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"El
matonismo de Trump es la antítesis de los cimientos
institucionales sobre los que se construyó la economía estadunidense.
Los ganadores en la nueva competencia oligárquica no son
quienes fabrican los mejores productos o los más innovadores (en IA,
por el momento ese título al parecer le corresponde a Anthropic).
Son más bien los que tienen menos principios y los que saben
adular mejor al rey loco. ¿A alguien le sorprende que Sam Altman,
director ejecutivo de OpenAI (tambaleante competidor de Anthropic),
haya sido el primero en proponer la
idea de una participación estatal a la administración Trump?
"El gobierno tiene razones legítimas tanto para promover industrias incipientes como para regular aquellas donde los beneficios privados pueden no estar en línea con el interés público (como es el caso evidente de la IA). Pero estas intervenciones en el mercado deben respetar el Estado de derecho y estar bajo supervisión de instituciones independientes, en vez de implementarse con esquemas opacos, ad hoc y en beneficio propio. Con Trump al mando, Estados Unidos está condenado a sumarse a los demás países que padecen el capitalismo de amigos, a diferencia de los que han demostrado cómo es una estrategia industrial exitosa. La economía, la democracia y la seguridad nacional de los Estados Unidos se están sacrificando en el altar de la codicia insaciable de Trump y sus aduladores.
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EL CAPITALISMO ANTIESTADUNIDENSE
DE TRUMP.
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Por Joseph Stiglitz. Especial para la
Jornada.
Premio
Nobel de Economía, ex Economista Principal del Banco Mundial.
Fuente, La Jornada Ciudad de México domingo 28 de junio del 2026.
Nueva
York. El presidente Donald Trump afirma que elegir a
demócratas «socialistas» pondría a Estados Unidos en una senda hacia
convertirse en Venezuela o Cuba. Pero las acciones de Trump (como es habitual)
contradicen sus palabras y los presuntos principios de su Partido Republicano.
En vez de seguir defendiendo el capitalismo y la libre empresa, el Partido
Republicano de Trump ya no apoya ninguna de las dos cosas.
El
rasgo distintivo del capitalismo al estilo estadunidense es la estricta
propiedad privada de las empresas. En el capitalismo chino y en
el ruso, empresas que parecen normales son en realidad propiedad del
gobierno, a través de esquemas corruptos que en última instancia sirven
a los intereses de dirigentes políticos y sus aliados: un
sistema muy distinto del que se estudia en un curso introductorio de economía.
Pero ahora, Estados Unidos va por la misma senda que Rusia y China.
Llevo mucho tiempo sosteniendo que hay más margen para la intervención estatal en la economía estadunidense a través de la política industrial, y que en muchos ámbitos se necesitan regulaciones para alinear los intereses privados con el bien público. Pero siempre he dicho que esas intervenciones deben ser institucionalizadas, según procesos impersonales y transparentes que eviten hasta la menor apariencia de favoritismo político.
El
Partido Republicano, en cambio, está dando apoyo tácito al
capitalismo matonil de Trump, un modelo que no se parece en nada a la
economía de mercado basada en reglas que antes defendían los conservadores.
Por eso no es sorprendente (aunque sí muy preocupante) que al parecer
la administración Trump esté manteniendo conversaciones con
Anthropic, OpenAI y otras empresas de inteligencia artificial, que
podrían llevarlas a la cesión «voluntaria» de una «participación
estatal», así como Putin recibió el apoyo «voluntario» de los oligarcas
rusos.
De
Rusia y China a Arabia Saudita (donde a fines de 2017 y
principios de 2018, se retuvo por tres meses a miembros de élites
adineradas en el Ritz-Carlton de Riad hasta que cedieron una participación
suficiente en sus empresas), los empresarios han aprendido
a no desafiar al gobierno. Pueden dar fe de ello el fundador de Alibaba
(Jack Ma) y ex oligarcas rusos como Mijaíl Jodorkovski y Boris
Berezovski.
Quizá
Trump no llegue a los mismos extremos que Putin
o Xi, pero su idea básica es la misma. El trato que le dio su
gobierno a Anthropic recuerda lo que hizo el gobierno chino con
Ma cuando este se atrevió a criticar a las autoridades regulatorias.
Tras imponerle a principios de este mes una súbita prohibición de
exportación a sus herramientas más avanzadas, el gobierno
estadunidense está teniendo nuevas «conversaciones» con Anthropic,
probablemente para extraer concesiones adicionales del laboratorio
local de IA que crece más rápido.
El gobierno ya dio pasos decisivos en esa dirección en agosto del año pasado, cuando exigió a Nvidia y AMD que le cedieran un 15 por ciento de sus ventas a China, a cambio del levantamiento de prohibiciones de exportación. En este caso, Trump no tuvo reparos en vender la seguridad nacional (supuesta justificación de las prohibiciones) a cambio de unos pocos miles de millones de dólares de ingresos extorsivos. Menos de dos semanas después, Intel cedió «voluntariamente» al gobierno estadunidense una participación de diez por ciento a cambio de un apoyo financiero que en principio ya debía recibir en virtud de la Ley de CHIPS y Ciencia aprobada en 2022.
En
tanto, en respuesta a la creciente demanda pública de que se
regule la IA, Trump firmó hace poco una orden
ejecutiva que insta a los desarrolladores de IA a someterse a
la regulación en ciertos contextos. Pero el texto del documento
es un claro reflejo de la influencia de tecnooligarcas como Mark
Zuckerberg y Elon Musk. Por ejemplo, establece explícitamente que:
«Nada de lo dispuesto en esta sección se interpretará
en el sentido de autorizar la creación de una obligación de obtener del
gobierno licencia, preautorización o permiso para el desarrollo, la
publicación, el lanzamiento o la distribución de nuevos modelos de IA,
incluidos modelos de vanguardia».
Los
funcionarios estadunidenses afirman que estas
medidas en dirección a un capitalismo de Estado garantizarán el
acceso de todos a los beneficios de la IA. Pero si ese fuera el
objetivo real, apoyarían el cobro de impuestos a las ganancias
empresariales, que están para garantizar un reparto de los beneficios
de la actividad económica, sobre la base de reconocer que las
empresas mismas han obtenido beneficios del acceso a bienes
públicos. En cambio, este gobierno debilitó la fiscalidad corporativa.
En los años setenta, los impuestos a las ganancias empresariales generaban ingresos
del orden de 2.6 por ciento del producto interno bruto (PIB),
mientras que hoy sólo recaudan la mitad de esa cifra, a
pesar de que esas ganancias como porcentaje del PIB llegan a casi el doble.
En
cualquier caso, si alguien piensa que a Trump y sus secuaces
los mueve la preocupación por el estadunidense de a pie, tengo un puente
en Brooklyn para venderle. Este es el gobierno más corrupto de la
historia de los Estados Unidos, por varios órdenes de magnitud. Nada
de lo que hace es transparente. Cada participación que
obtiene en el sector privado obedece a favoritismo o inversiones
personales de altos funcionarios, y las distorsiones
económicas resultantes se irán acumulando.
El modelo de capitalismo del Partido Republicano tiene amplias derivaciones. En primer lugar y sobre todo, debilita la democracia y nos acerca cada vez más a una oligarquía, donde las élites con conexiones políticas pueden influir en las decisiones de gobierno. En segundo lugar, también debilita la prosperidad estadunidense. Una idea central de la economía moderna y de la historia económica es que para lograr mejoras sostenidas en el nivel de vida es esencial contar con instituciones sólidas (entre ellas el Estado de derecho).
El
matonismo de Trump es la antítesis de los cimientos
institucionales sobre los que se construyó la economía estadunidense.
Los ganadores en la nueva competencia oligárquica no son
quienes fabrican los mejores productos o los más innovadores (en IA,
por el momento ese título al parecer le corresponde a Anthropic).
Son más bien los que tienen menos principios y los que saben
adular mejor al rey loco. ¿A alguien le sorprende que Sam Altman,
director ejecutivo de OpenAI (tambaleante competidor de Anthropic),
haya sido el primero en proponer la
idea de una participación estatal a la administración Trump?
El
gobierno tiene razones legítimas tanto para promover industrias incipientes
como para regular aquellas donde los beneficios privados pueden no
estar en línea con el interés público (como es el caso evidente
de la IA). Pero estas intervenciones en el mercado deben respetar
el Estado de derecho y estar bajo supervisión de instituciones
independientes, en vez de implementarse con esquemas opacos, ad
hoc y en beneficio propio.
Con
Trump al mando, Estados Unidos está condenado a sumarse a
los demás países que padecen el capitalismo de amigos, a diferencia
de los que han demostrado cómo es una estrategia industrial exitosa. La
economía, la democracia y la seguridad nacional de los Estados Unidos se
están sacrificando en el altar de la codicia insaciable de Trump y sus
aduladores.
Joseph E. Stiglitz, premio
nobel de economía, ex economista principal del Banco Mundial y expresidente del
consejo de asesores económicos de la presidencia de los Estados Unidos, es
profesor distinguido en la Universidad de Columbia y autor de The
Road to Freedom: Economics and the Good Society (W.
W. Norton & Company, Allen
Lane, 2024).
Copyright:
Project Syndicate, 2026.
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