&&&&&
"Para contrarrestar el avance de la
Teología de la Liberación, los papas Wotyla y Ratzinger aislaron, sustituyeron
a los actores claves y nombraron a obispos conservadores. Favorecieron a los
movimientos tradicionalistas como los Legionarios de Cristo, Sodalicio, Opus
Dei y movimientos carismáticos. Resulta paradójico que Juan Pablo II otorgara
al Opus Dei un estatus tan especial que resultó una Iglesia dentro de la
Iglesia bajo la figura de la prelatura personal, contradiciendo el recelo a la
Iglesia popular como paralela.
"El papa Francisco trata a Gustavo
Gutiérrez en el prefacio del libro con ternura. Y se reconcilia con esta gran
corriente eclesial que fue perseguida y maltratada. Ahí afirma lo siguiente: “…
en este último libro, Gustavo nos ofrece una vez más los frutos de su
compromiso, su oración y su reflexión. Quiero destacar en estas páginas su
profunda y perdurable fidelidad a la Iglesia a lo largo de su camino. Una
fidelidad vivida con humildad, a veces con dolor, y fundamentalmente con
libertad. Ya en la década de 1960, las inquietudes teológicas de Gustavo fueron
surgiendo gradualmente a través de su historia personal, sus estudios y su
labor pastoral”.
"Los tiempos han cambiado. La guerra
ideológica de la posguerra tiene otros tintes de aquellos que obsesionaron a
Juan Pablo II. La Teología de la Liberación está lejos de extinguirse. Mientras
existan exclusión e injusticia, estará vigente.
/////
Foto Cuartoscuro.
*****
FRANCISCO REIVINDICÓ LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN.
*****
Por. Fernando Barranco.
Fuente. La Jornada Diario Ciudad de México jueves 39 de julio del 2026.
En diciembre de 2025, el Vaticano dio a
conocer fragmentos del prefacio que el papa Francisco escribió para el libro
póstumo de Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación
titulado: Vivir y pensar el Dios de los pobres. El teólogo peruano
falleció el 22 de octubre de 2024.
Es poco usual que los pontífices prologuen libros y menos aún a un teólogo anatemizado por sus antecesores. En efecto, los pontificados de Juan Pablo II (1978-2005) y de Benedicto XVI (2005- 2013) condenaron con rudeza eclesiástica a teólogos y clérigos que simpatizaron con la teología que optaba por los pobres en Latinoamérica. Gustavo Gutiérrez sufrió una severa persecución de casi 35 años. La guerra fría aplicada por el papa Wojtyla fue implacable con la corriente liberacionista de la Iglesia. Su mayor recriminación era la cercanía conceptual de la Teología de la Liberación con ciertos fundamentos marxistas. Las medidas fueron severas contra obispos, sacerdotes, congregaciones de religiosos y religiosas, seminarios, laicos, centros de investigación, revistas y por supuesto teólogos. Hubo disposiciones de férreo control ideológico, pastoral y teológico.
Por ello, llama la atención que el papa
Francisco reconozca, no sólo el aporte teológico y pastoral del sacerdote
peruano, sino valore positivamente esta vertiente de la Iglesia católica en
América Latina. Bergoglio es cálido y obsequioso con uno de los personajes más
emblemáticos de la Iglesia que inspiró un influyente movimiento religioso
enfocado en la justicia social y la defensa de los pobres.
En realidad, el papa Francisco en uno
de sus últimos escritos, quiso rendir homenaje a Gustavo Gutiérrez, así lo
expresó: “Gustavo Gutiérrez, a lo largo de su larga vida, fue un fiel siervo de
Dios y amigo de los pobres. Su teología moldeó la vida de la Iglesia y sigue
vigente hoy, con una frescura que abre nuevos caminos para el seguimiento de
Jesús”. El Papa argentino reconoce que el epicentro del pensamiento de
Gutiérrez se encuentra en el Concilio Vaticano II. Citando a Juan XXII quien
también deseaba una Iglesia pobre para los pobres.
En contraste, años atrás, en el
constante acoso al teólogo peruano, Juan Pablo II utilizó el brazo represor del
Vaticano, éste fue la Congregación para la Doctrina de la Fe, antiguo Santo
Oficio, dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI. Fue
uno de sus principales opositores, quien publicó en 1984 la instrucción Libertatis
nuntius y en 1986 el texto Libertatis consciente, piezas
doctrinales que pretendían decretar y ordenar lo válido para la ortodoxia de la
Iglesia y someter filosófica y teológicamente a la pujante teología
latinoamericana. Se afirmó que construir un cristo revolucionario iba en contra
de las sagradas escrituras.
El momento álgido de censura fue el silencio impuesto al teólogo brasileño Leonardo Boff. En torno a su libro: Iglesia, carisma y poder, el cardenal Ratzinger genera una sanción severa aplicada por el Vaticano en mayo de 1985. La medida prohibía al teólogo brasileño dar conferencias y escribir debido a sus posturas liberacionistas.
La Teología de la Liberación tuvo años
de esplendor durante los años 70 y 80 en Latinoamérica. Causó preocupación en
las cúpulas del poder vaticano porque no sólo fue un discurso sobre Dios. Fue
también un poderoso movimiento social en diferentes partes del continente. Tan
sólo en Brasil llegó a aglutinar 90 mil comunidades de base. La entonces
llamada Iglesia popular fue percibida con temor por Roma como una potencial
“Iglesia paralela” con una vigorosa base social que podría contraponer la
autoridad de aparato institucional de la Iglesia.
Para contrarrestar el avance de la
Teología de la Liberación, los papas Wotyla y Ratzinger aislaron, sustituyeron
a los actores claves y nombraron a obispos conservadores. Favorecieron a los
movimientos tradicionalistas como los Legionarios de Cristo, Sodalicio, Opus
Dei y movimientos carismáticos. Resulta paradójico que Juan Pablo II otorgara
al Opus Dei un estatus tan especial que resultó una Iglesia dentro de la
Iglesia bajo la figura de la prelatura personal, contradiciendo el recelo a la
Iglesia popular como paralela.
El papa Francisco trata a Gustavo
Gutiérrez en el prefacio del libro con ternura. Y se reconcilia con esta gran
corriente eclesial que fue perseguida y maltratada. Ahí afirma lo siguiente: “…
en este último libro, Gustavo nos ofrece una vez más los frutos de su
compromiso, su oración y su reflexión. Quiero destacar en estas páginas su
profunda y perdurable fidelidad a la Iglesia a lo largo de su camino. Una
fidelidad vivida con humildad, a veces con dolor, y fundamentalmente con
libertad. Ya en la década de 1960, las inquietudes teológicas de Gustavo fueron
surgiendo gradualmente a través de su historia personal, sus estudios y su
labor pastoral”.
Los tiempos han cambiado. La guerra
ideológica de la posguerra tiene otros tintes de aquellos que obsesionaron a
Juan Pablo II. La Teología de la Liberación está lejos de extinguirse. Mientras
existan exclusión e injusticia, estará vigente.
*****

No hay comentarios:
Publicar un comentario