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“Las voces expertas consultadas para
este análisis coinciden a la hora de señalar que las metas establecidas por
la DMA, que en un principio se pidieron para 2015 y
posteriormente han sido pospuestas hasta 2027, están lejos de
cumplirse. Menos del 40% de las aguas superficiales de la UE alcanza
buen estado ecológico, es decir, tiene buena salud, según
los últimos datos de la propia Comisión Europea, que en el apartado
químico sitúa el porcentaje por debajo del 30%. Respecto a la situación
del agua subterránea, el mapa interactivo elaborado por Datadista deja
entrever el “desastre de los acuíferos en
Europa”.
“En este contexto y con agravantes
como la emergencia climática,
que provoca sequías prolongadas y grandes inundaciones, “la DMA sigue
siendo un instrumento válido que hay que mantener, mejorando su
implementación”, indicó La Roca en el webinar
“¿Está en riesgo la protección del agua en Europa?”, organizado
recientemente por la FNCA. De hecho, en 2019 se realizó una revisión de
la Directiva y se aplaudió el impacto positivo que hasta entonces
había tenido en el agua de Europa. Ahora, sin embargo, los intereses van por
otro lado.
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Fuentes: CTXT [Imagen: El río Gállego a su paso por los Mallos de Riglos. / Grand Parc-Bourdeaux (vía Wikimedia Commons)]
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LA SALUD DEL AGUA EUROPEA EN PELIGRO.
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Por J. Marcos | 23/04/2026 | Ecología social
Fuentes Revista Rebelión jueves 23 de abril del 2026.
Las
presiones del ‘lobby’ minero asedian la legislación europea que protege los
ríos, los ecosistemas y, a la postre, la salud de la ciudadanía.
Biscarrués sigue vivo. El embalse que durante años amenazó
con borrar del mapa a este pequeño pueblo oscense finalmente no inundó sus
calles gracias a una legislación europea de principios de siglo que, por
vez primera, pensó en las aguas como parte de un ecosistema y no
como un recurso económico que explotar. Corría el año 2017. Después
de 35 años de lucha, una sentencia de la Audiencia Nacional dejó el proyecto en
papel mojado por incumplir la Directiva Marco del Agua (DMA). Aprobada en 2000,
esta normativa está ahora en peligro.
Los principios de conservación y de no
deterioro que han cuidado las aguas de Europa (ríos, lagunas, acuíferos,
costas) están en
entredicho por el nuevo planteamiento de la Comisión Europea: “Simplificar para lograr una
competitividad sostenible”. Con el objetivo de reducir la dependencia
exterior de materias primas y diversificar el suministro de
cara a la llamada transición energética, la Comisión se ha
propuesto desregular antes del verano varias normativas ambientales,
entre las que destaca la dedicada al agua, una directiva aplaudida
durante años por personas expertas y activistas por la defensa
del medio ambiente.
El reposicionamiento de la UE ha
suscitado una fuerte controversia
porque, en la práctica, extiende una especie de alfombra roja
a los planes extractivistas. Diversas entidades de la sociedad civil,
entre ellas las ecologistas, se han apresurado a denunciar los
riesgos que conlleva esta revisión, tanto para los ecosistemas
como para la salud de las personas.
Anunciado en diciembre de 2025, el Plan de Acción RESourceEU dedica 3.000 millones de euros a “acelerar el despliegue” de “proyectos de materias primas fundamentales para la competitividad de la UE”; en otras palabras, se pretende facilitar al bloque comunitario la reducción de su dependencia energética de países como China, de donde por ejemplo provienen más del 90 por ciento de las tierras raras. No hay que olvidar que la minería provoca altos impactos en el medio ambiente y, por tanto, también en el agua.
La crisis del agua, amenazan la Paz.
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Esta
“reforma exprés” de la DMA debilita el llamado principio de no deterioro, es
decir, la obligación que tienen los Estados de cuidar la calidad del agua.
La revisión de la DMA
“significa que vamos a
tener impactos ecológicos y también impactos en la salud pública, impactos que
pagará toda la ciudadanía en forma de más necesidad de depuración o en forma de
no poder usar ni disfrutar del agua de nuestros ríos y acuíferos”, explica por
teléfono Julia Martínez, directora técnica de la Fundación Nueva Cultura del
Agua (FNCA).
El río Gállego, al que iban a poner un bozal en
forma de muro de hormigón a su paso por Biscarrués, sigue
tronando. Con rafting, nabatas y actividades acuáticas variadas,
las personas del entorno disfrutan de un tramo de río vivo, libre,
mordiente, divertido.
“Los ríos son un
patrimonio ecológico ambiental, pero también cultural e identitario, personal y
colectivo”, ha dicho Martínez en alguna ocasión. Desde la bravura del agua, los
Mallos de Riglos, una formación geológica de inmensas paredes y cúpulas redondeadas
es la postal contemporánea del Prepirineo, la sombra que vigila un tramo del
Gállego que sigue vivo. La última gran victoria contra el modelo de gestión del
agua que ha operado en España durante más de un siglo: hormigón en los ríos
para que dejen de correr.
De forma paralela a la prometida
reducción burocrática,
la desregulación que busca Europa reduce los requisitos de protección
y rebaja los mecanismos de control. La clave, indica en un manifiesto conjunto la quincena de entidades que
ha levantado la voz, reside en que esta “reforma exprés” de la DMA que debilita
el llamado principio de no deterioro, es decir, la obligación que tienen
los Estados de cuidar la calidad del agua. Aseguran que, una vez
aprobada, la revisión
“facilitará la aprobación de nuevos proyectos mineros sin las suficientes garantías en cuanto a la salud de las personas y de los ecosistemas acuáticos y en cuanto a la transparencia y la participación pública en las decisiones que afectan al interés público superior”. También recuerdan las organizaciones firmantes que se pueden reducir o eliminar las obligaciones respecto a sustancias químicas.
Cléo Moreno, de la oenegé ClientEarth,
habla de un “vaciamiento
de la Directiva”. Esta asesora jurídica en derecho medioambiental
considera por videollamada que se están tomando decisiones “muy
prematuras” y “no basadas en la evidencia científica”. En la
actualidad hay dos campañas de adhesión abiertas, una de
ámbito estatal y otra europea, para que
tanto personas como organizaciones apoyen estas demandas y logren
cambiar los planes de la Comisión Europea, que mantiene abierta (hasta el
14 de abril) una consulta pública para la revisión y modificación de la
DMA.
El poder de la patronal.
Como antesala a la reforma de la DMA planteada por la Comisión Europea,
que se ha fijado como plazo para su aprobación este segundo
semestre de 2026, una investigación periodística realizada por DeSmog ha revelado que las reuniones
del sector minero con el funcionariado europeo se triplicaron en
2025:
de las 30 reuniones
celebradas en 2024 a las 108 del pasado año, según los registros del portal de
transparencia de la UE. Al menos ocho de estos encuentros tuvieron que ver de
forma directa con el Plan de Acción RESourceEU, otros 19 se centraron en minerales
críticos y hubo dos más sobre agua; en conjunto, un aumento del 220 por ciento
sobre estos temas con respecto al ejercicio anterior.
Las cifras arrojan un
promedio de 2,7 entrevistas con la patronal minera por cada representante de la
CE, el doble de las que mantuvieron estos mismos delegados con personal de la
Oficina Europea del Medio Ambiente, la principal coalición europea de organizaciones
sin ánimo de lucro que luchan para proteger la legislación medioambiental.
Las
reuniones del sector minero con el funcionariado europeo se triplicaron en 2025.
Euromines, la Asociación Europea de
Industrias Mineras, Minerales Metálicos e Industriales, defiende ante CTXT que este incremento refleja “la
complejidad” del
“elevado número de iniciativas legislativas y políticas que han afectado al sector de las materias primas en los últimos años”. Fuentes oficiales de esta asociación sostienen por escrito que sus demandas no tienen nada que ver con una “licencia para contaminar”, sino que están sujetas a “estrictas medidas de seguridad”. En líneas generales, el sector minero subraya que flexibilizar la normativa de protección del agua es fundamental para aumentar la extracción de metales y minerales raros, materiales con una demanda disparada por su utilización en las baterías de los vehículos coches eléctricos, también en la instalación de placas solares y aerogeneradores.
Más allá de las reuniones con las más
altas esferas de la política europea,
las principales asociaciones del sector, entre ellas Euromines,
piden la eliminación del principio de no deterioro y una flexibilización
en el plazo que tienen los Estados miembros para garantizar que
las masas de agua gocen de buena salud. Hasta ahora solo en casos muy
puntuales y especialmente graves se permitía la exención de algún
criterio de la Directiva. Y si bien el sector minero es el que a priori
mejor parado puede salir de la flexibilización, los centros de datos, las centrales hidroeléctricas,
la industria farmacéutica o la ganadería intensiva también se verían
beneficiadas de una menor protección del agua en Europa.
Sectores como el minero, el energético
y el agroquímico,
“aunque fuertemente
dependientes de agua limpia y abundante, está usando su poder para evadir y
debilitar la DMA, bajo el pretexto de la simplificación”, advierte la alianza
ecologista Living Rivers Europe en su informe ‘El papel de la industria en la resiliencia hídrica: cómo
algunos lideran y otros destruyen’.
Objetivos sin cumplir.
El Consejo de la Unión Europea ha
actualizado
recientemente varias normativas que atañen a la calidad del agua,
como la actualización de contaminantes, una nueva directiva para
las aguas residuales y otra sobre los micro plásticos en agua
potable. Los colectivos que defienden el agua recalcan que, más allá
de las cuestiones técnicas, está en juego quién o quiénes deciden
sobre el agua, si la ciudadanía europea o si las industrias
extractivas capitalistas, y con qué criterios.
Las voces expertas consultadas para este análisis coinciden a la
hora de señalar que las metas establecidas por la DMA, que en un principio
se pidieron para 2015 y posteriormente han sido pospuestas hasta 2027,
están lejos de cumplirse. Menos del 40% de las aguas superficiales de
la UE alcanza buen estado ecológico, es decir, tiene
buena salud, según los últimos datos de la propia Comisión
Europea, que en el apartado químico sitúa el porcentaje por
debajo del 30%. Respecto a la situación del agua subterránea, el mapa
interactivo elaborado por Datadista deja entrever el “desastre de los acuíferos en
Europa”.
En este contexto y con agravantes como
la emergencia climática,
que provoca sequías prolongadas y grandes inundaciones, “la DMA sigue
siendo un instrumento válido que hay que mantener, mejorando su
implementación”, indicó La Roca en el webinar
“¿Está en riesgo la protección del agua en Europa?”, organizado
recientemente por la FNCA. De hecho, en 2019 se realizó una revisión de
la Directiva y se aplaudió el impacto positivo que hasta entonces
había tenido en el agua de Europa. Ahora, sin embargo, los intereses van por
otro lado.
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