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“Detroit, una ciudad que se declaró en bancarrota en 2013 y
que es quizás el mejor ejemplo de la decadencia del estilo de vida
estadounidense, pasó de ser la cuarta ciudad del país a una sin
industria por la crisis automotriz de 2008/2010. Su alcaldesa, Mary
Sheffield, la primera mujer que llegó a gobernarla en 325 años
de historia (Detroit se fundó en 1701), declaró que
está intentando evitar las concentraciones juveniles en la ciudad:
“Nos estamos uniendo todos, la comunidad, las fuerzas del orden, todas las
partes interesadas, para asegurarnos de crear espacios seguros para nuestros
jóvenes, de que exista un cierto nivel de responsabilidad parental en el
cumplimiento del toque de queda”. Las “teens takeovers” generan un
conflicto de impredecible desenlace que el gobierno de Trump decidió suprimir
de raíz con políticas de mano dura y represión a los más jóvenes.
No parece haberlo logrado hasta el momento y el problema puede írsele
de las manos, como ya se observa con nitidez en las calles de
Estados Unidos. Es un combustible que aviva el fuego de las protestas
contra su régimen, el capitalismo decadente y el autoritarismo de
una élite minoritaria en la nación más beligerante del planeta.
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Protesta de los "teens takeovers" en Chicago, cuyo alcalde, Brandon Johnson, pertenece al ala izquierda del partido demócrata. (Capturas de Video)
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LAS CONCENTRACIONES DE ADOLESCENTES EN CIUDADES COMO CHICAGO, NUEVA
YORK Y LOS ÁNGELES.
Las teen takeovers de los jóvenes pobres: un fenómeno en Estados
Unidos.
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Menores de barriadas pobres,
generalmente negros, toman el espacio público y desafían el toque de queda ya
instaurado en distintos centros urbanos.
Por Gustavo Veiga.
Fuente. Página /12 lunes 21 de abril del 2026.
Estados Unidos hoy está cruzado por un fenómeno
social que devino en problema político. Tiene que ver con el uso del espacio
público, con quién ocupa sus calles. Las llamadas “teens
takeovers” (tomas de control de adolescentes) mantienen en vilo a
autoridades distritales, estatales y amenazan con transformarse en un conflicto
federal. En el país que gobierna Donald Trump,
las multitudes van ganando espesura popular con distintas motivaciones.
Las protestas “No kings” de millones de personas se reproducen contra el autoritarismo del presidente; las que se organizaron contra el ICE cuestionan la política migratoria draconiana de su régimen y las que crecen contra la guerra en Irán o a favor de la causa palestina –incluso aquellas lideradas por activistas judíos– suelen terminar con decenas de detenciones. Lo que no estaba en los planes de nadie es que crecieran las concentraciones de jóvenes en diferentes ciudades, solo por el hecho de juntarse, causar disturbios o divertirse. Las protagonizan menores de barriadas pobres, generalmente negros, que desafían el toque de queda ya instaurado en distintos centros urbanos.
Grandes ciudades como Los
Ángeles, Nueva York y Chicago fueron escenario de estas prácticas que
cuestionan el orden establecido
por los adultos y además se viralizan gracias al uso de las redes
sociales. Las convocatorias para reunirse en parques, centros
comerciales o distritos donde viven personas de alto poder
adquisitivo no son nuevas, pero en 2026 se multiplicaron como
hechos disruptivos de una costa a la otra de EE. UU.
Las movilizaciones conocidas
como teens takeovers ya se realizaban en barrios muy
específicos de unas pocas ciudades.
Allá por 2023 e incluso antes, en Chicago, la tercera en habitantes
del país que gobierna Brandon Johnson, un alcalde negro y maestro
de escuela que pertenece al ala izquierda del partido Demócrata
hubo este tipo de aglomeraciones adolescentes que no habían llamado
demasiado la atención.
Pero durante el segundo mandato de
Trump, que ya se
acerca al año y medio, estas reuniones se viralizaron y pusieron en
jaque a las autoridades locales. El pasado 7 de abril, el Washington
Post se preguntaba en un artículo
“por qué las ‘tomas de
control de adolescentes’ en Washington D. C. se han convertido en un foco de
controversia política”. En el desarrollo del artículo se mencionaba que “las
grandes concentraciones de fin de semana, a veces tumultuosas, han dado lugar a
detenciones, un toque de queda más estricto y eventos alternativos, pero las
soluciones a largo plazo siguen siendo difíciles de encontrar”.
Washington DC, elimina restricciones nocturnas, Adolescentes celebran en las calles y el temor al caos .....
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Los políticos en la capital de EE. UU.
no lograron hasta ahora ponerse de acuerdo sobre cómo enfrentar este fenómeno, que en varias
ocasiones devino en espectáculo violento. En Washington, donde los índices
criminales disminuyeron en el último tiempo, ahora es tema de
discusión la extensión del toque de queda para menores, que no
pueden ser más de ocho en cualquier encuentro sobre el espacio público.
El 13 de abril, Jeanine Pirro, la fiscal federal para el
distrito de Columbia –donde se ubica la capital–,
definió a las teens
takeovers como “supuestas
reuniones sociales” que “se convierten en un caos criminal”. No solo
pidió que se prolongue el toque de queda. También declaró en la cadena Fox
News: “Ya basta. Todos en Washington D. C. tienen derecho a una ciudad segura y
al derecho de vivir en disfrute tranquilo sin el temor a invasiones juveniles y
la anarquía. ¡Es hora de bajar la edad de responsabilidad y recuperar nuestras
calles!”.
La mujer es una aliada incondicional
de Trump. Justificó
su teoría conspirativa sobre el presunto “robo” de las elecciones en 2020
cuando era presentadora de la cadena Fox y antes de ser nombrada jueza
y luego fiscal federal por los republicanos. Hoy lidera la mano
dura contra adolescentes que en promedio rondan los 14 años.
En la capital actualmente es ilegal
que grupos de más de 8 menores
se reúnan en determinadas zonas a partir de las 20. Este tipo
de reuniones masivas se extendió por todo el país. Desde Florida
hasta Virginia, pasando por Chicago, Los Ángeles y Nueva York.
¿Cuáles pueden ser las
causas del problema en un país ya de por sí convulsionado por las políticas
extremistas de Trump a nivel interno contra los migrantes, los jóvenes
universitarios y los caídos del sistema? Podría responderse que el abandono institucional de
la juventud, la privatización de los espacios públicos y hasta la postergación
de los barrios más pobres de las grandes urbes.
La problemática se convirtió en una
discusión de Estado en Chicago,
donde se conocieron las primeras tomas de posesión en 2023 que
entre adolescentes afroamericanos eran conocidas popularmente como
“trends” (tendencias). Así se las llamaba también a estas
convocatorias a tomar el espacio público en los mensajes.
Tres años después, la repetición de
estos encuentros, en ocasiones
violentos y en otras no, provocó que autoridades de Chicago
se reunieran con representantes de Meta, la dueña de Facebook
e Instagram. Trabajan en un plan que le ponga freno a las movilizaciones
de jóvenes que se dan de manera más o menos espontánea.
La situación de descontrol en el
espacio público generó
una respuesta desde el mundo adulto.
Los padres de estos
jóvenes movilizados apelaron a sus propias “tomas de control”. Ya lo
hicieron en Chicago, con lo que se extiende la brecha entre dos generaciones.
Detroit, crónica de una quiebra anunciada. Del poderío automotriz a una bancarrota. Los jóvenes las grandes victimas.
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Detroit, una ciudad que se declaró en
bancarrota en 2013 y que es quizás el mejor ejemplo de la decadencia
del estilo de vida estadounidense, pasó de ser la cuarta ciudad
del país a una sin industria por la crisis automotriz de 2008/2010.
Su alcaldesa, Mary Sheffield, la primera mujer que llegó
a gobernarla en 325 años de historia (Detroit se fundó en 1701),
declaró que está intentando evitar las concentraciones juveniles
en la ciudad:
“Nos estamos uniendo
todos, la comunidad, las fuerzas del orden, todas las partes interesadas, para
asegurarnos de crear espacios seguros para nuestros jóvenes, de que exista un
cierto nivel de responsabilidad parental en el cumplimiento del toque de queda”.
Las “teens takeovers” generan un
conflicto de impredecible desenlace que el gobierno de Trump decidió suprimir de raíz
con políticas de mano dura y represión a los más jóvenes. No
parece haberlo logrado hasta el momento y el problema puede irsele
de las manos, como ya se observa con nitidez en las calles de
Estados Unidos. Es un combustible que aviva el fuego de las protestas
contra su régimen, el capitalismo decadente y el autoritarismo de
una élite minoritaria en la nación más beligerante del planeta.
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