jueves, 29 de agosto de 2019

"LAS DEUDAS SE ANULAN SOLO CUANDO SE REBELAN LOS CIUDADANOS". Entrevista a Eric Toussaint.

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“HAY QUE HACER UNA AUDITORÍA CIUDADANA DE LA DEUDA EXTERNA”
Asegura Eric Toussaint, uno de los responsables del exitoso proceso de reducción de la deuda externa de Ecuador, al referirse a la posibilidad que tiene Colombia para declarar ilegítima e ilegal una parte de la deuda

Eric Toussaint es el portavoz internacional del Comité por la Abolición de las Deudas Ilegítimas, una red ciudadana presente en más de 30 países del mundo. Toussaint fue el hombre clave en la auditoría integral de crédito público de Ecuador, convocada en 2007 por Rafael Correa, que desembocó en la suspensión unilateral del pago de la deuda externa y en la posterior recompra de los bonos al 30 % de su valor total. Una jugada maestra que representó un ahorro cercano a US$7.000 millones, multiplicó la inversión en educación, salud e infraestructura y se convirtió en un referente para muchos países del mundo. Durante su estadía en Colombia, Toussaint habló con El Espectador sobre la socialización de los bancos y la posibilidad de hacer una auditoría ciudadana de la deuda externa en nuestro país.

Usted ha escrito muchos libros sobre las crisis del sistema financiero, ¿cuál es su postura sobre los bancos?

En el sistema actual hay un oligopolio de un número muy limitado de bancos que controlan todo el mercado financiero y actúan en beneficio de una pequeña minoría privilegiada, por eso estoy en favor de transferir el ahorro y los créditos de los ciudadanos hacia el sector público, estoy a favor de socializar la banca.

¿Hay algún país donde su propuesta se esté aplicando?

Francamente no, en este momento no hay ningún gobierno que tome medidas para controlar las ganancias de los bancos. No hay ningún gobierno que aplique políticas de disciplina fuerte y mucho menos alguno que contemple la socialización. Al contrario, si uno mira en perspectiva, en muchos casos el estado ha nacionalizado muchos bancos en crisis para rescatar a los accionistas privados.

¿Cuáles son las consecuencias que trae este rescate para la sociedad civil?

Uno de los efectos inmediatos es el aumento de la deuda externa. Para salvar los bancos en crisis, los gobiernos socializan las pérdidas y transforman deudas privadas en deudas públicas. En España, por ejemplo, antes de la crisis, el endeudamiento público era del 36 % del PIB; hoy en día, después del rescate de los bancos, la deuda alcanza el 100 % del PIB.

¿Cómo fue la experiencia que usted lideró en Ecuador para hacer la auditoría ciudadana y reducir la deuda?

Cuando Rafael Correa era ministro de finanzas, logró convencer al gobierno de adoptar un decreto diciendo que el suplemento de ingreso fiscal fruto del aumento de los precios de los hidrocarburos tenía que destinarse al gasto social y no a pago de la deuda. En ese momento, el banco mundial suspendió el desembolso de créditos y presionó al presidente de Ecuador para derogar el decreto. Correa renunció a su cargo y un año después ganó las elecciones. Ya en el poder, expulsó al presidente del Banco Mundial en Ecuador e instituyó una comisión de auditoría integral de la deuda. Yo hice parte de esa comisión.

¿Cuál fue la labor de la auditoría?


Nuestro propósito era auditar las deudas de Ecuador entre 1976 y 2006. Trabajamos 14 meses y al final hicimos un informe que demostraba, teniendo en cuenta la jurisprudencia internacional, que una gran parte de la deuda de Ecuador era ilegal e ilegítima. Con nuestro diagnóstico, el gobierno decidió suspender de manera unilateral el pago de los bonos.

¿Qué pasó después?

Seis meses después de la suspensión del pago, en abril de 2008, Ecuador propuso una recompra de los bonos a 30 % de su valor y en junio de 2009 había comprado el 91 % del total. Ese tramo de deuda era de US$3.000 millones, la recompra costó US$800 y además se ahorraron todos los intereses que habrían tenido que pagar hasta 2030. El ahorro total fue cercano a los US$7.000 millones y el gobierno pudo aumentar los gastos fiscales y la inversión social en educación, salud, empleo, infraestructura.

Hoy en día, la deuda externa de Colombia es de US$121.000 millones de dólares, equivalentes al 39 % del PIB. ¿Qué se puede hacer para reducirla?


Hay que hacer una auditoría ciudadana de la deuda externa para examinar en qué condiciones se endeudó, cuál fue el efecto producido por la guerra interna, cuál es el impacto de los regalos fiscales a sectores privilegiados, cómo se hicieron las inversiones públicas, etc. Hay que auditar la deuda con una visión integral para identificar qué tramos son ilegales e ilegítimos.

¿Se ha avanzado en algo?

La semana pasada tuvimos una audiencia pública con la Contraloría General de la República, algunos congresistas y distintos sectores de la ciudadanía. Sin embargo, lo más importante es que la gente del común se empodere y exija la reevaluación de la deuda. Fuente. Juan M. Hernández B. mayo 2017. El Espectador. Colombia.

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"LAS DEUDAS SE ANULAN SOLO CUANDO SE REBELAN LOS CIUDADANOS".
Entrevista a Eric Toussaint.
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Arantxa Manterola.
Gara.
Rebelión miércoles 28 de agosto del 2019.

Intervino usted en la mesa redonda de la contracumbre sobre la abolición de la deuda ilegítima pública y privada. ¿Por qué ilegítima?

En el caso de una deuda pública, se define así a la que está contraída en unas condiciones que no respetan los intereses de la población, o también cuando se favorece a una minoría privilegiada. Por ejemplo, cuando para salvar un banco privado que va a hacer quiebra por haber tomado riesgos exagerados se le da dinero público.

¿Existen ejemplos en el mundo de deudas que se hayan abolido?

Por supuesto. En la historia moderna, pongamos desde hace dos siglos y medio a hoy, hay casos en los que, como consecuencia de la movilización ciudadana, han sido abolidas. La Convención de 1792 proclamó la anulación de dos tercios de la deuda pública argumentando que el pueblo francés no tenía por qué pagar por las deudas contraídas por la Monarquía. En 1919, México anuló las deudas reclamadas por banqueros franceses y otros que habían prestado dinero a regímenes corruptos combatidos por regímenes democráticos legales. En 1837 los habitantes de cuatro estados de EEUU (Arkansas, Florida, Missouri y Michigan) se sublevaron contra sus respectivos gobernantes, que habían aumentado los impuestos para pagar importantes deudas adquiridas con bancos que corrompían a hombres políticos. Derrocaron a esos gobiernos y los nuevos gobernantes anularon la deuda. Hay otros ejemplos, como Costa Rica. Y mucho más cerca en el tiempo, Ecuador revocó en 2008 una deuda que fue considerada ilegítima por una comisión de auditores específica en la que yo mismo participé. 

El mismo año está también el caso de Islandia, que se negó a pagar una deuda reclamada por Gran Bretaña y Holanda. Hay una serie de ejemplos a lo largo de la historia pero, eso sí, solo pasa cuando los ciudadanos se rebelan y presionan a sus respectivos gobernantes.

Dice usted que, por lo menos desde el siglo XIX, la deuda es un arma de dominación política. Y que además no solo afecta a los países denominados pobres, sino también a los desarrollados. Se ha convertido en una suerte de nuevo colonialismo. ¿Dónde queda la democracia en todo esto?

Lo que ocurre es que los prestamistas han logrado que los estados entren en el engranaje de la deuda pública y gracias a ello sacan pingües beneficios permanentemente. Las políticas neoliberales aplicadas desde la época Thatcher-Reagan hacen que el sector de las finanzas someta a los estados a una dinámica continua de reembolso de la deuda y estos renuncian a sus obligaciones hacia los ciudadanos. Como consecuencia, se reduce el gasto social para reembolsar una deuda que beneficia a una minoría privilegiada.

Entonces, ¿quien tiene realmente el poder? ¿El FMI, el Banco Mundial...?

Las grandes sociedades financieras e industriales, que están totalmente ligadas entre ellas, es decir, el gran capital para utilizar una fórmula clásica. FMI y BM son organismos que están al servicio de ese gran capital y ejercen una presión enorme hacia los gobiernos. Tenemos ahora mismo el caso de Argentina o de Grecia, que están soportando el chantaje del FMI. Y estos señores del G7 que se reúnen en Biarritz están directamente vinculados al FMI, que es una especie de gendarme de grandes multinacionales y grandes potencias económicas.
 


En un momento en el que el estado de la izquierda en general no es muy boyante y el fatalismo gana enteros entre la ciudadanía impotente contra este estado de cosas, ¿qué aportan iniciativas como la contracumbre del G7?

Es evidente que la situación en Europa y en otras zonas del mundo es complicada, pero no hay que bajar los brazos. Hay que seguir avanzando en la concienciación y eso debe declinarse, a su vez, en movilización si queremos que despliegue su fuerza transormadora. Precisamente por eso nos hemos reunido en esta contracumbre al G7, para contribuir a relanzar la movilización.

El movimiento altermundialista no tiene la fuerza del principio de la década de los 2000, pero están los chalecos amarillos, antes los indignados... hay que darles perspectivas. Hoy día, el movimiento altermundialista no tiene la misma fuerza que al principio de la década del 2000, pero es absolutamente necesario que se reinvente para recuperar su capacidad de convocatoria. Porque estamos viendo que se dan movilizaciones espontáneas como la de los chalecos amarillos, un poco en la misma línea que los indignados de 2011 en España. La cuestión es dar perspectivas a todos estos movimientos. 

Las fuerzas políticas de izquierda deben dejar de decepcionar a la ciudadanía cuando esta las pone en el gobierno. Por ejemplo, se percibe una gran desilusión tras la capitulación de Tsipras en 2015 en Grecia. Es necesario que estas fuerzas cumplan sus promesas cuando alcanzan el gobierno y vuelvan a dar esperanza a la gente.

Usted propone la creación de nuevas instituciones internacionales para hacer frente a es ta situación. ¿Qué tipo de instituciones?

Hay que refundar Europa. La Unión Europea es una institución antidemocrática y al servicio de intereses privados. Todos los tratados europeos están mayoritariamente dirigidos a satisfacer los intereses de una minoría privilegiada: la competencia a cualquier precio, el derecho de las multinacionales, la austeridad permanente, la reducción del gasto social... Las instituciones como el FMI o el BM no sirven al interés general. Por tanto, hacen falta nuevas instituciones políticas sobre otras bases y con organismos financieros internacionales que reemplacen al FMI, BM, etcétera.

Aunque suene un poco irónico, oficialmente este G7 es una cumbre contra las desigualdades. Es sabido que las desigualdades son fuente de conflictos sociales y los conflictos no son beneficiosos para los intereses del capital. ¿Qué cree que van a hacer estas grandes potencias capitalistas para reducir, dicen, las desigualdades?

Eso es pura retórica. Sus políticas y actuaciones van absolutamente en sentido contrario. Las desigualdades no se originan de forma natural; son el resultado de las políticas desarrolladas por los gobiernos que se reúnen en Biarritz y por los que les han precedido. Esto es una hipocresía enorme. Estos jefes de Estado se reúnen periódicamente y eligen temáticas con la intención de engañar a la opinión pública internacional.

Dicho esto, creo que a estas alturas ya no engañan a nadie. Visto lo visto, su grado de credibilidad está extremadamente menguado. Trump, Boris Johnson, Salvini... tenemos jefes de Estado que están cada vez más desacreditados porque han abandonado los principios fundamentales del derecho internacional. Y nosotros estamos aquí para denunciarlos con firmeza y sin vacilaciones.

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