martes, 3 de mayo de 2016

ESTADOS UNIDOS Y UNIÓN EUROPEA: SE FILTRÓ LA SECRETA NEGOCIACIÓN DEL ACUERDO TTIP.

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“QUE ES EL TTIP?.- El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) es un acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos que pretende equiparar las normativas a ambos lados del océano. En pocas palabras, es el nuevo caballo de troya. La Comisión Europea, el Gobierno Estadounidense y las grandes empresas están vendiéndonos el acuerdo como el antídoto definitivo contra la crisis. Sin embargo están ocultando una pérdida de derechos sin precedentes.
Qué implica?
Una rebaja aún mayor de derechos y más privatizaciones para la ciudadanía europea. Quieren eliminar las barreras al comercio para crear un gran mercado que beneficie a las grandes empresas. Pero estas barreras regulan y protegen nuestros derechos sociales y ambientales.
¿Cómo se está negociando?
En completo secreto. Desde junio de 2013, la Comisión Europea, el Gobierno estadounidense y los grandes lobbies empresariales se reúnen a espaldas de la sociedad para negociar las condiciones del tratado.


¿Cómo te va a afectar?
  • Aumentarán los recortes en derechos laborales. En EEUU los convenios de la Organización Internacional del Trabajo ni siquiera están reconocidos.
  • La privatización de los servicios públicos irá a más y contará con muchísimas más facilidades: sanidad, educación, agua…
  • Las grandes empresas contarán con más privilegios. Si en algún momento operan en la UE y consideran que su rentabilidad no era la esperada, tendrán la capacidad de demandar a los Estados exigiendo indemnizaciones millonarias, por supuesto, procederán de dinero público.
  • Alimentos, medicamentos y otros productos no se someterán a los controles actuales. Comeremos alimentos con transgénicos, hormonas, cloro y un largo etcétera sin saberlo.
  • El fracking tendrá vía libre. Esta técnica para extraer gas, tan dañina para la salud y el medio ambiente, se implantará con gran facilidad. Además importaremos este gas desde EEUU, lo que pondrá en riesgo los objetivos de la UE para frenar el cambio climático.
¿Podemos pararlo?
, lo tenemos muy claro. Tenemos tiempo, pero necesitamos movilizarnos. 

Sobran los argumentos para decir NO al TTIP. Dependemos de nuestro medio ambiente, del aire limpio que respiramos, de la biodiversidad que nos alimenta y depura nuestra agua. No podemos alimentarnos de petróleo, de aguas contaminadas, ni de CO2. Tampoco del dinero que amasan las grandes empresas que en ambos continentes están presionando para que los gobiernos destruyan los medios de vida de los ciudadanos. Ahora con la  denuncia del Greenpeace Internacional, es tiempo de parar esta nueva entrega y pérdida de la soberanía europea a manos de las grandes mega-corporaciones. La movilización ciudadana, recuperando la Confianza, es la mejor herramienta de lucha en tiempos de crisis de la democracia.


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El director de Greenpeace Europa, Jorge Riss, dijo que “las negociaciones deben detenerse porque no buscan el interés público europeo”.

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SE FILTRÓ LA SECRETA NEGOCIACIÓN DEL ACUERDO TTIP.
Los documentos fueron dados a conocer por GREENPEACE para que se conozca el Tratado Comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea.
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Estados Unidos ejerce múltiples presiones para que la Unión Europea baje los niveles de su regulación en campos como la salud, el medio ambiente, la agricultura, la alimentación o las barreras comerciales. Lo que se intuía como nocivo resultó ser real.

Eduardo Febbro

Desde París Página /12 martes 3 de mayo del 2016.

No hay secreto que dure cien años. El hermetismo con que se llevaban a cabo las negociaciones en torno a uno de los tratados comerciales más importantes de la historia entre la Unión Europea y Estados Unidos, el Tafta o TTIP, Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, quedó disuelto con la publicación en la prensa europea de 240 páginas sobre los términos desiguales en que se realizan esos acuerdos. Los documentos fueron filtrados por Greenpeace y en ellos sobresale la debilidad de los negociadores europeos, la posición hegemónica de Estados Unidos, el poder alucinante de los lobbies, su capacidad de influenciar a los negociadores de la UE y de Estados Unidos, el desprecio por la protección del medio ambiente al tiempo que se confirman los temores de la sociedad civil acerca de las regulaciones que podrían desaparecer bajo la presión de Washington. La filtración de Greenpeace corrobora además las denuncias de un amplio sector de la opinión pública del Viejo Continente: la Unión Europea está negociando con un perfil sumiso en medio de una opacidad constante.
Los documentos abarcan 13 capítulos y permiten entender mejor la mecánica de esta negociación que se inició hace tres años y medio. En lo más estricto, se trata de los textos que sirvieron de contexto para la decimotercera ronda de negociaciones que se llevó a cabo en Nueva York entre el 25 y el 29 de abril de 2016. Su difusión es tanto más impactante cuanto que ni siquiera los parlamentarios de la Unión Europea habían sido autorizado a a acceder a ellos. Hasta ahora –y ese fue uno de los principales cuestionamientos contra el TTIP– se desconocía tanto la posición de la Unión Europea como la de la administración de Barack Obama. Greenpeace advierte al respecto que si “para ustedes es una preocupación el medioambiente, la situación de los animales, los derechos laborales o la privacidad en internet, deberían preocuparse por lo que revelan estos documentos. (...) El TTIP equivale a una enorme transferencia de poder desde las personas hacia las grandes empresas”. Su lectura –hasta ahora inaccesible– prueba cómo Estados Unidos ejerce múltiples presiones para que Europa baje los niveles de su regulación en campos como la salud, el medio ambiente, la agricultura, la alimentación o las barreras comerciales. El borrador sintetiza así mismo distancias insalvables y “discusiones muy difíciles”, sobre todo en lo que atañe la industria de los cosméticos. En Europa se prohíbe por ejemplo el recurso a animales en los test que se llevan a cabo en laboratorio, pero en Washington están autorizados. Esta diferencia figura en el borrador, donde los europeos dicen que ven “muy estrecha la eventualidad de que se fije una posición común”.
Pero lo más sobresaliente de estas 248 páginas está en la evidente intención de prolongar el contenido del TTIP, o sea, los esquemas normativos, y aplicarlos al resto del planeta. Hay párrafos sorprendentes. En una de las páginas se trasluce la posición de la Comisión Europea, para la cual sólo el gobierno de Estados Unidos tiene competencia para determinar los esquemas regulatorios. La filtración despeja además las sombras sobre el papel preponderante de los lobbies, que se inmiscuyen de forma cruzada en las discusiones. Cuando ambas partes abordan el tema tarifario aplicable a los productos químicos, los negociadores suspenden el diálogo para realizar consultas con el sector patronal de las grandes empresas: “Estados Unidos expone que debe hacer consultas sobre su posición con la industria química”. Peor aún, en el capítulo agrícola, las ofertas que antepone la Unión Europea están articuladas en torno a “la posición común de la industria europea y norteamericana”. Por esta razón, en la presentación del borrador, Greenpeace escribe que “el sector empresarial cuenta con oportunidades de participar en las decisiones que se toman”. Los sindicatos ya habían adelantado denuncias sobre esta dependencia de los Estados con respecto al sector privado. La prueba es irrefutable. Tan irrefutable como las concesiones impensables de los europeos. Washington busca que las decisiones regulatorias que se toman en Europa sean “supervisadas” por la administración norteamericana sin “garantía alguna de reciprocidad”. Esto conduce a una amenaza sobre los elevadísimos estándares regulatorios de la UE en lo que toca a los pesticidas, los OGM o los productos químicos. La administración Obama juzga que esas normas constituyen “barreras para el comercio”.
En las relaciones internacionales, el cinismo es una condición deplorable pero constante. El cinismo de los dos bloques queda de manifiesto en el capítulo del borrador que se refiere al medio ambiente. Ambas partes, por ejemplo, pasan por alto el acuerdo sobre el clima firmado en París y los compromisos para bajar las emisiones de gases contaminantes. En resumen, los intereses de las corporaciones están por encima de la protección del planeta y de la salud. Jorge Riss, director de la oficina de Greenpeace en Bruselas, dijo que “las negociaciones deben detenerse porque no buscan el interés público europeo”. El TTIP leaks de Greenpeace pone en circulación ante las opiniones públicas de Europa y Estados Unidos el contenido de parte del acuerdo comercial más decisivo del siglo XXI que se negoció detrás de una cortina de confidencias absoluta cuando, en realidad, concierne la vida de más de 800 millones de personas. Lo que se intuía como nocivo resultó ser una realidad, incluso si los borradores admiten que de uno y otro lado del Atlántico existen “enfoques irreconciliables”. Lo más irreconciliable resulta la distancia que existe entre las expectativas de las sociedades y lo que imponen las corporaciones industriales.

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