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“Sin embargo, los riesgos también son significativos. La
apertura comercial frente a economías con mayor nivel de desarrollo
industrial plantea desafíos para sectores locales que compiten
con productos europeos. La reducción de aranceles puede impactar sobre la
industria manufacturera, en particular en rubros como el automotriz, el
metalmecánico y el farmacéutico, donde la brecha de competitividad es
más marcada. Además, el acuerdo podría profundizar un patrón de especialización
basado en la exportación de productos primarios y la importación de bienes con
mayor valor agregado, lo que históricamente ha sido señalado como un
factor de fragilidad para la estructura productiva. En ese marco, el
riesgo es consolidar una inserción internacional que limite el desarrollo
industrial y el empleo calificado.
“Otro
punto de tensión está vinculado a las exigencias en materia ambiental y de
estándares productivos. Si bien el acuerdo incluye compromisos
sobre cambio climático y derechos laborales, también establece condiciones
que podrían funcionar como barreras indirectas para las exportaciones. En
paralelo, la liberalización del comercio puede generar mayor presión
competitiva sobre empresas nacionales que ya enfrentan un contexto de
debilidad en la demanda y restricciones financieras.
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Los presidentes del bloque junto a Ursula Von Der Leyen. (AFP/AFP)
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ENTRA EN VIGENCIA PROVISIONAL EL ACUERDO MERCOSUR-UNIÓN EUROPEA.
Se habilita la baja de determinados aranceles y nuevas reglas de
comercio.
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La Unión Europea confirmó que el
acuerdo comercial con el Mercosur comenzará a aplicarse de manera provisional a
partir del 1 de mayo.
Por Juan Garriga.
Fuente- Página /12 lunes 23 de marzo del 2026.
La Unión Europea confirmó que el acuerdo
comercial con el Mercosur comenzará a aplicarse de manera provisional
a partir del 1 de mayo, lo que habilita desde esa fecha la reducción de
aranceles y la puesta en marcha de nuevas reglas para el comercio y la
inversión entre ambos bloques.
La decisión fue comunicada por la
Comisión Europea a
través de una “nota verbal” enviada a Paraguay, país depositario
de los tratados del Mercosur, en la que se formaliza el último paso procedimental
necesario para activar el acuerdo de manera parcial. El tratado había sido
firmado a mediados de febrero y su implementación quedó sujeta a la revisión
del Consejo europeo, que finalmente dio luz verde.
La aplicación provisional implica que
comenzarán a regir de
inmediato algunos de los aspectos centrales del acuerdo, en particular
la eliminación de aranceles sobre determinados productos. Según el comunicado oficial, esto
permitirá generar “normas predecibles para el comercio y la inversión”, al
tiempo que asegura que los sectores considerados sensibles dentro de la
Unión Europea estarán protegidos mediante mecanismos de salvaguarda.
Sin embargo, la entrada en vigor
plena del tratado todavía no está garantizada. Para eso será necesario el aval
del Parlamento Europeo, que a su vez aguarda un dictamen del Tribunal de
Justicia de la Unión Europea sobre la compatibilidad del acuerdo con
la normativa comunitaria. Además, las disposiciones políticas y de
cooperación deberán ser aprobadas por los parlamentos de los 27 países
que integran el bloque.
Desde Bruselas, el comisario de
Comercio, Maros Sefcovic,
destacó la decisión como “un paso importante” y subrayó que la prioridad
será traducir el acuerdo en resultados concretos para los exportadores
europeos, con impacto en comercio, crecimiento y empleo. El mensaje
expone con claridad el interés estratégico del bloque en consolidar su
presencia en América del Sur.
El entendimiento entre ambas regiones
abarca un mercado de aproximadamente 720 millones de personas y una economía
conjunta estimada en torno a 22 billones de dólares. En ese marco, uno de los
puntos centrales es la construcción de cadenas de suministro que aseguren el
acceso a materias primas consideradas críticas, en un contexto global de
creciente competencia por recursos estratégicos.
Más allá de los anuncios
oficiales, el acuerdo abre un escenario de efectos heterogéneos para la
Argentina. Por un
lado, aparecen oportunidades vinculadas a la ampliación de mercados para
ciertos sectores exportadores, especialmente aquellos ligados a la
producción agroindustrial, que podrían beneficiarse de una reducción de
barreras arancelarias y una mayor previsibilidad en el acceso al mercado
europeo.
También se prevé una mejora en el
flujo de inversiones en áreas estratégicas, en particular aquellas vinculadas a recursos
naturales y sectores con ventajas comparativas. En ese sentido, el acuerdo
busca consolidar un esquema de integración que facilite el intercambio
de bienes y capitales, bajo reglas más estables.
Sin embargo, los riesgos también
son significativos. La apertura comercial frente a economías con mayor nivel de desarrollo
industrial plantea desafíos para sectores locales que compiten
con productos europeos. La reducción de aranceles puede impactar sobre la
industria manufacturera, en particular en rubros como el automotriz, el
metalmecánico y el farmacéutico, donde la brecha de competitividad es
más marcada.
Además, el acuerdo podría profundizar
un patrón de especialización basado en la exportación de productos primarios y
la importación de bienes con mayor valor agregado, lo que históricamente ha sido
señalado como un factor de fragilidad para la estructura productiva. En
ese marco, el riesgo es consolidar una inserción internacional
que limite el desarrollo industrial y el empleo calificado.
Otro punto de tensión está vinculado a
las exigencias en materia ambiental y de estándares productivos. Si bien el acuerdo incluye compromisos
sobre cambio climático y derechos laborales, también establece condiciones
que podrían funcionar como barreras indirectas para las exportaciones.
En paralelo, la liberalización del
comercio puede generar
mayor presión competitiva sobre empresas nacionales que ya enfrentan
un contexto de debilidad en la demanda y restricciones financieras.
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