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“Aquí habría que definir
quién es el enemigo:
si el gobierno o el pueblo. EE. UU. jaqueó al rey (Maduro) pero
aún no ganó la partida y el control de Caracas y el país por las
tropas venezolanas es real. No hay combates entre facciones militares,
conatos de rebelión ni «guarimbas» de ningún tipo: 2026
no es 2014 ni 2017. Es más: las únicas movilizaciones, a pie o
con motorizados, son desde el campo del chavismo, aunque por
supuesto esto tampoco es 2002 (cuando el golpe y la restitución por
movilización popular de Chávez).
“Desde las fuerzas
venezolanas
dudan que la fuerza
invasora pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras
petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría
ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial
como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones.
Según el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe, los recursos
estratégicos de Venezuela le pertenecerían a EE. UU. en virtud de las nacionalizaciones
de la década del 70 y comienzos de este siglo.
“El caso de Venezuela deja en claro que otros países también están bajo la espada de
Damocles de la intervención: México, Colombia, Brasil, Cuba, etcétera.
Esto nunca tuvo nada que ver con la democracia, los derechos humanos,
los cárteles de las drogas o el combate al narcotráfico, sino
con el relanzamiento de la geopolítica imperial más belicosa, el
dominio geopolítico de Latinoamérica y el Caribe, y el saqueo
colonial de nuestros recursos naturales.
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Fuentes: CLAE - Rebelión / Imagen: Movilización en respaldo al presidente Maduro, Caracas, 3 de enero de 2026.
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¿EMPUJAN A VENEZUELA HACIA UN ESTADO LIBRE ASOCIADO de EE. UU.?
¿Otro Puerto Rico?
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Por Aram Aharonian | 06/01/2026 | EE.UU., Venezuela
Fuentes Revista Rebelión martes 6 de enero del 2026.
El ataque militar de la flotilla
estadounidense y el secuestro del presidente Nicolás Maduro es un hecho gravísimo, pero en medio
de tantas incertidumbres, en Venezuela la vida sigue y el Tribunal Superior
de Justicia venezolano consagró como presidenta a Delcy Rodríguez, La
Fuerza Armada Nacional Bolivariana llamó a la población a retomar la
normalidad y la estabilidad del país. La situación es de una tensa calma y
no se descartan conflictos.
Estados Unidos demostró que tiene
fuerza y capacidad militar de secuestrar a un presidente o asesinar a un líder
opositor a sus planes con un misil. Tras el ataque, Donald Trump anunció que su país va a monitorear
todas las decisiones que se tomen en Venezuela, y va a administrar su
petróleo, el llamado excremento del diablo.
No cabe duda de que los bombardeos en
Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa han golpeado al gobierno
bolivariano, pero
también han deslegitimado a Trump, quien se presentara ante muchos
países del mundo como alguien que acabaría con las guerras –en el
camino fue coautor del genocidio de gazatíes- y se atribuye el poder
de cambiar presidentes en países extranjeros. Lo triste es que
algunos sectores de la oposición venezolana incluso festejan la decisión
estadounidense de reincorporar a su país como “territorio colonial”.
Pese a las presiones de Washington,
Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron una declaración conjunta en
la que expresaron su “profunda preocupación y rechazo” frente a lo que
calificaron como una acción unilateral que contraviene normas esenciales
del sistema internacional.
Más allá de muchas confusiones e incertidumbres, en Venezuela la vida sigue: no se quebró la cadena de mandos y en la presidencia quedó una persona de extrema confianza de Maduro, pese a los intentos de Trump de asociarla a la conspiración. Hay cambio de presidente, pero –por ahora- no hay cambio de régimen, que siempre ha sido el objetivo de Estados Unidos.
La Fuerza Armada Nacional, columna
vertebral del
dispositivo bolivariano, se mantiene en pie, quizá porque Trump no
quiere generar un vacío de poder que lleve a un escenario de
anarquía como en Irak, y así alimenta las versiones sobre una
posible transición pactada.
Si bien la calle estaba desierta el
sábado, este domingo
ya comenzó a normalizarse: hay metro, aviones y colas moderadas en los supermercados.
Y una marcha grande en respaldo al bolivarianismo… pero la militancia carece
de línea y hay confusión.
Rubio,
¿el procónsul?
El cubanomiamero Marco Rubio,
canciller (su título
es de secretario de Estado) de Trump esbozó la hoja de ruta tras el
secuestro de Maduro: control del petróleo, presión financiera
extrema, amenaza militar latente y una negociación condicionada
con las nuevas autoridades que impongan. Desestimó –por
ahora- la ocupación militar con tropas en el terreno y dijo estar
dispuesto a trabajar con Delcy Rodríguez, “siempre y cuando
se tomen las decisiones correctas” (es decir, las imposiciones de EE. UU.).
Uno de los puntos más llamativos de la
entrevista a Trump en
EE. UU. fue la confirmación de contactos con la vicepresidenta
venezolana, quien asumió el poder tras el secuestro de Maduro.
Rubio evitó dar detalles de la conversación por tratarse de temas
«delicados», pero marcó una diferencia sustancial entre ella y
Maduro.
Dijo que
«la clave de la que
depende ese régimen es la economía impulsada por el petróleo», lo que supone un
bloqueo naval de facto para interceptar y confiscar cualquier buque de
transporte de petróleo no autorizado por Washington. Y para que no quedaran
dudas, señaló que esta “cuarentena”, es “el despliegue naval más grande la
historia moderna en el hemisferio occidental”.
«Vamos a juzgar
avanzando. Vamos a juzgar todo por lo que hagan», dijo Rubio, quien señaló que con Maduro
«simplemente no se podía trabajar» porque rompía todos los acuerdos,
mientras que ahora se abre una etapa de «evaluación» sobre las
decisiones que tome la nueva cúpula.
Rubio enumeró una lista de
exigencias concretas
que la Casa Blanca espera que cumpla el nuevo gobierno
encabezado por Delcy Rodríguez, que parecen más bien dirigidos a
crear una imagen ominosa para el gobierno venezolano y siguen el
libreto de los discursos de Trump. Los puntos que describió como innegociables
son:
que la industria petrolera beneficie a
la sociedad (no especificó si a la estadounidense),
el cese total del tráfico de drogas,
el desmantelamiento de las bandas
criminales que denuncia Estados Unidos,
la expulsión de grupos armados como
las FARC y el ELN, y el fin de la alianza con Hezbollah, Irán y Cuba.
En vez de anunciar a un «mandatario
legítimo» Trump se
encargó otra vez de ningunear a María Corina Machado, a quién consideró públicamente
incompetente para tomar las riendas del país. Rubio intentó suavizar el
mensaje y aseguró que siente una «tremenda
admiración» por Machado y por Edmundo González Urrutia, pero
se abstuvo de señalar que ellos debieran asumir el gobierno. Ya
le regalaron un Premio Nobel por los servicios prestados.
«En el siglo XXI, bajo
la administración Trump, no vamos a tener un país como Venezuela en nuestro
propio hemisferio actuando como cruce de caminos para Hezbollah, para Irán y
para cualquier otra influencia maligna», sentenció Rubio.
¿Quién
tiene el control?
Lo cierto es que Trump no tiene el
control político, militar ni territorial en Venezuela. No hubo de momento una invasión
militar a gran escala sino una «acción cinética» tendiente a secuestrar
a un presidente en funciones y utilizarlo como herramienta de presión
y eventual moneda de cambio.
Según los expertos, la totalidad de
los activos militares
desplegados en los últimos meses en el Gran Caribe no son
suficientes para tomar control de la accidentada y extensa geografía
venezolana, ni siquiera de la capital Caracas y sus inmensas y
organizadas barriadas populares.
La invasión de la pequeña Panamá
demandó en 1989 la movilización de más de 30 mil efectivos. En suma, los bombardeos y ataques
contra infraestructuras militares fueron la cobertura operacional
de lo que eufemísticamente la jerga trumpiana llama
«extracción».
Para algunos analistas, el principal objetivo no fue
ni es tomar el país por asalto, sino descabezar a la conducción
política del proceso e inducir una fractura significativa en la Fuerza
Armada Nacional Bolivariana, algo que desde inicios de siglo
-en especial en 2002- tanto EE. UU. como la oposición vernácula han
intentado sin éxito.
Para otros, el talón de Aquiles de la
agresión imperial
contra Venezuela es la ausencia de una fuerza vasalla endógena, con poder
de fuego y capacidad de masas, que pueda proclamar algo parecido
a una rebelión nacional «legítima» contra la «tiranía», dando una seudo
coartada democrática a la agresión estadounidense. Esto
explica el que Trump haya amenazado con otra ronda de ataques, y
no se pueda descartar que la situación escale a una invasión total en las
próximas horas o días, sobre todo si la región y la «comunidad
internacional» no atinan a ejercer ningún tipo de acción disuasoria eficaz
Si el objetivo era inducir una
rebelión militar de
proporciones o una insurrección popular (o ambas), ésta no se
produjo. Entonces, es natural esperar que la presión armada sobre la cadena de
mando se agudice y que el Pentágono busque compensar por vía
militar lo que no se está consiguiendo en principio por vía
política, que es la rendición incondicional de su enemigo.
Aquí habría que definir quién es el
enemigo: si el
gobierno o el pueblo. EE. UU. jaqueó al rey (Maduro) pero aún no
ganó la partida y el control de Caracas y el país por las tropas
venezolanas es real. No hay combates entre facciones militares, conatos
de rebelión ni «guarimbas» de ningún tipo: 2026 no es 2014 ni
2017. Es más: las únicas movilizaciones, a pie o con motorizados,
son desde el campo del chavismo, aunque por supuesto esto tampoco es
2002 (cuando el golpe y la restitución por movilización popular de
Chávez).
Desde las fuerzas venezolanas dudan que la fuerza invasora
pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras
petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría
ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial
como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones.
Según el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe, los recursos
estratégicos de Venezuela le pertenecerían a EE. UU. en virtud de las nacionalizaciones
de la década del 70 y comienzos de este siglo.
El caso de Venezuela deja en claro que
otros países también
están bajo la espada de Damocles de la intervención: México,
Colombia, Brasil, Cuba, etcétera. Esto nunca tuvo nada que ver con la
democracia, los derechos humanos, los cárteles de las drogas o el
combate al narcotráfico, sino con el relanzamiento de la geopolítica
imperial más belicosa, el dominio geopolítico de Latinoamérica y el
Caribe, y el saqueo colonial de nuestros recursos naturales.
*Periodista y comunicólogo uruguayo.
Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación
para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano
de Análisis Estratégico (CLAE)
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