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“Las vicepresidentas y la nueva representación femenina. La
transición hacia esta izquierda popular también se manifiesta en
las figuras de Analí Márquez y Brígida Curo, vicepresidentas de Juntos por
el Perú. Ellas personifican el paso de la "segunda línea"
dirigencial al protagonismo nacional, aportando una carga simbólica que la izquierda
tradicional ha intentado articular discursivamente pero que ellas encarnan
de forma orgánica. Asimismo, rompen el molde del feminismo urbano y
académico que predominaba en la representación izquierdista durante los
últimos años. Su presencia muestra que la participación femenina en este
nuevo esquema debe ir acompañada de una representatividad territorial
real. No basta con cumplir con la cuota de género, se requiere una identidad
ligada al territorio. La procedencia de ambas candidatas aleja la
oferta política de los discursos tecnocráticos y conecta directamente con las demandas
anti centralistas del sur peruano. Y en el caso de Curo la variable identitaria
indígena se vuelve un eje esencial, elevando a quienes antes se
consideraban secundarios a las esferas más altas del Poder Ejecutivo.
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EL ASCENSO DE LA IZQUIERDA REGIONAL Y EL NUEVO MAPA DE PODER EN EL
PERÚ,
POR PAULO VILCA.
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Esta izquierda se caracteriza por
carecer de grandes pretensiones ideológicas, optando por
un populismo militante enfocado en la "soberanía del bolsillo".
Por Paulo Vilca. Investigador del Instituto
de Estudios Peruanos. IEP.
Fuente. La Republica sábado 8 de mayo
del 2026.
El proceso electoral del 2021 no debe
entenderse simplemente como el ascenso accidental de un profesor chotano, sino como el síntoma de una
transformación estructural en la representación política del país. La
llegada de Pedro Castillo a la presidencia trajo consigo el mayor número
de parlamentarios de izquierda desde la década de 1980. Agrupados
inicialmente en Perú Libre y, en menor medida, en Juntos por el Perú,
marcaron una ruptura política y sociológica con el pasado.
En contraste con periodos legislativos
anteriores, donde la izquierda
peruana estaba vinculada o era liderada por actores con trayectorias
en el establishment limeño —proveniente de la academia
y las clases medias ilustradas—, la representación de 2021 fue
mayoritariamente provinciana. Nombres entonces poco conocidos como Guido
Bellido, Silvana Robles o Jaime Quito, irrumpieron en escena con un
denominador común: su distancia de los círculos de poder de la
capital y su arraigo en las dinámicas regionales.
La descentralización de facto y el nuevo perfil dirigencial.
Si bien la llegada de "actores
periféricos" se ha observado también en grupos de centro o derecha,
es en la izquierda donde este fenómeno ha permitido avizorar una
recomposición real del poder. Estamos ante una suerte de "descentralización
política de facto". El contraste es nítido: frente a la
izquierda capitalina cosmopolita y mesocrática, se erige una nueva ola de
raigambre popular y regional.
A diferencia del Humalismo de 2006 y
2011 y del Frente Amplio de 2016,
que integraron a intelectuales y tecnócratas progresistas en sus filas
legislativas, la izquierda de 2021 presentó una identidad
sindicalista y magisterial. Estos nuevos parlamentarios no eran rostros
frecuentes en los comités directivos de las organizaciones de sociedad civil
ni ocupaban espacios de opinión en los grandes medios de comunicación. En su
mayoría eran dirigentes y operadores locales de sindicatos y organizaciones
sociales de base con conocimiento del territorio y una capacidad de
movilización que superaban con creces los sofisticados discursos
ideológicos de sus antecesores.
Independientemente de las críticas sobre su desempeño, los resultados
del 2026 han ratificado esta tendencia. La representación electoral de
la izquierda se ha desplazado de forma irreversible fuera de Lima,
favoreciendo a cuadros que antes eran sistemáticamente ignorados o considerados
periféricos por las élites. El ascenso de Castillo y la consolidación de
figuras como Roberto Sánchez no son accidentes históricos, sino
evidencias claras de un cambio en la estructura de la agencia
política nacional.
El pragmatismo de Roberto Sánchez: política en tiempos de crisis.
En este panorama, la figura de Sánchez emerge como un actor central que a
menudo pasó desapercibido frente al protagonismo de Castillo y Vladimir
Cerrón. El 2021 nos trajo al médico huancaíno, al profesor cajamarquino
y al psicólogo huaralino, que ha demostrado ser un político versátil para
los tiempos de crisis que vive la democracia peruana: lidera un partido con
historia desde inicios de siglo, logró ser el ministro más longevo del
gabinete de Castillo, preservó una bancada parlamentaria y eludió las
acusaciones que buscaron su desafuero.
Para las elecciones de 2026, Sánchez forjó una alianza estratégica que
unió las distintas vertientes del castillismo con actores como Antauro
Humala, colegas parlamentarios y un nutrido grupo de dirigentes sociales.
Su perfil refleja fielmente a esta izquierda periférica cuyo arraigo social y
económico está más cerca de los puestos de mercado que de las cafeterías y
universidades privadas. No vienen de las ONG o los think tanks,
sino del pliego de reclamos, la huelga y la gestión pública subnacional.
Esta izquierda se caracteriza por carecer de grandes
pretensiones ideológicas, optando por un populismo militante
enfocado en la "soberanía del bolsillo". Actúa con pragmatismo
negociador y prefiere canjear la "revolución imposible" por
mejoras laborales para sus agremiados o un nuevo régimen de concesiones
mineras. Además, mientras otros reniegan de Pedro Castillo, Sánchez y
sus aliados se reclaman sus herederos y reivindican el legado histórico que
significa haber tenido un campesino ocupando la silla presidencial. El
sombrero cajamarquino se convierte en un símbolo de identidad, lucha y
victoria popular.
Las vicepresidentas y la nueva representación femenina.
La transición hacia esta izquierda
popular también se
manifiesta en las figuras de Analí Márquez y Brígida Curo, vicepresidentas
de Juntos por el Perú. Ellas personifican el paso de la "segunda
línea" dirigencial al protagonismo nacional, aportando una carga
simbólica que la izquierda tradicional ha intentado articular
discursivamente pero que ellas encarnan de forma orgánica. Asimismo, rompen
el molde del feminismo urbano y académico que predominaba en la representación
izquierdista durante los últimos años.
Su presencia muestra que la
participación femenina
en este nuevo esquema debe ir acompañada de una representatividad territorial
real. No basta con cumplir con la cuota de género, se requiere una identidad
ligada al territorio. La procedencia de ambas candidatas aleja la
oferta política de los discursos tecnocráticos y conecta directamente con las demandas
anti centralistas del sur peruano. Y en el caso de Curo la variable identitaria
indígena se vuelve un eje esencial, elevando a quienes antes se
consideraban secundarios a las esferas más altas del Poder Ejecutivo.
Discrepancias y convergencias.
El análisis de las demandas de la
izquierda de la
periferia muestra una brecha crucial con la izquierda tradicional.
Mientras esta última se enfoca en reformas institucionales, derechos civiles
progresistas y conservación ambiental; la primera prioriza la
redistribución de recursos, el control de los recursos naturales y
mantiene una agenda social conservadora. Sin embargo, existen puntos de
consenso ineludibles: la convocatoria a una Asamblea Constituyente, el
fortalecimiento del rol del Estado en la economía y la regulación estricta de
la actividad empresarial privada.
Sobre la voluntad antidemocrática del último mensaje de Pedro Castillo -que para muchos analistas es la prueba irrefutable de un golpismo latente-, los grupos de esta izquierda emergente mantienen una visión distinta: consideran dicha medida como la acción desesperada de un maestro rural acorralado por sus enemigos políticos, más que un intento serio de instaurar un régimen autoritario.
El escenario parlamentario.
En el Parlamento elegido el 12 de
abril de 2026, esta
tendencia no se limita a Juntos por el Perú, sino que abarca a sectores
de Obras. Ambos grupos comparten orígenes provincianos,
trayectorias dirigenciales y lenguaje nacionalista radical. Temas como
la nacionalización del gas o la defensa de Petroperú son ejes centrales
de su discurso en sintonía con el antaurismo.
No está de más mencionar que a
diferencia del Perú Libre de 2021,
la experiencia de los últimos cinco años los ha hecho más conscientes de
sus limitaciones y tampoco se ven a sí mismos como la única y
verdadera izquierda. Por supuesto, nada de lo dicho implica que, en el ajetreo
de la vida parlamentaria y la crisis política, dicha agenda sea
abandonada y algunos repitan los extremos oportunistas del “fujicerronismo”
o acaben como Guido Bellido buscando la reelección en el partido de José
Luna, compartiendo militancia y spot de campaña con Daniel Urresti.
La nueva reconfiguración.
El futuro mostrará si esta
reconfiguración política
se confirma como una tendencia consolidada. Por ahora queda claro que el Congreso
ya no es un espejo de la élite política limeña. La izquierda que sobrevive
y se expande es aquella que "camina por el territorio". Es una
izquierda que ha comprendido que para llegar a la Plaza Bolívar no
necesita el visto bueno de la capital, sino el respaldo que alcance
en las calles y plazas del interior del país.
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