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“El dinero es el eje central de todo en nuestro mundo porque
gran parte de la vida se ha mercantilizado y se ha sometido a la
disciplina del mercado capitalista. El agua se embotella y
el aire se acondiciona, mientras que la nostalgia por el trueque permanece
al margen de todas las negociaciones. El dólar se cierne sobre
nosotros, y detrás de él se encuentra el vasto arsenal militar
de Estados Unidos y la voluntad política de usar esa fuerza para
defender su moneda. Cuando Washington Irving escribió sobre “el
dólar todopoderoso” en La aldea criolla (1837), la frase
era prematura. En nuestra época ha llegado a sentirse casi natural.
La riqueza de los países del Sur Global ricos en recursos sale en
dólares y regresa en forma de deuda, mientras que las ciudades
irreales del dinero como Londres y Nueva York resplandecen con la
riqueza social del mundo. Pero hay un estremecimiento aquí y allá, como
indica nuestro dossier. No queremos exagerar la realidad de la desdolarización. Queremos
mostrar cómo el régimen del dólar sigue operando hoy, cómo se ha
debilitado y por qué permanece estructuralmente intacto.
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Fuentes: Instituto Tricontinental de Investigación Social - Imagen: Mark Wagner (Estados Unidos), "Fit for a King" (A la altura de un rey), s.f.
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EL LARGO ADIÓS AL DÓLAR ESTADOUNIDENSE.
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Por Vijay Prashad | 27/07/2026 | Economía, EE.UU.
Fuente, Revista Rebelión lunes 27 de julio del 2026.
El dólar puede parecer una moneda
neutral, pero en realidad es una forma de poder imperial que disciplina
economías, financia guerras y obliga al Sur Global a costear su propia
subordinación.
Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de
Investigación Social.
Hay momentos en la historia en los que
un sistema parece tan completo que cuesta imaginar su fin. Cuando Gran Bretaña
“dominaba los mares”, en
gran parte del mundo se consideraba que la libra esterlina no era
simplemente una moneda, sino el lenguaje natural del comercio en sí mismo. Desde
mediados del siglo XX, Estados Unidos ha hablado del dólar estadounidense de
manera muy similar. Escribiendo en 1980, en medio de la crisis del
orden post-Bretton Woods, el economista argentino Raúl Prebisch observó que
“en Estados Unidos imperaba la ilusión del dólar todopoderoso”. Sin
embargo, para entonces no se trataba solo de una ilusión estadounidense. El
dólar ya se había convertido en la principal moneda de reserva
del mundo y en la divisa dominante del comercio internacional. Ahora
esa ilusión ha comenzado, lenta y desigual, a desmoronarse.
Nuestro último dossier, La arquitectura del poder: el dólar, la
financiarización y la lucha por la soberanía, muestra que el dólar no es
meramente dinero, sino una institución de poder imperialista. El sistema
del dólar organiza el comercio, determina el acceso al crédito,
disciplina a los gobiernos, financia la guerra y reproduce una
jerarquía entre el Norte Global y el Sur Global. El debate sobre
el dólar no es, por lo tanto, una cuestión de preferir una moneda
a otra, el dólar sobre el renminbi (RMB) o el euro, sino de si la humanidad
puede construir un orden monetario internacional que sirva al desarrollo
en lugar de a la dominación.
La tentación en los últimos años ha sido responder a esta pregunta
de manera demasiado precipitada. Cada acuerdo bilateral liquidado en
RMB en lugar de dólares, cada anuncio de los BRICS+ sobre comercio
en monedas locales, cada aumento de las compras de oro por parte de
los bancos centrales ha sido saludado con declaraciones de
que la desdolarización ha llegado. Los titulares son seductores,
pero la realidad es considerablemente más compleja. Una de las grandes
fortalezas de nuestro dossier es su negativa a confundir el deseo
político con la realidad económica.
Al mismo tiempo, algo profundo ha
cambiado. Estados Unidos
ha transformado cada vez más el dólar, de ser un instrumento de intercambio
a una herramienta de coerción. Las sanciones financieras,
el congelamiento de reservas soberanas, la exclusión de los sistemas
de pago y la militarización de las finanzas internacionales han
demostrado a los gobiernos de todo el Sur Global que la dependencia
del dólar conlleva crecientes riesgos políticos. Cuando aproximadamente
la mitad de las reservas de divisas de Rusia fueron congeladas,
muchos ministerios de finanzas en todo el mundo se hicieron en
silencio una pregunta que antes parecía casi inimaginable: si
esto puede pasarle a Rusia, ¿por qué no a nosotros? El dólar, antes presentado
como políticamente neutral, ha revelado estar profundamente
incrustado en los objetivos estratégicos de Estados Unidos.
Sir Grayson Perry (Reino Unido), Comfort
Blanket [Manta de consuelo], 2014.
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El dólar sigue dominando la economía
mundial no porque
Estados Unidos produzca la mayor parte de los bienes del mundo, que no
es así, ni porque represente la mayor parte del comercio
mundial, que tampoco es así. En realidad, el dólar domina la economía
mundial porque el sistema financiero internacional se articula en
torno a él y porque los mercados construidos a lo largo de generaciones
producen inmensos efectos de red. Las monedas de reserva no pueden reducirse
a medios de intercambio. También son reservas de valor, unidades de cuenta,
mecanismos de liquidación y los cimientos sobre los que se construyen
vastos mercados financieros. Los gobiernos tienen dólares
porque otros gobiernos los usan y los bancos prestan en dólares
porque los prestatarios esperan devolverlos en esa moneda. Como
demuestra cuidadosamente el dossier, el dólar sigue
representando la mayor parte de la fijación de precios de las materias
primas, las transacciones de divisas, las reservas oficiales y el
financiamiento del comercio, aunque el peso económico relativo de EE. UU.
haya disminuido constantemente. Esta contradicción, entre el
menguante peso productivo de Estados Unidos y el papel central
que sigue desempeñando el dólar, es lo que otorga urgencia al debate
sobre la desdolarización.
Si bien gran parte del dinamismo
industrial del siglo XXI
se concentra ahora en Asia más que en el Atlántico Norte, las finanzas
siguen organizadas en torno a Wall Street. La producción y las finanzas
operan en distintas regiones geográficas y esa divergencia no
puede resolverse automáticamente. La apertura de una bóveda de oro
en Hong Kong, por ejemplo, demuestra la rápida expansión de la infraestructura
de almacenamiento y comercio de lingotes en Asia, pero esos avances
no crean por sí mismos un nuevo orden monetario. Gran Bretaña
siguió siendo el centro financiero del mundo mucho después de que su
supremacía industrial se erosionara, y del mismo modo EE. UU. sigue
gozando del “privilegio desmesurado” mediante el uso
global del dólar mucho después de que su participación en la manufactura
se haya desplomado. La pregunta decisiva no
es si el sistema del dólar está en declive (lo está), sino qué
podría reemplazarlo de manera realista.
Sin embargo, la transición más allá del dólar no dependerá
solo de cambios económicos, sino también de la innovación y construcción
institucional. En su reciente artículo “Geopolitics and
International Money – A Path to a New Reserve Currency” [Geopolítica y
dinero internacional: un camino hacia una nueva moneda de reserva], el
exdirector ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y exvicepresidente del
Nuevo Banco de Desarrollo, Paulo Nogueira Batista, Jr., plantea la
pregunta:
¿qué arquitectura institucional se
requeriría para construir una alternativa al sistema del dólar? Nogueira
Batista sostiene que el RMB no reemplazará simplemente al dólar, lo
que no sería ni probable ni deseable.
El gobierno chino tiene poco interés
en tal movimiento porque
exigiría una liberalización mucho mayor de la cuenta de capital,
permitiendo que el capital entre y salga de China con mayor libertad.
Esto podría exponer al país a flujos financieros desestabilizadores,
elevar el valor del RMB, encarecer las exportaciones
chinas y debilitar precisamente las ventajas productivas que
han hecho posible el desarrollo de China. El economista chino Yu
Yongding ha presentado importantes propuestas para expandir el uso
internacional del RMB, incluso en el contexto de los debates de los
BRICS+ sobre la desdolarización. Sin embargo, incluso estas propuestas
no sugieren reemplazar la hegemonía monetaria estadounidense por la hegemonía
monetaria china.
A lo largo de la última década, los
sistemas bilaterales
y multilaterales de liquidación de divisas se han expandido rápidamente.
Estos incluyen: el Sistema de Transmisión de Mensajes Financieros de
Rusia (SPFS por su sigla en inglés), desarrollado en 2014; el
Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo de China (CIPS por su
sigla en inglés), puesto en marcha en 2015; marcos de liquidación en
monedas locales como el acuerdo entre Indonesia, Malasia y Tailandia
establecido en 2018; acuerdos de bancos centrales que permiten a los
países acceder a las divisas
de otros en momentos de necesidad y cuentas especializadas, como las
cuentas K de Gazprombank, que permiten que ciertos pagos
transfronterizos eludan los canales basados en el dólar. Aunque
estos instrumentos aún no han reemplazado al sistema del dólar,
son parte de la infraestructura a partir de la cual podría surgir
un nuevo orden financiero.
Nogueira Batista presenta un plan más ambicioso de
construcción gradual y colectiva de un nuevo activo de reserva
por parte de una coalición de países del Sur Global, respaldado por una
nueva institución internacional y diseñado exclusivamente para liquidaciones
internacionales y tenencias de reservas, no para la circulación
doméstica. Tal moneda no aboliría las monedas nacionales, pero
funcionaría como un instrumento de reserva común capaz de reducir
la dependencia del dólar. Como sostiene nuestro dossier, la importancia
de las alternativas institucionales al dólar no reside en el
reemplazo inmediato de un marco monetario por otro, sino en la
construcción de infraestructuras duraderas capaces de potenciar la
emancipación de la humanidad.
No obstante, las instituciones por sí
solas no agotan
la cuestión más profunda. El debilitamiento del orden centrado en el dólar
plantea un problema mayor que el diseño de una nueva moneda de reserva
o una arquitectura de pagos diferente. El principal problema no es solo
monetario, sino de desarrollo. Las instituciones que surgieron después
de la Segunda Guerra Mundial organizaron las finanzas globales en
torno a la protección de la riqueza más que a la transformación
de la producción, fomentando la especulación mientras restringían la
industrialización en gran parte del mundo antes colonizado. Un nuevo
orden monetario debe ser juzgado, por lo tanto, no solo por la estabilidad
del tipo de cambio, sino
por su capacidad para financiar la transformación estructural, la
actualización tecnológica, la soberanía alimentaria, la transición ecológica
y el empleo digno. Los controles de capital, los bancos de desarrollo,
los sistemas de pago y los activos de reserva deben servir para expandir
las capacidades productivas en lugar de acumular activos financieros.
En este sentido, el sucesor del régimen del dólar no puede simplemente
reemplazar una moneda internacional por otra. Debe integrar las
finanzas dentro de una arquitectura más amplia del desarrollo, de
modo que la cooperación monetaria se convierta en un instrumento para
la prosperidad compartida, el desarrollo soberano y la reducción de la
desigualdad global.
El dinero es el eje central de todo en
nuestro mundo
porque gran parte de la vida se ha mercantilizado y se ha sometido a
la disciplina del mercado capitalista. El agua se embotella y el aire
se acondiciona, mientras que la nostalgia por el trueque permanece al margen de
todas las negociaciones. El dólar se cierne sobre nosotros, y detrás de
él se encuentra el vasto arsenal militar de Estados Unidos y
la voluntad política de usar esa fuerza para defender su moneda.
Cuando Washington Irving escribió sobre “el dólar todopoderoso”
en La aldea criolla (1837), la frase era prematura. En nuestra
época ha llegado a sentirse casi natural. La riqueza de los países del
Sur Global ricos en recursos sale en dólares y regresa en
forma de deuda, mientras que las ciudades irreales del dinero
como Londres y Nueva York resplandecen con la riqueza social del mundo.
Pero hay un estremecimiento aquí y
allá, como
indica nuestro dossier. No queremos exagerar la realidad de la desdolarización.
Queremos mostrar cómo el régimen del dólar sigue operando hoy, cómo
se ha debilitado y por qué permanece estructuralmente intacto.
Cordialmente,
Vijay
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