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España algunos influencers de la derecha
se jactan de menospreciar a las feminazis, cuatro locas pancarteras
de pelo azul como la inteligentísima Marta Carmona, diputada de Más
Madrid en la Asamblea de la CAM. En el debate se está
introduciendo cada vez con más frecuencia la baja natalidad de los países
occidentales, como muestra de una creciente tendencia de esta derecha
populista a depreciar a las mujeres sin hijos. Este será uno de
los puntos calientes en un futuro próximo, el rol principal de la mujer
como madre y la supeditación de su carrera profesional a este “objetivo
natural”. El papel de la mujer madre tradicional compite en popularidad
al recurso de la victimización masculina. Los que acusan a las
mujeres de victimizarse recurriendo falsamente a la violencia sexual
y machista están, a su vez, victimizándose como héroes de la libertad
de expresión y los derechos pisoteados de los hombres. Ni mujeres
ni hombres somos santos ni villanos todos los días de
la semana, pero en esta que concluimos hoy, la política socialista Pilar
Alegría ha sufrido ataques machistas por las supuestas acciones de José
Luis Ábalos, y hemos tenido que recordar que se puede criticar a
Isabel Díaz Ayuso sin aludir a su físico.
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Fuentes: El diario [Imagen: La mesa de autoridades de China y EE. UU. durante la visita de Trump al país asiático. EFE/EPA/MAXIM SHEMETOV / POOL].
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ODIAR A LAS MUJERES COMO PROPUESTA POLÍTICA.
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Por Raquel Marcos Oliva | 20/05/2026 | Feminismos
Fuente Revista rebelión miércoles 20 de mayo del 2026.
Si
hay algo que es capaz de unir a toda la derecha populista es que el feminismo
ha ido demasiado lejos, y por el camino a arrollado los derechos de los
hombres, la competitividad de las empresas, la eficacia de los gobiernos y los
ejércitos, la meritocracia, la libertad de expresión y la presunción de
inocencia.
Una
foto de la cumbre de las dos economías más grandes del planeta, China y EE. UU: en
la nutrida mesa para tratar el futuro de todos nosotros no hay sentada una sola
mujer. Abro X y, pese a la cruda realidad de la actual hegemonía del
hombre fuerte, tuiteros en busca del éxito personal hablan de abolir la
peligrosa «Charocracia» (1). En EE. UU. el mundo MAGA comenta lo
desastroso que podría ser para el país el voto de las “wine moms” (¿madres
del vino?), etiqueta que designa a las mujeres de mediana edad que votan
demócrata y son activistas de la defensa de los derechos civiles y los
inmigrantes, también conocidas peyorativamente como AWFUL (Affluent
White Female Urban Liberal), acrónimo que en inglés significa “horrible”.
Lara
Putnam, profesora de historia en la Universidad de
Pittsburgh, y Theda Skocpol, politóloga de Harvard, ya hablaban en 2018
del poder político de las mujeres liberales de mediana edad que
sistemáticamente votaban opciones de izquierda, y a partir de ahí las mujeres
y, como consecuencia, el feminismo, comenzaron a convertirse en un objetivo
evidente de la derecha trumpista. En 2022, Tucker Carlson atacó a Kamala
Harris llamándola “madre de vino de bajo cociente intelectual”,
uniendo dos de las obsesiones del trumpismo actual, la misoginia
y los resultados de las pruebas de inteligencia. Si hay algo que es
capaz de unir a toda la derecha populista es que el feminismo ha
ido demasiado lejos, y por el camino a arrollado los derechos de
los hombres, la competitividad de las empresas, la eficacia
de los gobiernos y los ejércitos, la meritocracia, la libertad
de expresión y la presunción de inocencia. Ahí es nada, mujeres
del mundo. Cualquiera lo diría viendo quién gobierna y tiene el poder
y el dinero en los principales países del mundo. Un reciente artículo
en The Atlantic analizaba la misoginia de la derecha
populista, que no quieren que las mujeres trabajen, tengan
opiniones y en los casos más extremos, voten. Hombres como Douglas
Wilson, cofundador de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas,
que opina que debe haber un solo voto por hogar a cargo del “Páter
familias”. Para la autora del artículo, Helen Lewis, el masculinismo
es el principal punto de unión de la extrema derecha estadounidense
e internacional. Los valores masculinos como muestra extrema
de virtud y fortaleza y los femeninos, de debilidad e
histerismo.
Los
problemas reales de los hombres en educación y en el
entorno laboral, propensión a la violencia o al suicidio o pérdida
del estatus que deberían tener se convierten en coartadas para un sexismo
explícito y desacomplejado de personajes como Nick Fuentes. Se acusa
a las mujeres de emascular a los hombres e impedirles ser
los héroes que están llamados a ser. Scott Yenor, quien ha declarado
que las mujeres modernas son “medicadas, entrometidas y
pendencieras”. Ideólogos como Scott Yenor, que enseña filosofía
política en la Universidad Estatal de Boise, en Idaho,
opinan que las empresas deberían limitarse a ascender a hombres
y pagarles un salario familiar mucho más alto que a las mujeres
para incentivar que estas se queden en casa teniendo hijos.
En España algunos influencers de la derecha se jactan de menospreciar a las feminazis, cuatro locas pancarteras de pelo azul como la inteligentísima Marta Carmona, diputada de Más Madrid en la Asamblea de la CAM. En el debate se está introduciendo cada vez con más frecuencia la baja natalidad de los países occidentales, como muestra de una creciente tendencia de esta derecha populista a depreciar a las mujeres sin hijos. Este será uno de los puntos calientes en un futuro próximo, el rol principal de la mujer como madre y la supeditación de su carrera profesional a este “objetivo natural”. El papel de la mujer madre tradicional compite en popularidad al recurso de la victimización masculina. Los que acusan a las mujeres de victimizarse recurriendo falsamente a la violencia sexual y machista están, a su vez, victimizándose como héroes de la libertad de expresión y los derechos pisoteados de los hombres. Ni mujeres ni hombres somos santos ni villanos todos los días de la semana, pero en esta que concluimos hoy, la política socialista Pilar Alegría ha sufrido ataques machistas por las supuestas acciones de José Luis Ábalos, y hemos tenido que recordar que se puede criticar a Isabel Díaz Ayuso sin aludir a su físico.
Uno
de los reproches de la misoginia como ideología política
es que las mujeres somos más sensibles a los problemas sociales y
nos cuesta aceptar que se deporte a inmigrantes o maten a
niños en Gaza. Evidentemente, la empatía no es una cualidad
de la que disfrutemos solo las mujeres, pero su punto de vista
nos da pistas de la sociedad deseada por esa derecha populista
que quiere acallarlas y ponerlas a parir (en las dos acepciones de la
expresión). Tras la misoginia evidente, se oculta un desprecio
más sutil y general del que estamos a tiempo de defendernos.
(1)
N. de E.: «Charocracia» es un neologismo político y
sociológico, originado en foros de internet y la «manosfera»,
usado de forma despectiva para caricaturizar lo que algunos
sectores consideran un poder hegemónico femenino, feminista o burocrático,
asociado a la izquierda. El término deriva del despectivo «Charo».
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