viernes, 30 de marzo de 2018

AMÉRICA LATINA: LA DEMOCRACIA EXCLUYENTE RESERVADA PARA UNA ELITE.

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AMÉRICA LATINA HOY SE ENCUENTRA EN UNA ENCRUCIJADA POLÍTICA SUMAMENTE IMPORTANTE, DECISIVA EN SU ESTRATEGIA  DE CONSTRUIR NUEVAS ALTERNATIVAS POLÍTICAS de una Democracia   de Ciudadanos. O sucumbir  ante el   asenso vertiginoso de las "Nuevas burguesías Político-Empresariales-Neoliberales"y la "Democracia Empresarial". Llegamos a este punto de inflexión política, consecuencia de una serie de errores políticos, fracasos institucionales y en lo principal los propios Dirigentes y Líderes Políticos Revolucionarios, Democráticos de Izquierda y/o post-neoliberales que gobernaron los principales países de América latina durante la primera década del siglo XXI – y se proyectaron hacia la nueva década – BRASIL, ARGENTINA, ECUADOR, VENEZUELA, BOLIVIA, URUGUAYNicaragua, Chile, Paraguay – Unos en mayoría, y otros en Minoría, fueron protagonistas directos –como Líderes  Políticos – de significativos “errores” políticos (traiciones políticas), porque se obnubilaron con  el triunfo coyuntural de las POLÍTICAS SOCIALES y la lucha contra la POBREZA y “olvidaron”. O NO fueron capaces como LÍDERES de avanzar, derrotar con la Organización y Movilización del Pueblo y “romper el poderoso muro” del ESTADO burgués – que por lo general no lo tocaron ni con el pétalo una flor – NO fueron capaces de romper el mito, superar el largo camino de la “histórica” división de lo SOCIAL y lo POLÍTICO. Camino y escenario para el surgimiento de una DEMOCRACIA de las ÉLITES – o – “DEMOCRACIA EMPRESARIAL”. En realidad que pasó con el proceso político democrático y cómo fue posible a pesar de todos lo negativo del escenario dominante, - y otros – aunque pocos siguieron avanzando y hoy representan testimonios vivientes de NUEVAS DEMOCRACIAS DE CIUDADANOS…. Continuará…..
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La "Democracia blanca" democracia de las élites. en Perú se intento "forjar" la "democracia empresarial de la mancha blanca"· Tecnocracia fracasada políticamente.
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AMÉRICA LATINA: LA DEMOCRACIA EXCLUYENTE RESERVADA PARA UNA ELITE.

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Marco A. Gandásegui. h.

ALAI. Jueves 29 de marzo del 2018.
 
La política en América Latina ha sido sacudida por una poderosa ola conservadora que se inició en Honduras en 2007 con el golpe militar contra el presidente Mel Zelaya y pocos años después con la destitución parlamentaria del presidente Lugo en Paraguay. Después siguieron los fraudes electorales en México, el golpe en Brasil y el retroceso en Argentina. Desde el triunfo en la cumbre de presidentes en Mar del Plata (Argentina) en 2005, donde el proyecto del ALCA de EEUU fue engavetado, hasta la reunión en Lima en abril de este año (2018), el escenario ha cambiado radicalmente.
Algunos piensan que la política se comporta como la naturaleza. Sin embargo, no es así. La política no se comporta como las mareas que suben y bajan como resultado de la atracción de la luna sobre los océanos. La política es el resultado de las luchas entre los diferentes sectores sociales que aspiran a proteger o ampliar sus espacios de influencia. A fines del siglo pasado y a principios del presente, la región experimentó una creciente participación popular en la actividad política. Como consecuencia, expresiones políticas progresistas llegaron a dirigir la mitad de los gobiernos de la región con apoyo popular significativo.
Estos gobiernos tenían en sus manos los planes y los proyectos que demandaban los pueblos. Los que no tenían era la capacidad para enfrentar el sabotaje del cual eran víctimas por parte de los sectores más conservadores (oligarquía) y de los intereses de EEUU que veían con recelo todo cambio. Con pocas excepciones, todos negociaron y bajaron sus aspiraciones. En los casos mencionados más arriba fueron eliminados como propuestas políticas. Han sobrevivido – gracias a la movilización popular – los gobiernos de Venezuela y Bolivia. EEUU amenaza al primero con una intervención militar cuyo costo en vidas sería trágica. Al segundo, el Comando Sur de EEUU todavía está estudiando la estrategia para derrotar un pueblo único - con raíces milenarias – que está en el poder.
En el caso de Panamá, en 1989 – después de la invasión militar de EEUU – Washington instaló un régimen al cual le dio la tarea de poner en práctica las políticas neoliberales Significó la de-regulación radical de las políticas públicas, la flexibilización de la fuerza de trabajo (crear una masa de trabajadores informales) y la privatización de todas las empresas públicas. Después de casi 30 años de un régimen excluyente, a pesar de condiciones económicas favorables, la estructura social y económica está en quiebra y el sistema político está a punto de colapsar.
La oligarquía, que se apoderó de los sectores más prósperos de la economía, no tuvo la capacidad de crear un sistema político que integrara y ampliara la base participativa. Al contrario, la política excluyente fue creando un sistema que carecía de los eslabones necesarios para unir a los distintos sectores sociales. Se oficializó el ‘clientelismo’ como fórmula política. Los órganos del Estado y los partidos políticos apenas sirven de pantallas para disimular el poder económico que se encuentra detrás. El debilitamiento del aparato político desnuda la intervención – sin los mediadores clásicos - de los sectores económicos más poderosos.
La cooptación de los sectores populares, concentrados en los sindicatos, gremios profesionales y productores agrícolas, se realiza también sin mediación alguna. La negociación se hace en forma abierta. La lealtad política se convierte en una mercancía. Se compran y se venden las curules, las togas e, incluso, los títulos de dirigentes. Las grandes corporaciones encabezan la ofensiva, con los políticos de los órganos de gobierno e ideólogos de la llamada sociedad civil legalizando cada paso.
Los diputados y ministros de Estado no gobiernan, no legislan y no ejecutan proyectos. Están en manos de los medios de comunicación que sirven de sus voceros en las disputas. El marco de referencia de las peleas no es el país o algún proyecto de nación. Ni siquiera hay un referente ideológico. Los valores conservadores se han vuelto consignas y las propuestas liberales se reducen a la fórmula de dinero. En su momento – después de 1989 – los conservadores levantaron la bandera de la democracia ‘excluyente’ reservada para una elite financiera, blanca y pro-norteamericana. Los liberales – con poco éxito - trataron de complementar la idea dominante con nociones de desarrollo. Tanto liberales como conservadores y sus partidos, se han convertido en cascarones sin eco. Hay dos alternativas. Descubren la salida a la crisis o sucumben a nuevas fuerzas sociales emergentes.
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29 de marzo de 2018.

- MARCO A. GANDÁSEGUI, Hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA) 

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