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“Veremos, pero de momento la guerra está demostrando urbi et
orbe que el Imperio de Estados Unidos y sus perritos
falderos europeos son el principal factor mundial de caos. Países como
Japón y Corea del Sur, y hasta las mismas monarquías del Golfo pueden
constatar ahora mismo que mientras el Imperio no se vaya de la principal
región energética del mundo, el peligro de una gran recesión está
servido. A los gobernantes de esos países espero, en buena lógica, la puede
dar igual la masacre de poblaciones y la destrucción de sociedades enteras, contracción
de sus economías y la ruina de sus castillos de naipes financieros les debería
espabilar.
“Y sobre la “operación terrestre” que
el improvisador e iluminado Nerón
podría estar barajando, un despacho de la CIA, fechado el 11 de
agosto de 2008 en Arabia Saudí y divulgado por Wikileaks, resulta
revelador. Dice lo siguiente: «La
planta de desalinización El-Dyubail suministra a Riad (capital de Arabia
Saudita, población 7 millones, 20% de la población total del país) el 90% de su
agua potable. Si esa planta, sus conductos y las infraestructuras energéticas a
ella asociadas resultaran seriamente dañados o destruidos, Riad debería ser
evacuada en el plazo de una semana».
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Fuentes: CTXT
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ERRORES DE CÁLCULO.
EE. UU. y sus subordinados europeos: factor principal del caos.
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Por Rafael Poch de Feliu | 30/03/2026 | EE.UU., Palestina
y Oriente Próximo.
Fuente Revista Rebelión lunes 30 de marzo del 2026.
La falta de visión de EE.UU. tiene que
ver con la soberbia de quien está acostumbrado a dictar su voluntad en el mundo
y encuentra grandes dificultades en cambiar y adaptarse a la nueva realidad
En los últimos cuatro años, hemos
ayudado a tres grandes errores de cálculo del hegemonismo occidental liderado
por Estados Unidos.
El primero fue el de Rusia. Se creía que, provocando la invasión de Ucrania,
Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica
como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba
como seguro. Nada de eso ha ocurrido. El segundo fue con China. Creían
que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas se duplicarían a Pekín.
Tampoco eso ha ocurrido. China ya es una gran potencia tecnológica que,
por ejemplo, produce sus propios microprocesadores. Bastó con que Pekín
amenazara con responder cortando toda su exportación de tierras raras, los
minerales esenciales para alta tecnología, defensa y energías renovables de
los que dispone casi en solitario, para anular todo aquello. El tercer error
de cálculo lo estamos viendo ahora con Irán.
Creían que la decapitación de su
liderazgo político y el bombardeo general desencadenaría una revuelta y que esta propiciaría
el cambio de régimen. Resultó que Irán resistió y aplicó un plan de
guerra asimétrica perfectamente conocido desde hace años: misiles y drones
fabricados y lanzados desde instalaciones subterráneas contra Israel y las
bases americanas de Oriente Medio, más cierre del estrecho de Ormuz.
La consecuencia es que Irán necesita no perder en esa guerra asimétrica
para ganar la guerra, mientras que Estados Unidos e Israel necesitan una
victoria total. Si la reserva iraní de misiles y drones es superior a la
reserva de interceptores de Estados Unidos e Israel, esta verbena
estaría sentenciada…
Tres errores de cálculo tan
monumentales y
manifiestos en tan poco tiempo, obligan a preguntarse por las causas. Me parece
que la principal es de índole general: ignorando que el mundo ya es
multipolar, es decir que cuenta con diversos polos de poder que interactúan, Occidente
continúa comportándose como si su hegemonismo sigue siendo viable.
Esa falta de visión tiene que ver, a su vez, con la soberbia de quien está
acostumbrado a dictar su voluntad en el mundo y encuentra grandes
dificultades para cambiar y adaptarse a la nueva realidad.
También tiene que ver con la
decadencia de los procedimientos
de toma de decisiones y cierto colapso institucional. Por ejemplo,
ahora, el 12 de marzo, la Asamblea Popular Nacional de China acaba de aprobar
su XV plan quinquenal para el periodo 2026/2030. Uno puede sonreír al
contemplar la ordenada geometría aprobatoria de la Asamblea –el
documento final fue aprobado por 2.758 votos a favor, uno en contra y dos
abstenciones– siempre que se olvide que detrás de ese plan ha habido un
ingente trabajo de institutos y expertos, y controversias entre
diferentes corrientes de pensamiento sobre cada uno de sus aspectos. ¿Cómo
se toman las decisiones hoy en el soberbio Imperio que va a menos? Si hay
que creer lo que se filtra, la administración del Nerón narcisista
sospechoso de pedofilia que manda en Washington ignora manifiestamente
los dictámenes y consejos de sus agencias de seguridad y de toda la
burocracia militar que solía avalar sus fechorías. El secretario de
Guerra, Peter Hegseth, por ejemplo, no solo es un criminal
como sus predecesores en el cargo, sino que además es un chulo de piscina
que antes había sido presentador y comentarista del canal de telebasura Fox.
Su colega Marco Rubio unifica en su persona el Ministerio de
Exteriores (secretario de Estado) y la Consejería de Seguridad Nacional,
dos burocracias enormes, además de la administración de la agencia de ayuda (al
golpe de Estado) USAID. Ni uno ni otro pueden decidir gran cosa contra
la infalible voluntad del desequilibrado Nerón, cuya principal virtud es
concentrar todos los rasgos del típico hombre de negocios/gánster
estadounidense de acuerdo con la conocida máxima de Mark Twain: “Pertenecemos
a la raza anglosajona, y cuando el anglosajón quiere algo simplemente lo toma”.
Tanto en Washington como en Bruselas no hay estrategia, sino más bien un cuadro de decadencia tardorromana a cargo de toda una serie de políticos desprestigiados e incompetentes, obsesionados con la “imagen” y la “comunicación”, y rodeados de un complejo mediático y pseudoacadémico estructuralmente corrupto y servil, lo que justifica con creces la nostalgia hacia sus predecesores de los años sesenta, setenta y ochenta. ¿Qué plan quinquenal se puede esperar de esta tropa.
La decadencia institucional puede
verse también en la incapacidad de las Naciones Unidas para detener la loca carrera de Israel
y de Estados Unidos, para poner fin al genocidio de Gaza, condenar
la guerra contra Irán y denunciar el peligro de una recesión económica
mundial que contiene. El 11 de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU
aprobó una resolución, la 2817 / 2026, que “condena en los términos más
enérgicos” los “atroces ataques” de Irán contra los siete países
del Golfo Pérsico que albergan bases militares e instalaciones de Estados
Unidos. La resolución ignoró olímpicamente que los ataques eran
respuesta al hecho de que desde esos países se bombardea Irán y se asesina
a sus máximos dirigentes. La resolución ni mencionó ni condenó la agresión
contra Irán y fue aprobada por trece votos a favor y cero en contra. Rusia
y China vergonzosamente se abstuvieron.
“Probablemente”, dice
el economista Michael Hudson,
“el resultado de todo esto será o bien reestructurar la ONU, o crear una
organización completamente nueva que no contará con el poder de veto de EE. UU.,
ni estará bajo el control de EE. UU., y tendrá su propia financiación y
presupuesto, y probablemente deberá mudarse fuera de Nueva York, ya que, como
ha dicho el secretario general, Guterres, la ONU está en bancarrota y tendrá
que abandonar Nueva York en agosto”.
Veremos, pero de momento la guerra está demostrando urbi et orbe que el Imperio de Estados Unidos y sus perritos falderos europeos son el principal factor mundial de caos. Países como Japón y Corea del Sur, y hasta las mismas monarquías del Golfo pueden constatar ahora mismo que mientras el Imperio no se vaya de la principal región energética del mundo, el peligro de una gran recesión está servido. A los gobernantes de esos países espero, en buena lógica, la puede dar igual la masacre de poblaciones y la destrucción de sociedades enteras, contracción de sus economías y la ruina de sus castillos de naipes financieros les debería espabilar.
Y sobre la “operación terrestre” que
el improvisador e iluminado Nerón
podría estar barajando, un despacho de la CIA, fechado el 11 de
agosto de 2008 en Arabia Saudí y divulgado por Wikileaks, resulta
revelador. Dice lo siguiente:
«La planta de
desalinización El-Dyubail suministra a Riad (capital de Arabia Saudita,
población 7 millones, 20% de la población total del país) el 90% de su agua
potable. Si esa planta, sus conductos y las infraestructuras energéticas a ella
asociadas resultaran seriamente dañados o destruidos, Riad debería ser evacuada
en el plazo de una semana».
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