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AMERICA LATINA, NUESTRA
AMERICA. LA PATRIA GRANDE. VIVA LA DEMOCRACIA DIRECTA Y LA VIDA DE LOS PUEBLOS
DEL MUNDO. LULA DA SILVA ES REELECTO PRESIDENTE DE BRASIL TRAS UNA REMONTADA
HISTÓRICA FRENTE A FLÁVIO BOLSONARO. Viva el Partido de los Trabajadores
del Brasil. Lula por siempre serás un defensor mundial de la Vida y la Democracia
de los pueblos del mundo. ¿Contra todos los pronósticos,
Lula da Silva concretó una épica remontada y será presidente por cuarta vez.
Dio vuelta los resultados de la primera vuelta por primera vez en la historia
del país y le ganó por más de tres puntos a Flávio Bolsonaro, que no reconoció
los resultados. El triunfo sobre la ultraderecha apoyada por Trump tendrá un
fuerte impacto en el equilibrio regional?.
“LA renovación de la promesa. La
continuidad del proyecto del Partido de los Trabajadores abre un nuevo capítulo
en la disputa ideológica sudamericana, en medio del avance de fuerzas
conservadoras y de las tensiones con gobiernos como los de Javier Milei y Donald
Trump. El nuevo periodo presidencial estará condicionado por la fragmentación
política, el peso de la derecha en el Congreso y las dificultades fiscales. LUIZ INÁCIO LULA DA SILVA continuará al frente de la
Presidencia de Brasil tras imponerse a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta
electoral con el 51,79% de los votos, en una remontada que redefine el
escenario político del país. El resultado representa un nuevo respaldo al líder
del Partido de los Trabajadores (PT), quien afrontará un cuarto mandato con
desafíos en materia económica, social y de seguridad. Los brasileños "fueron a votar porque
logramos convencerlos de que el voto era muy importante para garantizar la
democracia" en Brasil, dijo Lula en sus primeras declaraciones. El
mandatario reelecto dijo además que los votantes vencieron "la
intromisión" desde el extranjero de las plataformas digitales, y prometió
regularlas. Fuente. Página /12 y La república. 26/10/2026/.
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Seguidores de Lula da Silva celebran la victoria del líder histórico del PT. AFP -. AFP.
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LULA GANÓ CÓMODO EN UNA
REMONTADA HISTÓRICA.
La victoria del líder
brasileño puso un freno a la ultraderecha.
Lula ganó y perdió Bolsonaro,
pero también Milei y Trump.
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El presidente consigue un cuarto mandato tras vencer a Flávio Bolsonaro con más de cuatro millones de votos. “Esta elección fue una derrota del negacionismo”, celebró.
Página12 en Brasil.
Por Gustavo Veiga.
Desde San Pablo lunes 26 de octubre del 2026.
Brasil detuvo a la extrema derecha, la puso
en pausa. Bajó los decibeles de su violencia dialéctica, de su crueldad
manifiesta, su xenofobia y su racismo, y transformó a Lula en presidente por un
mandato más. El cuarto de su extensa y rica trayectoria política. Fue posible
porque, entre el primer turno y el segundo, consiguió aumentar en más de 10
millones de votos su caudal electoral. Una avalancha de sufragios. También una
bocanada de aire fresco recorre América Latina entre tanto trumpismo rancio y
algorítmico, de redes cloacales más que sociales, donde el PT también dio su
batalla cultural entre la primera vuelta y el balotaje. La remontada del
histórico dirigente del PT se produjo y derrotó a Flavio Bolsonaro, como lo
había hecho con su padre cuatro años antes. Pero su rival pidió la anulación de
las elecciones. “Es imposible reconocer el resultado”.
La página de la Justicia Electoral colocó una
inscripción con los comicios resueltos:” “Elección definida matemáticamente”.
Faltaba todavía poco más del 3 por ciento de las urnas por escrutar. Los
números casi cerrados eran 64.136.514 votos contra 59.767.869 de su rival. Una
diferencia de 4.368.645 sufragios. En porcentajes: 51,70 por ciento contra
48,22 %.
Con la voz tomada, Lula dijo sus primeras
palabras:
“Tenemos el menor número de
abstenciones y voto nulo en la historia del país y tengo que agradecer a la
militancia y al pueblo brasileño por su generosidad. A la generosidad de la
juventud para defender la democracia”. Y agregó, de forma contundente: “Esta
elección fue una derrota del negacionismo”. Además, dijo que “tuvimos que
vencer la intromisión extranjera”, en relación a la denuncia del PT sobre el
favoritismo de Meta por la extrema derecha.
La fuerza de la movilización, de los
ciudadanos de a pie, transversal y no ceñida a un sector social determinado, lo
hizo posible. El oficialismo ganó por paliza en el Nordeste, pero también en
Minas Gerais, en el centro este del país, donde el perdedor había cerrado su
campaña e incluso derrotado a Lula en el primer turno. Un estado clave porque
se trata del segundo más poblado con algo más de 21 millones de habitantes,
pero lejos de San Pablo que casi posee la misma población de Argentina.
La victoria de Lula, con más luz que la
estimada en los sondeos previos, en encuestas que mayoritariamente incluso
siempre lo dieron por debajo, también fue letal para la credibilidad de ciertos
consultores que indujeron el voto hacia la oposición de ultraderecha. El
presidente argentino Javier Milei deberá desandar el camino del agravio, de una
motosierra que empezó a quedarse sin filo y que la tijera de su amigo Bolsonaro
intentó emular con su política de recorte al presupuesto social, o al estilo de
estado destruido desde adentro.
Con el triunfo del PT, es el Brasil movilizado que abre una ventana de ilusión a los países vecinos y que detiene el ímpetu de las usinas reaccionarias. Las de Milei, De la Espriella en Colombia, Bukele en El Salvador y, por supuesto, Trump y su secretario de Estado Marco Rubio.
Particularidades
de Brasil.
La elección tuvo una peculiaridad geográfica.
Promediaba el escrutinio y Lula lideraba en solo una región de las cinco en que
se divide el país: el Nordeste. Perdía en las restantes cuatro, incluso la más
populosa del centro este, donde están San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais,
los estados de mayor población. También caía, como finalmente sucedió, en el
sur, por escasísimo margen en el norte y en el centro oeste, la zona más
agropecuaria. A las 20.46, exactamente, el sitio de la justicia electoral que
se actualizaba de manera sostenida y minuto a minuto, daba al presidente una
diferencia que parecía consolidarse de más de dos puntos porcentuales con casi
el 80 por ciento de las urnas escrutadas.
Fue un momento clave, casi un parteaguas, y
coincidió con las demostraciones callejeras vecinas a la avenida Paulista de
los partidarios del histórico dirigente. La virada (remontada en español),
hecha carne en el electorado y la militancia del PT, comenzaba a tomar forma.
Aunque transcurridas dos horas después del
cierre (a las 21), la diferencia de Lula sobre Flavio se extendía de a poquito,
esa curva ascendente no permitía cantar victoria en el oficialismo. Todo estaba
por definirse. No era decisiva la ventaja en comicios tan parejos, pero sí ya
hacía pensar que el pueblo brasileño cambiaría la tendencia histórica y esta
vez un perdedor en primera vuelta podía debutar como ganador en la segunda.
Lula fue el primero en batir ese récord.
Un balotaje que, en términos futbolísticos,
el periodista deportivo Dante Panzeri hubiera definido como “dinámica de lo
impensado”.
Un
hecho inédito.
Cuando a las 17 se cerraron las urnas
electrónicas y empezó el conteo, se produjo una distopía electoral. A las
denuncias del oficialismo de que en dos grandes ciudades, San Pablo y Salvador
de Bahía, había presunción de fraude por entorpecimiento de la votación –sobre
todo por escasez de transporte–, siguió la prórroga de dos horas otorgada por
el juez Cristiano Zanin, del Supremo Tribunal Federal (STF), la corte
brasileña.
¿Qué había sucedido antes? El máximo
responsable de la justicia electoral, Kassio Nunes Marques, un magistrado de
vínculo estrecho con el bolsonarismo, había cerrado los comicios como estaba
establecido. Pero de manera deliberada, ignoró un dato clave. Durmió por más de
tres horas el pedido del presidente Lula para que se extendiera el horario
hasta las 19. Entre Nunes Marques y Zanin, que dijo sí a la solicitud, medió
una situación que dio paso a la confusión y el escrutinio quedó momentáneamente
suspendido hasta que se cumplieran las dos horas.
En el búnker del PT ubicado en el hotel
Intercontinental, superpoblado por periodistas de distintas nacionalidades,
hubo incertidumbre, preguntas sin respuestas y una vigilia que combinaba
especulaciones con información no comprobada sobre la continuidad del proceso
electoral. Finalmente, el conteo de los votos se reanudó y el porcentaje del
0,25 por ciento de los sufragios escrutados hasta la interrupción empezó a
crecer de nuevo. Con Lula en la delantera, pero el exsenador Bolsonaro muy
cerca en las cifras.
El hijo del expresidente pasó al frente
minutos antes de las 20 cuando venía abajo por alrededor de dos puntos desde la
reanudación del escrutinio. Indicio, al fin, de la paridad de una elección que
nunca fue tan reñida en la historia democrática de Brasil. Ni siquiera en 2022,
cuando Lula enfrentó y superó a Jair Bolsonaro.
El senador del Partido Liberal (PL) y
coordinador de la campaña de Flavio señaló sobre la postergación:
El nivel de intervención de
algunos magistrados del Supremo es impresionante”. Se refería a Zanin, que
primero había concedido la extensión para Bahía y después para todo el
territorio nacional. Desde el PT se argumentaba algo semejante sobre el papel
que jugó Nunes Marques, un juez designado por Jair Bolsonaro en 2020 para que
controlara la justicia electoral.
El retraso que demoró la votación, inducido
por el contrapunto entre dos magistrados, generó zozobra, disparó críticas
cruzadas y prolongó la vigilia de un desenlace digno de una novela costumbrista
de Jorge Amado. Un epílogo que parecía un partido de fútbol cambiante, donde
Lula empezó adelante, lo pasó Bolsonaro y, casi una hora y media después de
terminada la prórroga electoral, el presidente había retomado la delantera,
como un buen definidor de área. Daba la sensación de que cualquiera pediría “la
hora referí”, cuando los porcentajes los favorecían.
Como fuere, se trató de una elección donde el
protagonismo lo tuvo la gente común, los seres anónimos del Brasil profundo y
marginal, en la amplia geografía de un país multicultural, donde Lula ha sido
un personaje omnipresente desde finales de la dictadura. Un político con un
recorrido como ganador o perdedor, pero que lo coloca en la historia más grande
de nuestra América Latina.
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LULA GANÓ Y PERDIÓ BOLSONARO,
PERO TAMBIÉN MILEI Y TRUMP.
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Lula da Silva votó en un colegio electoral de
São Bernardo do Campo. EFE. EFE
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Por. Emir Sader.
Sociólogo, Dr. En Ciencias Sociales.
Desde Río de Janeiro.
Fue una larga campaña, con muchas idas y
vueltas, con una danza de encuestas para todos los gustos. Pero, al final, fue
una linda campaña, una gran fiesta popular. Lula recorrió todo el país, con
varias docenas de actos de norte a sur de Brasil. Nunca renunció a que la
campaña se hiciera con el contacto directo con la gente, más allá del
reconocimiento del rol estratégico de la disputa en las redes. Lula será el
presidente democrático con más tiempo en el gobierno en toda la historia de
Brasil, sin nunca dejar de ser un líder sindical.
Fue una gran victoria de la izquierda, una
gran derrota de la extrema derecha. Aunque el país salga dividido en dos partes
casi iguales, solo Lula tiene la capacidad de reunificar el país. Porque sabe
que lo que atiende a las necesidades de la gente no es la prioridad del ajuste
fiscal, sino la extensión de los derechos sociales a todos.
Lula sale fuerte, más fuerte, de la campaña.
Como el principal dirigente político de la historia de Brasil, pero también
como un gran dirigente latinoamericano y mundial. Pierde la derecha brasileña,
pero pierden también Donald Trump y el nuevo bloque de la extrema derecha
latinoamericana, incluido Javier Milei.
¿Qué ha pasado en Brasil en tres semanas que
ha alterado tan radicalmente la decisión de los brasileños? La movilización y
el ingreso de lleno a la política de millones de jóvenes, hasta hace poco
desinteresados de la política. Hasta que han decidido hacer su política, su
forma de hacer política, cuando se dieron cuenta de que lo que estaba en juego
no era una disputa entre partidos, sino que la democracia estaba en riesgo. La
democracia como condición de su existencia como jóvenes libres. Ahí salieron a
promover las más grandes movilizaciones populares que el país ha conocido.
No es excesivo decir que el mundo miraba
hacia Brasil. Por la importancia que el país ha adquirido con la presidencia de
Lula, pero también porque la extrema derecha apostó a que aquí podría imponerse
y derrotar al que se ha vuelto el principal dirigente político de la izquierda.
El país sale dividido. No será fácil
dirigirlo, aún más que está dividido entre posiciones radicalmente distintas y
contradictorias. Pero si alguien puede gobernar para todos y reunificar el
país, esa persona es Lula, con un programa que atiende a las necesidades de
todos.
De todas maneras, no solo Lula ganó, sino que
el hijo de Bolsonaro perdió. La izquierda venció y la derecha, en su versión
más radical, perdió.
Los ojos, a partir de ahora, se concentran en
Argentina, en las elecciones de aquí a un año, cuando el país podrá salir del
gobierno neoliberal de Javier Milei y tener un presidente que restablezca la
alianza estratégica con Brasil, establecida desde 2003, con el abrazo fraternal
de Lula con Néstor.
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