domingo, 25 de diciembre de 2016

LA IGUALDAD Y JUSTICIA SOCIAL EN EL NEOLIBERALISMO.

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Precisamente la falsa igualdad y justicia social pregonada por el neoliberalismo y su conjunto de institucionescomo el FMI, el B.M. B.I.D., etc – así como todo su vario-pinto ejército de pregoneros de turno – opinólogos, zalameros, aduladores, apologetas, falsos líderes de opinión – el “mejor” resultado producido en más de 40 años de globalización neoliberal – desde mediados de los 70’ del siglo XX- así como más de 25 años de hegemonía absoluta de las políticas neoliberales del Consenso de Washington -1990 -en el sistema mundo de hoy, tenemos – que si bajó la pobreza, así como la extrema pobreza – según las Estadísticas – presentadas y controladas por ellos mismos. Sin embargo la realidad, es absolutamente distinta – es fría, sangrante, injusta, - profundamente desigual , porque sencillamente, los primeros 30 años de crecimiento macro-económico global – pasando por la gran crisis de los años 2008 -, los resultados son otros totalmente diferentes hasta contradictorios, que exigieron a los jerarcas investigadores el F.M.I.  en el primer semestre del presente año, a declarar públicamente “QUE EL NEOLIBERALISMO COMO POLÍTICA GLOBAL, HABÍA FRACASADO TOTALMENTE”.


Esta es la realidad de desocupación hoy mundializada en la juventud. Mientras continua pregonando, que el mundo construido hasta hoy es un mundo de igualdad y justicia social. Un insulto directo a la humanidad.
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Porque fracasó el neoliberalismo a pesar de tener el control del mundo, en especial en tiempos políticos e históricos, porque nunca se implementó y menos se dieron como políticas nacionales – Políticas de Estado – Políticas en transformar el supuesto éxito de las Políticas del crecimiento macro-económico, así como del conjunto de Políticas Sociales, en las vías centrales para forjar y construir desde los propios cimientos – el proceso económico-social de las bases para el DSESARROLLO ECONÓMICO-SOCIAL de pleno y absoluto RESPETO con nuestra madre Tierra. Las falsas políticas, asimétricas, desigual e injusticia social impuestas con violencia en todo el sistema mundo, han dado como resultado hoy la MUNDIALIZACIÓN DE LA DESIGUALDAD ECONÓMICO-SOCIAL-LABORAL, donde a nivel mundial se ido concentrando progresivamente la RIQUEZA – hoy en menos del 1% de la población mundial – corporaciones transnacionales, bancos, aseguradoras, bolsas, Wall Street, Cajas  etc – mientras que el 99% de población ha sido desplazada en forma progresiva de este Derecho Humano, Constitucional _ en nuestro país un ofrecimiento de la República en 1821 – como derecho social - - La propia desigualdad económico-social, ha generado desde sus raíces, violencia, inseguridad ciudadana, corrupción. Lo más terrible es que la desigualdad hoy mundializada su tendencia es a la mayor concentración de la riqueza – mayor desocupación mundial, crecimiento absoluto de un mundo de estupidización (juventud y la redes sociales y el mundo de burbujas, pokemones - y esta por demás de que aún haya tontos útiles, incluso no puedan “analizar” que esta desigualdad, ya generó desde las entrañas de la propia sociedad – violencia e inseguridad mundial, en un mundo básicamente de población joven  - a excepción de la Unión Europea, donde existen país con verdaderas crisis de de poblaciones “muy viejas” y finalmente lo más terrible de estos 40 años de globalización neoliberal –la crisis, poli-crisis y nuevas formas de acumulación mundial del capitalismo –han dado como resultado absoluto la mayor destrucción de la Madre Naturaleza, - proceso hoy sin control y las políticas del cambio climático global – que su tendencia definitiva es acabar con el planeta tierra, ese el salvajismo inhumano del neoliberalismo y NO igualdad o justicia social, que jamás paso – ni en broma, como realidad –por los objetivos de las Políticas del Neoliberalismo global.

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La primera víctima de las políticas hegemónicas del neoliberalismo es la niñez a ni global.

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LA IGUALDAD Y JUSTICIA SOCIAL EN EL NEOLIBERALISMO.

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Vicente Berenguer.

Rebelión sábado 24 de diciembre del 2016.


Los defensores del liberalismo económico afirman con contundencia que este es un sistema basado en la igualdad y la justicia. Alegan que todos partimos desde la mismas bases y así todos podemos disfrutar de las mismas oportunidades. Y repiten, una y otra vez, que además de que todos gozamos de las mismas posibilidades los más aptos o capacitados lograrán ascender hasta arriba o situarse al menos en una buena posición y los que no son tan aptos o sencillamente carecen de talento se quedarán abajo, en el lugar que les corresponde por su naturaleza. Por tanto igualdad y justicia sería, según estos apologetas, las señas de identidad del sistema económico que defienden: igualdad en tanto que todo el mundo goza de las mismas oportunidades y justicia en tanto que la gente talentosa necesariamente y debido a su capacidad estarán en un lugar de responsabilidad o toma de decisiones. Así es que podríamos aplicar aquí la frase de Leibniz de que nos encontramos en el mejor de los mundos posibles. Pero este discurso es absolutamente falaz ya que parte de premisas falsas con lo cual la conclusión (que estamos en el mejor de los mundos posibles) es del todo equivocada.

En primer lugar y en cuanto a la supuesta igualdad, es falso que los ciudadanos partan de las mismas condiciones ya que unos, de inicio, estarán situados por encima del resto debido a su capacidad económica. Y es que sin capacidad económica no hay acceso a oportunidades y sin el igual acceso a oportunidades no hay igualdad. Y esto que es una obviedad parece que algunos no lo entienden –o mejor dicho, no lo quieren entender debido a sus posiciones de privilegio–: ¿Acaso puede un humilde campesino competir con las multinacionales? ¿Puede un joven de un barrio popular tener las mismas oportunidades que otra persona de clase alta? Las respuestas son bastante obvias sí, porque está bien claro que en esta “partida” no todos poseemos las mismas cartas ya que mientras que unos tienen unas pocas otros en cambio poseen casi toda la baraja.

Pero el segundo punto desde el que parten los neoliberales se antoja también del todo falso, y este punto es el de la supuesta justicia social. Y es que como hemos comentado, los neoliberales quieren hacer creer que cada uno ocupa el lugar natural que le corresponde dependiendo de su capacidad o valía. Y es falso por lo hemos dicho, porque los recursos económicos que uno posea son determinantes para la posición social que uno ocupará. Pero además hay muchos otros factores que sentencian que no se puede afirmar en absoluto que cada uno está ocupando el lugar que le corresponde según su valía y uno de estos factores es la falacia de la identificación entre la capacidad humana y la capacidad para el ascenso social. Porque si de capacidad humana estamos hablando nos estaremos refiriendo necesariamente a aquel talento, creatividad o genialidad puesta al servicio de la comunidad y no puesta en exclusiva al servicio de uno mismo –como así ocurre–. Este sería el tipo de talento que debería estar en puestos de decisión, pero con lo que nos encontramos es que las personas con estas capacidades y sensibilidades sociales a menudo quedan rezagadas de la ley de la selva que es este capitalismo salvaje. Estas personas verdaderamente talentosas a menudo no podrán abrir camino (debido a su falta de recursos pero más, debido también a que este talento honesto y veraz no interesa a las élites) y en cambio los que sí lo lograrán son en innumerables ocasiones los que estén en buena situación económica y los que estén dispuestos a usar herramientas como la mentira, la traición, la trampa o el egoísmo más patológico.

No hay que confundir por tanto el talento humano (el talento individual que es puesto al servicio de la comunidad) con el talento para ascender –o el talento para trepar–, y es por todo ello que no podemos hablar de justicia social en el sentido de que cada uno ocupa su lugar según su valía sino más bien de injusticia, la injusticia de que los que deberían estar arriba (personas que buscan construir un modelo social distinto que favorezca a todos y no solo a unos pocos) están abajo y en cambio los que deberían estar abajo (personas egoístas que solo buscan su propio interés particular sin importarles nadie más y cuyo único “talento” es poseer dinero o su capacidad para trepar) están arriba.

Se desmontan fácilmente los argumentos falaces de quienes defienden el modelo económico actual ya que ni hay igualdad ni justicia ni la puede haber. Pero lo que no queda desmontado ni tan siquiera tocado es nuestra fuerte voluntad de encaminarnos hacia una organización social más justa en la que verdaderamente haya igualdad; lo que nunca quedará cuestionado es la firme decisión de aquellos que están dispuestos a ofrecer su humilde talento al servicio de la construcción de un sistema mejor. Y hacia allá vamos.


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