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“Por último, podemos dar por sentado que se han producido esfuerzos
coordinados entre bastidores por parte de algunos de los aliados (si
no todos) de Venezuela y Estados Unidos, que a su vez participan en su
propia suerte de realpolitik a la vez que se mantienen
fieles a alguna forma de ideología “antimperialista”. Putin ha
mantenido un silencio notable sobre la Operación Resolución Absoluta
(en el momento de escribir este artículo) sin haber pedido la liberación de
Maduro. Aliado del presidente venezolano durante años, Putin ha
mantenido su apoyo reiterado al sucesor de Chávez, suministrando a su país
armamento antiaéreo defensivo, el mismo que no sirvió para
disuadir la invasión. De ahí podemos deducir que posiblemente se
hayan otorgado a Rusia ciertas concesiones cuando las negociaciones
con Estados Unidos y Ucrania entran en una nueva fase. Lo mismo
puede asumirse de China, aunque dado que EE. UU. y China no están
negociando públicamente sobre disputas territoriales, podemos
entender por qué la respuesta china ha sido más directa. En cuanto a
la gente de todo el mundo, incluido el verdadero movimiento
antimperialista, el modo en que fue dirigida la operación indica que
el imperio es reacio a entablar una confrontación directa con frentes
populares. El tiempo dedicado al entrenamiento clandestino, las operaciones
encubiertas y la infiltración indican la aprensión del imperio
ante la guerra simétrica, o incluso a la clásica guerra asimétrica.
Solo el tiempo nos ayudará a comprender mejor los beneficios
estratégicos que pueda tener la Operación Resolución Absoluta, o
quizás la convierta en otra página de la arrogancia colonial.
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Fuentes: Rebelión [Imagen: bombardeo en Caracas en 4 de enero de 2026].
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LA REALPOLITIK DEL IMPERIO ESTADOUNIDENSE.
Operación Resolución Absoluta contra Venezuela.
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Por George Ygarza Quispe | 10/01/2026 | Venezuela
Fuentes. Revista Rebelión sábado 10 de enero del 2026
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo.
La falacia inherente al politólogo es
que no puede demostrar su teoría. Por supuesto que no existen experimentos
controlados (a menos que se gobierne un país como si fuera un laboratorio de
políticas neoliberales, como en Chile, 1973).
Por consiguiente, plantear hipótesis o
predecir los resultados en política es un juego absurdo. No obstante, es posible partir de
una realidad invariable en el terreno de la geopolítica: la autopreservación
a través de políticas pragmáticas que aseguren los intereses nacionales de un Estado,
lo que se conoce como realpolitik. Si bien el término se
hizo tristemente famoso gracias al notorio “estadista” (léase criminal
de guerra) Henry Kissinger, a lo largo de la historia el pragmatismo ha
contribuido a preservar más Estados que la ideología. Los Estados,
como sistemas de control y poder centralizado operados por una élite,
buscan la autopreservación por encima de todo. Si bien la ideología
puede ayudar a convencer a una población para una gobernanza más eficaz,
la geopolítica requiere un enfoque pragmático en un escenario
dictado por la fuerza. En otras palabras: la política ha sido
siempre y exclusivamente un juego de poder.
Aunque es difícil determinar la verdadera estrategia geopolítica
tras la Operación Resolución Absoluta, por la que Estados Unidos secuestró
descaradamente al presidente soberano de Venezuela [Nicolás
Maduro], podemos examinar los patrones y tendencias de los
últimos años, así como al actual panorama geopolítico, para deducir las políticas
pragmáticas que subyacen en dicho ataque. Dejando a un lado la retórica
de la Casa Blanca como postureo político y bravuconería, podemos
analizar los logros de la Operación Resolución Absoluta para el imperio
estadounidense en el momento actual. Más allá de los objetivos a corto
plazo de extracción y control de recursos, un análisis más detallado
de lo que esta operación supone para Estados Unidos en múltiples
frentes ayuda a entender mejor su estrategia geopolítica. Si bien Estados
Unidos es sin duda alguna el Estado canalla más influyente del mundo,
ya que prioriza sin complejos sus intereses por encima del derecho
internacional a la hora de configurar el orden mundial, no actúa así
de modo irracional. Por el contrario, el imperio estadounidense
actúa mediante medidas estratégicas bien calculadas para preservar
sus intereses corporativos y militares. Cada vez que Estados Unidos
comete violaciones directas del derecho internacional, como en sus
ataques a Libia, la invasión de Irak, la de Afganistán y
tantos otros casos, podemos asumir que lo hace sopesando las consecuencias
de la reacción internacional frente a los beneficios geopolíticos y
económicos que puede obtener.
Los siguientes apartados resumen algunas de las principales áreas en las que el imperio estadounidense se ha beneficiado tras la Operación Resolución Absoluta. Sitúa esta operación en el panorama geopolítico actual y plantea las siguientes preguntas:
¿Cuáles son sus
implicaciones a largo plazo y los mensajes que transmite?
¿Cuáles son los impactos a corto y
largo plazo de esta operación?
Un
claro mensaje para China: el hemisferio occidental pertenece a EE. UU.
Pocas horas antes de su secuestro, el presidente Maduro concluyó
su primer encuentro programado con una delegación China. El modo en que
se realizó la operación constituye una afrenta a la inmunidad
diplomática y consular, al ignorar la presencia de diplomáticos
chinos en el país. El mensaje enviado al gobierno chino fue que EE. UU.
está por encima del derecho internacional y de los canales
diplomáticos respetados por los demás países.
La reunión entre Maduro y los
diplomáticos tenía
como objetivo reforzar la colaboración entre Venezuela y China, país que
ha invertido casi 70.000 millones de dólares en los últimos 20
años. China, el mayor importador de crudo venezolano, ha
fortalecido sus lazos en la región a lo largo de los años a través de
su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road
Initiative), convirtiéndose en el principal socio comercial de América
Latina. En 2024, el comercio en la región alcanzó los 518.000
millones de dólares, con más de 20 países adhiriéndose a la Iniciativa.
Apenas unos meses antes de la operación, China y Perú inauguraron el puerto
de Chancay, al norte de Lima. El proyecto, valorado en casi 4.000
millones de dólares, es un puerto de aguas profundas que servirá
para reducir el tiempo de viaje entre regiones y como puerta de
salida a los recursos minerales de todo el continente.
Uno de los elementos sorprendentes del
crecimiento chino en el siglo XXI
es que ha sido posible sin intervenciones militares ni guerras por
recursos. En vez de eso, China se utilizado inversiones y diplomacia
económica para asegurar rutas comerciales, socios y reservas
significativas esenciales para su creciente economía. Mientras, Estados
Unidos ha continuado ejerciendo presión sobre su seguridad regional,
reforzando lazos militares con Japón y Corea [del Sur] y reafirmando
su compromiso de defender la soberanía de Taiwán. El hecho de que
esta operación se haya producido mientras China sigue sin
poder ejercer su influencia sobre el Mar de la China Meridional ni
establecer una política exterior decisiva con Taiwán, a 130 kilómetros
de sus costas, nos da una idea del contraste entre ambas potencias
regionales.
La Operación Resolución Absoluta reafirma el dominio de EE. UU.
sobre el hemisferio occidental.
“Bajo nuestra nueva
estrategia de seguridad nacional, el dominio de Estados Unidos sobre el
hemisferio occidental jamás volverá a ser cuestionado”, declaró Trump poco después del ataque a
Venezuela y el secuestro de su presidente.
Esta afirmación está en línea con el plan de seguridad nacional
conocido como Corolario Trump a la Doctrina Monroe,
publicado por la Casa Blanca a principios de diciembre, en el que se
describe el hemisferio occidental como “Zona de Seguridad Nacional”,
dada su importancia estratégica y económica para el bienestar de
EE.UU.
Reafirma
el poder militar de Estados Unidos.
La eficacia y la brevedad quirúrgica de la operación contra Venezuela
pone de manifiesto al único sector del imperio estadounidense que
permanece sin rival: su ejército. Con China a punto de superar a
Estados Unidos como mayor economía mundial hacia 2030 y la influencia
decreciente de EE. UU. en tecnología, a medida que se va quedando
atrás en el desarrollo de supercomputadoras avanzadas y grandes
sistemas de aprendizaje, esta operación es un recordatorio para el
mundo de que Estados Unidos no solo destaca en cuanto a fuerza
militar, sino que puede utilizarla para superar sus deficiencias.
Así como la invasión del ejército
estadounidense a Panamá en 1989 sirvió para extirpar el “síndrome de Vietnam” de la opinión pública de aquel país
gracias a una rápida victoria militar, el secuestro descarado y
culminado con éxito de un presidente soberano libera a EE. UU. del
síndrome afgano y libio, al tiempo que se gana el apoyo de la base
aislacionista del movimiento MAGA. Los elogios a la operación de
muchos militantes de dicho movimiento indican que la popular
postura aislacionista de «América primero» se basaba menos en
preocupaciones internas y más en la eficacia y
capacidad de proyectar fuerza en la comunidad internacional.
Demuestra un nivel de belicosidad que hace parecer débiles, en comparación,
a otras potencias regionales, proyectando el chovinismo nacional
a escala global. Con Rusia entrando en su quinto año de guerra
en Ucrania y la incapacidad de China para ejercer pleno control
sobre el Mar de la China Meridional, Estados Unidos recuerda a sus
rivales que sigue estando muy por delante en cuanto a influencia
regional, o incluso global.
Estados Unidos mantiene el mayor número de portaaviones en el mar, sigue siendo el mayor fabricante mundial de armas y mantiene abiertas casi 1.000 bases militares en todo el mundo (recientemente ha reactivado la base naval Rooselvelt Roads, en Puerto Rico, que llevaba fuera de servicio veinte años). Junto con el bombardeo de las instalaciones nucleares de Irán en junio de 2025, el régimen de Trump recuerda al mundo que es la doctrina de EE. UU. y no el derecho internacional la que dicta el orden mundial.
No todo es
petróleo.
La producción petrolera de Venezuela
ha caído aproximadamente
a una tercera parte de lo que era al inicio de la presidencia
de Chávez. Lo mismo ocurre con muchas de sus otras materias
primas, en especial el gas natural, debido a las sanciones, una
gestión inadecuada y la fractura de PDVSA [empresa estatal del petróleo de Venezuela],
que han provocado el debilitamiento de sus industrias. Se ha hablado
mucho de que Venezuela posee las mayores reservas petroleras del mundo, mayores
que las de EE. UU. o Arabia Saudí juntas. No obstante, dichas reservas
están sin explotar, ubicadas en la región conocida como la Faja
Petrolífera del Orinoco, al sudeste del país, que cuenta con muy poca infraestructura.
Acceder a estas reservas de petróleo ultra crudo exigiría una
tecnología sofisticada para su localización y equipos de perforación
que tardarían años en desplegarse. Por ello, los debates sobre el petróleo
se centran más en su potencial para cubrir las necesidades a largo
plazo del país que en satisfacer las necesidades energéticas inmediatas
del imperio.
La inaccesibilidad de los recursos
venezolanos es, por supuesto,
una consecuencia de la brecha tecnológica entre los países del Norte
y del Sur global, ya que los primeros aún mantienen un control
desproporcionado sobre las patentes y tecnologías para la extracción
de minerales. Sumado esto a las sanciones y bloqueos, la extracción
de reservas minerales y petroleras en el Sur global siempre
dependerá de su relación con el Norte.
Por último, podemos dar por sentado que se han producido
esfuerzos coordinados entre bastidores por parte de algunos de los aliados
(si no todos) de Venezuela y Estados Unidos, que a su vez participan en
su propia suerte de realpolitik a la vez que se
mantienen fieles a alguna forma de ideología “antimperialista”. Putin
ha mantenido un silencio notable sobre la Operación Resolución Absoluta
(en el momento de escribir este artículo) sin haber pedido la liberación de
Maduro. Aliado del presidente venezolano durante años, Putin ha
mantenido su apoyo reiterado al sucesor de Chávez, suministrando a su país
armamento antiaéreo defensivo, el mismo que no sirvió para
disuadir la invasión. De ahí podemos deducir que posiblemente se
hayan otorgado a Rusia ciertas concesiones cuando las negociaciones
con Estados Unidos y Ucrania entran en una nueva fase. Lo mismo
puede asumirse de China, aunque dado que EE. UU. y China no están
negociando públicamente sobre disputas territoriales, podemos
entender por qué la respuesta china ha sido más directa. En cuanto a
la gente de todo el mundo, incluido el verdadero movimiento
antimperialista, el modo en que fue dirigida la operación indica que
el imperio es reacio a entablar una confrontación directa con frentes
populares. El tiempo dedicado al entrenamiento clandestino, las operaciones
encubiertas y la infiltración indican la aprensión del imperio
ante la guerra simétrica, o incluso a la clásica guerra asimétrica.
Solo el tiempo nos ayudará a comprender mejor los beneficios
estratégicos que pueda tener la Operación Resolución Absoluta, o
quizás la convierta en otra página de la arrogancia colonial.
George Quispe es educador popular,
investigador militante e interlocutor de teoría crítica entre Abiayala y la
Isla Tortuga. Sus principales áreas de investigación son el extractivismo, el
pensamiento crítico, el biopoder y el poder popular. Recientemente tradujo
”Constructing Worlds Otherwise” de Raúl Zibechi (Ak Press, 2024) y coeditó
el volumen «Viva
Palestina Libre» (2024) de NACLA sobre las conexiones entre
América Latina y Palestina.
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