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“Escocia, Gales y la Unión Europea. El nacionalismo escocés es
otra historia particular. En la posguerra era irrelevante: los conservadores
dominaban cómodamente la escena política. En los 80, con la
desindustrialización del Thatcherismo, el Partido Nacionalista Escocés creció
hasta transformarse en una de las principales fuerzas políticas. El laborismo de Tony Blair intentó
contener este ascenso nacionalista en 1999 con la devolución del Parlamento
escocés suprimido en el acuerdo de unificación de Inglaterra y Escocia
en 1701. Los dos primeros gobiernos fueron una coalición
laborista-liberal, pero en 2007 los nacionalistas ganaron las elecciones
y volvieron a triunfar en 2011.
“Con esta mayoría, el SNP (Scottish National Party) le logró
imponer al gobierno conservador de David Cameron un referendo,
convencidos de que obtendrían la independencia. El peligro de que una Escocia
independiente quedara fuera de la Unión Europea fue fundamental en la
derrota de los independentistas en la consulta popular de 2014. Feroz
ironía del destino porque el mismo Cameron convocaría a un referendo
en 2016 para determinar si el Reino Unido seguiría siendo parte de
la Unión Europea. Para sorpresa de los británicos y del mundo, el
pueblo votó a favor del Brexit por un estrecho margen. Los
escoceses que favorecieron por abrumadora mayoría la permanencia en
la Unión Europea se encontraron de la noche a la mañana fuera del bloque
que consideraban fundamental para su futuro.
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El escocés John Swinney, el galés Rhun ap Iorwerth y las irlandesas Mary Lou McDonald y Michelle O'Neill. ADRIAN DENNIS. AFP
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LA MOVIDA INDEPENDENTISTA QUE PONE EN JAQUE A LONDRES.
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“Está
llegando a su fin”: la historia de un Reino Unido que se resquebraja ante el
desafío de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
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Los líderes nacionalistas tres
regiones de las cuatro regiones británicos firmaron un memorando para su
independencia. Qué puede pasar y el impacto en el tema Malvinas.
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Por Marcelo Justo,
Fuente Página/12. martes 15 de
septiembre del 2026.
Desde Londres.
Los líderes nacionalistas de
Escocia, Gales e Irlanda del Norte, tres de las cuatro regiones
británicas, firmaron este lunes un memorando de entendimiento para
la independencia y virtual disolución del Reino Unido. En la declaración
conjunta, los líderes del ejecutivo de estas tres regiones exigen a Londres
el derecho a celebrar referendos de independencia, algo que el
gobierno de Andy Burnham rechaza.
El Reino Unido, que tardó más de
cuatro siglos
en conformarse, podría terminar en unos pocos años si la declaración se
traduce en hechos. El primer paso está dado. En la declaración firmada
en la capital de Gales, Cardiff, el ministro principal galés, Rhun
ap Iorwerth, del independentista Plaid Cymru; su homólogo en Escocia, John
Swinney, del Partido Nacionalista Escocés (SNP); y su contraparte norirlandesa, Michelle
O’Neill, del izquierdista Sinn Féin, señalaron que el gobierno
central, regulado desde Londres, no tiene razón de ser.
“Para el pueblo de
nuestras islas y para el mundo está claro que el gobierno de Westminster está
llegando a su fin.
Este gobierno no tiene el derecho a bloquear nuestra democracia o a
erosionar el derecho a decidir nuestro futuro”, señalaron.
Los tres titulares de los respectivos Ejecutivos firmaron la declaración como líderes partidarios y no en su carácter de gobernadores de sus regiones, pero un documento de esta naturaleza es inédito en la historia del Reino Unido. Los líderes indicaron que cada región procedería con el proceso de independencia a su propio paso, una admisión de que, a pesar de la voluntad política común sobre la independencia, se trata de tres historias distintas.
La historia del presente.
El Reino Unido suele desconcertar a
los extranjeros.
No es Inglaterra, es diferente a Gran Bretaña; sus miembros
tienen distintos equipos en los torneos deportivos internacionales,
pero en las Naciones Unidas son representados por ese “United
Kingdom” que tardó siglos en formarse. El primer bloque fue
en 1536, cuando Gales se unió a Inglaterra bajo el memorable
reinado de Enrique VIII, que tuvo seis esposas, ejecutó a dos
y se separó de la autoridad católica papal creando la Iglesia
Anglicana.
En 1707 se produjo la unión de Escocia
con Inglaterra que, después de una devastadora guerra civil y un
rey decapitado, se había transformado en una monarquía parlamentaria.
En 1801 se sumó Irlanda. Pero en 1922, luego
de una cruenta guerra de liberación, la isla quedó dividida en la República
de Irlanda, independiente de los británicos e Irlanda del Norte,
que seguía formando parte de la unión.
En los 60 se desató en Irlanda
del Norte un sangriento conflicto que duraría más de 30 años
entre nacionalistas, predominantemente católicos, que querían la
unificación con la República, y unionistas, predominantemente protestantes que
querían seguir siendo parte del Reino Unido.
En 1998 se firmó un acuerdo de
paz que puso fin a ese conflicto que dejó más de 3600 muertos y
heridas políticas que no han terminado de cicatrizar. El
acuerdo contenía un párrafo clave para la declaración firmada este
lunes porque concede el derecho a la población norirlandesa de convocar a un
referendo para decidir si sigue siendo parte del Reino Unido o prefiere formar
parte de la República de Irlanda.
Es lo que recordó la presidenta de Sin
Fein, Mary Lou MacDonald, una
de las signatarias del acuerdo, invocando el mismo principio que el gobierno
de Andy Burnham usa para defender la soberanía británica sobre las Malvinas.
“El principio de la autodeterminación es inalienable. Tenemos el derecho a celebrar un referendo. Tenemos el derecho a decidir sobre nuestro futuro. No podemos aceptar o tolerar a que un primer ministro nos quite ese derecho”, dijo
Escocia, Gales y la Unión Europea.
El nacionalismo escocés es
otra historia particular. En la posguerra era irrelevante: los conservadores
dominaban cómodamente la escena política. En los 80, con la
desindustrialización del Thatcherismo, el Partido Nacionalista Escocés creció
hasta transformarse en una de las principales fuerzas políticas. El laborismo de Tony Blair intentó
contener este ascenso nacionalista en 1999 con la devolución del Parlamento
escocés suprimido en el acuerdo de unificación de Inglaterra y Escocia
en 1701. Los dos primeros gobiernos fueron una coalición
laborista-liberal, pero en 2007 los nacionalistas ganaron las elecciones
y volvieron a triunfar en 2011.
Con esta mayoría, el SNP (Scottish National Party) le logró
imponer al gobierno conservador de David Cameron un referendo,
convencidos de que obtendrían la independencia. El peligro de que una Escocia
independiente quedara fuera de la Unión Europea fue fundamental en la
derrota de los independentistas en la consulta popular de 2014. Feroz
ironía del destino porque el mismo Cameron convocaría a un referendo
en 2016 para determinar si el Reino Unido seguiría siendo parte de
la Unión Europea. Para sorpresa de los británicos y del mundo, el
pueblo votó a favor del Brexit por un estrecho margen. Los
escoceses que favorecieron por abrumadora mayoría la permanencia en
la Unión Europea se encontraron de la noche a la mañana fuera del bloque
que consideraban fundamental para su futuro.
El referendo europeo resignificó el de la independencia
de 2014. Para el SNP hoy hay una oportunidad histórica gracias a
la nueva ecuación política que siguió a las elecciones regionales y municipales
de mayo.
“Por primera vez en
la historia, Escocia, Gales e Irlanda del Norte están gobernadas por ministros
principales pro-independentistas”, dijo el ministro primero de Escocia John
Swinney.
En esta ola proindependentista, Gales es un caso
particular. Gobernada por el laborismo durante los últimos 100
años, los independentistas del Plaid Cymru, un
partido de centroizquierda, parecían condenados a un voto de
protesta. En las elecciones de mayo de este año, aprovechando
la debilidad del gobierno laborista de Keir Starmer, dieron
el batacazo convirtiéndose en la primera minoría con un 34% de los
votos seguidos por la ultraderecha de Reform UK con un 29% mientras
que el laborismo quedaba relegado a un humillante tercer lugar
con el 11% de los sufragios. Esto explica que el ministro principal
galés del Playd Cymru, Rhun ap Iorwerth, sonara más cauto que los escoceses
y norirlandeses y se centrara más en una mayor autonomía que en una fecha
concreta para un referendo.
Trump y Malvinas.
La declaración conjunta no sorprende y
es un nuevo polo político
en la complicada madeja que enfrenta el aun popular primer ministro Andy
Burnham. El ímpetu existe, pero también la polarización que crearía en cada
nación. En Irlanda del Norte corren el riesgo de reavivar el conflicto
inter-comunitario que ha continuado en estado latente desde los
acuerdos de paz de 1998. En Escocia no hay garantías de que el
nacionalismo obtenga en este referendo y con la promesa de volver a la Unión
Europea, la victoria que no consiguió en 2014. En Gales las
fuerzas que se oponen al referendo y la separación superan a las de Playd Cymru que
gobierna en minoría.
Todos estos matices le resbalaron al
presidente Donald Trump que
estaba de visita en la República de Irlanda este fin de semana. En la
conferencia posterior a su reunión con el primer ministro irlandés Micheál
Martin. Trump se mostró “encantado” con la idea de la unificación.
“No quiero causar
problemas, pero me encantaría ver a Irlanda unificada. Al final va a
suceder. Más vale que suceda ahora. Seguro que el Reino Unido tendrá algo que
decir al respecto, pero creo que sería grandioso”, señaló.
En cuanto a las Malvinas es interesante que el documento
firmado por los líderes de Escocia, Gales e Irlanda del Norte invocan la
“autodeterminación” para respaldar su derecho a un referendo. Seguramente
el gobierno británico – sea laborista o conservador – le encontrará
alguna cuadratura al círculo para negarles el derecho diciendo que son
situaciones diferentes, pero su propia definición sobre la soberanía de las
Malvinas, basada precisamente en ese principio, deja mal parado el eterno
argumento británico para no negociar con Argentina.
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