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"Parece que la preocupación por el cambio climático ha ido a menos y que, en paralelo, el interés por la salud ha ido a más, con toda la cultura del bienestar que inunda las redes. Sí, efectivamente. Y tenemos que hablar de salud. No de sanidad, de salud y de salud global. Un país que tenga una estrategia de salud nacional tiene que pensar en la prevención primaria, que es donde hasta ahora dedicamos poquísimos recursos. Hacemos prevención secundaria, detección precoz de cáncer, por ejemplo, pero no hacemos prevención primaria. La prevención primaria tiene muy pocos recursos, es un 3% de los recursos. El aumento de esa inversión en prevención primaria no tiene por qué venir del sistema de salud. Puede venir del Ministerio de Energía, del Ministerio de Transportes, de Economía, de Agricultura, de Medio Ambiente, porque esas intervenciones son fundamentalmente prevención primaria. Y parte de la prevención primaria más fundamental tiene que ver con el tipo de energía que vamos a usar. Si no usamos las renovables, no estamos haciendo prevención primaria. Si quieres hablar de cáncer, que es uno de los grandes desafíos de salud pública —y podemos prevenir mucho más el cáncer de lo que lo hacemos—, la prevención va a pasar por políticas de determinantes ambientales, por acelerar esa transición. La gente tiene que entender que esto no es de derechas o de izquierdas, no es de «abrazar árboles», sino de salud, de economía y de sostenibilidad.
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Fuentes: Climática [Imagen: María Neira durante la COP28 de 2023. Foto: IISD/ENB | Mike Muzurakis].
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«LA CONTAMINACIÓN DEL AIRE ES EL NUEVO TABACO»
Entrevista a María Neira, directora del Departamento de Salud
Pública y Medio Ambiente de la OMS.
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Por Marta
Montojo | 31/07/2026 | Ecología social
Fuentes.Revista Rebelión viernes 31 de julio del 2026.
La experta advierte que la crisis
climática y la contaminación atmosférica comparten el 80% de sus causas y urge
a acelerar la transición energética como la medida más eficaz de prevención en
salud pública.
Lideró durante varias décadas
Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) y
hoy es defensora mundial de la Alianza para la Acción Transformadora en
Cambio Climático y Salud, esfuerzo que surgió en la COP26 de Glasgow.
Años después, de nuevo en el Reino Unido, la doctora española María
Neira persiste en su misión de conectar la crisis climática
con la contaminación del aire, asuntos que «tienen la misma agenda»,
señala en un evento de la iniciativa Breathe Cities celebrado
en Londres
Aunque las emisiones detrás de cada
fenómeno no son las
mismas —los gases de efecto invernadero producen el calentamiento
global y los contaminantes atmosféricos ensucian el aire—, las
causas se solapan, y los beneficios también. Neira sostiene, además, que
la lucha contra la contaminación atmosférica es como la batalla que
los profesionales de la salud libraron en su día contra el tabaco.
Antes se fumaba en los aviones, en las consultas médicas, en las oficinas, recuerda Neira. Y costó cambiar la mentalidad de la sociedad, hacer que la salud pública fuera una prioridad, que estuviera por encima del «derecho a fumar» que reivindicaban los fumadores. Pero se logró. «Las cosas cambian», celebra la médica. Y sentencia: «La contaminación del aire es el nuevo tabaco “Pero hay un detalle que lo complica: el tabaco consiste en un solo enemigo, mientras que tras la contaminación del aire hay múltiples enemigos. Entre ellos, las fuentes de energía sucia. Así, la doctora sostiene que la transición energética hacia las renovables es clave para evitar las enfermedades que favorece la contaminación atmosférica, un problema al que se atribuyen cerca de ocho millones de muertes anuales a nivel global.
¿Cómo
se podría usar la salud como argumento climático?
Las causas del cambio climático y las
causas de la contaminación del aire, en casi un 80%, son las mismas, con lo cual, para
nosotros, desde el punto de vista de la salud pública, cuando se combaten
las causas del cambio climático se están combatiendo también las causas
de la contaminación del aire. Y los beneficios para la salud van a
obtenerse en cuanto se hagan las tres transiciones que hay que hacer para
combatir el cambio climático: la transición a fuentes de energía limpias
—limpias y sobre todo razonables para la salud pública—, la transición a una
producción sostenible de alimentos y la transformación de las ciudades
hacia un diseño urbano saludable.
Promover la transición a energías
limpias renovables
para la comunidad de salud pública es como cuando hace unos años se
pedía saneamiento, alcantarillado y acceso al agua potable, porque sin eso
no había salud. Ahora es igual. Nuestra salud depende de manera
muy importante del tipo de energía que vamos a usar como sociedad. Y
está claro que si seguimos usando una energía que es contaminante,
que contamina lo que luego vamos a respirar desde el punto de vista
de la salud, no puede ser en absoluto positivo.
¿Hay
soluciones que se apliquen a la crisis climática, algo que pueda servir también
para frenar contaminantes atmosféricos?
Cada vez que desde el punto de vista de la salud pública vamos a una COP, a una negociación sobre cambio climático, nuestro argumento es que no solo están negociando el porcentaje de emisiones de gases [de efecto invernadero]: lo que están negociando es cuántos casos de cáncer vamos a tener, cuántas enfermedades causadas por la contaminación del aire vamos a tener, cuántas muertes, cuánto coste sanitario. Por eso digo que la salud es el argumento más poderoso para la acción climática, pero también para entender que detrás hay toda una economía y todo un bienestar social que se podría transformar de una forma muy positiva. O sea, que hay un argumento muy positivo también, hasta económico. Quienes usan el argumento de la inversión, del coste, se equivocan, porque ya lo estamos pagando. El sistema sanitario y nuestra salud lo están pagando.
"Respirar el aire contaminado, es la mayor amenaza contra la salud"
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Parece
que la preocupación por el cambio climático ha ido a menos y que, en paralelo,
el interés por la salud ha ido a más, con toda la cultura del bienestar que
inunda las redes.
Sí, efectivamente. Y tenemos que
hablar de salud. No
de sanidad, de salud y de salud global. Un país que tenga una estrategia
de salud nacional tiene que pensar en la prevención primaria, que es donde
hasta ahora dedicamos poquísimos recursos. Hacemos prevención
secundaria, detección precoz de cáncer, por ejemplo, pero no
hacemos prevención primaria. La prevención primaria tiene muy pocos
recursos, es un 3% de los recursos. El aumento de esa inversión en
prevención primaria no tiene por qué venir del sistema de salud.
Puede venir del Ministerio de Energía, del Ministerio de Transportes, de
Economía, de Agricultura, de Medio Ambiente, porque esas intervenciones son
fundamentalmente prevención primaria. Y parte de la prevención
primaria más fundamental tiene que ver con el tipo de energía que vamos
a usar. Si no usamos las renovables, no estamos haciendo
prevención primaria. Si quieres hablar de cáncer, que es uno de los grandes
desafíos de salud pública —y podemos prevenir mucho más el cáncer de
lo que lo hacemos—, la prevención va a pasar por políticas de determinantes
ambientales, por acelerar esa transición. La gente tiene que
entender que esto no es de derechas o de izquierdas, no es de «abrazar
árboles», sino de salud, de economía y de sostenibilidad.
¿Pero
no hay una dimensión ideológica en el asunto? Si la sanidad se privatiza,
¿vamos a poder controlar cuáles son los enfoques?
Evidentemente, una de las prioridades
en salud global
sería defender la importancia fundamental de la sanidad pública, de la salud
pública. Y, precisamente, la mejor manera de mantener la sanidad
pública, es decir, la parte asistencial, es tener una buena
estrategia de prevención primaria para reducir justamente las enfermedades
y la mortalidad. Y esa prevención primaria tiene que venir de esa
estrategia no de sanidad, sino de salud.
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