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“Además, las posturas de Trump en temas tales como
la inmigración, la guerra y el empleo de la fuerza militar, o
su nefasta premisa de “alcanzar la paz a través de la fuerza”, fueron
reiteradamente fulminadas por León XIV. Algunos observadores coinciden
en señalar que no existen antecedentes de un destrato tan reñido con
las normas diplomáticas como el que Trump reservó para León XIV. Ni
siquiera Iosif Stalin, duro crítico de Pío
XII por su militante anticomunismo y su complicidad con el régimen de la Alemania
nazi, llegó a los extremos del magnate neoyorquino que acusó al pontífice
de “débil con el crimen”, “no estar haciendo un buen trabajo” y,
en un rapto de desquiciada megalomanía, decir que “me debe el
cargo”. Cuando un colaborador le informó a Stalin que Pío XII lo
había acusado de ser un implacable dictador, cuentan que este se encogió de
hombros y con calculado sarcasmo se limitó a preguntar: “¿Dígame
cuántas divisiones tiene el Papa?” Pero Trump no es el único que ha ofendido
a un papa. El energúmeno pendenciero que desde el gobierno está destruyendo
a la Argentina insultó con palabras aún más soeces al Papa
Francisco. Por razones de buen gusto me abstendré de reproducir las
asquerosidades con que el “besatraseros” número uno del imperio (y
admirador de genocidas como Netanyahu) calificó durante su campaña
presidencial y también antes al Papa Francisco. Ambos, Trump y Milei,
no tardarán mucho en transitar por las pestilentes cloacas de la historia
contemporánea.
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Trump y la iglesia (Redes Sociales)
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TRUMP COMO JESUCRISTO.
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Por Atilio A. Boron.
Sociólogo y Dr. Ciencias Sociales
Maestro Universitario. Argentina.
Fuente. Página /12 miércoles 15 de abril del 2026.
La imagen que posteó Donald Trump en
su red Truth Social no tiene desperdicio. Luego de estallada la
polémica con su díscolo compatriota, el Papa León XIV, no tuvo más opción que retirar
su mensaje de la red en medio de un vendaval de críticas y de generalizada
indignación. Ahora son cientos los memes que ridiculizan al magnate
neoyorquino, convertido en un hazmerreír mundial. Trump trató de dar
vuelta a la página y bajó su publicación, pero el daño ya estaba hecho. Hay
varias consideraciones que pueden hacerse sobre esa imagen. Veamos.
La primera es que aquélla refleja sin
fisuras la obra de un
megalómano, un hombre que se cree omnipotente, que sus deseos y
su voluntad están por encima de las leyes, no sólo de las de su país,
sino también las de la comunidad internacional, léase la Carta de la
ONU, el Derecho Internacional Humanitario y las instituciones que velan
por el cumplimiento de los principios contenidos en esos documentos. El
límite a sus acciones, lo dijo cuando perpetró más de cien ejecuciones
extrajudiciales de supuestas narcolanchas en el Caribe y el
Pacífico y luego el bombardeo de Venezuela y el secuestro
del presidente Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores; no es otro que el
que le marcan sus (febles, cuestionables) principios morales.
Si fuera un ciudadano común y
silvestre, esto sería
una psicopatología aberrante, carne de diván para psicoanalistas,
un peligro para la gente que lo rodea y nada más. Pero si quien padece ese
trastorno es nada menos que el comandante en Jefe del mayor establishment
militar del planeta, alguien que tiene el nefasto botón nuclear al
alcance de su mano -y de sus infantiles caprichos-, el asunto ya se
juega en otra dimensión. Si no se lo controla, un esperpento como ese podría
iniciar una Tercera Guerra Mundial que destruiría toda forma de vida
en este planeta. Ya amenazó con regresar a la Edad de Piedra a
una milenaria civilización, como la que hoy palpita en Irán. No
un país, sino una civilización. Trump es capaz de hacer eso y mucho más.
En la imagen que estamos comentando
aparece como alguien
que recorre el mundo para salvar vidas en peligro, o para ofrecer
consuelo a los moribundos. Pero este ser tan piadoso, vestido con los
atuendos de Jesucristo, aparece rodeado de una verdadera parafernalia
militar: aviones de guerra, soldados y, difuminadas en el fondo,
amenazantes figuras monstruosas a las cuales es tan afecto Hollywood. No
falta el águila norteamericana, símbolo del imperialismo yanqui, y la Estatua
de la Libertad. En su delirio, Trump se presenta como el mesías
predestinado a traer la luz para iluminar el sendero de la humanidad
hacia su salvación. Su mano derecha descansa sobre la frente del
moribundo. Este gesto no tendría nada de especial, salvo el sorprendente
parecido de aquél con el “suicidado” Jeff Epstein, algo que no puede
dejar de llamar poderosamente la atención por la gran discusión que hay
en Estados Unidos sobre los archivos de Epstein, en gran parte
todavía secretos.
Es bien sabido que proliferan las conjeturas sobre una supuesta extorsión que el régimen racista israelí habría ejercido sobre Trump al tener conocimiento de ciertos materiales de ese archivo que, de hacerse públicos, podrían destruir su presidencia. Por eso, rematan algunos, Estados Unidos se metió en una guerra que no era suya, sino de Israel. ¿Cuál era la amenaza que representaba la República Islámica a los Estados Unidos? Ninguna. En fin, un error que tendrá un costo económico y político inmenso para el gobierno de Trump y, en general, para el pueblo de Estados Unidos.
Obviamente, esta imagen generó un
escándalo, no solo
dentro de Estados Unidos y la feligresía católica de ese país, sino
también fuera de él. El pasado fin de semana será inolvidable para Trump. Su
otrora aliada, Giorgia Meloni, no tardó en salir a respaldar al Papa.
Un día antes, el domingo, Trump había perdido a uno de sus más
importantes aliados en Europa: Víktor Orban, derrotado ampliamente
en las elecciones húngaras. Un fin de semana fatídico para el magnate
por varias razones: fracaso de las negociaciones en Islamabad; continuación
del control iraní sobre el estrecho de Ormuz; derrota de
su aliado en Hungría y Meloni tomando posiciones en defensa de León
XIV; por su parte, Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá y los países
de Europa Occidental se negaron a respaldar el esfuerzo bélico
estadounidense, siguiendo la línea trazada por Pedro Sánchez en España y
luego adoptada por Francia, Gran Bretaña y otros países europeos que
parece estar comenzando a poner en cuestión su larga historia de
subordinación a los dictados de Washington.
Un dato no menor de esos días ha sido el endurecimiento de
las posturas de China, elevando el tono de sus críticas a la “ley de la
selva” que pretende instaurar Trump y la paradójica “ayuda
económico-financiera” que la guerra trajo para Rusia, al levantarse
algunas “sanciones” económicas de Estados Unidos y la Unión Europea que
la abrumaban y encontrar, en cambio, a numerosos clientes europeos
que mendigan por el suministro de petróleo y gas. Astuto, Putin dijo que
retomaría los envíos, pero que esas exportaciones debían pagarse en rublos o
yuanes chinos, carcomiendo aún más la menguada gravitación de los
petrodólares en el mercado petrolero mundial.
En el terreno militar, la aventura
iraní tuvo
consecuencias muy negativas para Washington. Se estima que el rosario
de 17 bases o instalaciones militares estadounidenses radicadas en los
países del Golfo y que rodeaban por completo a Irán ha sido
gravemente dañado o totalmente destruido por los misiles y drones
iraníes, y sin posibilidades inmediatas de reconstrucción. Si
bien Trump produjo una gran devastación en Irán, afectando no
solo sus objetivos militares, el retroceso de la presencia
militar de Washington en una región que alberga la mitad de las reservas
de petróleo del planeta constituye una derrota que algunos
analistas militares estadounidenses se atreven a caracterizar de catastrófica.
Creo que fue Jeffrey Sachs quien comentó que ahora las monarquías del
Golfo, que cedieron alegremente partes de sus territorios para la
instalación de bases estadounidenses, cayeron en la cuenta de que
estas, lejos de estar allí para defenderlas de ataques enemigos, obraron
como un imán que atrajo hacia sus territorios la furia retaliatoria
de Irán. Difícilmente vayan a autorizar la reconstrucción de aquellas
bases luego de lo ocurrido.
Trump parece ignorar que la
“superioridad estadounidense”
en el mundo de la posguerra y por más de medio siglo no se basó tan solo
en la capacidad disuasiva de sus fuerzas armadas, sino también en la eficacia
de una política de alianzas y por el enorme prestigio internacional
cuidadosamente cultivado por el “poder blando” y todos los dispositivos
de la industria cultural de Estados Unidos, que hacían aparecer a este país
como el “líder natural” e inexpugnable de Occidente. El prestigio de un
país y su gobierno es un factor importantísimo en la escena
internacional, y el de Estados Unidos ha venido dañándose a ritmo
vertiginoso. En este sentido, el asalto al Capitolio el 6 de enero de
2021, cuando simpatizantes de Donald Trump tomaron por asalto
la sede del Congreso en Washington D. C., interrumpiendo el acto de certificación
de la victoria electoral de Joe Biden, fue un acontecimiento traumático,
inesperado, impensable en la cultura política estadounidense y
que terminó con un saldo de cinco muertos, numerosos heridos y daños
de consideración en el edificio del Congreso. Más grave que
eso es el hecho de que, ni bien Trump inauguró su segundo mandato
presidencial, en enero del 2025, firmó una orden ejecutiva
concediendo un “indulto total, completo e incondicional” a unas 1.500
personas procesadas o condenadas por su participación en dicho
evento. En otras palabras, se legalizó lo que en Estados Unidos se
llama “mob rule”, el gobierno de las muchedumbres que se imponen por
medio de la violencia y el caos. Con ese perdón presidencial se
abre la puerta a la anarquía, el caos y la violencia como
factores aceptables en la vida política
Para concluir, el enfrentamiento con
León XIV habla de la
desesperación del magnate, quien aún no digirió la elevación al
pontificado de Robert Francis Prevost, nacido en Chicago, pero que
pasó gran parte de su vida en Chiclayo, Perú. Su hermano mayor, Louis
Martín Prevost, es un exmarine, residente en Florida y simpatizante
de Trump y del movimiento MAGA. El Papa claramente está en las antípodas
de Trump y se lo hizo saber de modo rotundo cuando rechazó la invitación
del presidente para participar en los fastos conmemorativos de los 250
años de la independencia de Estados Unidos el próximo 4 de julio.
Además, las posturas de Trump en temas tales como la inmigración, la guerra y el empleo de la fuerza militar, o su nefasta premisa de “alcanzar la paz a través de la fuerza”, fueron reiteradamente fulminadas por León XIV. Algunos observadores coinciden en señalar que no existen antecedentes de un destrato tan reñido con las normas diplomáticas como el que Trump reservó para León XIV. Ni siquiera Iosif Stalin, duro crítico de Pío XII por su militante anticomunismo y su complicidad con el régimen de la Alemania nazi, llegó a los extremos del magnate neoyorquino que acusó al pontífice de “débil con el crimen”, “no estar haciendo un buen trabajo” y, en un rapto de desquiciada megalomanía, decir que “me debe el cargo”. Cuando un colaborador le informó a Stalin que Pío XII lo había acusado de ser un implacable dictador, cuentan que este se encogió de hombros y con calculado sarcasmo se limitó a preguntar: “¿Dígame cuántas divisiones tiene el Papa?” Pero Trump no es el único que ha ofendido a un papa. El energúmeno pendenciero que desde el gobierno está destruyendo a la Argentina insultó con palabras aún más soeces al Papa Francisco.
Por razones de buen gusto me abstendré de reproducir las
asquerosidades con que el “besatraseros” número uno del imperio (y
admirador de genocidas como Netanyahu) calificó durante su campaña
presidencial y también antes al Papa Francisco. Ambos, Trump y Milei,
no tardarán mucho en transitar por las pestilentes cloacas de la historia
contemporánea.
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