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Las Traiciones de la Señora K. “Es público y notorio
que traicionó a su madre y asumió el cargo de “primera dama” del dictador;
también traicionó a su hermano Kenyi Fujimori que propugnaba el indulto de su
padre y. finalmente, traicionó a su propio padre al negarle el indulto, porque
en caso de salir de la cárcel le haría sombra. Para colmo, traicionó también a
su marido en un caso judicial de gastos de campaña irregulares, en el que
habían más de 40 imputados, además de ella y, el “único” que salió culpable fue
su ex marido. Eso a nivel familiar, en el ámbito político ha cobrado muy
cara sus tres derrotas electorales y les hizo la vida imposible a los
presidentes elegidos, desde el Congreso, hasta defenestrarlos y poner a alguien
más manipulable. La inestabilidad política de los últimos 15 años se debe a las
intrigas de Keiko Fujimori, que maneja a su bancada con mano dura e
inflexible.
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Un hombre sostiene una pancarta con un dibujo de la candidata de derecha Keiko Fujimori antes de una marcha en su contra en Lima el 30 de mayo de 2026. Foto Afp.
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PERÚ Y EL ANTIVOTO.
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Por
Jorge Durand.
Fuente.
Diario la Jornada. Ciudad de México domingo 31 de mayo del 2026.
Dos
experiencias históricas dividen a los peruanos en facciones irreconciliables
que se definen por el antivoto. La dictadura de Alberto Fujimori, por su
carácter antidemocrático, corrupto, deshonesto, amoral y criminal, y la
obsesión de su hija Keiko por ser presidente. En el otro lado, la terrible
experiencia, de cerca de 10 años de terrorismo y violencia de extrema
izquierda, con Sendero Luminoso y el MRTA, que contaminó todo el planteamiento
de izquierda o progresista y puso a todos en el mismo saco.
El
No a Keiko, sin matices, es semejante al No a la izquierda, sin matices. Pero
el voto popular le dio este año 17 por ciento a la mafia populista de derecha
de Keiko Fujimori y 12 por ciento del voto a la alianza populista de izquierda
de Roberto Sánchez. Por su parte, el antivoto en los dos casos supera 40 por
ciento.
Si bien este antagonismo es el del siglo XX, se ha prolongado hasta la actualidad por la inestabilidad política generada por la “vacancia” de varios presidentes, impulsada de manera directa y confesa por Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori, y por el desastre que implicó la llegada a la Presidencia de la izquierda popular representada por Pedro Castillo, su inexperiencia, corrupción e incapacidad política para manejar a la oposición del Congreso y los medios.
Keiko
Fujimori ha perdido tres veces: contra dos candidatos de izquierda (Ollanta
Humala y Pedro Castillo) y uno de derecha (Pedro Pablo Kuczynski), a todos los
hizo polvo desde el Congreso. Ahora, nuevamente se enfrenta a un candidato de
izquierda, que se aúpa en la polaridad del defenestrado Pedro Castillo y en el
voto popular e indígena, históricamente agredido y resentido. La última
encuesta para la segunda vuelta –que se realizará el 7 de junio– es de 36 por
ciento a favor de Keiko y 30 por ciento para Sánchez.
Algunos
candidatos proponen el voto nulo como una forma de juicio político y muchos
otros ciudadanos no quieren a ninguno de los dos, o simplemente están hartos y
no van a votar. En el caso de ganar Keiko Fujimori, tiene un apoyo importante
en las cámaras, por lo que se considera blindada, no podría ser vacada, pero no
llega a contar con los votos propios para cambiar la Constitución. Por su
parte, Sánchez tiene sólo 14 representantes, estaría en una posición débil y
fácilmente podría ser vacado.
En
ese caso, asumiría el cargo la primera vicepresidenta, la abogada Analí Márquez
Huanca, y podría repetirse el caso de Dina Boluarte, quien fuera la primera
vicepresidenta de Pedro Castillo, elegida popularmente, pero totalmente
controlada por el Congreso y finalmente vacada por orden de Keiko
Fujimori.
No
obstante, hay una posibilidad de cambiar totalmente el escenario en el caso de
que fuera vacado Roberto Sánchez. Se especula que las dos vicepresidentas
podrían asumir el cargo e inmediatamente renunciar. Si fuera así, sólo quedaría
Sánchez como presidente y, en caso de vacarlo, tendrían que celebrarse
nuevamente elecciones.
Una
jugada arriesgada, de esas que sólo se especulan en Perú, donde los presidentes
entran y salen con gran facilidad del poder, pero no de la cárcel. Keiko
Fujimori carga no sólo con el fardo que supone ser hija y aliada del dictador
Alberto Fujimori, sino también con sus propios méritos de ser considerada una
persona siniestra, vengativa, traicionera y autoritaria.
Es
público y notorio que traicionó a su madre y asumió el cargo de “primera dama”
del dictador; también traicionó a su hermano Kenyi Fujimori que propugnaba el
indulto de su padre y. finalmente, traicionó a su propio padre al negarle el
indulto, porque en caso de salir de la cárcel le haría sombra. Para colmo,
traicionó también a su marido en un caso judicial de gastos de campaña
irregulares, en el que habían más de 40 imputados, además de ella y, el “único”
que salió culpable fue su ex marido.
Eso
a nivel familiar, en el ámbito político ha cobrado muy cara sus tres derrotas
electorales y les hizo la vida imposible a los presidentes elegidos, desde el
Congreso, hasta defenestrarlos y poner a alguien más manipulable. La
inestabilidad política de los últimos 15 años se debe a las intrigas de Keiko
Fujimori, que maneja a su bancada con mano dura e inflexible.
Por
su parte, Sánchez carga con la aversión a la izquierda, que se generó con
Sendero Luminoso, por medio de la campaña permanente de miedo al comunismo, del
odio a los “caviares”, la mala gestión de la izquierda durante el gobierno de
Castillo y la cuestionable participación de varios de sus representantes en el
Congreso.
No
habrá sorpresa con Keiko Fujimori, si llega a la Presidencia, la mafia se
apodera de todo; con Roberto Sánchez tampoco, será un gobierno improvisado,
ineficiente, clientelar y luego vendrá la venganza y la ofensiva de Keiko, del
Congreso y los medios para vacarlo y, posteriormente, controlar y manipular a
la vicepresidenta, que no tiene ninguna experiencia ni manejo político.
Déjà
vu.
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