&&&&&
"Derrocar a un dirigente de izquierda en Brasil habría sido un premio enorme para la «Doctrina Donroe» de Trump. En cambio, el resultado ha puesto de manifiesto los límites de su poder para reconfigurar la política incluso en lo que Estados Unidos considera su propio «patio trasero». Mientras tanto, el gobierno de Lula ha respondido con firmeza, acusando formalmente a Washington de interferir en las elecciones y denegando visas a dos funcionarios estadounidenses a los que señaló como participantes en esas maniobras, entre otras medidas. Ante la negativa de Trump a reconocer la victoria de Lula, un exasesor del presidente brasileño le restó importancia. «El mundo entero ya se ha pronunciado. Estados Unidos no puede oponerse al resultado electoral», afirmó, antes de señalar que Brasil estaba preparado para mantener una mala relación con la administración Trump si fuera necesario.
"Tampoco deberíamos exagerar el alcance de esta derrota. Lula ha ganado —una victoria de enorme importancia tanto para la izquierda brasileña como para cualquiera que quiera preservar un planeta habitable para la humanidad—, pero tendrá que gobernar con un Congreso en el que la extrema derecha bolsonarista conserva una enorme influencia. Se trata de una situación difícil, que podría complicarse todavía más si Washington, resentido por la derrota, mantiene su empeño en debilitar a uno de los principales dirigentes de la izquierda latinoamericana. Con todo, la victoria de Lula le ofrece a la izquierda brasileña una oportunidad real de dar la batalla. Y, como mínimo, el hecho de que sea la primera vez que un país latinoamericano consigue asestarle un golpe contundente a la administración Trump en medio de sus intentos de intervenir en los asuntos de sus vecinos constituye un hito nada desdeñable.
/////
Fuentes: Revista Jacobin.
*****
TRUMP ENCONTRÓ SU LÍMITE EN BRASIL.
*****
Por Branko Marcetic | 29/10/2026
| Brasil,
EE.UU.
Fuentes. Revista Rebelión jueves 29 de octubre del 2026.
Durante los últimos veintiún meses, la
administración de Donald Trump se ha dedicado a intervenir allí donde ha podido
para debilitar a los gobiernos de izquierda de América Latina y favorecer a los
dirigentes autoritarios de derecha de la región
La victoria electoral de Luiz Inácio
Lula da Silva en Brasil
está siendo ampliamente celebrada como una de las grandes remontadas
políticas de nuestro tiempo. Es la primera vez que un candidato
presidencial brasileño logra revertir una derrota en la primera vuelta, gracias
al renovado impulso de la izquierda brasileña y a una nueva estrategia digital.
Y lo consiguió un dirigente que todavía en 2019 se encontraba encerrado en
una celda.
Pero la victoria es aún más
impresionante porque Lula
no solo tuvo que superar a las poderosas fuerzas que se alinearon contra
la izquierda dentro de Brasil, sino también a una administración
hostil en Washington decidida a apartarlo del poder.
Durante los últimos veintiún meses, la
administración de Donald Trump se ha dedicado a intervenir allí donde ha podido para debilitar
a los gobiernos de izquierda de América Latina y favorecer a los dirigentes
autoritarios de derecha de la región, cortados por el mismo patrón. Esta política
está en consonancia con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de
Estados Unidos, que establece explícitamente el objetivo de
«reafirmar y hacer cumplir la Doctrina Monroe» y de «recompensar y alentar a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que estén ampliamente alineados con nuestros principios y nuestra estrategia».
Esta estrategia ha tenido un éxito
extraordinario. Trump
utilizó una combinación de amenazas y una línea de crédito para mantener
a flote al caótico e impopular gobierno de Javier Milei en Argentina. Impuso
sanciones al presidente izquierdista de Colombia, Gustavo Petro, antes
de respaldar al candidato presidencial de derecha y detener a uno de sus
críticos más destacados. También está apoyando una ofensiva de la derecha
contra funcionarios del gobierno boliviano destinada a proteger a la derecha
del país de las acusaciones de corrupción.
Y en Venezuela, sencillamente
secuestró al presidente en ejercicio y amenazó con hacer lo mismo con su
sucesora si no se sometía a sus exigencias.
Brasil debía ser la siguiente pieza
del dominó en caer. Un día antes de la segunda vuelta presidencial, Reuters informó que la administración
estadounidense había estado trabajando para debilitar a Lula en los
meses previos a las elecciones. Según ese informe, los dos funcionarios
del Departamento de Estado responsables de esta campaña habían
comunicado explícitamente a los diplomáticos estadounidenses en Brasil
que el objetivo final de la administración era devolver al poder a Jair
Bolsonaro, el expresidente y padre del rival de Lula, que se encuentra
inhabilitado para presentarse a las elecciones y cumple actualmente una
condena de veintisiete años de prisión por conspirar para dar un golpe
de Estado.
El informe de Reuters no hizo más que
confirmar, con pruebas más contundentes, algo que ya resultaba bastante
evidente. Los distintos componentes de la campaña de presión contra Lula
nunca fueron un secreto, desde la imposición de aranceles del 50 %
a Brasil como represalia por el procesamiento de Bolsonaro hasta
las sanciones contra un juez del Supremo Tribunal Federal brasileño.
Hasta el momento, Trump no ha reconocido oficialmente el resultado
electoral, aunque el resto de los países de la región, incluidos sus
dirigentes de derecha, ya han felicitado públicamente a Lula.
A todo esto, probablemente debamos sumar también las maniobras de Meta —la empresa propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp— para restringir la presencia de Lula y sus aliados en las redes sociales y favorecer a su adversario. Ayer, trabajadores de Meta en el Reino Unido difundieron un comunicado en el que responsabilizaron a los «ejecutivos y directivos de la empresa», cuyas inclinaciones políticas, señalaron, «nunca han sido un secreto». El director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, es uno de los numerosos magnates tecnológicos que se han desvivido por ganarse el favor del presidente desde su reelección en 2024. Donó un millón de dólares para su ceremonia de investidura y apareció detrás de él durante el acto. Tanto es así que, según trascendió, el propio Trump se ha burlado de Zuckerberg, jactándose ante otras personas de que «le estaba besando el culo» mientras les mostraba los mensajes aduladores que le había enviado.
La derrota se la comen viva. El triunfo de Lula no solo es la derota del bolsonarismo, es la derrota del "MAGA TRUMP" y su "Escudo de las Americas".
*****
Por lo tanto, no estamos solamente ante una gran derrota de la derecha
brasileña, sino también de sus aliados del movimiento MAGA en Estados Unidos.
Brasil es el país más grande de América del Sur, y su importancia
geopolítica queda de manifiesto en el hecho de que incluso sus vecinos
gobernados por la derecha han preferido no enemistarse con el gobierno
de Lula sumándose a la última farsa de Trump sobre unas elecciones
supuestamente robadas.
Derrocar a un dirigente de izquierda
en Brasil
habría sido un premio enorme para la «Doctrina Donroe» de Trump.
En cambio, el resultado ha puesto de manifiesto los límites de su poder
para reconfigurar la política incluso en lo que Estados Unidos
considera su propio «patio trasero». Mientras tanto, el gobierno de Lula
ha respondido con firmeza, acusando formalmente a Washington de interferir
en las elecciones y denegando visas a dos funcionarios estadounidenses
a los que señaló como participantes en esas maniobras, entre otras
medidas. Ante la negativa de Trump a reconocer la victoria de Lula, un exasesor
del presidente brasileño le restó importancia.
«El mundo entero ya
se ha pronunciado. Estados Unidos no puede oponerse al resultado electoral»,
afirmó, antes de señalar que Brasil estaba preparado para mantener una mala
relación con la administración Trump si fuera necesario.
Tampoco deberíamos exagerar el alcance
de esta derrota. Lula ha ganado
—una victoria de enorme importancia tanto
para la izquierda brasileña como para cualquiera que quiera preservar
un planeta habitable para la humanidad—, pero tendrá que gobernar con un
Congreso en el que la extrema derecha bolsonarista conserva una enorme
influencia. Se trata de una situación difícil, que podría
complicarse todavía más si Washington, resentido por la derrota,
mantiene su empeño en debilitar a uno de los principales dirigentes de
la izquierda latinoamericana.
Con todo, la victoria de Lula le ofrece a la izquierda brasileña
una oportunidad real de dar la batalla. Y, como mínimo, el hecho de que sea
la primera vez que un país latinoamericano consigue asestarle un golpe
contundente a la administración Trump en medio de sus intentos de
intervenir en los asuntos de sus vecinos constituye un hito nada desdeñable.
Branko
Marcetic: Redactor de Jacobin Magazine y autor de Yesterday’s Man:
The Case Against Joe Biden (Verso, 2020).
Traducción: Natalia López
*****



No hay comentarios:
Publicar un comentario