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“Entre una y otra sentencia, subraya La Jornada, la Suprema Corte permitió
también donaciones ilimitadas por parte de individuos y el uso de
recursos donados para que los candidatos se paguen a sí mismos todos los
trámites propios que hayan destinado a la campaña. O sea, un
aspirante puede comprarse el cargo con su dinero y luego recaudar
fondos de los interesados al ser “amigos” de un senador, gobernador o
presidente. Además, cualquier organización con registro sin
fines de lucro puede gastar sin ningún tope en las elecciones y reservar
la identidad de sus donantes. Es decir, en Estados Unidos los grupos
criminales a los que Washington dice combatir tienen las puertas
abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar
de dónde salió el dinero.
“En esas
campañas electorales fluyen además abundantes capitales como los del lobby
judío; empresarios millonarios y de cualquier organización
adinerada que les sea necesario para sus intereses y negocios pueden
apoyar a un candidato determinado sin importar que haya sido corrupto,
narcotraficante, pedófilo o malversador. Y al que le sirva el
saco que se lo ponga. Todo eso sería considerado como una flagrante
corrupción para cualquier país del orbe, pero para Estados Unidos no. Así
son las llamadas «elecciones democráticas capitalistas»: todo para los
poderosos, poco para los pobres. Otra trumpada de las que acostumbra
a realizar el magnate estadounidense.
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DEMOCRACIA CERO:
EL SOBORNO DE TRUMP A LOS VOTANTES.
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Por Hedelberto López
Blanch | 24/09/2026 | Opinión.
Fuentes
Revista Rebelión, jueves 24 de septiembre del 2026.
Lo
que propuso el convicto presidente estadounidense Donald Trump acaba de romper
todos los esquemas electorales de la llamada «democracia capitalista» al
proponer públicamente que, si el Partido Republicano logra retener la Cámara de
Representantes y el Senado en los comicios legislativos de noviembre, entregará
a cada votante 5.000 dólares.
Semejante
soborno echa por tierra toda la propaganda referente a que el modelo de las
elecciones en los países occidentales es «democráticas».
Por
un momento piensen la enorme campaña que desatarían los medios
hegemónicos de comunicación si un candidato progresista y nacionalista de Brasil,
México, Nicaragua o Cuba, por citar algunos ejemplos, expresaran que
entregarían miles de pesos a los votantes que los apoyaran.
Sin
mediar espacio, los grandes titulares de prensa
arremeterían contra éstos con epítetos de dictadura, autocracia, violación
de la democracia y muchos otros. Pero en el caso que nos asiste, los
medios propagandísticos de occidente han ignorado la grave propuesta realizada
por Trump y en contraste se han dedicado a tratar de edulcorar ese claro
soborno con disquisiciones sobre si es válido o no el ofrecimiento.
El
magnate presentó el denominado «Dividendo Trump» durante la
convención republicana celebrada el jueves 11 de septiembre en Dallas,
Texas. Con su habitual prepotencia, sostuvo que no cree necesitar la aprobación
del Congreso para poner en marcha el programa y afirmó que los legisladores
lo respaldarían en caso de que finalmente fuera necesaria una autorización.
La insólita propuesta tendría un costo aproximado de 1,2 billones de dólares, tomando como referencia los cerca de 245 millones de ciudadanos adultos del país. Economistas y expertos fiscales han cuestionado la idea, en momentos en que el Gobierno federal registra déficits anuales cercanos a los dos billones de dólares.
La
deuda pública estadounidense supero los 40 billones de
dólares, equivalentes aproximadamente a 123-125 % del PIB del país.
Entre octubre de 2025 y julio de 2026, Washington gastó 963.000
millones de dólares solamente en intereses de la deuda, una cifra
superior incluso al gasto de las Fuerzas Armadas durante ese
período.
En
un reciente editorial, el diario mexicano La Jornada significó:
«Lo
preocupante es que, cumpla o no con su promesa, el hecho de ofrecer un pago
directo a cambio del triunfo electoral de su partido supone la demolición de
los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación. La muestra más
clara del deterioro de la institucionalidad estadounidense es que, en cualquier
otro momento y en cualquier otro país, una declaración semejante sería un
escándalo mayúsculo que derivaría en sanciones y posiblemente pondría fin a la
carrera política del implicado, pero en el Washington de Trump es sólo un día
más».
En
ese sentido, el editorial explica que el desmantelamiento
de la democracia estadounidense y la destrucción de los controles sobre
el financiamiento electoral comenzaron hace medio siglo y se han
incrementado con la llegada de Trump a la Casa Blanca.
En
1976 la Suprema Corte determinó que limitar el gasto en campañas viola la
libertad de expresión y desde entonces no hay límite alguno
al gasto independiente ni al dinero que un candidato puede dilapidar de su
propio bolsillo. En junio de este año eliminó los límites
sobre la cantidad que los partidos políticos pueden gastar en
publicidad y otros conceptos en coordinación con los candidatos.
Entre una y otra sentencia, subraya La Jornada, la Suprema Corte permitió también donaciones ilimitadas por parte de individuos y el uso de recursos donados para que los candidatos se paguen a sí mismos todos los trámites propios que hayan destinado a la campaña. O sea, un aspirante puede comprarse el cargo con su dinero y luego recaudar fondos de los interesados al ser “amigos” de un senador, gobernador o presidente.
Además,
cualquier organización con registro sin fines de lucro
puede gastar sin ningún tope en las elecciones y reservar la identidad
de sus donantes. Es decir, en Estados Unidos los grupos
criminales a los que Washington dice combatir tienen las puertas
abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar
de dónde salió el dinero.
En esas
campañas electorales fluyen además abundantes capitales como los del lobby
judío; empresarios millonarios y de cualquier organización
adinerada que les sea necesario para sus intereses y negocios pueden
apoyar a un candidato determinado sin importar que haya sido corrupto,
narcotraficante, pedófilo o malversador. Y al que le sirva el
saco que se lo ponga.
Todo
eso sería considerado como una flagrante corrupción para cualquier país del
orbe, pero para Estados Unidos no.
Así
son las llamadas «elecciones democráticas capitalistas»: todo
para los poderosos, poco para los pobres. Otra trumpada de las que acostumbra
a realizar el magnate estadounidense.
Hedelberto
López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en
política internacional.
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