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“La reorganización del pueblo frente a los derechos arrebatados. A
pesar de la represión y del aparato institucional que
bloquea la legalidad – el Tribunal Constitucional Plurinacional
y el Tribunal Supremo Electoral actuando como brazos del Poder
Ejecutivo–, el pueblo mantiene viva su capacidad de reorganización.
Los derechos arrebatados por el Gobierno de Arce y ahora profundizados
por Paz no han sido olvidados: están en la memoria colectiva
y alimentan la combatividad de sindicatos, organizaciones sociales y
sectores populares.
“La
resistencia se articula en torno a la defensa de la CPE
y a la denuncia de la ilegalidad que impide la participación del
instrumento político del Pueblo. Esa energía latente anuncia
que la renuncia de Paz no es solo un reclamo político, sino
una necesidad para restablecer la soberanía popular para retomar
el proceso de cambio y la revolución cultural que vive Bolivia. El
ente aglutinador de todas las demandas nítidamente es la Constitución
Política del Estado, y ésta se ha convertido en la bandera de
lucha de las protestas y demandas populares y en el mayor temor de las minorías
privilegiadas.
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Fuentes: Red de Economía Política.
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¿BOLIVIA POR QUÉ DEBE RENUNCIAR RODRIGO PAZ
¿A LA PRESIDENCIA?
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Por | 21/05/2026 | Bolivia
Fuente. Revista rebelión jueves 21 de mayo del 2026.
Desde
el 1° de mayo, el pueblo ha puesto sobre la mesa un conjunto de demandas
dirigidas al Gobierno, exigiendo que cumpla con su mandato constitucional de
hacer respetar y respetar la CPE y, de defender, sin ambigüedades, los
intereses nacionales y la voluntad popular que lo llevó al poder, hasta llegar
a la demanda de que el Presidente Rodrigo Paz debe renunciar a la presidencia,
no por capricho o consigna aislada producto del pueblo movilizado en las calles
y carreteras, sino por la conclusión de seis meses de fracaso como Gobierno que
se basa en la permanente mentira, la violación a la CPE y el intento de sofocar
la voluntad popular.
1. La mentira como argumento y práctica política.
En
estos seis meses, el Gobierno de Rodrigo Paz ha convertido la
mentira en herramienta cotidiana de gestión. Promesas de estabilidad
económica, transparencia institucional y respeto a la Constitución se han
revelado como discursos vacíos. La práctica política se sostiene en anuncios
sin respaldo técnico, en cifras maquilladas y en narrativas que buscan
encubrir la improvisación. La mentira no es un error aislado: es el método
de gobierno, un mecanismo de gestión para ganar tiempo mientras la crisis
se profundiza y la confianza ciudadana se erosiona.
En estos seis meses, el Gobierno de Rodrigo Paz ha convertido la mentira en una marca corporativa registrada como forma de gobierno, la ha convertido en herramienta cotidiana de gestión. Promesas de estabilidad económica, transparencia institucional y respeto a la Constitución se han revelado como discursos vacíos. La práctica política se sostiene en anuncios sin respaldo técnico, en cifras maquilladas y en narrativas que buscan encubrir la improvisación.
El
Gobierno insiste en reciclar el neoliberalismo, mientras convierte a la “CONFEDERACION
OBRERA BOLIVIANA” COB y a los trabajadores en objeto de olvido y marginación.
La
memoria inmediata nos remite al frustrado D.S. 5503,
aquel intento burdo de reinstalar el neoliberalismo, y a los primeros
gestos de reorganización del movimiento popular. Pese a ese fracaso, el Gobierno
de Paz no cesa en su empeño: ahora retorna con medidas fragmentadas y
encubiertas, buscando imponer la receta dictada por los organismos
internacionales en beneficio del sector más acaudalado y
reaccionario de la economía. En ese camino, relega y desprecia
las demandas de la COB y de los trabajadores, hasta el extremo de
convertir su rol histórico en objeto de burla y de reducción
sistemática dentro de la sociedad boliviana.
La
corrupción persistente en el negocio de los hidrocarburos,
expresada en la compra de gasolina “basura” y diésel que
deterioran el parque automotor; la rebaja de cuatro impuestos que
favoreció directamente a las grandes fortunas; y la intención de
beneficiar al sector agroindustrial mediante una ley de tierras
en perjuicio de la economía comunitaria, constituyen los ejes que
revelan y aceleran el frágil manejo del Estado.
En esa virtud falaz, Rodrigo Paz ha diseñado un discurso propio de sofistas, en los que se dirige a los sectores populares como si sus acciones fueran en beneficio a ellos, cuando la realidad demuestra que su proximidad a los sectores agroindustriales y a la banca son los que prevalecen a la hora de beneficiar con sus medidas inconstitucionales.
2. Un plan de gobierno ajeno y la intención de violentar la
Constitución Política del Estado (CPE)
Las
acciones aplicadas por Rodrigo Paz no
corresponden a su propio programa electoral, sino que reproducen
medidas de otro candidato y de sectores que buscan imponer un
proyecto neoliberal. Esta apropiación revela dos cosas:
Falta de legitimidad política, porque gobierna con
un plan que no fue votado.
Intención de modificar la Constitución Política del Estado,
debilitando sus garantías y abriendo la puerta a la privatización de recursos
estratégicos y a la concentración de poder. La CPE,
conquistada como pacto social, se convierte en blanco de una ofensiva
que pretende vaciarla de contenido y someterla a intereses externos.
La
ausencia de un plan de gobierno se percibe por la debilidad
en el discurso improvisado que le obligar a seguir mintiendo, difamando
o elucubrando teorías “magníficas” sin contenido
ni sentido político, de ahí su aplicación y tibieza al
sostenerlo a través de un Órgano Ejecutivo sin claridad política ni
técnica en su ejecución, acompañada por una Asamblea Legislativa
que desconoce su mandato y por tanto inoperable y parasitaria.
La
realidad nos demuestra el surgimiento de nuevos liderazgos
populares desde el 1° de mayo. Las COB y sus 16 resoluciones del cabildo,
se constituyeron en una línea base para las diferentes expresiones
populares que permitieron organizar sus demandas hasta llegar
a consolidarse como una consigna de lucha la Renuncia de Rodrigo Paz
a la presidencia.
3. La reorganización del pueblo frente a los derechos
arrebatados
A
pesar de la represión y del aparato institucional que
bloquea la legalidad – el Tribunal Constitucional Plurinacional
y el Tribunal Supremo Electoral actuando como brazos del Poder
Ejecutivo–, el pueblo mantiene viva su capacidad de reorganización.
Los derechos arrebatados por el Gobierno de Arce y ahora profundizados
por Paz no han sido olvidados: están en la memoria colectiva
y alimentan la combatividad de sindicatos, organizaciones sociales y
sectores populares.
La
resistencia se articula en torno a la defensa de la CPE
y a la denuncia de la ilegalidad que impide la participación del
instrumento político del Pueblo. Esa energía latente anuncia
que la renuncia de Paz no es solo un reclamo político, sino
una necesidad para restablecer la soberanía popular para retomar
el proceso de cambio y la revolución cultural que vive Bolivia.
El
ente aglutinador de todas las demandas nítidamente es
la Constitución Política del Estado, y ésta se ha convertido en
la bandera de lucha de las protestas y demandas populares y en el mayor
temor de las minorías privilegiadas.
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