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"El
pensamiento de Hirschman nos proporciona una herramienta para entender la
crisis democrática contemporánea. La democracia deliberativa emerge
como una síntesis que transforma la voz en deliberación
institucionalizada, la lealtad en consenso político razonable y la salida
en una opción residual, que debiera funcionar como un factor de
disuasión y un poderoso correctivo en cualquier organización o Estado
en lugar de una respuesta masiva. Estos enfoques permiten comprender el
populismo como un síntoma de fallas estructurales en los mecanismos de participación
democrática.
"Para
superar estas fallas estructurales, lo mismo que para construir alternativas de
desarrollo socialmente incluyentes y ambientalmente sustentables,
hoy más que nunca la educación se convierte en un elemento
clave. Se necesita una educación que se haga cargo de la
complejidad de la sociedad contemporánea, así como de la necesidad
de un modelo educativo que permita a nuestros jóvenes aprender a
seguir aprendiendo durante toda su vida, en una sociedad
en la que el conocimiento avanza aceleradamente. Una educación
que los capacite para el trabajo, pero también para la vida en
comunidad y para ejercer responsablemente su condición de ciudadanos.
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Las ideas de Hirschman siguen ofreciendo una rica veta para poder entender la complejidad del desarrollo económico, la no linealidad de su dinámica y la interrelación entre los fenómenos económicos, políticos y sociales. Imagen de ilustración Géminis.
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EDUCACIÓN Y DESARROLLO.
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Por
Leonardo Lomelia Vanegas*.
Fuente.
La Jornada Ciudad de México jueves 28 de mayo del 2026.
He
elegido el tema educación y desarrollo para reflexionar, a convocatoria de la
Unesco, sobre el legado y la actualidad del pensamiento de Albert
Hirschman.
En
los tiempos actuales, en los que la ciencia, la cultura y la
educación sufren múltiples acosos, incluso en algunos de los países más
desarrollados, es necesario recordar que fue gracias a la expansión del
conocimiento y de la educación en los últimos dos siglos que la humanidad pudo
alcanzar su actual grado de desarrollo tecnológico, así como insistir en que la
educación es condición necesaria para construir sociedades democráticas e
incluyentes.
Albert
O. Hirschman defendió la idea de que el desarrollo no es
un proceso lineal y, por lo tanto, predecible. En lugar de grandes reformas “estructurales”,
propuso cambios progresivos e incrementales que permitieran generar un efecto
acumulativo importante.
Para
él, las inversiones estratégicas en infraestructura, salud, ciencia, tecnología
y educación generan eslabonamientos y círculos virtuosos que
retroalimentan el crecimiento económico y el desarrollo social.
Un pilar diferenciador de su enfoque fue la importancia de la participación social en los procesos de desarrollo, pues afirmó que, involucrar a las comunidades y fomentar procesos de planeación participativa, puede ser decisivo para el éxito de una estrategia de desarrollo.
Hirschman
también llamó la atención sobre las “barreras para el cambio”. Estas barreras
pueden ser económicas, sociales e incluso sicológicas.
Las
ideas de Hirschman siguen ofreciendo una rica veta para poder entender la
complejidad del desarrollo económico, la no linealidad de su dinámica y
la interrelación entre los fenómenos económicos, políticos y sociales,
así como la importancia de la interacción entre los hechos, las políticas y
las ideas económicas.
Para
él, los recursos destinados a la educación no eran un
gasto, sino una inversión con efectos multiplicadores en el ámbito
económico y también en la vida social.
Además
de formar capital humano, la educación puede generar actitudes
que promueven la participación democrática, la responsabilidad política
y un ambiente favorable a la innovación y la participación social.
En el esquema propuesto por Hirschman en su obra clásica Salida,
voz y lealtad (1970), la educación es fundamental
porque da elementos a los individuos para opinar y participar
en el proceso de desarrollo.
Hirschman
reconoció que la expansión de la educación puede generar tensiones si la
economía no crece a la par de las aspiraciones sociales,
generando frustración y un malestar social que puede expresarse de muy
diversas formas.
La
educación es necesaria, pero si no va acompañada de una estrategia
de desarrollo, puede generar una crisis de expectativas que deriva
en un cuestionamiento a la capacidad del sistema democrático para
encauzar las demandas sociales.
A finale del Siglo XX Paul Krugman publicó el
libro The age of diminished expectations: U. S. Economic policy in the
1990. A
casi tres décadas de distancia queda claro que, si ya se percibía un
problema de reducción de las expectativas de crecimiento y de mejora en
los niveles de vida en ese momento a nivel global, hoy nos encontramos
en una crisis de expectativas.
¿Cómo
llegamos a esta situación? El antecedente inmediato es la ruptura del consenso
macroeconómico que guio la política económica de las
tres décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, con el
ascenso de una ideología que influyó en las políticas que
habrían de seguirse, el llamado “neoliberalismo”.
En su
libro Camino de libertad: La economía y la buena sociedad (2024),
Joseph E. Stiglitz advirtió:
“el neoliberalismo no es autosostenible. Se contradice.
Ha deformado nuestra sociedad. Ha cultivado un egoísmo materialista y extremo
que ha socavado la democracia, la cuestión social y la confianza”.
En
Exit, voice, and loyalty, Hirschman desarrolla un modelo para
explicar cómo los individuos reaccionan ante el deterioro de
las organizaciones. La salida implica abandonar la organización cuando
los ciudadanos consideran que ya no funciona, ya sea absteniéndose
de participar política o electoralmente, dejando de participar en el
debate público o incluso emigrando; la voz es, por el contrario,
la expresión de una idea o voluntad para impulsar cambios desde dentro,
ya sea mediante la participación política, las protestas, el activismo
político o la deliberación pública; y la lealtad es la disposición a
permanecer y participar incluso cuando existen fallas, un sentido de
pertenencia que frena la salida y estimula la voz para mejorar la
organización y que se expresa en identidad nacional, confianza institucional y
compromiso cívico.
El
pensamiento de Hirschman nos proporciona una herramienta para entender la
crisis democrática contemporánea. La democracia deliberativa emerge
como una síntesis que transforma la voz en deliberación
institucionalizada, la lealtad en consenso político razonable y la salida
en una opción residual, que debiera funcionar como un factor de
disuasión y un poderoso correctivo en cualquier organización o Estado
en lugar de una respuesta masiva. Estos enfoques permiten comprender el
populismo como un síntoma de fallas estructurales en los mecanismos de participación
democrática.
Para
superar estas fallas estructurales, lo mismo que para construir alternativas de
desarrollo socialmente incluyentes y ambientalmente sustentables,
hoy más que nunca la educación se convierte en un elemento
clave. Se necesita una educación que se haga cargo de la
complejidad de la sociedad contemporánea, así como de la necesidad
de un modelo educativo que permita a nuestros jóvenes aprender a
seguir aprendiendo durante toda su vida, en una sociedad
en la que el conocimiento avanza aceleradamente. Una educación
que los capacite para el trabajo, pero también para la vida en
comunidad y para ejercer responsablemente su condición de ciudadanos.
*Rector
de la UNAM Este texto recupera las principales ideas de la conferencia dictada
por el rector de la UNAM, en el marco de la Cátedra Albert Hirschman de la
Unesco.
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