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“El estupor, el desconcierto… de los adormecidos líderes de la Unión
Europea fue total. No es posible, sería el fin de la OTAN, no nos pueden hacer esto (después
de habernos tragado tantas culebras…) y otros lugares comunes igual
de luminosos -enunciados con una voz temblorosa- fueron seguidos de
alusiones hacia aquello en lo que deponían hasta el 3 de enero: el Derecho
Internacional, la Carta de las Naciones Unidas. En un derroche de emisiones
de CO2 y de tiempo que estaría mejor utilizado en resolver las cuestiones
que preocupan a los ciudadanos europeos, Macron recibió en el palacio
del Eliseo -una vez más- a Zelenski y a más de una docena de
líderes occidentales, incluyendo al yerno de Donald, para… ¿Para
qué? Hacer la pregunta ya es enunciar la respuesta.
“La Unión Europea, cuyo concepto nació en plena II
Guerra Mundial, siempre tuvo como objetivo estratégico facilitarle a EE.
UU. la administración del vasallo transatlántico. Sin AnyDesk.
Esto es como el famoso cuento del sapito y el escorpión. Rodearse de cipayos
obedientes está en la naturaleza misma de EE. UU. Es un tropismo
congénito. A algunas almas puras que critican a Donald y a los republicanos
yanquis, escudándose en su preferencia por los demócratas, les ruego
recordar que las dos bombas atómicas arrojadas sobre Japón (1945)
fueron ordenadas por un demócrata (Harry S. Truman).
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ODERINT, DUM METUANT:
CALÍGULA EL NUEVO…
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Como cualquier hijo de vecino recibo
cada día que alumbra el sol numerosos minivideos -extraídos de algún film o
fabricados ex profeso- cuyo guion es siempre el mismo: un malandra agrede a un
ser vulnerable, abusando odiosamente de una persona indefensa.
Fuente. Prensa latina. Jueves enero 15, 2026
Por Luis Casado*
Colaborador de Prensa Latina
Imágenes que provocan rechazo,
indignación, impotencia… hasta que aparece un justiciero que en breves
segundos, gracias a su fotogénica musculatura, a su pistola, o a su dominio de
las artes marciales -hapkido, jiu-jitsu, judo, kapap, karate, kung-fu, capoeira,
muay thai, krav maga o patada en los huevos, raya las menciones inútiles-, en
su explicable arrechera de macho recio castiga al agresor y restablece la
bonhomía inherente al orden filosófico surgido en las mentes de Hollywood,
orden magistralmente interpretado en su día -entre tantos otros- por una
lumbrera del arte escénico que vive para siempre en la memoria de los
cinéfilos, el gran Ronald Reagan.
De esta manera, de probada eficiencia,
la Justicia -o lo que se tiene por tal- se impone a punta de pistola,
soslayando así la lenta, engorrosa e innecesaria intervención del Poder
Judicial.
¿Y la democracia? ¿Y el derecho, la
Constitución y las leyes? Como dice Horacio, a tan insignes cadáveres se les
acompaña sólo hasta la puerta del cementerio…
El apego a las reglas es inversamente
proporcional a la cantidad de misiles y drones que eres capaz de fabricar, y a
la dimensión de quién dispone del botón.
En el prontuario de EE. UU., Estado
que conviene calificar de criminal, figura la entronización un pelín forzada de
excelsos representantes del orden imperial en América Latina: Anastasio “Tacho” Somoza, Jorge
Ubico, Rafael Trujillo, Humberto Castelo Branco, Augusto Pinochet, Alfredo
Stroessner, Hugo Banzer y Jorge Videla, producto de intervenciones en Nicaragua,
Guatemala, República Dominicana, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia y
Argentina. Para no hablar de los golpes de Estado y la imposición de
dictadores civiles. O del resto del mundo.
Lo de Venezuela es el último crimen de una larga lista que jalona la Historia del imperio, que incluye el asesinato de presidentes vernáculos: Abraham Lincoln (1865), James A. Garfield (1881), William McKinley (1901) y John F. Kennedy (1963), así como el genocidio de los pieles rojas, el esclavismo de la población africana importada y la discriminación racial que aún dura.
Nada nuevo bajo el sol en el mundo libre.
De modo que lo que más impacta es
constatar a qué punto Donald hizo suyo el aforismo de Calígula -Oderint, dum metuant- devenido su
símbolo, blasón e insignia: Que me odien, con tal de que me teman…
Emmanuel Macron no sólo saludó el secuestro de
Nicolás Maduro como una acción promisoria, sino que además omitió
mencionar siquiera el atropello de la soberanía de un país, el
ninguneo de las Naciones Unidas, el uso del Derecho Internacional,
del Congreso y las leyes yanquis…, sin mencionar las amenazas en plan
pato malo a quien osare oponerse a los designios del
patrón de la Casa Blanca.
La pusilanimidad de Macron sólo tiene parangón en la cobardía
de sus pares y de la masa de periodistas amaestrados que celebraron
hipócritamente “la captura” de Nicolas Maduro, decretado dictador en el
país del Siglo de las Luces Apagadas.
Entretanto, tienes la impresión de estar en presencia de una
partida de póker mentiroso. Escuchar el discurso, en fin, la cháchara
de Donald que no logra hilvanar una frase, y luego el derrame de
loas a su gloria entonadas por Pete Hegseth, trajo a mi memoria ese
proverbio francés que dice: Marchandise trop vantée… est souvent
avariée. En cristiano: “Mercancía demasiado alabada… a
menudo está estropeada”.
Una vez más, como dice Horacio, cuando finalmente muera… en el ataúd de Donald pondrán las manillas por dentro: nadie querrá cargar con ese muerto.
Lo de Venezuela, he ahí “un triunfo” extraño.
Asesinar presidentes, bombardear
países inermes, organizar golpes de Estado, destruir sociedades, eso, los
yanquis saben hacerlo. Ocupar territorios por la fuerza, quedarse en ellos
hasta que les echan a patadas, también conocen.
Siempre en su propio interés: cuando
se enteran de que hay petróleo en algún sitio… les vienen irreprensibles ganas
de sembrar allí su democracia.
Ahora, en un escenario hollywoodense, secuestran un presidente con
un pretexto que no se creen ni ellos… No ocupan territorio
alguno, no cambian el régimen existente, no coronan a Corina como
esperaba un puñado de capitanes Araya, tampoco se apoderan del
“petróleo que les robaron”, y simplemente se fueron como cualquier
maleante que entra a robar en una casa y sale huyendo.
Como advertencia a la distinguida
audiencia, vale. Para mostrar que un ejército que cuesta un billón de dólares
al año sirve para algo, también vale. Pero Donald aseguró que Washington
gobernará Venezuela hasta que haya “una transición segura” (sic).
Uno entiende “hasta que estemos
seguros de que nuestra marioneta será elegida democráticamente y podamos montar
una elección como la que hubo hace unas semanas en Honduras”. Sin olvidar el
coro de aplausos de los líderes del “mundo libre”, de lumbreras como Ursula von
der Leyen, el mencionado Macron y el paquete de claveles de la Unión Europea.
Queda por saber cómo y cuándo Donald
administrará un país al que no enviará tropas (Marco Rubio dixit), ni controla sino
en sus sueñitos irresponsables.
James David Vance, vicepresidente en plan Charles III
(espera que el otro se muera…), sugirió utilizar AnyDesk
-popular programa informático que permite tomar el control de otro
computador a distancia, cómodamente instalado en la Oficina Oval- aun
cuando hay quién afirma que hubiese preferido NinjaOne Remote porque el nombre
le hace ilusión.
Mientras tanto, el país agredido, al que hasta ayer “occidente”
calificaba unánimemente de horrible dictadura, parece haber recobrado la
credibilidad democrática de esa que le gusta al imperio. Hasta ahora
ningún vasallo europeo -ni tampoco la administración Trump- ha
sugerido que Delcy Rodríguez practique la tiranía.
Todos los demás miembros del gobierno son respetables, mientras obedezcan y hagan lo que Donald, o Rubio, o Vance, ordenen vía AnyDesk.
¿Tú entiendes algo? Yo no…
Aún menos cuando -con el gesto de la
dueña de casa que desempolva la superficie de un escritorio-, Donald desestimó la invaluable
colaboración de Corina Machado (dizque porque no le cedió
el pinche premio Nobel…), la de los presidentes hechizos como Juan
Guaidó y Edmundo González, o figuras como Julio Borges, o el golpista
Hugo Carmona y otros esperanzados demócratas.
La cuestión en la Unión Europea, incluyendo a exmandatarios como
François Hollande (Flamby), se limita, o se limitaba a subrayar que
Maduro es un impresentable, y que todo el planeta se alegra de su
“captura”.
Nadie se ha aventurado a hablar de
otra cosa, y la prensa
la radio y la televisión les llevan las de abajo entrevistando
a cuanto “opositor” antichavista se presta para celebrar el bombardeo
de su propio país.
¿El Derecho Internacional? ¿La Carta de las Naciones Unidas? ¿La paz regional y mundial?
Ha muerto el Derecho Internacional. Los dueños del mundo.
*****
Al fondo a la derecha…
Hasta que… hasta que el propio Donald recordó a qué punto es imprescindible
“para la seguridad de EE. UU.” que el imperio se apodere de Groenlandia.
“Ya hablaremos dentro de veinte días”, agregó.
Como un muy apropiado eco que llega en el momento adecuado,
Katie Miller -esposa del asesor presidencial Stephen Miller- puso en su red
social preferida el mapa de Groenlandia revestida de la bandera
yanqui, y del mensaje “SOON” (pronto). Puro azar…
El
estupor, el desconcierto… de los adormecidos líderes de la Unión Europea fue
total.
No es posible, sería el fin de la OTAN, no nos pueden hacer esto (después
de habernos tragado tantas culebras…) y otros lugares comunes igual
de luminosos -enunciados con una voz temblorosa- fueron seguidos de
alusiones hacia aquello en lo que deponían hasta el 3 de enero: el Derecho
Internacional, la Carta de las Naciones Unidas.
En un derroche de emisiones de CO2 y de tiempo que estaría mejor
utilizado en resolver las cuestiones que preocupan a los ciudadanos
europeos, Macron recibió en el palacio del Eliseo -una vez más- a
Zelenski y a más de una docena de líderes occidentales, incluyendo
al yerno de Donald, para… ¿Para qué? Hacer la pregunta ya
es enunciar la respuesta.
La Unión Europea, cuyo concepto nació en plena II
Guerra Mundial, siempre tuvo como objetivo estratégico facilitarle a EE.
UU. la administración del vasallo transatlántico. Sin AnyDesk.
Esto es como el famoso cuento del
sapito y el escorpión.
Rodearse de cipayos obedientes está en la naturaleza misma de EE.
UU. Es un tropismo congénito.
A algunas almas puras que critican a
Donald y a los republicanos
yanquis, escudándose en su preferencia por los demócratas, les ruego
recordar que las dos bombas atómicas arrojadas sobre Japón (1945)
fueron ordenadas por un demócrata (Harry S. Truman).
Del mismo modo, los ataques a
Venezuela fueron
iniciados por otro demócrata: El 9 de marzo de 2015, Barack
Obama emitió una orden presidencial declarando a Venezuela una “amenaza
a la seguridad nacional [de Estados Unidos]” y ordenó al
Departamento del Tesoro congelar las propiedades y los activos de
siete funcionarios venezolanos a los que consideraba responsables de
abusos de los derechos humanos, represión y al menos 43 muertes durante
manifestaciones.
La única diferencia entre Obama, y
Donald, es que Donald está pirao. ¿Cuál es peor?
Nota:
que Donald está pirado no lo digo yo, sino “…more than 200 mental health
professionals, warning that Donald Trump is dangerous because of “his symptoms
of severe, untreatable personality disorder -malignant narcissism”, which makes
him “grossly unfit for leadership””. The Guardian. Londres (Presidential elections, 2024).
arb/lc
*Nació en Chile. Es ingeniero del
Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor
invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor
del Banco Mundial. Como empresario del sector de las tecnologías de la
información fue premiado por la Cámara de Comercio y de Industria de París
(Innovación tecnológica – 2006). Editor de “Politika” en Chile, ha publicado
varios libros en Chile y Europa, en los que aborda temas económicos,
lingüísticos y políticos.
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