sábado, 7 de mayo de 2016

LONDRES ELIGIÓ POR PRIMERA VEZ UN ALCALDE MUSULMÁN. DE BOXEADOR A JEFE DE GOBIERNO.

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DE BOXEADOR A JEFE DE GOBIERNO.

Hijo de una costurera y de un colectivero Khan regirá la capital Británica.
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Es el quinto de ocho hermanos nacidos de un matrimonio paquistaní. Sus padres unieron sus sueldos y las ayudas públicas para sacar adelante a su familia en Tooting, un barrio que aún lucha por sacarse de encima su fama de conflictivo.
El laborista Sadiq Khan, hijo de un matrimonio paquistaní que se instaló en un suburbio en el sur de Londres en los años 60, se convirtió ayer en en el primer alcalde musulmán de la capital británica.
Khan nació en Tooting, al sur de Londres, poco después de la llegada al Reino Unido de sus padres, Amanullah Khan, un conductor de autobuses y Sehrum, una costurera que unieron sus sueldos y las ayudas públicas para sacar adelante a su familia en Tooting, un barrio que aún hoy lucha por sacarse de encima la fama de conflictivo. Es el quinto de ocho hermanos, siete varones y una mujer. Sus abuelos habían migrado de la India a Pakistán después de la división de la India en 1947. La familia sigue enviando dinero a sus parientes en Pakistán, “porque fuimos bendecidos en este país”.
El político laborista, que entrenó como boxeador en su juventud, durmió en una litera en casa de sus padres hasta los 24 años, cuando se independizó tras su boda con la también abogada Saadiya Ahmed, con quien tiene dos hijas.
En esa época entró como becario en la firma de la activista humanitaria Louise Christian, que apenas tres años después le designó como asociado en su bufete, renombrado como Christian Khan. También fue durante tres años presidente de Liberty, un grupo de presión a favor de los derechos civiles.
Khan ha repetido durante la campaña que su trayectoria personal es paralela a la historia reciente de Londres, una metrópolis con 8,6 millones de habitantes en la que el 44 por ciento de la población forma parte de una minoría étnica.
Como abogado comprometido con los derechos civiles, el candidato laborista representó hace más de una década a figuras controvertidas como el líder del grupo “Nación del Islam”, Louis Farrakhan, lo que ha servido a sus críticos para acusarle de ser transigente con el extremismo.
Su programa promete soluciones drásticas a la crisis de la vivienda y el congelamiento del precio del transporte urbano. Como letrado en 2001, Khan argumentó a favor de que Londres revocara ese veto, una petición que salió adelante en primera instancia pero fue anulada después tras la apelación del Gobierno. Khan obtuvo el premio al “Recién llegado del Año” por su determinación y claridad con la que expresa los muy difíciles temas del terror islámico”. En agosto de 2006, fue uno de los firmantes de una carta abierta a Tony Blair, criticando la política exterior del Reino Unido.
Sus tiempos como abogado terminaron cuando quedó vacante la plaza laborista en la circunscripción de Tooting, en 2004, que le permitió un año después ser elegido miembro de la Cámara los Comunes.

Khan se saca una foto con dos simpatizantes en un mercado de Londres, en la víspera de las elecciones en las que venció con holgura a su rival conservador.
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El primer ministro Gordon Brown le nombró en 2008 secretario de Estado “júnior” para las Comunidades Locales, convirtiéndose en el segundo paquistaní británico sirviendo en el gobierno y, en 2009, pasó a ser secretario de Estado de Transporte, convirtiéndose en el primer musulman en el Gabinete. En lo que se cree fue la primera vez que un miembro del Parlamento lo hiciera, Khan twiteó en su cuente su promoción a Secretario de Transporte. El espaldarazo definitivo a su carrera dentro del partido llegó en 2010, cuando dirigió la campaña que llevó a Ed Miliband a ser elegido líder de la oposición.
En marzo de 2010, Khan estableció públicamente que por segundo año consecutivo no se aumentaría el sueldo como miembro del Parlamento o ministro, declarando: “en un momento en que mucha gente en Tooting y en todo el país tienen que aceptar congelamientos, no creo que sea apropiado que los miembros del Parlamente acepten un aumento en su paga. Durante sus quince años en el gobierno, no quiso aceptar un aumento de salario, habiendo que había ganado suficientemente dinero como abogado.
En 2013 también fue nombrado ministro de la oposición de Londres. En Mayo de 2915, renunció al gabinete de la sombra para nominarse como el candidato para ser alcalde por el Partido Laborista y ganó la candidatura en septiembre de 2015.
En las elecciones generales de 2015, Khan regresó como miembro del Parlamente por Tooting en un tercera mandato, derrotando a su rival conservador. Khan fue uno de los dirigentes que nominó al izquierdista Jeremy Corbyn para suceder a Miliband, si bien desde entonces se ha distanciado del nuevo líder y de sus políticas.
En la recta final antes de los comicios a la alcaldía, el jueves, Khan lanzó diversos guiños al sector más centrado del partido y más crítico con la actual dirección. En una de sus declaraciones más polémicas de los últimos meses, Khan dio la “bienvenida” a que Londres sea una ciudad donde viven “más de 400.000 millonarios”. “Eso es algo bueno”, remachó el laborista, una afirmación que dio combustible a numerosas críticas.
Figura regularmente entre los 100 políticos más importantes de Londres de acuerdo al sondeo del London Evening Standard y es un embajador de la Mosaic Network, una iniciativa establecido por el príncipe Carlos.

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Khan aparece delante de una imagen suya durante un acto de campaña en el este de Londres.
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LONDRES ELIGIÓ POR PRIMERA VEZ UN ALCALDE MUSULMÁN.
El Laborista SADIQ KHAN terminó con 8 años de gobierno conservador en la Capital Británica.
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Khan será el primer alcalde de origen musulmán de una capital europea y su victoria es la principal conquista del laborismo en la jornada electoral. Su gran desafío es la resistencia de los conservadores que, después de seis años de austeridad, no recibieron el típico voto castigo.

Marcelo Justo
Desde Londres sábado 7 de mayo del 2016.
El laborismo de Jeremy Corbyn obtuvo una histórica victoria en la Alcaldía de Londres, buenos resultados en Inglaterra y Gales y una desastrosa derrota en Escocia, donde quedó relegado a un tercer lugar. La joya fue el categórico triunfo de Sadiq Khan, primer alcalde de origen musulmán de una capital europea. El gran desafío es la resistencia de los conservadores que, después de seis años de austeridad, no recibieron el típico voto castigo de un a elección de medio término.
Sadiq Khan terminó con ocho años de gobierno conservadoren Londres conquistando el 44 por ciento de los votos, una ventaja de nueve puntos sobre su rival, el multimillonario conservador Zac Goldsmith. Ni la insidiosa campaña de Goldsmith sobre la vulnerabilidad de la capital si se elegía a un musulmán ni los errores de la maquinaria nacional laborista en las últimas dos semanas erosionaron el apoyo que consiguió este abogado especializado en derechos humanos, hijo de un colectivero pakistaní en una ciudad que tiene un 14 por ciento de musulmanes y un 37 por ciento de inmigrantes en su población.
Khan respondió a los ataques conservadores con una campaña centrada en las grandes prioridades de los londinenses: transporte y vivienda. Londres tiene un déficit habitacional calculado en decenas de miles de viviendas en una ciudad de billonarios, con ese corazón de las finanzas globales y los paraísos fiscales que es la City. El precio de la propiedad está por las nubes y el de los alquileres también. Los jóvenes de menos de 35 años sin chances de acceder a la casa o departamento propio tienen su propio apodo: la “generation rent”. El hijo de inmigrantes que creció en los monoblocks municipales sintonizó mucho más con estas necesidades sociales que un multimillonario como Goldsmith. Corbyn saludó su victoria y el desempeño del laborismo. “Decían que íbamos a perder municipios, pero no fue así porque nuestro partido está enfrentando los problemas de nuestra industria, los recortes de los beneficios sociales y los grotescos niveles de desigualdad. Nuestro mensaje es que puede haber otra política económica”, señaló el líder laborista.
La realidad es un poco más compleja. En la elección en 124 municipios ingleses, el laborismo renovaba casi el doble de concejales que los conservadores. El partido de Corbyn mantuvo su mayoría, ganó en algunas zonas del sur de Inglaterra hasta hace poco vedadas a la izquierda como Exeter, pero en el recuento total perdió el control de un municipio y unos 25 concejales. En la Asamblea Autónoma de Gales sigue siendo el partido mayoritario, pero con una caída en la proporción de votantes mientras que en Escocia, cuna del partido y bastión hasta 2010, quedó relegado a un tercer lugar, detrás de los nacionalistas escoceses y los conservadores.
En contraste, los conservadores no salieron mal parados. Acosado por los Panama Papers, por el enfriamiento económico, por conflictos con médicos y maestros, y las profundas divisiones internas en torno a Europa, el primer ministro David Cameron no sufrió un voto castigo que reflejara un atribuladísimo primer año de gobierno con mayoría propia. El segundo puesto en Escocia de la mano de una carismática líder, la abiertamente gay Ruth Davidson, es su punto más alto: la derrota en Londres el golpe más duro. En Inglaterra perdieron unos 36 concejales, pero la gran noticia es que evitaron un derrota apabullante a seis semanas del referendo sobre la permamencia o salida de la Unión Europea que puede decidir el futuro del primer ministro.
La incapacidad para asestar un golpe demoledor a Cameron es una señal de la considerable distancia que le falta recorrer al nuevo proyecto de la izquierda laborista para poder ganar las elecciones de 2020. Al mismo tiempo, el resultado está lejos de la debacle que predecía (y deseaba) la derecha partidaria. En esta suerte de empate técnico, la derecha volvió ayer a la carga. El ministro en la sombra por Escocia, Ian Murray, señaló que los británicos no ven al laborismo de Corbyn “como una alternativa de gobierno para 2020”. Un diputado, David Winnick, exhortó a Corbyn a renunciar. “El partido está en crisis. Jeremy tiene que decidir si su liderazgo ayuda o entorpece. Toda la evidencia muestra que entorpece”, señaló. Tim Roache, secretario general del GMB, uno de los sindicatos más poderosos del Reino Unido, exhortó a la unidad. “La gente no quiere un partido desunido. Es hora que la derecha partidaria le de una oportunidad a Corbyn. Con lo que están haciendo, perjudican al partido y a los trabajadores”, señaló.
El desempeño electoral podría haber sido mejor si sectores de la misma izquierda laborista no insistieran en marcar goles en contra. Los últimos diez días de campaña se vieron eclipsados por acusaciones de antisemitismo contra el partido de Corbyn a raíz de las declaraciones del ex alcalde de Londres, Ken “el Rojo” Livingstone, sobre una presunta coincidencia política entre el sionismo y Adolfo Hitler a principios de los 30. No era el tema más candente para los británicos, pero con esa comparación consiguió que los medios debatieran durante días si el partido, de larga tradición antiracista y igualitaria, era antisemita. Corbyn calmó las aguas con la formación de una comisión independiente para investigar las alegaciones, pero está claro que un proyecto de izquierda en un país moderado y políticamente escéptico como el Reino Unido no se puede permitir resbalones políticos autoinfligidos de esta naturaleza.
La relativa satisfacción de Cameron antes estos resultados tiene una posible fecha de vencimiento. El 23 de junio los británicos tienen que decidir si siguen en la Unión Europea o se convierten en el primer miembro en abandonar el bloque. Cameron cuenta con el apoyo de la City, el empresariado, sectores de los conservadores, el resto de la clase política y medios como el The Economist y el Financial Times. En su reciente visita al Reino Unido, el mismo Barack Obama respaldó el sí a Europa advirtiendo que el Reino Unido podría esperar una década para poder firmar un tratado de libre comercio bilateral con Estados Unidos si abandona la UE. Pero nada despierta pasiones entre los británicos como el tema europeo. Ambos campos están cabeza a cabeza en las encuestas. La tregua por las elecciones del “superjueves” se acabó: a partir de ahora recomienza la guerra interna conservadora en torno a Europa.

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