&&&&&
“Brasil, América Latina y el futuro de la multipolaridad. Brasil se
encuentra situado en
una encrucijada histórica de indudable magnitud continental y global.
- La
vía de la soberanía y la multipolaridad (Lula y los BRICS): Ofrece al país y a la región
márgenes concretos de autonomía financiera, diversificación
tecnológica, industrialización verde y una inserción soberana en el
emergente orden multipolar del Sur Global.
- La
vía de la subordinación hemisférica (Bolsonarismo y alineamiento
occidental):
Conlleva el riesgo de la reprimarización económica, la pérdida de
protagonismo estratégico internacional, la fractura institucional
interna y la subordinación a los intereses geoestratégicos de
Washington y Bruselas.
- El
factor del bloque conservador-evangélico: Constituye un fenómeno
estructural de largo plazo que trasciende los ciclos electorales
coyunturales, combinando la penetración económica capitalista, el
control algorítmico de las subjetividades y una agenda moral
restrictiva que redefine los contornos de la democracia y los derechos
sociales en América Latina.
La disputa por Brasil es, en
definitiva, la disputa por el sentido del siglo XXI latinoamericano: la
disyuntiva entre actuar como sujeto activo y soberano de la historia mundial o
reincidir en la condición secular de territorio subordinado a designios ajenos.
/////
Fuentes: Clave China [Imagen: Lula y Bolsonaro representan los dos polos opuestos sobre los que gira la política brasileña. Créditos: Clave China]
*****
BRASIL. GEOPOLÍTICA, PODER RELIGIOSO, guerra informativa y disputa
por la hegemonía en el siglo XXI.
*****
Por Lidia
Fagale | 19/10/2026 | Brasil
Fuente. Revista Rebelión lunes 19 de octubre del 2026.
En este artículo la autora analiza las
próximas elecciones presidenciales brasileñas desde la perspectiva del Sur
global, como un conflicto entre multilateralismo (lulismo) y sometimiento al
imperialismo norteamericano (bolsonarismo); en ese sentido, además de analizar
las elecciones en clave interna, por lo que se detiene en el poder evangélico y
en la guerra de desinformación, analiza la influencia de los BRICS y
especialmente de China.
Brasil
como laboratorio del nuevo orden mundial.
Las elecciones brasileñas suelen ser
presentadas por el
análisis convencional como una confrontación superficial entre izquierda y
derecha, entre lulismo y bolsonarismo, o entre modelos económicos
divergentes. Sin embargo, esa lectura resulta radicalmente insuficiente. Lo
que ocurre en Brasil trasciende el marco de la competencia electoral
ordinaria: la principal potencia latinoamericana se ha convertido
en el epicentro y laboratorio de la transición histórica que atraviesa
el sistema internacional.
Brasil es simultáneamente miembro
fundador de los BRICS, socio comercial clave de China en América Latina, actor gravitante del G20,
potencia agroalimentaria global, poseedor de una densa base
industrial y de recursos estratégicos esenciales para la transición
energética, y una de las pocas naciones del Sur Global con
capacidad real para incidir en el diseño del orden global. Por esta
razón, las disputas que sacuden a la sociedad brasileña portan una dimensión
planetaria. El conflicto no se reduce a quién habita el Palacio del
Planalto, sino a cuál será la inserción internacional de América Latina
durante las próximas décadas.
Por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, la región se encuentra ante una bifurcación histórica. De un lado emerge un proyecto anclado en el multilateralismo, la cooperación Sur-Sur, la ampliación de los BRICS, la integración regional, la soberanía tecnológica y la neoindustrialización. Del otro se consolidan corrientes asociadas a las nuevas derechas occidentales, a la restauración de la seguridad hemisférica tradicional y al alineamiento incondicional con Washington. Brasil es el terreno donde ambos universos colisionan de manera frontal.
La
crisis de representación y la polarización brasileña.
La polarización política en Brasil no es una anomalía pasajera, sino el
síntoma profundo de una crisis orgánica y de representación institucional. Los
partidos políticos tradicionales, desgastados por sucesivos escándalos de
corrupción y por la incapacidad de procesar las demandas sociales de las periferias
urbanas, han cedido terreno ante esquemas de polarización identitaria y
afectiva.
- El
lulismo encarna
la continuidad progresista y reformista, con eje en la inclusión
social, la reducción de la desigualdad estructural, el
fortalecimiento del Estado y la defensa de la soberanía regional.
- El
bolsonarismo representa
el polo opuesto: un giro radical hacia la derechización conservadora,
que combina el liberalismo económico de mercado con promesas de orden
punitivo, rearme moral y alineamiento hemisférico con los centros de poder
occidental.
- La
fragmentación del Congreso Nacional (el fenómeno del Centrão) refleja la descomposición
de la legitimidad partidaria, donde el pragmatismo de cuotas de poder
condiciona e inmoviliza crónicamente al Poder Ejecutivo, volviendo
ingobernable al país sin amplias e inestables negociaciones clientelares.
Brasil
y el liderazgo latinoamericano.
La gravitación de Brasil en América
Latina responde a su
condición de potencia subcontinental ineludible. Con más de la mitad del
territorio y de la población sudamericana, su estabilidad y orientación
política determinan el destino de los mecanismos de integración regional.
Históricamente, la política exterior brasileña ha oscilado entre dos almas: el «americanismo» pro-occidental (que prioriza la sintonía con Estados Unidos) y el «globalismo autónomo» (que busca diversificar vínculos y proyectar a Brasil como líder del Sur Global). Cuando Brasil asume un rol articulador en América del Sur —impulsando UNASUR o fortaleciendo el Mercosur—, la región gana autonomía frente a las presiones extracontinentales. En contraste, cuando el país se repliega bajo mandatos ideológicos de alineamiento hemisférico, el regionalismo sudamericano se desarticula, dejando a los Estados individuales a merced de la asimetría negociadora frente a las superpotencias.
Lula,
el multilateralismo y la construcción política del Sur Global.
La política exterior del tercer mandato de Luiz Inácio Lula da
Silva se estructura en torno a una premisa fundamental: la construcción de
márgenes efectivos de autonomía soberana en un mundo en transición hacia la
multipolaridad.
La diplomacia presidencial lulista ha recuperado los ejes de la «política
externa activa y altiva», articulando:
- La
profundización de la asociación estratégica con la República Popular
China.
- El
relanzamiento y expansión de los BRICS como contrapeso financiero y
político a las instituciones de Bretton Woods.
- La
revitalización de la cooperación Sur-Sur con el continente africano y el
Sur global.
- La
reivindicación del multilateralismo jurídico a través de la reforma de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Consejo de Seguridad.
- Una
postura firme de independencia frente a los conflictos sistémicos
globales.
Como sintetizó magistralmente Lula
ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: «Brasil no cabe en el patio
trasero de nadie».
Dicha formulación conceptual trasciende la diplomacia brasileña: interpela al
conjunto de América Latina a romper con el tutelaje histórico.
China,
inversiones, industrialización y desarrollo.
La relación bilateral entre Brasil y
China constituye el
eje gravitacional de la economía política sudamericana contemporánea.
Lejos de reducirse a un mero intercambio comercial de materias primas por
manufacturas, el vínculo ha adquirido una densidad estratégica compleja.
- Comercio
y exportaciones:
Las exportaciones brasileñas hacia el mercado chino han superado los 105.700
millones de dólares, mientras que el intercambio bilateral total ronda
los 157.500 millones de dólares, consolidando a China como
el socio comercial indiscutido de Brasil.
- Acuerdos
y cooperación tecnológica:
Durante los cónclaves bilaterales entre Lula da Silva y Xi Jinping
se han suscrito decenas de acuerdos estratégicos enfocados en
infraestructura crítica, telecomunicaciones de 5G, transición
energética, innovación digital, aeroespacial y cooperación científica.
- El dilema de la neoindustrialización: El desafío central para Brasil radica en evitar la reprimarización absoluta de su economía —limitándose a proveer soja, mineral de hierro y petróleo crudo— y aprovechar las inversiones y la transferencia tecnológica china para impulsar una nueva fase de industrialización avanzada, transición verde y generación de empleo calificado.
La
Doctrina Monroe, la seguridad hemisférica y la disputa por América Latina.
En el trasfondo de la geopolítica
sudamericana opera una tensión histórica estructural: la persistencia de la
Doctrina Monroe (1823) y la concepción de América Latina como «patio
trasero» e indiscutible esfera de seguridad nacional de los Estados
Unidos.
A lo largo de dos siglos, Washington
ha desplegado un repertorio multiforme para asegurar su primacía hemisférica:
desde intervenciones militares directas y apoyo a dictaduras militares
en el siglo XX, hasta condicionamientos financieros a través del FMI
y el BID, presiones diplomáticas, doctrinas de seguridad hemisférica y
guerra jurídica (lawfare).
La irrupción de China como principal
socio económico y financiero de América del Sur alteró esta ecuación unipolar. Para
la superpotencia norteamericana, la presencia comercial y de infraestructura
china en Brasil y la región es leída no solo como competencia económica,
sino como una amenaza directa a su seguridad nacional, reviviendo
tensiones de carácter hegemónico que condicionan la política interna y externa
del subcontinente.
Trump,
Bolsonaro y las derechas transnacionales.
El alineamiento del gobierno de Jair
Bolsonaro con la administración
de Donald Trump representó la expresión más acabada de subordinación
geopolítica voluntaria en la historia reciente de Brasil.
Esta corriente de la nueva derecha
transnacional operó
bajo una contradicción ideológica profunda: mientras discursivamente enarbolaba
un nacionalismo estridente y una retórica furiosamente anticomunista y
pro-estadounidense, en los hechos subordinaba los intereses soberanos de
Brasil a la agenda geoestratégica de Washington.
Las consecuencias de este eje incluyeron el debilitamiento de los foros regionales de integración, el aislamiento diplomático de Brasil en los espacios multilaterales globales, la subordinación en materia de defensa y tecnología espacial, y una gestión negacionista de crisis globales que subordinó la soberanía sanitaria y ambiental a mandatos ideológicos de ultraderecha.
El
poder evangélico como corporación económica, mediática e ideológica.
La transformación más profunda en la estructura de poder de la sociedad
brasileña contemporánea es la emergencia del neopentecostalismo como
un conglomerado polifacético que opera simultáneamente como corporación
económica, imperio mediático y actor político transnacional.
- Arquitectura
económica y patrimonial:
Iglesias como la Universal del Reino de Dios (liderada por Edir
Macedo), Assembleia de Deus e Igreja Mundial movilizan presupuestos
colosales. Se estiman en más de R$ 21.500 millones anuales
los ingresos generados por negocios colaterales que incluyen redes de
televisión, emisoras de radio, editoriales, sellos musicales, agencias de
turismo religioso y plataformas de comercio electrónico.
- Dominio
mediático: El
control férreo de canales de televisión abierta (como Récord TV),
cadenas radiales y ejércitos de cuentas en redes sociales permite a estas
corporaciones fehacientes modelar el flujo informativo cotidiano de
millones de ciudadanos.
- La
Bancada Evangélica en el Congreso: Articulada transversalmente más allá de los partidos
formales, esta bancada legislativa funciona como un bloque de presión
ideológica capaz de vetar o condicionar cualquier avance normativo en
materia de derechos civiles, laicos o de género.
- Transnacionalización
conservadora: El
modelo neopentecostal brasileño ha trascendido fronteras,
expandiéndose con éxito por Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú y
Centroamérica, exportando una matriz de conservadurismo moral y
teología de la prosperidad.
Las
redes sociales evangélicas y la producción digital de subjetividades.
El poder evangélico contemporáneo ha migrado exitosamente del púlpito
tradicional al ecosistema algorítmico digital. La construcción de
identidades políticas ya no se procesa primariamente en el templo físico, sino
a través de un denso entramado hiperconectado.
- Ecosistemas
multiplataforma:
La socialización de millones de fieles y ciudadanos transcurre de manera
simultánea en grupos masivos de WhatsApp y Telegram, canales
dinámicos de YouTube, perfiles de Instagram y transmisiones
en directo (streaming) de cultos y prédicas.
- Mega-influencers
religiosos:
Figuras pastorales y laicas con arrastre masivo —tales como Bruno
Leonardo (con decenas de millones de seguidores), Deive Leonardo e
Isadora Pompeo— ejercen una influencia cotidiana muy superior a la de
los partidos políticos tradicionales, prescribiendo no solo pautas
espirituales, sino interpretaciones morales de la vida pública y
electoral.
- La Teología de la Prosperidad como algoritmo cultural: Al vincular directamente el éxito financiero y material con la ortodoxia de la fe, este corpus doctrinal legitima el individualismo meritocrático radical, sintonizando perfectamente con las lógicas del capitalismo digital de plataformas analizadas por teóricos como Shoshana Zuboff.
La
desinformación como forma de poder.
Los procesos electorales brasileños de
2018 y 2022
confirmaron que la desinformación masiva no constituye un accidente
técnico ni una distorsión marginal, sino una forma institucionalizada de
ejercicio de poder político en la era digital.
- Comunidades
interpretativas:
Las redes de bulos y noticias falsas operan mediante la
articulación emocional de comunidades cerradas (especialmente en WhatsApp),
donde los hechos empíricos son subordinados a marcos narrativos de carácter
religioso, moral o conspirativo.
- Mitologías
de campaña: La circulación
masiva de artefactos ideológicos falsos —tales como el mito del
denominado «kit gay» en las escuelas, supuestas amenazas inminentes a la familia
tradicional o teorías conspirativas orientadas a deslegitimar el
sistema de urnas electrónicas del Tribunal Superior Eleitoral
(TSE)— demostró una altísima eficacia para fragmentar el debate
público y polarizar los afectos colectivos.
- Guerra
cultural permanente:
La batalla política contemporánea ha desplazado el eje de la
disputa informativa hacia la captura de los marcos interpretativos
de la población, haciendo de la posverdad un recurso de dominación
ideológica sistemática.
- Corrupción,
lawfare y disputa por el sentido común.
La instrumentalización de la
corrupción como narrativa
política constituye uno de los resortes más potentes en la historia
reciente de Brasil, operando como un dispositivo central de
reorganización del mapa político y judicial.
- El
ciclo de Lava Jato y el caso Lula: La Operación Lava Jato, nacida en Curitiba en
2014, canalizó un legítimo descontento ciudadano contra la corrupción
sistémica, pero operó selectivamente como un mecanismo de persecución
judicial (lawfare). La condena y encarcelamiento de Luiz Inácio
Lula da Silva durante 580 días buscó sacarlo de la contienda electoral
de 2018, hasta que el Supremo Tribunal Federal (STF) anuló
formalmente los procesos en 2021 al comprobarse la absoluta
parcialidad y falta de competencia de los tribunales de origen.
- El
contraste con el clan Bolsonaro:
Años más tarde, los procesos judiciales contra Jair Bolsonaro
—culminados con condenas severas por su participación directa en la
intentona golpista de 2022— y las investigaciones por corrupción e
irregularidades financieras que salpicaron a su círculo familiar
(incluyendo a sus hijos Eduardo y Flávio Bolsonaro), fueron
interpretados por sus bases electorales bajo una narrativa de persecución
política y martirio cristiano.
- La complicidad de los grandes medios: Conglomerados mediáticos tradicionales (como O Globo, Folha de S. Paulo y O Estado de S. Paulo) cumplieron un rol determinante en la validación y amplificación de los relatos anticorrupción orientados a erosionar al progresismo, mientras minimizaban o relativizaban las derivas autoritarias de la ultraderecha
BRICS,
Mercosur y la reconfiguración del orden mundial.
Frente a las tendencias de
fragmentación global
y las presiones proteccionistas del Norte Global, Brasil apuesta de
manera estratégica por el fortalecimiento de los espacios de
concertación geopolítica y comercial alternativos.
- El
peso económico de los BRICS:
Con un volumen comercial bilateral que superó los 234.800 millones de
dólares en 2025 entre Brasil y el bloque ampliado, los BRICS se
han consolidado como el principal anclaje de la diversificación comercial
brasileña.
- El
Nuevo Banco de Desarrollo (NBD):
Presidido por la exmandataria brasileña Dilma Rousseff y dotado con
un capital de 100.000 millones de dólares, el NBD representa
una herramienta fundamental para financiar infraestructura verde,
digitalización y proyectos de desarrollo autónomo mediante el uso de monedas
locales, sustrayéndose de la condicionalidad asfixiante de los organismos
financieros tradicionales occidentales.
- Las
tensiones en el Mercosur:
Si bien Brasil impulsa activamente un acuerdo comercial
equilibrado entre el Mercosur y China, las divergencias
internas —impulsadas por pulsiones bilaterales uruguayas, vacilaciones
argentinas y los complejos condicionamientos geopolíticos de
Paraguay derivados de su reconocimiento diplomático a Taiwán—
complican la consolidación de un bloque regional cohesionado frente
a las potencias globales.
Brasil,
América Latina y el futuro de la multipolaridad.
Brasil se encuentra situado en una encrucijada histórica
de indudable magnitud continental y global.
- La
vía de la soberanía y la multipolaridad (Lula y los BRICS): Ofrece al país y a la región
márgenes concretos de autonomía financiera, diversificación tecnológica,
industrialización verde y una inserción soberana en el emergente orden
multipolar del Sur Global.
- La
vía de la subordinación hemisférica (Bolsonarismo y alineamiento
occidental):
Conlleva el riesgo de la reprimarización económica, la pérdida de
protagonismo estratégico internacional, la fractura institucional interna
y la subordinación a los intereses geoestratégicos de Washington y
Bruselas.
- El
factor del bloque conservador-evangélico: Constituye un fenómeno
estructural de largo plazo que trasciende los ciclos electorales
coyunturales, combinando la penetración económica capitalista, el
control algorítmico de las subjetividades y una agenda moral
restrictiva que redefine los contornos de la democracia y los derechos
sociales en América Latina.
La disputa por Brasil es, en
definitiva, la disputa por el sentido del siglo XXI latinoamericano: la
disyuntiva entre actuar como sujeto activo y soberano de la historia mundial o
reincidir en la condición secular de territorio subordinado a designios ajenos.
*****






No hay comentarios:
Publicar un comentario