viernes, 13 de mayo de 2016

BRASIL: DILMA LUCHARÁ CONTRA LOS USURPADORES DEL PLANALTO. ASALTO AL PODER EN BRASIL.

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UNASUR EN ALERTA POLÍTICA. ¿ SE VIENEN OTROS ASALTOS AL PODER?.
Tras la suspensión de la presidenta de Brasil Dilma Rousseff (foto junto a Lula) y frente a su posible destitución, el secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Ernesto Samper, expresó ayer que la decisión del Senado avanza hacia una ruptura del sistema democrático. Además, dijo que el organismo espera que la mandataria sea juzgada de acuerdo a las garantías de un estado democrático.
“Si se continúa en este proceso podríamos llegar a una ruptura que tendría que llevar a analizar a los países la aplicación o no de la cláusula democrática”, aseguró el ex gobernante colombiano en una rueda de prensa en la sede del organismo, en las afueras de Quito. Esa cláusula fue aprobada por la UNASUR en 2010, para responder en forma conjunta, o prevenir, intentos golpistas en la región, y contempla imponer sanciones al miembro que rompa el orden demócratico. “No hemos recibido ninguna solicitud para convocar una cumbre para examinar la situación política”, manifestó Samper, y agregó que Rousseff sigue en su condición de presidenta constitucional.
El secretario general consideró que en el proceso contra la mandataria brasileña no existen causas que comprometan su responsabilidad personal en algún delito. Por ello, cree que estas resoluciones podrían trasladarse de manera peligrosa en la región, ya que ningún presidente quedaría exento de ser encausado en el Congreso de su país y llevado a la destitución. “Queremos solicitar que se garantice el derecho a la defensa de Rousseff, ella tiene derecho al debido proceso, a las pruebas, a la oposición a las mismas y a presentar de una manera absolutamente discreta todas sus opiniones”, dijo Samper.
La suspensión de Dilma por 180 días despertó más reacciones en países, dirigentes y organismos de la región. En relación al Mercosur, formado por Brasil, Uruguay, Argentina, Venezuela y Paraguay, no hubo ayer una unidad con respecto a los comunicados emitidos por cada país. El canciller paraguayo, Eladio Loizaga, dijo que su gobierno respeta las decisiones institucionales de Brasil en relación al juicio político que enfrenta Rousseff. “Respetamos las decisiones institucionales de la República Federativa de Brasil”, declaró Loizaga. El canciller indicó que esa postura parte del principio respetado por el gobierno paraguayo de la no intervención en los asuntos internos de otros Estados.
En cambio, el Gobierno de Venezuela convocó ayer a sus partidarios a concentrarse en el centro de Caracas para manifestar su apoyo a la presidenta brasileña. La actividad fue convocada a las pocas horas de que se conociera la decisión del Senado de Brasil de dar luz verde al juicio político, y fue encabeza por el presidente Nicolás Maduro.
Uruguay remarcó que la crisis en el orden institucional brasileño impactará en forma negativa sobre el comercio de Uruguay con Brasil, en la negociación que mantienen el Mercosur y la Unión Europea (UE) para un acuerdo de libre comercio. El canciller Rodolfo Nin Novoa aseguró que Uruguay no emitirá ningún comunicado al gobierno que asume de forma interina. “Creo que algún efecto va a tener pero, de cualquier manera, es como si me preguntaran si la situación de inestabilidad política en España incide en el comercio con nosotros. La estructura de la oferta no cambia y, por el contrario, creo que todos los países vamos a tratar de mejorarla”, acotó.
De los integrantes de UNASUR, Ecuador abogó por la vigencia del orden constitucional. ``Ante la amenaza de una grave alteración del orden constitucional, de profundas consecuencias para el conjunto de la región, el Ecuador apela a la plena vigencia y preservación de las instituciones democráticas y los valores que la sustentan’’, expresó su cancillería. También mostró una profunda preocupación por la situación política en Brasil y respaldó a Rousseff.
Por su lado, el gobierno de Colombia llamó a la preservación de la estabilidad y la institucionalidad democrática en Brasil. ``En la actual coyuntura, Colombia confía en la preservación de la institucionalidad democrática y la estabilidad, fundamentos indispensables del estado de derecho, asegura un comunicado de la cancillería de Colombia. ``La estabilidad de Brasil es muy importante para toda la región por su influencia y liderazgo’’, resalta el texto. Por último, Chile se manifestó preocupado por los acontecimientos de los últimos tiempos en Brasil, y calificó de amiga a la presidenta Dilma Rousseff. “La democracia brasileña es sólida y los propios brasileños sabrán resolver sus desafíos internos. Chile reafirma su decidido respaldo al Estado de Derecho, los procesos constitucionales y las instituciones democráticas en Brasil y en cada uno de los países de América del Sur”.

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Dilma Rousseff salió del palacio y se dirigió a sus simpatizantes en la Plaza de los Tres Poderes.
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BRASIL: DILMA LUCHARÁ CONTRA LOS USURPADORES DEL PLANALTO.
Rousseff se despidió provisoriamente del gobierno, luego de que el Senado aprobara la apertura del Juicio Político.
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“Un gobierno que nace de un golpe, de un impeachment, nace de una elección indirecta”, dijo la mandataria brasileña que ayer debió tomar una licencia. Horas después, Michel Temer asumía con aires de presidente institucional bajo el lema “orden y progreso”.

Darío Pignotti
Desde Brasilia Página /12 viernes 13 de mayo del 2016.
Dos Planaltos. En el lapso de 5 horas, entre las 12 y las 17 de ayer el palacio de la presidencia brasileña estuvo ocupado por dos mandatarios: Dilma Rousseff electa para ese cargo hace menos de dos años con 54,5 millones de votos y Michel Temer, quien nunca se postuló para ser jefe de Estado. Y si lo hubiera hecho seguramente nunca habría llegado al Planalto ya que la última vez que midió su aprobación en el electorado conquistó 99.000 votos que le permitieron llegar con lo justo a la cámara de diputados en 2006.
Junto a su mentor político, Luiz Inácio Lula da Silva, idolatrado por la militancia que no paró de abrazarlo, Dilma Rousseff se despidió provisoriamente del Planalto luego de que el Senado aprobara la apertura del juicio político y en una sesión de más de 21 horas finalizada a las 6.30 de la mañana de ayer. La oposición obtuvo una victoria rotunda de 55 votos contra 22 para autorizar el inicio del proceso, lo que no autoriza ser optimista respecto de cómo se comportará esa misma cámara cuando tenga que decidir sobre la culpabilidad o inocencia de la procesada.
Durante el debate del senado el abogado general de la Unión, José Eduardo Cardozo, alertó a los parlamentarios de que Brasil “puede convertirse en la mayor de las república bananeras” si se perpetra un “golpe” a pesar de que se lo barnice con apariencia institucional.
Dilma estará de licencia por seis meses mientras se sustancia el proceso, período en el cual se dedicará a su defensa ante el tribunal formado en la Cámara alta y combatir junto a los movimientos sociales y el PT a la gestión encabezada por su vicepresidente, y ahora presidente interino, Michel Temer.
“El mayor riesgo que corre el país es el de ser dirigido por un gobierno de los sin voto, un gobierno que no fue elegido por el voto directo de la población, un gobierno que no tendrá legitimidad para proponer e implementar las soluciones que requiere Brasil. Un gobierno que nace de un golpe, de un impeachment, nace de una elección indirecta”.
“Estoy orgullosa de ser la primera mujer elegida y de haber ejercido el mandato de forma honesta, voy a luchar a través de todos los medios legales para ejercer mi mandato hasta el fin, hasta el 31 de diciembre de 2018.”
Dilma casi llora cuando dijo “estoy siendo juzgada injustamente”, antes de ser desplazada por el gobierno excepcional de Temer. Algunos funcionarios no ocultaban su desconsuelo. Era el caso de la secretaria de Estado Eleonora Mennicucci que se ubicó junto a Rousseff en el acto de despedida. Rousseff y Mennicucci son amigas desde que compartieron la misma celda del Presidio de Tiradentes, en San Pablo, a comienzos de los años 70 cuando ambas fueron presas por la dictadura a la que enfrentaron con las armas. Mennicucci es una antigua defensora de la igualdad de género y el derecho al aborto, lo que le granjeó la enemistad de la bancada evangélica que movió sus influencias para sacarla del gabinete.
Desde que comenzó la escalada destituyente contra Dilma, Mennicucci se convirtió en uno de los enlaces con los movimientos sociales y especialmente con las organizaciones feministas que esta semana movilizaron miles de activistas hacia Brasilia para dar su respaldo a la primera mujer presidenta. Según la profesora Mennicucci, su vieja amiga Rousseff es “víctima del machismo y preconcepto que todavía son defectos muy arraigados en la sociedad patriarcal brasileña que no consciente a una mujer ejerciendo el poder”.
Dilma y Lula salieron del palacio luego de 13 años de administraciones petistas y se dirigieron hacia la Plaza de los Tres Poderes, cerca de una inmensa bandera izada sobre un mástil de 100 metros de altura.
Unas 2000 personas los recibieron en la plaza, que es una inmensa plancha de cemento blanco, que parecía más blanco por el sol del mediodía.
La presidenta volvió a hablar, ya no sobre su destitución, sino sobre la convocatoria a la pelea por el restablecimiento democrático dando continuidad a las movilizaciones de los últimos meses “cuando ustedes le dijeron un no grande como Brasil al golpe”.
Orden y progreso.
El evento de toma de posesión de Michel Temer fue un ritual de transmisión del mando atípico: no contó con la presencia de la presidenta saliente para entregar la banda a su sucesor de facto.
Y ocurrió a puertas cerradas dado que en los alrededores del predio había decenas de manifestantes bramando “Fuera Temer”, sumados a un grupo de mujeres encadenadas a las gradas de seguridad, de donde fueron quitadas rudamente por la Policía Militarizada, que con más violencia aún desalojó a unos jóvenes que intentaban subir por la simbólica rampa que lleva hasta el acceso principal.
Adentro el jefe de estado accidental ponía en funciones a sus ministros (ver aparte) y emitía su primera medida de gobierno fue lanzar un programa de inversiones en los moldes del que exigían grandes grupos extranjeros.
En su discurso Temer fingió ser un presidente institucional eludiendo tocar las acusaciones de golpista. Habló de reducir el Estado, crear un “ambiente de negocios”, fomentar los valores religiosos y darle alegría al pueblo durante las Olimpíadas de agosto. Para lo cual propuso “que no se hable de crisis. ... nuestro lema es orden y progreso, la expresión de nuestra bandera no podría ser más actual en estos momentos”.
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La alegría y felicidad de los golpistas.
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ASALTO AL PODER EN BRASIL.
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Atilio A. Boron

Página /12 viernes 13 de mayo del 2016.
Una pandilla de bandidos tomó por asalto la presidencia de Brasil. La integran tres actores principales: por un lado, un elevado número de parlamentarios (recordar que sobre unas dos terceras partes de ellos pesan gravísimas acusaciones de corrupción), la mayoría de los cuales llegó al Congreso producto de una absurda legislación electoral que permite que un candidato que obtenga apenas unos pocos centenares de votos acceda a una banca gracias a la perversa magia del “cociente electoral”. Tales eminentes naderías pudieron destituir provisoriamente a quien llegara al Palacio del Planalto con el aval de 54 millones de votos. Segundo, un poder judicial igualmente sospechado por su connivencia con la corruptela generalizada del sistema político y repudiado por amplias franjas de la población del Brasil. Pero es un poder del estado herméticamente sellado a cualquier clase de contraloría democrática o popular, profundamente oligárquico en su cosmovisión y visceralmente opuesto a cualquier alternativa política que se proponga construir un país más justo e igualitario. Para colmo, al igual que los legisladores, esos jueces y fiscales han venido siendo entrenados a lo largo de casi dos décadas por sus pares estadounidenses en cursos supuestamente técnicos pero que, como es bien sabido, tienen invariablemente un trasfondo político que no requiere de mucho esfuerzo para imaginar sus contornos ideológicos. El tercer protagonista de esta gigantesca estafa a la soberanía popular son los principales medios de comunicación del Brasil, cuya vocación golpista y ethos profundamente reaccionario son ampliamente conocidos porque han militado desde siempre en contra de cualquier proyecto de cambio en uno de los países más injustos del planeta. Al separar a Dilma Rousseff de su cargo (por un plazo máximo de 180 días en el cual el Senado deberá decidir por una mayoría de dos tercios si la acusación en contra de la presidenta se ratifica o no) el interinato presidencial recayó sobre un oscuro y mediocre político, un ex aliado del PT convertido en un conspicuo conspirador y, finalmente, infame traidor: Michel Temer. Desgraciadamente, todo hace suponer que en poco tiempo más el Senado convertirá la suspensión temporal en destitución definitiva de la presidenta porque en la votación que la apartó de su cargo los conspiradores obtuvieron 55 votos, uno más de los exigidos para destituirla. Y eso será así pese a que, como Dilma lo reconociera al ser notificada de la decisión senatorial, pudo haber cometido errores pero jamás crímenes. Su límpido historial en esa materia resplandece cuando se lo contrasta con los prontuarios delictivos de sus censores, torvos personajes prefigurados en la Opera del Malandro de Chico Buarque cuando se burlaba del “malandro oficial, el candidato a malandro federal, y el malandro con contrato, con corbata y capital”. Ese malandraje hoy gobierna Brasil.
La confabulación de la derecha brasileña contó con el apoyo de Washington –¡imaginen cómo habría reaccionado la Casa Blanca si algo semejante se hubiera tramado en contra de alguno de sus peones en la región!– En su momento Barack Obama envió como embajadora en Brasil a Liliana Ayalde, una experta en promover “golpes blandos” porque antes de asumir su cargo en Brasilia, en el cual se sigue desempeñando, seguramente que de pura casualidad había sido embajadora en Paraguay, en vísperas del derrocamiento “institucional” de Fernando Lugo. Pero el imperio no es omnipotente, y para viabilizar la conspiración reaccionaria en Brasil suscitó la complicidad de varios gobiernos de la región, como el argentino, que definió el ataque que sus amigos brasileños estaban perpetrando en contra de la democracia como un rutinario ejercicio parlamentario y nada más.
En suma, lo ocurrido en Brasil es un durísimo ataque encaminado no sólo a destituir a Dilma sino también a derrocar a un partido, el PT, que no pudo ser derrotado en las urnas, y a abrir las puertas para un procesamiento del ex presidente Lula da Silva que impida su postulación en la próxima elección presidencial. En otros términos, el mensaje que los “malandros” enviaron al pueblo brasileño fue rotundo:
¡No se les vuelva a ocurrir votar a al PT o a una fuerza política como el PT!, porque aunque ustedes prevalezcan en las urnas nosotros lo hacemos en el congreso, la judicatura y en los medios, y nuestro poderío combinado puede mucho más que sus millones de votos.

Grave retroceso para toda América latina, que se suma al ya experimentado en la Argentina y que obliga a repensar que fue lo que ocurrió, o preguntarnos, en línea con el célebre consejo de Simón Rodríguez, dónde fue que erramos y por qué no inventamos, o inventamos mal. En tiempos oscuros como los que estamos viviendo: guerra frontal contra el gobierno bolivariano en Venezuela, insidiosas campañas de prensa en contra de Evo y Correa, retroceso político en Argentina, conspiración fraudulenta en el Brasil, en tiempos como esos, decíamos, lo peor que podría ocurrir sería que rehusáramos a realizar una profunda autocrítica que impidiera recaer en los mismos desaciertos. En el caso del Brasil uno de ellos, tal vez el más grave, fue la desmovilización del PT y la desarticulación del movimiento popular que comenzó en los primeros tramos del gobierno de Lula y que, años después, dejaría a Dilma indefensa ante el ataque del malandraje político. El otro, íntimamente vinculado al anterior, fue creer que se podía cambiar Brasil sólo desde los despachos oficiales y sin el respaldo activo, consciente y organizado del campo popular. Si las tentativas golpistas ensayadas en Venezuela (2002), Bolivia (2008) y Ecuador (2010) fueron repelidas fue porque en esos países no se cayó en la ilusión institucionalista que, desgraciadamente, se apoderó del gobierno del PT desde sus primeros años. Tercer error: haber desalentado el debate y la crítica al interior del partido y del gobierno, apañando en cambio un consignismo facilista que obstruía la visión de los desaciertos e impedía corregirlos antes de que, como se comprobó ahora, el daño fuera irreparable. Por algo Maquiavelo decía que uno de los peores enemigos de la estabilidad de los gobernantes era el nefasto rol de sus consejeros y asesores, siempre dispuestos a adularlos y, por eso mismo, absolutamente incapacitados para alertar de los peligros y acechanzas que aguardaban a lo largo del camino. Ojalá que los traumáticos eventos que se produjeron en Brasil en estos días nos sirvan para aprender estas lecciones.
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