sábado, 28 de mayo de 2016

BARRICADAS EN LAS CALLES DE PARÍS. CONTRA LA REFORMA LABORAL.

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"La Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La desgraciada guerra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella. Fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Hasta entonces, el poder había estado, por regla general, en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de sus apoderados, que constituían el llamado gobierno. La resistencia obrera en las calles de París estuvo presente las históricas barricadas - fronteras de lucha obrera en plena calle, con muros de piedra y pisos ) Después de la revolución del 18 de marzo, cuando el gobierno del señor Thiers huyó de París con sus tropas, su policía y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación y el poder pasó a manos del proletariado. Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico por el capital, no puede dominar políticamente si no rompe las cadenas que lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la Comuna debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamiento del dominio de la burguesía, de la dominación del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo".



“Pasaron 48 años desde que la juventud estudiantil y obrera de París impactara al mundo con las jornadas de mayo y junio de 1968. Sus barricadas de adoquines, la huelga general que paralizó esta metrópoli imperialista, la unidad obrero-estudiantil y su crítica radical y total al “aburrido” e imperialista capitalismo galo, personificado en el reaccionario general Charles De Gaulle, son referencias obligadas de todo el ascenso de la lucha obrera y popular que sacudió al imperialismo yanqui y a la burocracia estalinista en la década del ‘60. Va aquí un recuerdo militante”.
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Marx sobre la Comuna de París, de 1871.- La describió como el primer ejemplo concreto de una dictadura del proletariado. En la que el Estado es tomado por el proletariado, cuando los trabajadores “tomaron por asalto el cielo”.  Los heroicos obreros de París, Marx expresó: “¡Qué flexibilidad, que iniciativa histórica y que capacidad de sacrificio tienen estos parisienses!”. “La Historia no conoce todavía ejemplo de heroísmo semejante”. “valientes hasta la locura” y “dispuestos tomar el cielo por asalto”.


“Han pasado cuarenta años (Marzo de 1911) desde la proclamación de la Comuna de París. Según la costumbre establecida, el proletariado francés honró con mítines y manifestaciones la memoria de los hombres de la revolución del 18 de marzo de 1871. A finales de mayo volverá a llevar coronas de flores a las tumbas de los communards fusilados, víctimas de la terrible “Semana de Mayo”, y ante ellas volverá a jurar que luchará sin descanso hasta el total triunfo de sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra que ellos le legaron”. V.I. Lenin.

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Arden las calles de París y la principales ciudades de Francia - las barricadas, símbolo de la lucha de clases, en el origen de la Revolución burguesa de 1789, como en la revolución de 1848 y en la histórica Revolución de la Comuna de París 1870 - solo como ejemplo - las calles y las plazas públicas - como en sus orígenes de las grandes jornadas revolucionarias, hoy son el centro de lucha contra la Traición Política y la imposición de la llamada Reforma laboral - el neoliberalismo en su extremo salvaje e inhumano contra los derechos sociales de los trabajadores y la juventud. El Presidente Hollande está bebiendo agua de su propia medicina contaminada de traición.
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BARRICADAS EN LAS CALLES DE PARÍS.
La resistencia a la flexibilización laboral, fortaleció  a la CGT Francesa.
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Son escenarios que parecían olvidados en el tiempo: barricadas en las calles y manifestaciones obreras. El titular de la CGT, Philippe Martínez, se fotografió prendiendo fuego una fogata en las calles.

Eduardo Febbro
Desde París viernes 29 de mayo del 2016.

Philippe Martínez, el secretario general de la CGT, logró poner contra las cuerdas al primer ministro francés, Manuel Valls. Los bloqueos en la distribución de combustibles, en las refinerías, la huelga en las centrales nucleares y las 300 mil personas que salieron ayer a la calle para exigir el retiro de la ley sobre la reforma laboral son la obra social del dirigente cegetista. Aunque debieron ser medianamente aliados, Martínez y Valls son enemigos. Ambos son de origen español pero se enfrentan en el escenario francés con uno de ellos, Philippe Martínez, como principal eje de la oposición a las políticas de orientación liberal asumidas por el presidente François Hollande y el jefe del Ejecutivo. Los dos hombres representan además una transformación de sus distintas estructuras de poder. Valls es la llamada “izquierda reformista y moderna”, Martínez es la renovación de un sindicato que fue perdiendo respaldo en la clase trabajadora y que quedó herido luego de que el anterior secretario general tuviera que salir por la puerta de atrás cuando se descubrió que había gastado una fortuna para decorar su escritorio. En este combate hispano francés el jefe cegetista consiguió no sólo movilizar a la gente o acumular adhesiones significativas dentro del movimiento social sino, sobre todo, sembrar una fuerte confusión en el seno del gobierno. Aunque insistió en que no retiraría la reforma laboral, Manuel Valls dijo este jueves que podría haber eventuales “modificaciones” o “mejorías”, aunque sin cambiar por ello “el marco” de la ley, es decir, el ojo del ciclón concentrado en el artículo número dos de la ley de reforma. Hubo miembros del Ejecutivo que ahondaron en ese sentido. Michel Sapin, ministro de Finanzas, evocó un posible cambio de “rumbo” y otros dijeron todo lo contrario. Las protestas, al menos, desencadenaron una cacofonía en el seno del Ejecutivo además de las divisiones que la reforma provocó dentro de la izquierda socialista.

La juventud francesa hoy gran protagonista de la lucha político-social contra la Ley de Reforma Laboral del Presidente Socialista (se inventó el nuevo "socialismo neoliberal” burdo y cruel) heredó las jornadas revolucionarias de la juventud del Mayo francés de 1968, extraordinaria jornada revolucionaria - La Generación del Mayo Parisino -  y en los últimos tiempos, primera década del siglo XXI y la lucha por los derechos hipotecados a los jóvenes en prácticas profesionales, sus primeros años de trabajo y los jóvenes hijos de migrantes, tiempos del gobierno conservador del presidente Sarkozy.

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El conflicto social acarreó múltiples manifestaciones y perturbaciones en los ferrocarriles, los aeropuertos, los puertos, en el sector de los camioneros y en el de energía. Como en otras ocasiones, la violencia volvió a marcar las manifestaciones en varias ciudades. La CGT sigue afirmando que no cesará su movimiento y que está lista para “bloquear el país” si fuera necesario. Fuerza Obrera, un sindicato que también se aunó a las protestas, ya no exige cambios cosméticos en la reforma sino simple y llanamente “que se retire”. La confrontación entre gobierno y sindicatos no se centra en todo el texto sino en el artículo número dos de la reforma. Este, por primera vez en la historia, cambia la jerarquía de la normativa. El artículo prevé que los acuerdos salariales pactados en el seno de la empresa estén por encima de los acuerdos negociados por los sindicatos según la rama profesional a la cual pertenece el empleado. Ello, para los sindicatos, deja sin defensa a los trabajadores, los cuales se encuentran así en las manos de la empresa que puede decidir a su antojo porque la ley no la obliga a referirse a las negociaciones oficiales. Fiel a su narrativa, el jefe del Gobierno ha puesto a los sindicatos y a los huelguistas del lado oscuro de la historia, tal como lo ha hecho con la izquierda que aún tiene hondas inclinaciones sociales y a la cual retrata como pasada de moda. Valls acusa a los sindicatos de congelar la evolución y de llevar a Francia a una suerte de muerte cuya semilla son “sus aspectos conservadores”. En el lenguaje de Manuel Valls, conservador no es alguien de derecha sino quienes rehúsan que se les saquen los derechos sociales conquistados.
Philippe Martínez volvió a instalar en la calle un escenario que la tecno modernidad había casi borrado de la vida francesa: el manifestante con antorchas en la mano, los carteles en defensa de la clase trabajadora, las calles alteradas por la confrontación con la policía, las pancartas irónicas y combativas, y, también, lo imprevisible: cuando todo parecía languidecer en la aceptación de la reforma, seis franceses de cada diez dicen que no, que la oposición a la reforma laboral es plenamente “justificada”. La fuerza que fue cobrando la rebelión social dejó en la sombra al movimiento NuitDebout que nació justamente con las primeras manifestaciones contra la ley. No por nada la prensa de derecha bautizó a Philippe Martínez con el apodo de “Mister Niet”. El líder cegetista desafió al gobierno en la calle, un terreno que parecía tragado por la historia. El mismo se escenifica allí cuando se hace fotografiar prendiendo una fogata en una barricada. 5 de las 8 refinerías del país trabajan en cámara lenta mientras que 16 de las 19 centrales de Francia aplicaron la consigna de paros parciales. En el aeropuerto de Orly, 15% de los vuelos fueron anulados o sufrieron perturbaciones al tiempo que en los transportes públicos, Metros o ferrocarriles, hubo atrasos leves. Al Ejecutivo le salió un conflicto en la calle que no esperaba. La CGT armó un contra fuego que se va tornando más denso con el correr de los días y las necesidades de cada antagonista: para la CGT se trata de restaurar la palabra sindical, para el gobierno terminar de implementar una medida que los medios más liberales de la Comisión Europea le vienen exigiendo a Francia desde hace mucho. Ambas partes se juegan el todo por el todo. En sus mejores tiempos, la CGT supo contar con más de tres millones de afiliados. Hoy le quedan 600 mil. A François Hollande le falta un año de mandato. El tiempo corre en contra de ambos. Una imagen de los manifestantes resume perfectamente la situación. Unos jóvenes salieron a la calle con un cartel donde aparece el Primer Ministro Manuel Valls con la punta de una manguera de distribución de combustible en la sien. Un letrero dice: ”si tocas a nuestros derechos, apoyamos en el gatillo”.

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