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“Pero también hay dos aspectos gravitantes que
pueden bloquear este calvario migrante que aspira a una futura redención
integradora.
“El primero, es que el latino en EE. UU. no es
una minoría más que podría esperar su dilución en la sociedad dominante. Los latinos son la segunda
mayoría poblacional del país, la más joven y la de mayor crecimiento.
Además, un 94 % se define a sí misma como hispana (Pew Research
Center, 2025). Se trata de una densidad social que, tarde o temprano, va a
dar lugar a una acción colectiva por la construcción de algún tipo de nación
multicultural y de institucionalidad estatal multiétnica, tal como lo hizo la
población norteamericana afrodescendiente con el poderoso movimiento por los
derechos civiles, entre los años 50 y 70 del siglo XX.
“El segundo, que el racismo es un tipo de fuerza
económica que devalúa el trabajo y los bienes de los sujetos racializados. Bloquea oportunidades de ascenso
social de los segregados y sobre valúa artificialmente la posición y
los recursos de los sujetos que racializan a los demás. Estamos ante
modalidades de transferencia económica por vía de la jerarquización
discursiva de los cuerpos. Y ello, ejercido violentamente contra
una población numerosa que posee un patrimonio económico relevante,
no puede pasar desapercibido en la conciencia de los usurpados. Lo propio
puede afirmarse respecto a los países hoy arrastrados al vasallaje por sus
elites políticas. Con el tiempo, la sumisión resignada que acepta
la despiadada expropiación de fuerza de trabajo y recursos naturales
puede transformarse en una explosiva insurgencia anticolonial
orientada a la recuperación de sus riquezas.
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Fuente…Página /12 lunes 23 de marzo del 2026.
(AFP/AFP)
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“SU MALDITO IDIOMA”
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Por Álvaro García Linera.
Ex vicepresidente de Bolivia. MAS.
Sociólogo y Maestro Universitario.
En una reciente reunión de Trump con
algunos presidentes latinoamericanos, con lapidaria sinceridad, les dijo a
todos ellos que no va a «aprender su maldito idioma», refiriéndose
al español.
Decir esto ante un auditorio donde
todos tienen como idioma materno el español y apenas balbucean un inglés
rústico -como luego lo demostró Milei-, puede ser visto como una grosería
inapropiada. Pero, en realidad, estamos ante un clásico síntoma lacaniano
de metáfora y goce (El Seminario, Libro III).
El “maldito idioma” es el “sustituto de posición” de
un idioma que al presidente Trump le resulta detestable y molesto
porque se le presenta como una infección en el cuerpo social estadounidense
imaginado como blanco, monolingüe (inglés) y protestante.
Y el goce porque, si bien conscientemente sabe de los costos políticos
que pueden arrastrar las humillaciones desplegadas hacia los migrantes
latinos y la población latinoamericana en general, hay una desbordante
satisfacción corporal que le provocan las crueldades y agravios que ha
ordenado implementar contra ellos.
No es tanto un ataque a un idioma como
a una población que mayoritariamente habla el idioma español.
En 2025, ha firmado la Orden Ejecutiva
14.224, que declara único idioma oficial de EE.UU. al inglés, a pesar de que el 20% de la
población habla español. Esto ha supuesto que todas las oficinas
gubernamentales federales suspendan la asistencia en cualquier otro idioma.
¿Algún día aprenderá el idioma español? Ese año lo declaramos que puede aspirar a conversar con una persona de nuestro pueblo, el "menos culto", pero eso sí un verdadero "tesoro" de cultura, tradición e identidad.-
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Pero el golpe más duro contra la
presencia latina ha venido de la mano del ICE, el Servicio de Inmigración y
Control de Aduanas, que durante el último año ha desplegado una despiadada
persecución de latinos en todo el territorio. Se trata de una persecución
racializada contra los migrantes, legales o ilegales, provenientes de
Latinoamérica. Como lo expresaba una migrante argentina, el ICE “no
busca papeles, busca cuerpos. Es una cacería”.
Y más allá de los centenares de miles
de detenciones y deportaciones ilegales, están el miedo y escarmiento como políticas
de Estado que se despliega hoy como modo de legitimación
política. En esas circunstancias, la crueldad ejercida contra una parte
de la población galvaniza la cohesión de la otra parte de sus habitantes.
Así, el “latino” para la mitad de los estadounidenses no solo es el
“intruso” que alimenta todas las desquiciadas teorías sobre
el “gran reemplazo” de los “verdaderos” norteamericanos (“blancos”):
sino que, también, es el chivo expiatorio del deterioro económico de clases
medias y populares “olvidadas” por la globalización neoliberal.
Todo esto está llevando a que la
“latinidad” comience
a presentarse en las instituciones y en el sentido común dominante
como un estigma devaluatorio que quita derechos y ralentiza
reconocimientos. Con el tiempo, en el prejuicio popular, la
latinidad ya deviene en un marcador de ‘inferioridad” social. Resulta
irrelevante si los sujetos posean una pigmentación de piel semejante
a los norteamericanos anglosajones o si su apellido tiene raíz
italiana o alemana; igual son peyorativamente categorizados
como “latinos”, “frijoleros”, “spic”, “greaser” (J, Hill, 2008).
De este modo la cadena de desprecios raciales escalonados a nivel nacional
alcanza ahora una dimensión global. Los que en España llaman
despectivamente “panchitos” a los migrantes
latinoamericanos, en Argentina “bolitas” a los migrantes
bolivianos o, en Bolivia, “indios de mierda” a las poblaciones
indígenas, no bien ponen un pie en Miami o New York, no son más que variantes
de latinos provenientes de lo que Trump ha calificado como “shithole
countries”.
Álvaro García Linera. Ex vicepresidente de Bolivia. Científico Social y Maestro Universitario.
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Sin embargo, si uno se fija en los costos y
beneficios de carácter económico y político que conlleva esta cruzada
antiinmigrante y de sometimiento brutal del sur del continente,
las consecuencias pueden resultar contraproducentes para la propia
estrategia trumpista de “limpieza” étnica en lo interno y de vasallaje
del continente.
La población hispanohablante del mundo
es de 635 millones, la tercera más hablada del planeta (Instituto Cervantes, 2025).
En EE. UU. los “latinos” -que es como llaman a los hispanohablantes- son
68 millones de personas, por encima de los “asiáticos” (21
millones) y los “negros” (39 millones). De ese total de latinos,
45 millones han nacido en EE. UU.; 8.6 millones son migrantes
ciudadanizados y 14 millones (21 %), son no ciudadanos
(Pew Research Center, 2025).
Económicamente, los latinos generan
una actividad económica anual de 4 billones de dólares, más que Alemania o la India. Pagan
cerca de 300.000 millones de dólares en impuestos (USLatinGDP,
2025), y más del 80% de lo que generan se queda en el país (Sheinbaum,
2025).
Dada esta importancia demográfica y
económica de la migración latina,
¿cómo entender,
entonces, esta gramática de la crueldad racializada que el Gobierno
norteamericano está desplegando?
Es probable que el presidente Trump y
la oligarquía que lo acompaña confíen en la capacidad seductora de la fuerza bruta de la
dominación. Es una norma que se repite en la historia de todos los países
del mundo que los migrantes de una región o país más pobre que se dirigen
a otro más próspero tengan como modelo aspiracional a las élites
exitosas de ese país o región de destino.
Es lo que Hegel, en la fase primera de
la dialéctica del amo y el esclavo, llamó la “conciencia servil” del dominado
ante el temor absoluto a la muerte que le puede infligir el amo. En este caso,
el temor a la deportación o la exclusión.
Algunos datos apuntan a este camino de
aceptación silenciosa de los agravios. En EE. UU., los migrantes latinos tienden a integrarse económica y
culturalmente rápido a las estructuras sociales. Son los más propensos
a creer en el “sueño americano” y están dispuestos a cualquier
sacrificio para lograrlo (Noah Smith, 31, II, 2023).
Pero también hay dos aspectos
gravitantes que pueden bloquear este calvario migrante que aspira a una futura
redención integradora.
El primero, es que el latino en EE.
UU. no es una minoría más que podría esperar su dilución en la sociedad
dominante. Los latinos
son la segunda mayoría poblacional del país, la más joven y la de mayor
crecimiento. Además, un 94 % se define a sí misma como hispana
(Pew Research Center, 2025).
Se trata de una densidad social que,
tarde o temprano, va a dar lugar a una acción colectiva por la construcción de
algún tipo de nación multicultural y de institucionalidad estatal multiétnica,
tal como lo hizo la población norteamericana afrodescendiente con el poderoso
movimiento por los derechos civiles, entre los años 50 y 70 del siglo XX.
El segundo, que el racismo es un tipo
de fuerza económica que devalúa el trabajo y los bienes de los sujetos
racializados. Bloquea
oportunidades de ascenso social de los segregados y sobre valúa
artificialmente la posición y los recursos de los sujetos que racializan
a los demás. Estamos ante modalidades de transferencia económica
por vía de la jerarquización discursiva de los cuerpos. Y ello, ejercido
violentamente contra una población numerosa que posee un patrimonio
económico relevante, no puede pasar desapercibido en la conciencia de
los usurpados.
Lo propio puede afirmarse respecto a
los países hoy arrastrados al vasallaje por sus elites políticas. Con el tiempo, la sumisión
resignada que acepta la despiadada expropiación de fuerza de trabajo
y recursos naturales puede transformarse en una explosiva insurgencia
anticolonial orientada a la recuperación de sus riquezas.
¿Se expresará todo esto en el
desplazamiento del voto latino en las elecciones de medio término de noviembre
de 2026? Es muy probable. Pero
me inclino a pensar que lo más importante viene del lado de una
intensificación de las ya elevadas frustraciones y resentimientos
explosivos que vive la sociedad estadounidense, con el consiguiente
aumento de la polarización política y la anomia social que prevalece
desde el asalto al Capitolio en 2021.
+ Artículo publicado en simultáneo con
Diario Red, de España.
https://www.diario-red.com/opinion/alvaro-garcia-linera/sumalditoidioma/20260321203857066237.html?utm_source=social&utm_medium=whatsapp&utm_campaign=share_button
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