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"No
sabemos lo que le espera a la comunidad migrante que vive en EU, lo que sí
sabemos es que continuarán resistiendo y luchando para sobrevivir. Tal como lo
hace la pequeña Lupita que a pesar de todo se mantiene firme, mirando al frente
y repitiendo a los demás niños “qué todo estará bien”. Ese valor se observa en
los más de 11 millones de mexicanos y mexicanas que viven de aquel lado de la
frontera, que a pesar del miedo día a día salen a trabajar para mantener a sus
familias. Su lucha ha sacado a flote a regiones como La Montaña de Guerrero
donde las remesas sostienen a la economía.
"Lo
irónico de esto es que el gobierno de México, en lugar de solidarizarse, ha
comenzado con la retórica de que tener dobles nacionalidades es un riesgo para
gobernar. Más allá del argot legal y constitucional, la narrativa es lo que
duele a la comunidad mexicana en el exterior. El discurso que se repite una y
otra vez es lo que ha calado en lo más profundo de su corazón; pues a pesar de
la distancia siguen siendo fieles a la patria que los vio nacer. Todos ellos,
viven con orgullo su identidad a pesar de la adversidad. Esa misma identidad
les ha costado hasta la vida. Es por eso que se vuelve muy doloroso escuchar
los discursos de los políticos en sus debates, donde cuestionan su lealtad a la
patria. Hablando de todos ellos y ellas como extraños, en lugar de que sus
palabras den un poco de luz en medio de tanta oscuridad. Confiamos en que la
empatía les haga corregir sus discursos, que nos sientan como hermanas y
hermanos más que enemigos.
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TIEMPOS OSCUROS.
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Por Fabiola Mansilla
Castillo.
Fuente. La Jornada Ciudad de
México sábado 19 de septiembre del 2026.
Recorriendo
los pasillos de la County Courthouse en El Paso, Texas se
encontraba el pasado viernes 11 de septiembre la pequeña
Lupita del pueblo ñuu savi. Ella con tan sólo seis
años tuvo que enfrentar “la justicia” de Estados
Unidos. Es originaria de la comunidad de Xalpatláhuac de La Montaña de
Guerrero. Su historia comenzó después de una persecución donde fue detenida por
la patrulla fronteriza. Su madre María, –con engaños–, confió a su hija al
pollero que las llevaba bajo el argumento de que así “era más fácil para el
cruce”. Nunca pensó que esa decisión la marcaría de por vida, pues al ir Lupita
sin sus padres, fue considerada como menor no acompañada; condenándola sin
saberlo a lidiar con el sistema legal estadunidense. En el país de las barras y
las estrellas, el debido proceso se ha vuelto discrecional, pues después de la
reducción presupuestal hacía varios programas, entre ellos la defensa de los
menores migrantes, obligando a las y los niños a defenderse ellos mismos.
Esta
cruenta historia no es única, se repite día a día a lo largo y ancho de la
Unión Americana; donde se puede ver a niñas, como Lupita de tan sólo seis años,
respondiendo solas a las preguntas que les hace el juez de migración. Parece
inverosímil, que en una sociedad donde hasta el más sanguinario criminal cuenta
con representación legal gratuita, una niña o niño tiene que defenderse por sí
solo. A pesar de esta dura prueba, Lupita ha mostrado la casta del pueblo de la
lluvia, que en lugar de intimidarse, le da fortaleza a sus compañeros en la
Corte y les sostiene la mano.
Este
duro relato sólo nos muestra los momentos tan oscuros que se encuentran
enfrentando Estados Unidos; aquella nación que se levantó por migrantes, ahora
les da la espalda. La sensación de miedo e incertidumbre nos contagia a todas
las personas con o sin documentos. Las familias toman decisiones y muchas de
ellas han empezado el retorno a sus países de origen, ejemplo de esto, es lo
que se encuentran viviendo las comunidades de Honduras, Haití, Venezuela o
Nicaragua con el retiro del Estatus de Protección Temporal (TPS por sus siglas
en inglés), que los están dejando como indocumentados. Mientras tanto, grupos
radicales y el mismo gobierno siguen perpetuando el discurso de xenofobia donde
responsabiliza a la comunidad migrante de todos los males de su nación.
El
futuro político de aquel país está en juego, pues con las elecciones
intermedias de la vuelta de la esquina, en medio de una frágil economía, la
popularidad de Trump en declive y la guerra en Medio Oriente dividendo
opiniones, pareciera que lo único que pueden usar para obtener más votos es el
“éxito” de las deportaciones – su administración recopila la cifra de más de
570 mil –. Sumado a esto, el temor que existe por parte de los integrantes del
Partido Republicano de perder la mayoría en ambas cámaras, hace que la
narrativa antinmigrante sea el mejor de sus recursos.
No
sabemos lo que le espera a la comunidad migrante que vive en EU, lo que sí
sabemos es que continuarán resistiendo y luchando para sobrevivir. Tal como lo
hace la pequeña Lupita que a pesar de todo se mantiene firme, mirando al frente
y repitiendo a los demás niños “qué todo estará bien”. Ese valor se observa en
los más de 11 millones de mexicanos y mexicanas que viven de aquel lado de la
frontera, que a pesar del miedo día a día salen a trabajar para mantener a sus
familias. Su lucha ha sacado a flote a regiones como La Montaña de Guerrero
donde las remesas sostienen a la economía.
Lo
irónico de esto es que el gobierno de México, en lugar de solidarizarse, ha
comenzado con la retórica de que tener dobles nacionalidades es un riesgo para
gobernar. Más allá del argot legal y constitucional, la narrativa es lo que
duele a la comunidad mexicana en el exterior. El discurso que se repite una y
otra vez es lo que ha calado en lo más profundo de su corazón; pues a pesar de
la distancia siguen siendo fieles a la patria que los vio nacer. Todos ellos,
viven con orgullo su identidad a pesar de la adversidad. Esa misma identidad
les ha costado hasta la vida. Es por eso que se vuelve muy doloroso escuchar
los discursos de los políticos en sus debates, donde cuestionan su lealtad a la
patria. Hablando de todos ellos y ellas como extraños, en lugar de que sus
palabras den un poco de luz en medio de tanta oscuridad. Confiamos en que la
empatía les haga corregir sus discursos, que nos sientan como hermanas y
hermanos más que enemigos.
*Integrante
del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan
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