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“Mientras en Estados Unidos avanza
esta renovada insurgencia progresista, en las calles de Israel se
fortalece un movimiento civil y estudiantil que exige detener la
maquinaria bélica, como el movimiento social Standing Together y
el partido creado recientemente A Place for Us All. En la Argentina
sumida en el declive libertario se empiezan a estructurar los primeros
consensos para enfrentar las elecciones del próximo año. El hecho
más importante fue una sorpresiva “cumbre de unidad” celebrada el martes 11, donde se congregaron los tres
líderes claves del Partido Justicialista: Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo
Kirchner. El freno a la ley de extranjerización de tierras en la Argentina
como resultado de la movilización social es otra de las señales que
muestran la reacción de sociedades fatigadas por el dogmatismo de gobernantes
que intentan rifar los recursos estratégicos. En este escenario,
el autoritarismo mediático y el desprecio por la dignidad humana
pueden ganar elecciones, pero no estabilizarlas. Cuando las urnas
hablen, la cruda realidad económica y social retomará su
curso, recordándonos que el espectáculo político siempre tiene fecha
de caducidad.
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Fuentes: El cohete a la luna.
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TRUMP, NETANYAHU Y MILEI ANTE EL ESPEJO DEL FRACASO.
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Por Ariela Ruiz Caro | 21/08/2026 | Opinión.
Economista Peruana. Radica en el extranjero.
Fuentes, Revista Rebelión viernes 21 de agosto del 2026.
Unidos por una matriz de mesianismo
político y retórica grandilocuente, el trío compuesto por Donald Trump,
Benjamín Netanyahu y Javier Milei se mira en el mismo espejo del desgaste y el
fracaso.
La realidad económica y la caída del
respaldo ciudadano los condena. El caso de la Argentina de Milei se erige con la performance más
dramática del grupo: el experimento libertario ha derivado en una caída
estrepitosa del consumo, destrucción del empleo y un incremento de morosos con
las tarjetas de crédito nunca vista. Al desplome histórico de Netanyahu
en las encuestas israelíes —acosado por juicios de corrupción— se suma
la erosión de Donald Trump, que no logra alinear la economía
estadounidense a sus promesas de paz y prosperidad.
Los tres gobernantes enfrentarán procesos electorales en un marco de desgaste político y deberán resolver juicios pendientes. La fantasía de la infalibilidad se encontrará en las urnas con el veredicto de los bolsillos.
Economía y Política.
Los tres gobernantes tiene factores en
común: sus economías
se encuentran golpeadas, tienen bajo respaldo político y están
envueltos en casos de corrupción. El experimento del dogma libertario extremo,
impulsado por Milei, ha hundido al país en una situación de
estancamiento prolongado en la mayoría de los sectores; ha producido una fuerte
caída del consumo interno y del poder adquisitivo en la mayoría de los sectores;
pérdida de empleo formal y un aumento de la informalidad laboral, lo que
genera una brecha entre las cifras agregadas presentadas por el gobierno y la
percepción cotidiana en la calle. Aunque su calendario electoral es el
más lejano, la crudeza de la realidad ya empieza a configurar un escenario
adverso de descontento social. El nuevo ranking de agosto de la consultora CB Global Data sobre la imagen de 18
mandatarios latinoamericanos ubicó a Javier Milei entre los cuatro
peor evaluados de la región, inclusive peor que el presidente Daniel Ortega
de Nicaragua. Según el informe, Milei registra un 35,1% de
aprobación frente a un 62,8% de desaprobación, lo que lo posiciona en el
puesto 15 de los 18 líderes relevados, dentro del grupo identificado
como “los seis peores” del ranking.
En Israel, Benjamín Netanyahu
siente la cercanía de su ocaso político. Acosado por varios juicios por
corrupción, su gestión económica exhibe un déficit fiscal
desbocado por el enorme gasto militar, un sector de la construcción paralizado
por la falta de mano de obra no israelí –provocada por el veto a los
trabajadores palestinos tras el estallido del conflicto– y la fuga
de cerebros de jóvenes que abandonan el país. Para hacer frente al
masivo gasto militar y cumplir con la meta de reducir el déficit
fiscal actual del 5,2% a menos del 3% del PIB hacia 2028, el
gobierno ha aumentado el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y aplicado
nuevos impuestos a la propiedad y al suelo; realizado reformas en pensiones
y jubilaciones; reducido el aparato estatal, entre otras.
Según la última encuesta de Lazar
Research publicada por el Jerusalem Post,
el candidato Gadi Eisemkot
(líder del partido Yashar) tiene un respaldo de 49% frente a un 38%
de Netanyahu en las próximas elecciones del 27 de octubre. Asimismo,
un 72,5% de la población declara no creer en las afirmaciones de Netanyahu
de haber alcanzado “éxitos militares significativos” o haber
neutralizado las amenazas existenciales. Sondeos del Centro Accord revelan
que el 62% de la población general en Israel está de acuerdo con la afirmación
de que “no hay civiles inocentes en Gaza” y un 92,1% de los
israelíes considera que Irán “ganó” o salió más fortalecido del
conflicto. Donald Trump tampoco queda a salvo de esta erosión
económica y política. Los datos económicos más recientes de Estados
Unidos muestran señales de enfriamiento, influenciado por el impacto
rezagado de las tensiones energéticas globales y las políticas arancelarias.
Toda vez que los aranceles son impuestos que pagan las empresas
estadounidenses para ingresar productos extranjeros al país, estos
son mayoritariamente traslados a los consumidores finales. La economía
sigue creciendo a un ritmo modesto, pero el mercado laboral ha
encendido alarmas por la pérdida de empleos y la inflación cedió
ligeramente a 3,4%. El consumo muestra una profunda brecha de
desigualdad según el nivel de ingresos. El Comité Económico
Conjunto de
ese país estima que las familias estadounidenses promedio enfrentan más
de 3.500 dólares en costos anuales adicionales por inflación debido
al efecto combinado de la gasolina cara y los aranceles comerciales.
Según la última encuesta de The Economist/YouGov, el respaldo a Trump continúa cayendo y solo un 33% de los estadounidenses aprueba su gestión. Esta revela también que el 60% de los encuestados considera que Trump es poco honesto; 61% cree que utiliza el cargo para beneficio personal y 65% cree que Estados Unidos va por el camino equivocado. Donald Trump, presionado por Netanyahu, está pagando un alto precio por el inicio de la guerra en Irán, cada vez menos comprendida incluso dentro del propio partido republicano y de su movimiento MAGA.
Corrupción y deudores seriales.
Los juicios por corrupción contra
Benjamín Netanyahu
–el primer jefe de gobierno en la historia del país en enfrentar un juicio
penal mientras ejerce el cargo– comenzaron formalmente en mayo de 2020
y actualmente han entrado en una fase crítica. El conflicto exterior
ha funcionado como el oxígeno que estira su permanencia en el cargo. Bajo el
lema de que “no se cambia de líder en mitad de una tormenta”, Netanyahu
ha justificado reiteradamente los retrasos en sus audiencias judiciales,
argumentando compromisos urgentes de seguridad nacional. Aun así, luego de
más de seis años de retrasos estratégicos debido a la pandemia, la
guerra en Gaza y las escaladas militares regionales, su testimonio
formal ha finalizado en junio después de sentarse en el banquillo de los
acusados durante un año y medio a lo largo de 98 extenuantes audiencias
ante el tribunal de distrito. Netanyahu enfrenta además procesos en
la Corte Penal Internacional (CPI), que emitió una orden de arresto
internacional contra su persona ya que se le acusa formalmente de
utilizar la inanición de civiles como método de guerra y de
dirigir intencionalmente ataques contra la población civil en la Franja de
Gaza. Por otro lado, ante el Tribunal Internacional de Justicia (CIJ)
se lleva el caso por genocidio impulsado originalmente por Sudáfrica
contra el Estado de Israel.
La gestión de Milei acumula múltiples denuncias
penales en los tribunales federales de Comodoro Py. Las principales
causas judiciales y denuncias formales son las siguientes: el caso
$LIBRA (presunta cripto estafa y cohecho); el escándalo junto a su
hermana de ANDIS (red de coimas en medicamentos); malversación y
uso de fondos
públicos; viajes y proselitismo político; presuntas irregularidades y desvíos de fondos en el otorgamiento
de créditos millonarios de carácter hipotecario o prendario
por parte del Banco Nación destinados a beneficiar de forma directa a altos
funcionarios del Poder Ejecutivo.
Trump ha enfrentado un total de cuatro
causas penales principales
y múltiples demandas civiles en los últimos años. Tras haber asumido
nuevamente la presidencia de los Estados Unidos en enero de 2025,
el estatus de sus procesos legales cambió drásticamente: su único
caso penal cerrado terminó con una condena sin cárcel, las causas
federales se disolvieron tras la renuncia del fiscal especial, y el
resto de los juicios estatales permanecen congelados o en apelación.
Mientras que Trump abraza el proteccionismo arancelario y convive con un déficit fiscal del 6% emitiendo bonos del Tesoro de forma masiva, una receta de masiva emisión de bonos que Netanyahu emula para costear la guerra en Israel, Milei persigue el superávit y la austeridad. Sin embargo, ambos terminan operando como “deudores seriales” para sostener sus modelos (Trump inundando el mercado global con deuda soberana y Milei atado a los vencimientos del FMI y los swaps para surfear la volatilidad financiera).
Los gérmenes de la oposición.
El síntoma más nítido de un despertar
civil y político
ocurrió el 4 de agosto en las entrañas mismas de Estados Unidos. Contra
todos los pronósticos del establishment tradicional, el médico
epidemiólogo e hijo de inmigrantes egipcios, Abdul El-Sayed,
conquistó de manera histórica la nominación demócrata al Senado
por el estado clave de Michigan. Su triunfo no es menor: debió
derribar una muralla financiera sin precedentes de más de 70 millones
de dólares inyectados por fondos
corporativos y el poderoso lobby pro-israelí (AIPAC), movilizados con el único objetivo de
sepultar su candidatura.
El-Sayed logró conectar con lucidez un dilema ético elemental que el trumpismo
pretendía invisibilizar: en una era donde la clase trabajadora local
no puede costear el alquiler ni la salud, resulta anacrónico e
inmoral que el gobierno destine miles de millones de dólares del
contribuyente a financiar los bombardeos coordinados con la
administración de Netanyahu. La victoria de El-Sayed no es un hecho aislado.
En enero de este año Zohran
Mamdani, de origen ugandés e indio, del movimiento de los Socialistas
Democráticos de América (DSA), asumió la alcaldía de la
ciudad de Nueva York.El verdadero triunfo político de figuras como Zohran
Mamdani o Abdul El-Sayed no radica únicamente en conseguir un puesto en la estructura
del Estado, sino en haber logrado que un discurso contestatario,
inclusivo y crítico de la política exterior tradicional se convierta
en una plataforma electoralmente competitiva y ganadora dentro de
los Estados Unidos. Este fenómeno demuestra que existe un sector
importante de la ciudadanía que comparte y respalda esas mismas denuncias
sobre las desigualdades internas y el rol militar de su país en el
exterior. Ambos son etiquetados por los sectores conservadores como “radicales”
porque califican las acciones militares de Estados Unidos y sus aliados en
Medio Oriente como genocidios.
Cabe mencionar también como
antecedente la “revuelta
de los no comprometidos” (Uncommitted National
Movement), una campaña de protesta política
surgida en el ala progresista de los Estados Unidos contra el apoyo
militar y diplomático de la administración de Joe Biden a Israel durante
la guerra en Gaza. Esta movilización cobró fuerza durante las
elecciones primarias del Partido Demócrata en 2024, en la que instaron a
votantes registrados como demócratas a ir a votar a las urnas para
seleccionar la opción “no comprometido”, o sea, por ningún candidato
demócrata, y ha marcado la reconfiguración de la izquierda
estadounidense. Como es sabido, el sistema político de Estados Unidos
—donde el funcionamiento del sistema del Colegio electoral determina que
el candidato que gana la mayoría de los votos en un estado se
lleva todos los electores— está diseñado exclusivamente para el bipartidismo.
Esto hace matemáticamente inviable que un tercer partido o un candidato
independiente gane la presidencia, por lo que los movimientos políticos
independientes participan desde uno de los dos partidos.
Mientras en Estados Unidos avanza esta renovada
insurgencia progresista, en las calles de Israel se fortalece un movimiento
civil y estudiantil que exige detener la maquinaria bélica, como el movimiento
social Standing Together y el partido creado recientemente A
Place for Us All. En la Argentina sumida en el declive libertario se
empiezan a estructurar los primeros consensos para enfrentar las elecciones
del próximo año. El hecho más importante fue una sorpresiva “cumbre de unidad” celebrada el martes 11, donde se congregaron los tres
líderes claves del Partido Justicialista: Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo
Kirchner. El freno a la ley de extranjerización de tierras en la Argentina
como resultado de la movilización social es otra de las señales que
muestran la reacción de sociedades fatigadas por el dogmatismo de gobernantes
que intentan rifar los recursos estratégicos. En este escenario,
el autoritarismo mediático y el desprecio por la dignidad humana
pueden ganar elecciones, pero no estabilizarlas. Cuando las urnas
hablen, la cruda realidad económica y social retomará su
curso, recordándonos que el espectáculo político siempre tiene fecha
de caducidad.
El mundo en foco es la columna de
Ariela Ruiz Caro para Mira: Feminismos y Democracias. Ariela Ruiz Caro es
economista y actualmente investigadora del Centro de Estudios y Promoción de
Desarrollo (DESCO), Argentina.arielaruizcaro@gmail.com
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