sábado, 13 de agosto de 2016

HOMENAJE A FIDEL: UN FESTEJO TAN INTERMINABLE COMO LA REVOLUCIÓN. POR AQUÍ PASÓ FIDEL.-

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POR AQUÍ PASÓ FIDEL.-  Atilio A. Boron *
Escribir unas pocas líneas sobre Fidel es una invitación a la vez fascinante y peligrosa. Lo primero, porque se trata de una figura titánica que cubre la segunda mitad del siglo veinte y los primeros años del actual. Lo segundo, porque dadas las inexorables restricciones de espacio, se corre el riesgo de apenas balbucear unas pocas palabras incapaces de hacerle justicia a un personaje que Hegel sin duda los caracterizaría como “histórico universal”, tal como lo hiciera con Napoleón. En esta oportunidad, y como pequeño homenaje a su nonagésimo aniversario, quisiera compartir una experiencia: la impresión que me causó Fidel cuando lo ví en Chile durante su histórica visita a ese país a finales de 1971. En ese tiempo me desempeñaba como joven profesor de la Flacso/Chile y traté de seguir el itinerario de Fidel lo más de cerca posible, tarea condenada al fracaso porque el Comandante no limitó sus actividades al área de Santiago sino que recorrió Chile de norte a sur, desde Antofagasta hasta Punta Arenas. Me consolé asistiendo a sus apariciones públicas en Santiago apenas recuperado del impacto emocional que me produjo cuando el día de su llegada a la tierra de Violeta Parra, al atardecer del 10 de Noviembre de 1971, yo era uno más de los miles y miles de santiaguinos que salimos a las calles para brindarle una conmovedora recepción. El climax se produjo cuando al acercarse la caravana de automóviles por la Avenida Costanera a la altura de las Torres de Tajamar, lo vimos pasar en un auto descapotado, de pie, enfundado en su uniforme verde olivo, su gorra y saludando a la multitud agolpada a ambos lados de la calzada. Siendo de por sí un hombre de elevada estatura, parado en ese carro, que avanzaba lentamente, sus dimensiones adquirieron proporciones gigantescas para quienes estábamos allí vitoreándolo y sentíamos que nos recorría, como una corriente eléctrica, la sensación mística de que estábamos viendo pasar no a un hombre, a un cubano, o a un jefe de estado, sino a la personificación misma de América Latina y el Caribe, al héroe que en nombre de Nuestra América había puesto punto final a nuestra prehistoria. Si su sola figura nos magnetizaba cuando pronunciaba un discurso –¡veinticinco en total durante su gira chilena, más una maratónica conferencia de prensa un día antes de su regreso a Cuba!–, sus formidables dotes de orador nos dejaban absolutamente deslumbrados.
Dos grandes Amigos, Camaradas y Revolucionarios: Comandantes: Ernesto Che Guevara y Fidel Castro Ruz, extraordinario recordarlo en el 90 Aniversario de Fidel. El líder de la Histórica Revolución Cubana, que cambió la Historia de Nuestra América la Patria Grande. Un gran abrazo Revolucionario y que vengan más años de lucha y más años de vida. Histórico Comandante.
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Salvador Allende, su digno anfitrión, era un líder entrañable y un luminoso ejemplo para todos nosotros por su coherencia como marxista y por su valentía para enfrentar a la derecha vernácula y al imperialismo. Pero no era un orador de barricada; sus discursos parlamentarios eran excelentes, pero jamás podrían cautivar a una multitud. Los de Fidel, en cambio, eran como uno de esos fantásticos murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional de México: un torrente por el cual fluía toda la historia de Nuestra América. Su capacidad didáctica, su contenido profundo y su incomparable elocuencia fascinaron a todos quienes pudimos asistir a sus concentraciones y, en mi caso, marcó para siempre mi conciencia política. Era obvio que el viaje de Fidel a Chile fue algo más que una visita diplomática. Parafraseando al Comandante Hugo Chávez, podríamos decir también que “por aquí pasó Fidel”. Y “aquí” fue ese sorprendente Chile de Allende adonde el Comandante llegó para comprobar, con sus propios ojos, si había otro camino para hacer avanzar la revolución en América Latina. En aquella coyuntura tan especial, esta era una cuestión de excepcional importancia para el líder cubano, revolucionario integral si los hay y obsesionado por identificar, en los complejos entresijos de nuestras realidades nacionales, las semillas de la necesaria revolución. Esta motivación quedó explícitamente confirmada en el notable discurso que Fidel pronunciara el 17 de noviembre de 1971 en la Universidad de Concepción. Fue precisamente eso lo que quiso ver Fidel en Chile, y la lectura de sus discursos y sus intervenciones en la prensa demuestran que era un profundo estudioso de la realidad chilena, meticulosamente bien informado sobre lo que ese país producía, a quién lo vendía en el mercado internacional, a qué precio y bajo cuáles condiciones.
Y lo mismo valía para otros aspectos de la vida política y social de aquel país, que Fidel había estudiado hasta en sus menores detalles con anterioridad a su visita. Una gira extensa e intensiva, donde no sólo pronunció discursos sino que habló con miles de chilenos que le preguntaban de todo. Fue realmente un viaje de estudios, propio de quien concibe al marxismo no como un dogma sino como una guía para la acción –como lo exigía Lenin– y que se extendió desde el 10 de noviembre hasta el 4 de diciembre, en medio de la gritería insolente de la derecha que a poco llegar exigía el abandono de Fidel del suelo chileno. Pero Allende se mantuvo firme y brindó una cálida hospitalidad a su amigo cubano en cada rincón de la dilatada geografía del país andino. Con su visita Fidel dejó una estela imborrable en aquel lejano rincón de Nuestra América, que por un par de años más todavía sería, como lo afirma la canción nacional de Chile, “un asilo contra la opresión”. Poco después se transformaría en el baluarte de la barbarie fascista, en asilo de contrarrevolucionarios y guarida de terroristas que, Plan Cóndor mediante, asolaría a los países latinoamericanos. La revolución que Fidel correctamente caracterizó cuando dijo que en Chile estaba transitando sus primeros pasos, recordando que las revoluciones no son acontecimientos fulminantes sino el resultado acumulativo de transformaciones de diverso tipo, fue ahogada en sangre. Con esto quedaron definitivamente demostradas dos lecciones: primera, que en Nuestra América la osadía de los revolucionarios siempre será castigada por la derecha y sus aliados internacionales con un atroz escarmiento. Segunda: que el único antídoto para evitar ese fatal desenlace es completar sin pérdida de tiempo las tareas fundamentales de la revolución.
* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

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HOMENAJE A FIDEL: UN FESTEJO TAN INTERMINABLE COMO LA REVOLUCIÓN.

Desde hace semanas, Encuentros Juveniles, Gestas Deportivas y Exposiciones varias, Homenajean a Fidel.
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Quizá la palma en cuanto a regalos se la lleve la elaboración del habano más largo del mundo, de tantos metros como años cumple el comandante. Noventa metros mide el cigarro que se ha armado estos días en La Habana
Página /12 sábado 13 de agosto del 2016.
Cuba se prepara para celebrar hoy los 90 años de su máximo líder revolucionario, Fidel Castro, aunque en verdad desde hace meses se vienen realizando actividades para el acontecimiento, como la composición de una sinfonía en su honor.
“Fidel, entre nosotros” es el lema elegido por el gobierno cubano para instalar en la sociedad las celebraciones por el cumpleaños del hombre que –según fuentes oficiales– fue 638 veces blanco de agresiones o intentos de asesinato.
Es que la presencia física del comandante –plena en los primeros 40 años de la gestión revolucionaria– quedó reducida en la última década a contadas excepciones, luego de que el ex presidente abandonara el poder debido a graves problemas de salud. No hay día en las últimas semanas en que la prensa estatal no se haga eco de una nueva iniciativa en honor al 90 cumpleaños del líder de la Revolución: encuentros juveniles, gestas deportivas, exposiciones de diverso signo y rutas turísticas rivalizan por convertirse en el agasajo más original.
Quizá la palma en cuanto a regalos se la lleve la elaboración del habano más largo del mundo, de tantos metros como años cumple el comandante.
Noventa metros mide el cigarro que ha torcido estos días en La Habana el tabaquero José Castelar Cairo, “Cueto”, rompiendo así su anterior marca de 81,80 metros de largo, con lo que además de un singular obsequio ha logrado el sexto récord Guinness de su carrera.
La dedicación de “Cueto” solo se ve superada por la del artesano Luis Alexander Reyes, quien se cercenó con una sierra parte de un dedo de la mano cuando trabajaba en una maqueta en miniatura de la casa natal de Fidel. Sin desanimarse por ese percance, el artista en marquetería siguió trabajando en la fiel reproducción que regalará a Castro y que ha construido con maderas de árbol “lechero” de más de 100 años.
En el capítulo deportivo, un joven cubano y otro colombiano han decidido desafiar al inclemente calor tropical y emprendido un viaje en bicicleta para recorrer los casi 800 kilómetros que separan La Habana del pueblo natal de Castro, Birán, en la provincia oriental de Holguín. Otros 30 jóvenes artistas e intelectuales de la asociación Hermanos Sáiz subirán a su vez, en la fecha exacta del cumpleaños, al punto más alto de Cuba, el Pico Turquino, a 1974 metros sobre el nivel del mar.
La figura de Fidel se ha convertido también en poderosa musa literaria, inspiradora de libros, poemas y hasta de acrósticos como el que le ha dedicado Néstor del Prado.
A los de por sí numerosos títulos que ya existían sobre el ex presidente cubano se suma estos días una retahíla de publicaciones del más diverso signo, entre ellos volúmenes sobre la tormentosa relación entre Fidel y Estados Unidos o sobre Castro y el béisbol, el deporte nacional de la isla. Otro de los regalos estrella lleva la firma del portal web oficial Cubadebate, que ha dedicado al líder revolucionario el sitio “Fidel Soldado de las Ideas”, disponible para los internautas desde ayer a la tarde.
La web, desarrollada con la Universidad de las Ciencias Informáticas y otras instituciones cubanas, es según sus responsables “una minienciclopedia digital en construcción del pensamiento y la obra” de Castro, en la que se recopilan “valiosos textos, imágenes, documentos y hechos”.
En el apartado musical también se suceden los obsequios para el comandante, a quien estos días le han dedicado no solo una canción, sino también toda una sinfonía que fue estrenada el pasado 7 de agosto. “Lemas y poemas”, del compositor Roberto Valera, debutó a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional en La Habana y su partitura recrea textos poéticos de varios autores dedicados a Castro e incluye “frases y consignas de resonancia popular en medio de las batallas lideradas” por este, según el diario oficial Granma.
En la capital, la Oficina del Historiador ha diseñado “La Ruta de Fidel”, un recorrido especial que solo se realizará tres días y que incluye una inédita parada en el bufete Azpiazo-Castro-Resende, situado en La Habana Vieja y donde el ex presidente dio sus primeros pasos como abogado entre 1950 y 1952, defendiendo a vecinos que iban a ser desalojados y denunciando infructuosamente al golpe de Fulgencio Batista.

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Fidel y Mandela. Dos hombres del siglo XX. Dos Revolucionarios, cada uno conduciendo su propia experiencia revolucionaria. Fidel y la histórica Revolución Cubana en las propias "narices" del imperio. Mandela y su revolución pacífica en Sudáfrica contra la segregación racial del Apartheid, el poder blanco y el Reino Unido.
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EL LADO B DE LA LEYENDA VIVA.

El Artista, Científico y Deportista, convivió con el Hombre de Estado.
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La existencia del legendario comandante de la Revolución Cubana es un torbellino de vivencias. En su larga vida, Fidel desarrolló una relación especial con el mundo del arte, el de la ciencia y el del deporte, y vivió para contarlo.

Gustavo Veiga
La inabarcable vida de Fidel Castro tal vez exceda los 26 millones de resultados que arroja Google cuando se escribe su nombre en el espacio virtual. No se trata de una cuestión meramente biológica porque hoy cumple 90 años. Que son muchos, claro está. La existencia del legendario comandante de la Revolución Cubana es un torbellino de vivencias que podría empezarse a describir a partir de un extenso diálogo con Ignacio Ramonet. En 2006, coincidieron los 80 años de su entrevistado con la aparición de su libro “Biografía a dos voces”. En él cuenta el periodista y catedrático español cómo el autodidacta Fidel acopió sus primeros saberes: “Yo aprendí a leer y a escribir viendo a los demás haciendo travesuras”. Sus padres eran analfabetos e incorporaron la lectura recién en su madurez. En la finca familiar de Birán situada en el oriente de la isla –hoy provincia de Holguín– el líder de la barba quijotesca era Titín, el tercero de siete hermanos.
De aquella infancia entre cañaverales Fidel sacó sus primeras enseñanzas y experiencias que aplicó a lo largo de su vida, no ajena a múltiples peligros y acechanzas. La CIA pergeñó la mayoría de los 638 atentados que sufrió. Todos desbaratados por el eficiente servicio secreto cubano y el instinto de supervivencia del propio Castro. Hasta la televisión de la isla estrenó en 2010 una serie de ocho capítulos que tituló El que debe vivir.
Fidel sobrevivió a cada intento por asesinarlo y es por eso que hoy celebra una vida de película. De hecho, unos cuantos actores lo interpretaron en el cine. El estadounidense Jack Palance en un esperpento fílmico llamado Che y en el que al mítico Guevara lo encarnó Omar Sharif (1969). También el mexicano Demián Bichir que se identifica con el pensamiento del cubano y lo recreó en otra película que se llama igual, pero se estrenó en 2009: “Che”, de Steven Soderbergh. En ambas Castro cede el papel protagónico al guerrillero argentino, una curiosidad de la filmografía. Anthony Lapaglia, Alen Von Barger y John Kobylka son otros que se pusieron en las ropas de Fidel.
La relación del líder cubano con el arte y sus artistas está llena de mojones. Podría ubicarse primero en la lista su breve relación con Ernest Hemingway. Se conocieron en la isla el 15 de mayo de 1960 y mantuvieron una breve amistad que todavía no ha sido investigada muy a fondo. Ada Rosa Alfonso, directora del Museo que lleva el nombre del escritor en Cuba, recordó en 2010 –cuando se cumplieron 50 años de aquel encuentro célebre– que el novelista le entregó un trofeo de pesca a Fidel por haber capturado cinco piezas. Hemingway era aficionado a aquella actividad contemplativa.
Poco más de un año después, Castro pronunció uno de sus habituales y extensos discursos en el teatro Charles Chaplin, que en 1975 pasó a llamarse Karl Marx, como se lo conoce hasta hoy. Allí confesó: “Siempre he sentido una gran admiración por los escritores y por los artistas. Posiblemente sea, entre otras cosas, por lo poco que tengo yo de escritor y lo poco que tengo de artista”.
Uno de los recuerdos más sentidos y cercanos le pertenece a Silvio Rodríguez. El sitio www.cubadebate.cu reprodujo por estas horas el encuentro que sostuvieron el líder revolucionario y el cantautor en noviembre de 96. Fidel tenía 70 años y Silvio cumplía 50. En su blog personal, el músico contó la inesperada visita que recibió en su casa: “Fidel me llevaba un libro de fotografías que se había publicado por aquellos días. Su título es Cien Imágenes de la Revolución Cubana, y en una de ellas aparecíamos los dos, sentados en un sofá, con gestos parecidos. Por supuesto, me dedicó el libro. Cuando terminó de escribir observó sus palabras y me dijo que le hubiera gustado ponerme algo más poético. La dedicatoria decía: “Para Silvio, amigo entrañable, hermano inolvidable”. Con motivo de sus 90 años, el autor de Mi unicornio azul dice ahora: “Me hubiera gustado devolverle aquella visita”.
Otros intérpretes musicales le han dedicado canciones, desde Carlos Puebla y su mítica “Y en eso llegó Fidel”, hasta el almibarado y no despojado de cierto realismo político Ricardo Arjona, quien lo menciona en Si el Norte fuera el sur o Ella y él. Canta “Fidel sería un atleta corriendo bolsas por Wall Street…”
En el libro de Ramonet, este personaje de gran espesura en la historia del siglo XX recordó que se convirtió “en autodidacta, se puede decir, hasta en las matemáticas, el álgebra, la física, la geometría, las teorías aquellas, y luego, además, tenía suerte de que sacaba buenas notas”. La relación cercana de Fidel con la ciencia acaso deviene de aquellos primeros pasos en la hacienda paterna de Birán. Un año después de entrar triunfante a La Habana y antes de que se iniciara la Campaña de Alfabetización, afirmó en un discurso: “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento”.
Ratificó esa idea con las dificultades que vivía – y vive– la isla y la consolidación del rumbo socialista que tomó la revolución cubana. En 1991, en pleno derrumbe de la ex Unión Soviética, comentó: “La independencia no es una bandera, o un himno, o un escudo. La independencia no es cuestión de símbolos. La independencia depende del desarrollo, la independencia depende de la tecnología, depende de la ciencia en el mundo de hoy”. En estos días de relaciones diplomáticas de nuevo tipo con Estados Unidos, la biotecnología cubana es uno de sus principales orgullos.
El comandante del mítico uniforme verde olivo se vería incompleto si no hubiera forjado su temperamento en el deporte que siempre reivindicó en su etapa formativa e incluso como jefe de Estado. El 30 de abril de 1974, en el Hotel Habana Libre, Fidel le confesó a una delegación de atletas cubanos: “Si yo naciera en esta época ¿saben lo que quisiera ser? Deportista”.
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