domingo, 31 de mayo de 2026

PERÚ Y EL ANTIVOTO

 &&&&&

Las Traiciones de la Señora K. “Es público y notorio que traicionó a su madre y asumió el cargo de “primera dama” del dictador; también traicionó a su hermano Kenyi Fujimori que propugnaba el indulto de su padre y. finalmente, traicionó a su propio padre al negarle el indulto, porque en caso de salir de la cárcel le haría sombra. Para colmo, traicionó también a su marido en un caso judicial de gastos de campaña irregulares, en el que habían más de 40 imputados, además de ella y, el “único” que salió culpable fue su ex marido.  Eso a nivel familiar, en el ámbito político ha cobrado muy cara sus tres derrotas electorales y les hizo la vida imposible a los presidentes elegidos, desde el Congreso, hasta defenestrarlos y poner a alguien más manipulable. La inestabilidad política de los últimos 15 años se debe a las intrigas de Keiko Fujimori, que maneja a su bancada con mano dura e inflexible. 

/////


Un hombre sostiene una pancarta con un dibujo de la candidata de derecha Keiko Fujimori antes de una marcha en su contra en Lima el 30 de mayo de 2026. Foto Afp.

*****


PERÚ Y EL ANTIVOTO.

*****

Por Jorge Durand.

Fuente. Diario la Jornada. Ciudad de México domingo 31 de mayo del 2026.

Dos experiencias históricas dividen a los peruanos en facciones irreconciliables que se definen por el antivoto. La dictadura de Alberto Fujimori, por su carácter antidemocrático, corrupto, deshonesto, amoral y criminal, y la obsesión de su hija Keiko por ser presidente. En el otro lado, la terrible experiencia, de cerca de 10 años de terrorismo y violencia de extrema izquierda, con Sendero Luminoso y el MRTA, que contaminó todo el planteamiento de izquierda o progresista y puso a todos en el mismo saco. 

El No a Keiko, sin matices, es semejante al No a la izquierda, sin matices. Pero el voto popular le dio este año 17 por ciento a la mafia populista de derecha de Keiko Fujimori y 12 por ciento del voto a la alianza populista de izquierda de Roberto Sánchez. Por su parte, el antivoto en los dos casos supera 40 por ciento. 

Si bien este antagonismo es el del siglo XX, se ha prolongado hasta la actualidad por la inestabilidad política generada por la “vacancia” de varios presidentes, impulsada de manera directa y confesa por Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, y por el desastre que implicó la llegada a la Presidencia de la izquierda popular representada por Pedro Castillo, su inexperiencia, corrupción e incapacidad política para manejar a la oposición del Congreso y los medios. 



Keiko Fujimori ha perdido tres veces: contra dos candidatos de izquierda (Ollanta Humala y Pedro Castillo) y uno de derecha (Pedro Pablo Kuczynski), a todos los hizo polvo desde el Congreso. Ahora, nuevamente se enfrenta a un candidato de izquierda, que se aúpa en la polaridad del defenestrado Pedro Castillo y en el voto popular e indígena, históricamente agredido y resentido. La última encuesta para la segunda vuelta –que se realizará el 7 de junio– es de 36 por ciento a favor de Keiko y 30 por ciento para Sánchez. 

Algunos candidatos proponen el voto nulo como una forma de juicio político y muchos otros ciudadanos no quieren a ninguno de los dos, o simplemente están hartos y no van a votar. En el caso de ganar Keiko Fujimori, tiene un apoyo importante en las cámaras, por lo que se considera blindada, no podría ser vacada, pero no llega a contar con los votos propios para cambiar la Constitución. Por su parte, Sánchez tiene sólo 14 representantes, estaría en una posición débil y fácilmente podría ser vacado. 

En ese caso, asumiría el cargo la primera vicepresidenta, la abogada Analí Márquez Huanca, y podría repetirse el caso de Dina Boluarte, quien fuera la primera vicepresidenta de Pedro Castillo, elegida popularmente, pero totalmente controlada por el Congreso y finalmente vacada por orden de Keiko Fujimori. 

No obstante, hay una posibilidad de cambiar totalmente el escenario en el caso de que fuera vacado Roberto Sánchez. Se especula que las dos vicepresidentas podrían asumir el cargo e inmediatamente renunciar. Si fuera así, sólo quedaría Sánchez como presidente y, en caso de vacarlo, tendrían que celebrarse nuevamente elecciones. 

Una jugada arriesgada, de esas que sólo se especulan en Perú, donde los presidentes entran y salen con gran facilidad del poder, pero no de la cárcel. Keiko Fujimori carga no sólo con el fardo que supone ser hija y aliada del dictador Alberto Fujimori, sino también con sus propios méritos de ser considerada una persona siniestra, vengativa, traicionera y autoritaria. 



Es público y notorio que traicionó a su madre y asumió el cargo de “primera dama” del dictador; también traicionó a su hermano Kenyi Fujimori que propugnaba el indulto de su padre y. finalmente, traicionó a su propio padre al negarle el indulto, porque en caso de salir de la cárcel le haría sombra. Para colmo, traicionó también a su marido en un caso judicial de gastos de campaña irregulares, en el que habían más de 40 imputados, además de ella y, el “único” que salió culpable fue su ex marido. 

Eso a nivel familiar, en el ámbito político ha cobrado muy cara sus tres derrotas electorales y les hizo la vida imposible a los presidentes elegidos, desde el Congreso, hasta defenestrarlos y poner a alguien más manipulable. La inestabilidad política de los últimos 15 años se debe a las intrigas de Keiko Fujimori, que maneja a su bancada con mano dura e inflexible. 

Por su parte, Sánchez carga con la aversión a la izquierda, que se generó con Sendero Luminoso, por medio de la campaña permanente de miedo al comunismo, del odio a los “caviares”, la mala gestión de la izquierda durante el gobierno de Castillo y la cuestionable participación de varios de sus representantes en el Congreso. 

No habrá sorpresa con Keiko Fujimori, si llega a la Presidencia, la mafia se apodera de todo; con Roberto Sánchez tampoco, será un gobierno improvisado, ineficiente, clientelar y luego vendrá la venganza y la ofensiva de Keiko, del Congreso y los medios para vacarlo y, posteriormente, controlar y manipular a la vicepresidenta, que no tiene ninguna experiencia ni manejo político. 

Déjà vu.

*****

No hay comentarios: