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"La Convención de Palermo de 2000 reserva el concepto jurídico de delincuencia organizada a grupos estructurados que cometen delitos graves para obtener beneficios materiales. La Cosa Nostra diplomática se ha apropiado de un repertorio de procedimientos reconocibles en estas sociedades del crimen, que se expresa en jerarquías, favores condicionados, intimidación y castigos ejemplarizantes contra los países miembros de la ONU. El capo di tutti i capi de la política contra Cuba sabe que una oferta resulta más convincente cuando el destinatario conoce las consecuencias de rechazarla. Pero Macbeth terminó rodeado de hombres que lo obedecían, aunque no creían en él, porque Shakespeare comprendió que el miedo puede comprar obediencia, pero nunca legitimidad. Don Rubio debería recordarlo cuando la Asamblea General vuelva a votar. A veces, hasta el silencio tiene precio. La dignidad, no.
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Marco Rubio, encabeza las gestiones diplomáticas de Washington para reducir el respaldo internacional a la resolución de la ONU contra el bloqueo a Cuba. Foto Afp.
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DON RUBIO.
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Por Rosa Mirian
Elizalde.
Fuente- Diario La Jornada Ciudad de México jueves 22 de octubre del 2026.
Las historias de la mafia tienen algo
de las tragedias de Shakespeare: crímenes, traiciones, lealtades
compradas y venganzas bíblicas. En ellas, el capo rara vez necesita levantar la
voz, porque le basta con recordar al otro cuánto puede perder. “Le haré una
oferta que no podrá rechazar”, promete Vito Corleone en El padrino,
dejando claro que el poder consiste precisamente en no tener que pronunciar la
amenaza.
Ese método recuerda la ofensiva que
encabeza el secretario de Estado Marco Rubio para quebrar el
respaldo internacional a la resolución contra el bloqueo de Cuba,
que Naciones Unidas examinará los días 27 y 28 de octubre. Washington
lleva más de tres décadas perdiendo esa votación y ahora intenta reducir la
mayoría, conseguir abstenciones y fomentar ausencias. Si no puede impedir el
juicio público a una política que está matando diariamente a 70 personas con
cáncer y ha multiplicado la mortalidad infantil en Cuba, procura intimidar al
jurado internacional que se dará cita la semana próxima en el salón de la Asamblea
General de la ONU.
Toda organización mafiosa tiene
su arquitectura: un jefe que decide, lugartenientes que ejecutan y
operadores que recorren el territorio haciendo saber quién manda.
La diplomacia estadunidense ha
desplegado una maquinaria semejante, y lo acabamos de ver en Naciones Unidas,
donde el embajador Mike Waltz asumió el papel de palanganero. El 19 de octubre
organizó un acto para desacreditar a Cuba y pedir a los diplomáticos que
votaran contra la resolución.
Reunió a conocidos asalariados del gobierno estadunidense, financiados con partidas presupuestarias destinadas al “cambio de régimen”, entre ellos figuras que reclaman abiertamente una intervención militar en la isla.
Una potencia que no consigue convencer
al mundo de las virtudes de su política pretende que el mundo cambie de opinión
escuchando a quienes llevan años justificándola. Mientras tanto, las embajadas
de Rubio procuran votos entre gobiernos cuya relación con Estados Unidos
está atravesada por dependencias comerciales, financieras y migratorias. La
dimensión exacta de esas gestiones todavía exige documentación, pero la campaña
para alterar el resultado es pública.
En paralelo, Miami aporta su propia
comedia negra. Mientras el embajador de Rubio retozaba en Nueva York con
terroristas, la Fiscalía de Florida anunciaba una nueva orden de arresto contra
Raúl Castro. No hay el más mínimo indicio de que el líder histórico
cubano vaya a comparecer ante un tribunal de Miami, pero, a dos semanas de las
elecciones legislativas estadunidenses, la coincidencia resulta demasiado
oportuna para ignorar su dimensión electoral y propagandística.
Una orden de arresto contra Raúl
Castro ofrece titulares, fotografías y aplausos en Miami, y quizás también
sirva para que el capo obtenga algún voto dubitativo en la ONU. Pero se
olvida que, en enero, 32 combatientes cubanos murieron enfrentando la operación
militar estadunidense que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro y
su esposa, Cilia Flores, en Venezuela. Treinta y dos muertos para
defender a un presidente amigo. ¿Qué cálculo habrán hecho en Washington sobre
la respuesta que encontraría una operación semejante en territorio cubano? Es
mucho más sencillo anunciar una orden de captura ante las cámaras de Miami que
intentar ejecutarla en La Habana, lo que prueba otra regularidad: la valentía
de los capos suele ser inversamente proporcional a los riesgos que están
dispuestos a correr.
La Convención de Palermo de 2000
reserva el concepto jurídico de delincuencia organizada a grupos estructurados
que cometen delitos graves para obtener beneficios materiales. La Cosa
Nostra diplomática se ha apropiado de un repertorio de procedimientos
reconocibles en estas sociedades del crimen, que se expresa en jerarquías,
favores condicionados, intimidación y castigos ejemplarizantes contra los
países miembros de la ONU. El capo di tutti i capi de la política contra Cuba
sabe que una oferta resulta más convincente cuando el destinatario conoce las
consecuencias de rechazarla.
Pero Macbeth terminó
rodeado de hombres que lo obedecían, aunque no creían en él, porque Shakespeare
comprendió que el miedo puede comprar obediencia, pero nunca legitimidad. Don
Rubio debería recordarlo cuando la Asamblea General vuelva a votar. A veces,
hasta el silencio tiene precio. La dignidad, no.
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