martes, 13 de septiembre de 2016

OTRO PROCESO DE DESTITUCIÓN EN BRASIL. BRASIL EN TIEMPOS DE TEMER.

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BRASIL, OTRO PROCESO DE DESTITUCIÓN. LIMPIEZA DE CORRUPCIÓN. CUIDADO SE QUEDEN SIN POLÍTICOS.- Si el Diputado Eduardo Cunha ex presidente de la Cámara de Diputados, el verdadero artífice del inicio del Juicio de Destitución de la Presidenta Constitucional Dilma, - pensó que se quedaba sin problemas, con sólo haber sido destituido de la Presidencia – creo que se equivocó, ahora  Cunha está sospechado por sobornos en el escándalo de Petrobras y acusado de mentir al negar que tiene cuentas en Suiza. Si es investigado sin protección y manipulación alguna – del poder de turno hoy - debe ser echado de la Cámara, acusado de CORRUPCIÓN – demostrado – de haber vivido a expensas de los sobornos, dineros corruptos de la Empresa Petrobras y las Corporaciones globalizadas de la Construcción, sería el inicio de una Limpieza General de Políticos Corruptos de la Política Brasileña. Camino muy importante, con la finalidad de LIMPIAR de la CORRUPCIÓN la POLÍTICA  en BRASIL, pero corren un tremendo riesgo de quedarse en la presente etapa SIN POLÍTICOS. Porque tal es el veneno de la corrupción – no solo en la Política, el Poder Judicial, la Gran Prensa, etc. -  siguen  las denuncias de corrupción que no alcanzan las páginas disponibles de una Prensa Independiente y Respetable para poder acumular la información de tal grado de corrupción al cual han llegado las Instituciones y sus Representantes de turno. Pero Cunha no solo debe ser destituido, sino procesado y enviado a prisión, donde están hoy un “ramillete” de políticos y empresarios. Veremos el capítulo final.

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Eduardo Cunha, que inició el juicio contra Dilma, enfrenta su propia destitución en la Cámara de Diputados.




OTRO PROCESO DE DESTITUCIÓN EN BRASIL.
El Diputado Eduardo Cunha, artífice del Impeachment, contra Dilma, acusado por corrupción.
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Cunha está sospechado por sobornos en el escándalo de Petrobras y acusado de mentir al negar que tiene cuentas en Suiza.
Página /12 martes 13 de setiembre del 2016.
El diputado que inició el juicio de destitución de la ex presidenta brasileña Dilma Rousseff, Eduardo Cunha, afrontaba ayer una votación sobre su propia destitución. Reelegido diputado en los comicios de 2014 y elegido presidente de la Cámara en febrero del año siguiente, Cunha podría despedirse de su mandato parlamentario si sus pares en Brasilia aprueban el juicio que la Comisión de Etica de la casa le abrió por presunta corrupción, lo que parece ser lo más probable.
La Cámara de Diputados de Brasil preveía votar anoche sobre la revocación definitiva del mandato de Cunha, suspendido desde mayo por el Tribunal Supremo por acusaciones de que obstaculizó investigaciones de corrupción en su contra. La suspensión de su mandato entró en vigencia el 5 de mayo, menos de un mes después de que los diputados votaran a favor del impeachment de Rousseff.
En Brasilia se estima que una mayoría de la Cámara baja podría votar a favor de la destitución de Cunha, que fue oficialmente presidente del Parlamento hasta julio.
Cunha, correligionario del presidente Michel Temer en el centroderechista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), aceptó en diciembre, a trámite en la Cámara de Diputados, las denuncias que condujeron a la destitución de Dilma Rousseff.
La ex jefa de Estado y sus aliados acusan al otrora poderoso presidente de la Cámara de haber impulsado el juicio de impeachment en represalia por el apoyo del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de la mandataria a las investigaciones en su contra.
Cunha está bajo sospecha de haber recibido sobornos en el escándalo de corrupción en torno de la petrolera semiestatal Petrobras, investigado en una gigantesca operación policial conocida como Lava Jato. El político evangelista es en estos momentos uno de los principales objetivos de la investigación anticorrupción, considerada como la más grande en la historia de Brasil. Las acusaciones salpican tanto al PMDB como al PT, entre otras formaciones políticas.
El Consejo de Etica de la Cámara de Diputados acusa además a Cunha de mentir al haber negado que tiene cuentas bancarias en Suiza, como sostiene la investigación.
El diputado por el estado de Río de Janeiro reiteró sus acusaciones de que su destitución es una venganza de sus adversarios políticos. “Los defensores del PT quieren mi cabeza para tener su trofeo”, dijo Cunha en declaraciones al diario Folha de S. Paulo. “La versión del ‘golpe’ necesita mi destitución”, agregó.
Los aliados de Rousseff acusan a Cunha de ser uno de los principales artífices de la controvertida destitución de la presidenta, que consideran un “golpe parlamentario”.
El Senado brasileño destituyó hace dos semanas a Rousseff por acusaciones de que su gobierno maquilló el déficit público y aprobó créditos sin la autorización del Legislativo.
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 Está perdiendo la vista. No alcanza a mirar la corrupción que lo rodea y está copando todo su gobierno, producto del golpe de estado de la corrupción y la santa alianza. (Políticos, Jueces y poderosos Medios de Comunicación).
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BRASIL EN TIEMPOS DE TEMER.
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Eric Nepomuceno.-

Página /12 martes 13 de setiembre del 2016.

Hoy, Michel Temer cumple trece días como presidente efectivo de Brasil. Trece días, luego de casi cuatro meses como interino, mientras se desarrollaba en el Senado el juicio político que liquidó el mandato que Dilma Rousseff había conquistado, en 2014, por la vía del voto popular.
Para hacerse con su segundo mandato presidencial, Dilma Rousseff necesitó el voto de 54 millones 500 mil electores brasileños. Para hacerse presidente, Temer necesitó nada más que los 61 votos de senadores que decidieron, aunque no hubiese prueba alguna, que la mandataria cometió “crimen de responsabilidad”, lo que, según la Constitución, justificaría destituirla. Ha sido un golpe institucional.
Hoy también se cumplen trece días de incesantes marchas populares de protesta que se reproducen por todos el país, a los gritos de “¡Fuera Temer!”.
Algunas fueron multitudinarias, reuniendo cien mil personas. Otras, más modestas, reuniendo dos, tres mil. Hubo represión violenta en varias ciudades brasileñas, especialmente en San Pablo, la mayor ciudad del país, como una especie de advertencia de lo que podrá pasar.
En un solo día –el 7 de septiembre, fecha en que se conmemora la independencia– Temer logró ser abucheado cuatro veces. Una, en el desfile formal en Brasilia, y otras tres en Río. Pese a que su presencia ni siquiera había sido anunciada (a pedidos del gobierno), en la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos hubo tres silbatinas poderosas. Dos, de manera espontánea, y otra cuando Temer cometió la temeridad de hablar frente a unas 70 mil personas en el Maracaná.
A esta altura, Temer sabe que, entre otros muchos problemas que lo esperan, está el rechazo mayoritario en la opinión pública brasileña. Los sondeos indican que más del 70 por ciento exige elecciones inmediatas, y que él cuenta con solamente el 9 por ciento de respaldo. Hay fuertes indicios de que las marchas de protesta proseguirán. El problema de Temer es que, tan pronto empiece a implantar las medidas de ajuste que son anunciadas gota a gota, ese rechazo seguramente aumentará. Sus ministros no logran hablar en actos abiertos sin ser acompañados por un coro unísono de “¡Golpista!”.
 

 Que simpática pareja de políticos. Quienes son? Nada menos - que entrañable amistad - que el "Presidente" Temer de Brasil y el Vice Presidente de Estados Unidos señor Joe Biden. Que tal felicidad? Al fin capturaron el Gobierno. Se lo merecen. Buenos representantes de la Democracia?.
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Además, cada marcha deja claro que el tema no es pedir el retorno de Dilma Rousseff, que tampoco sería solución alguna, sino de rechazar la forma como, sin contar con un mísero voto popular, Temer y su banda se apoderaron del gobierno.
Hoy por hoy, se instaló en la conciencia de todos que existen sobradas dudas sobre la legitimidad jurídica de las acusaciones que llevaron a la destitución de Dilma Rousseff. En un primer momento, tanto Temer como algunos de sus más poderosos ministros, al referirse a las manifestaciones de protesta, lanzaron frases despectivas. De inmediato se dieron cuenta del efecto contrario provocado por su soberbia. Las manifestaciones crecieron.
Ahora, en el gobierno existe una palpable preocupación: de persistir, el clima de rechazo podrá extenderse, amenazando el equilibrio político buscado por Temer y su grupo. Además, el PT siempre ha sido ducho en la oposición, y por más hondo que haya sido el desgaste sufrido, viene dando claras muestras de que todavía tiene amplio espacio en las calles y mucha fuerza de convocatoria.
En ese cuadro, ¿cómo convencer a los brasileños de que las medidas que se pretende imponer de manera clara –para no mencionar a las que vienen protegidas por las sombras– son la vía de la salvación?
Otro punto débil en la estrategia de un gobierno que nace rechazado mientras busca una poco probable legitimación es la comunicación. De cada cinco anuncios lanzados a bocajarro por los ministros, tres provocan un desastre inmediato. La semana pasada se anunció, por ejemplo, una reforma en la legislación laboral, aumentando de 40 a 48 horas semanales la jornada de trabajo. Es como volver a los años 30. Además, será permitida la contratación por horas trabajadas, sin ninguna de las muchas garantías de la legislación. Es el resultado de la presión del gran empresariado, que ha sido una de las fuerzas más poderosas fomentando el golpe institucional consumado el pasado 31 de agosto. Y que tendrá como consecuencia inmediata la durísima resistencia de las centrales sindicales.
Las medidas económicas tan ansiadas por el mercado financiero significarán, entre otros puntos, el mantenimiento de las más elevadas tasas básicas de interés en el mundo. La imposición de un tope a los gastos públicos, parte del proyecto de achicar al máximo el tamaño del Estado, significará un durísimo ajuste en los recursos destinados a la salud y la educación, para no mencionar a los programas sociales implantados a lo largo de los últimos 13 años, y que beneficiaron a decenas de millones de brasileños.
La fragilidad de la alianza que impuso la destitución de la mandataria legítimamente electa será otro obstáculo para Temer.
Existe, en Brasil, una tensión palpable en el aire. Para mantenerse en el gobierno, Temer tendrá de hacer milagros en la economía. El problema es que, a esta altura, creer en milagros es algo que no forma parte del cotidiano de los brasileños.
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