por los preceptos de
la acumulación de capital, elitismo y violencia de clase. Además de socavar la
política interna de EE. UU. con la búsqueda de la toma del poder total.
En el ámbito geopolítico,
destruye el frágil derecho internacional y las organizaciones que intentaron un
orden posterior a la Segunda Guerra Mundial (IIGM), instaurando las
directas relaciones de fuerza entre los Estados, la retaliación como eje de la
política y la violencia como prima ratio.
Ya que los Estados Unidos no
respetarán los acuerdos en materia climática, se sabe que Groenlandia y el Ártico estarán
disponibles para la explotación de sus recursos naturales con el progresivo
derretimiento de los hielos más antiguos y gruesos, se estima que antes de
2040 el Ártico no presentaría hielo en la época estival.
Un reciente informe de la Naciones
Unidas (ONU) establece que comienza “una era de
bancarrota hídrica mundial”, con un impacto en acuíferos, glaciares,
humedales y otras reservas naturales de agua no recuperables.
La necesidad de agua potable es patente aumentando la importancia de las
reservas de Groenlandia con sus glaciares que lo ubican en el segundo
lugar del mundo.
La inevitabilidad de los efectos en el clima a falta de acuerdos propone una carrera de las grandes potencias por dominar el Polo Norte como una fuente prístina de recursos naturales. La realidad de las relaciones entre países se ve condicionada por la geopolítica del cambio climático.
Países como China
y Rusia han estado desarrollando una serie de rutas marítimas a través
del Ártico en miras del derretimiento de los
hielos estivales, acortando drásticamente las distancias para la logística del comercio
internacional, haciendo sus economías aún más competitivas.
Rusia tiene la flota Ártica más importante del mundo incluyendo
ocho rompehielos nucleares. Los EE. UU. anunciaron la formación
de una flota propia de barcos para el Polo Norte comprando a Finlandia
(uno de los principales fabricantes mundiales) cuatro y empezando la
fabricación en el país norteamericano de otros siete.
Los países que están ubicados en el círculo
Ártico tienen una ventaja para su explotación destacándose Rusia, EE. UU.
(Alaska), Canadá, Noruega, Dinamarca (Groenlandia) y Finlandia.
Mientras, EE. UU. explicita su
interés por la posesión de Groenlandia poniendo a Europa en un dilema insalvable de no renunciar a su
soberanía. Trump ha manifestado en diversas oportunidades su deseo de
que Canadá se convierta en un estado
más de la Unión. Al observar el mapa del círculo Ártico se puede
aventurar que las próximas anexiones que buscará Trump son Islandia
(rutas marítimas) y la isla Svalbard perteneciente a Noruega.
Ni Noruega ni Islandia son parte de la Unión Europea,
pero sí de la OTAN. Dinamarca (Groenlandia) es parte de la OTAN y
de la UE, la prevalencia de los EE. UU. en la organización
militar europea hace que tomar los territorios codiciados por Trump sea
factible por la presión que puede ejercer la principal nación en esa
institución.
Por ahora Rusia
y China no han dicho nada taxativo
respecto a la obtención de Groenlandia por Trump, aumentando la
especulación sobre una división mundial del poder en tres Estados.
Si los EE. UU. se retiran de la OTAN ésta se acaba, si Europa accede a perder Groenlandia, la Unión Europea comienza un camino de absoluto vasallaje, irrelevancia y posible disolución.
La estrategia de Trump para la explotación ártica queda limitada por los próximos
tres años que le quedan en la presidencia, más aún cuando están los comicios de
medio término donde se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y
un tercio del Senado. De perder la mayoría parlamentaria, Trump
podría ver radicalmente reducido su poder político.
Sin embargo, la presión que ejerce
Trump hacia la política interna tendrá un salto cualitativo mayor
si pierde, intentando asumir cuotas mayores de poder pasando por sobre el
legislativo. El propio presidente de EE. UU. anunció en el Foro de Davos
que:
«Normalmente dicen
que soy un dictador terrible. Yo soy un dictador. Pero a veces se necesita
un dictador. […]. Todo se basa en el sentido común. No es conservador ni
liberal ni nada por el estilo. Es, digamos, un 95 % de sentido común». En una
entrevista anterior indicó que la única limitante a su poder es su propia
moralidad.
El único presidente de los EE. UU. que gobernó más de dos períodos fue Franklin
Delano Roosevelt, que lo hizo por tres y un cuarto donde fue
sorprendido por la muerte. Lo extenso del Gobierno de Roosevelt fue
gracias a sus grandes condiciones de liderazgo en momentos cruciales cuando se desarrollaba
la IIGM.
Trump siendo quien decide el cuándo, el cómo y el porqué de las
guerras, puede crear su propia crisis bélica que suspenda las garantías
democráticas otorgándole el tiempo necesario para redondear su
estrategia geopolítica de cambio climático.
Por otra parte, Trump señaló que la ubicación de Groenlandia es vital para la construcción del
complejo defensivo denominado “Cúpula Dorada” para
la interceptación de misiles balísticos.
Al respecto cabe recordar que la crisis de los misiles de
Cuba en los años 60 tuvo su génesis en la intención de EE. UU. de
poner armas nucleares en Turquía. La respuesta soviética fue la
instalación de sus propias armas estratégicas en el país caribeño.
En el primer decenio de los años 2000 EE. UU. comenzó a instalar misiles
interceptores en países de Europa del este. Esto fue percibido por Rusia
como una ruptura de las paridades estratégicas. Su defensa fue el desarrollar
armas hipersónicas que hicieron impotentes las defensas antiaéreas.
Por ahora, la construcción de la
Cúpula Dorada de Trump es vista por Rusia como un regreso al
equilibrio estratégico en momentos que el país eslavo se ve envuelto en el
conflicto ucraniano, pero el desarrollo imprevisible de los acontecimientos
hace difícil un entendimiento de larga data entre las potencias.
La geopolítica del cambio
climático se sigue
desarrollando, es factible que los EE. UU. de Trump ponga próximamente sus
ojos en la Antártida, continente protegido
por tratados internacionales que a estas alturas son
solo papel mojado.
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