"En 2017, antes de emprender un viaje
a la región, el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson (luego fue
reemplazado por Mike Pompeo), habló sobre América latina en la Universidad de
Texas. No dejó dudas de que la Doctrina Monroe está vigente. Lo expresó
abiertamente sin recurrir a un lenguaje ambiguo. Tillerson identificó dos
contrapartes amenazantes para los intereses estadounidenses en América latina.
Rusia, cuya creciente presencia en la región “es alarmante”, y China, que “tiene
una apariencia atractiva” pero en realidad conduce a una “dependencia de largo
plazo”. Definió que “nuestra región debe ser diligente contra poderes lejanos
que no reflejan los valores que nosotros compartimos”. Enfatizó que “a veces
creo que nos hemos olvidado de la importancia de la Doctrina Monroe y de lo que
significó para este hemisferio y para mantener aquellos valores compartidos”.
Fue explícito: “América latina no necesita de un nuevo poder imperial que
busque beneficios solamente para su gente. El modelo de desarrollo de China
guiado por el Estado es una reminiscencia del pasado. La creciente presencia de
Rusia en la región es también alarmante en la medida en que continúe vendiendo
armas y equipo militar a regímenes que no son amigos y que no comparten o
respeten los valores democráticos”. “La Doctrina Monroe es relevante
actualmente como lo fue el día en que fue escrita”, concluyó Tillerson".
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Fuera el pacto de Macri con el FMI y el G-20.- Basta de hambre y entrega para pagar la crisis y el
ajuste acordado por Macri con el Fondo Monetario, al servicio del pago de la
deuda, y el saqueo de la oligarquía terrateniente, los monopolios y bancos
imperialistas. La semana política por Ricardo Fierro. Octubre 30, 2018
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LÁGRIMAS
DE COCODRILO.
LAS
TENSIONES DEL G-20, EL PAPEL SUBORDINADO DE LA ARGENTINA DE MACRI Y LA
REVITALIZACIÓN DE LA DOCTRINA MONROE.
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"AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS: ARGENTINA PARA EL F.M.I."
Los días del G-20 fueron un respiro al agobio financiero, económico y político por el cual transita el último tramo del Gobierno de Cambiemos. La disputa entre Estados Unidos y China dominó la cumbre en Buenos Aires.
Los días del G-20 fueron un respiro al agobio financiero, económico y político por el cual transita el último tramo del Gobierno de Cambiemos. La disputa entre Estados Unidos y China dominó la cumbre en Buenos Aires.
Alfredo Zaiat.
Página/12
domingo 2 de diciembre del 2018.
El naufragio
macrista espera que el bote del G-20 lo rescate del hundimiento de la economía,
mientras está abrazado al salvavidas del Fondo Monetario Internacional
facilitado por Estados Unidos. La confluencia de intereses de Christine Lagarde
y Donald Trump para salvar a Mauricio Macri tiene el objetivo político de
evitar el regreso del populismo y el económico de auxiliar a bancos y fondos de
inversión que se enterraron hasta el cuello con el festival record de bonos
emitidos por Argentina en los últimos tres años. El respaldo a un gobierno que
demostró ineptitud en todos los frentes, hasta en la imposibilidad de
garantizar el viaje en micro de un equipo de fútbol visitante o instalar un
servicio de wifi en la sala de prensa del G-20, está motivado en el temor a un
nuevo período de CFK en la Casa Rosada a partir del 2020 y en el propósito de
eludir el default en este año al extender el período de gracia financiera hasta
fines de 2019 con los dólares del FMI.
La Argentina
de Macri es extremadamente dependiente del apoyo financiero internacional y, en
especial, de las dos potencias en disputa, Estados Unidos y China. Ambas hacen
su aporte en divisas para darle oxígeno. La primera, a través del FMI a cambio
de la subordinación geopolítica y el compromiso de compras de material militar,
como dejó en claro Trump en el saludo público compartido con Macri. La segunda,
con la entrega de líneas de créditos financieras (swap de monedas para engordar
las reservas del Banco Central) y para infraestructura (energética y
ferroviaria) a cambio de no sufrir el cierre de las puertas a la ampliación de
sus negocios en el país. Hoy los presidentes Macri y Xi Jinping rubricarán una
Declaración Conjunta y un Segundo Plan Quinquenal de Acción Conjunta para
avanzar en acuerdos de cooperación.
No es seguro que Macri sepa hacer
equilibrio en esa cuerda inestable, sostenida en cada uno de los extremos por
estos dos gigantes enfrentados.
Incomodidad
En la cumbre en Buenos
Aires quedó de manifiesto la fractura y parálisis del G-20, con el foco
concentrado en lo que hace y dice el G-2 (Estados Unidos y China). Tensión que
ha dominado y determinado el tono del encuentro y del documento final, que tuvo
al resto como espectadores privilegiados, con sus propias disputas
cruzadas.
Existe una crisis del
multilatelarismo a partir de la guerra comercial de Estados Unidos y China, que
no es otra cosa que la manifestación de la presente etapa del actual ciclo de
hegemonía mundial. Esa instancia quedó expresada en esta cumbre de presidentes,
como antes en los fracasos de las últimas reuniones del G-7 en Canadá, cuando
Trump la abandonó, de la OMC en Buenos Aires, el año pasado, y de la APEC (foro
de cooperación económica Asia-Pacífico), cuando en cada uno de ellas no se
alcanzó el mínimo consenso para elaborar un documento final.
Durante el año que ocupó
el rol de presidente del G-20 (ese lugar fue traspasado a Japón para el 2019),
Argentina tenía la posibilidad de tratar de buscar acuerdos y aportes para la
agenda del G-20, incorporando la mirada latinoamericana, sus intereses y
prioridades, aprovechando la grieta abierta por la disputa entre Estados y
china. No lo intentó o no supo hacerlo y fue sólo entonces un anfitrión pasivo,
con una sucesión de papelones protocolares, destacándose el que tuvo como
protagonista a la vicepresidenta que tenía la misión de recibir a Emmanuel
Macron y llegó tarde, convirtiendo al personal de chaleco amarillo apostando en
la pista de aterrizaje en la persona de darle la primera bienvenida al
presidente de Francia.
La desorientación del
gobierno de Macri está exhibida también en que trabajó para un G-20 que
celebrara el libre comercio y la globalización cuando hoy el contexto mundial
es otro. Sigue sin registrar en la agenda de su política exterior que está
avanzando el proteccionismo, el nacionalismo y la xenofobia, con conflictos
bilaterales que han debilitado la cooperación internacional. Esas complejidades
y tensiones al interior del G-20 han devaluado este foro de los presidentes de
países que equivalen en conjunto el 85 por ciento del Producto Bruto mundial.
Esas tensiones fueron
expuestas en forma despiadada por la vocera de Trump, Sarah Huckabee Sanders,
cuando informó que en el encuentro con Macri ambos presidentes hablaron de
enfrentar desafíos regionales como los que presentan la situación en Venezuela
y “la actividad económica depredadora china”. Trump le advirtió así a su
“amigo” Macri acerca del vínculo que mantiene con China. Argentina firmará hoy
37 acuerdos con China, país que se compromete a girar imprescindibles recursos
para atender la emergencia económica macrista. Tan incómodo quedó el gobierno
que el canciller Jorge Faurie, en un acto de audacia diplomática, desmintió a
la vocera de Trump, diciendo que no cree que se haya hablado en “esos
términos”. Lo mismo hizo Macri en la conferencia de cierre de la cumbre.
China y Rusia.
La identificación de China y también
de Rusia como amenazas a la “seguridad
nacional” de Estados Unidos ha revitalizado, en relación a Latinoamérica,
la Doctrina Monroe. Esta dice que todo intento de potencias extranjeras para
extender su sistema o influencia a cualquier nación del hemisferio debe
considerarse como un peligro para la paz y la seguridad de Estados Unidos. En
el mensaje original al Congreso, en 1823, el presidente James Monroe, en
referencia a los asuntos interamericanos, expresó que Estados Unidos iba a “considerar todo intento de su parte
(Europa) para extender su sistema a cualquier nación de este hemisferio, como
peligroso para nuestra paz y seguridad”.
Esta doctrina sólo puede
ser enunciada y puesta en práctica por una potencia que tiene una muy
importante capacidad de intervenir en la soberanía de otros países. Eso lo
puede hacer sólo Estados Unidos; ningún otro país en la región. Como se ha
señalado en muchas oportunidades, el territorio al sur del río Bravo hasta
Ushuaia, la ciudad más austral del continente americano, es considerado su
patio trasero. Cualquier movimiento que ponga en cuestionamiento ese
ordenamiento geopolítico lo evaluará como un riesgo.
Líderes del denominado
populismo latinoamericano fueron y son indicados entonces como un peligro para
los intereses estadounidenses, no solamente porque impulsan medidas
progresistas y de desarrollo con inclusión, sino especialmente porque abrieron
las puertas de la región a China.
El Imperialismo norteamericano y la aplicación de la Doctrina Monroe. "AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS" vigente desde 1823.
***
Cuando la Doctrina Monroe
fue enunciada, la amenaza era Europa; durante los años de la Guerra Fría
fue la Unión Soviética; y en el nuevo siglo ese lugar fue ocupado por China y
Rusia. La revista Council of Foreign Relations publicó en 2008 “La relación
entre Estados Unidos-América latina: una nueva dirección para una nueva
realidad”, texto donde se explica que por más de 150 años la Doctrina Monroe
proveyó los principios de la política de los Estados Unidos para
Latinoamérica.
El entonces secretario de
Estado de Estados Unidos John Kerry declaró en la OEA, en noviembre de 2013,
que
“La era de la Doctrina Monroe está terminada. La relación que buscamos y por la cual trabajamos no se trata de la declaración de Estados Unidos acerca de cuándo y cómo va a intervenir en los asuntos de otros países americanos. Se trata de que nuestros países nos veamos como iguales, compartiendo responsabilidades, cooperando en asuntos de seguridad y no adhiriendo a una doctrina pero sí a las decisiones como socios en función de valores e intereses que compartimos”.
“La era de la Doctrina Monroe está terminada. La relación que buscamos y por la cual trabajamos no se trata de la declaración de Estados Unidos acerca de cuándo y cómo va a intervenir en los asuntos de otros países americanos. Se trata de que nuestros países nos veamos como iguales, compartiendo responsabilidades, cooperando en asuntos de seguridad y no adhiriendo a una doctrina pero sí a las decisiones como socios en función de valores e intereses que compartimos”.
En ese momento, esa
declaración fue interpretada no tanto como una opción política, sino como un
reconocimiento de que en la era con cada vez más interconexiones globales a
través del flujo de productos, dinero, personas e información, no era ni
práctico ni políticamente factible bloquear relaciones entre estados del
Hemisferio Occidental y otros fuera de la región.
Neoliberales.
Fue un desvío fugaz de la
política exterior estadounidense. La aplicación de esa doctrina ha tenido
momentos de mayor o menor intensidad, pero siempre ha estado activa y ahora se
despliega con intensidad. Washington no se desentiende de la región pues está
profundizando y reafirmando su presencia e influencia. Por eso la mayor
proyección de poder de China y la gradual reaparición de Rusia en el área ha
motivado la recuperación de la esencia de la Doctrina Monroe. Algunos
números explican esa reacción. En 2014, la financiación total otorgada por
China a la región ascendió a 22.000 millones de dólares, un 71 por ciento más
que la brindada en 2013 y más que todo lo desembolsado por el Banco Mundial y
el Banco Interamericano de Desarrollo. Fue una luz de alerta para Washington,
que intensificó la estrategia de debilitar a los gobiernos populistas y de
fomentar líderes regionales aliados, como Macri en Argentina.
Con la experiencia del
fin de la Guerra Fría, periodo donde se produjo la expansión y el posterior fracaso
de gobiernos neoliberales, Estados Unidos decide apoyar a una generación de
líderes latinoamericanos de derecha, que implementan políticas neoliberales, de
libre comercio y predominio de las finanzas. El fiasco de los noventa y la
reacción negativa de las sociedades a ese ciclo de deterioro de las condiciones
de vida, les brindó la enseñanza acerca de que el populismo se fortalece por
las frustraciones de la población abrumada por la precariedad económica y por
la amenazante inseguridad de lo que deparará el futuro. La apuesta
estadounidense y del poder económico y mediático local es entonces que sus
medidas económicas, que en esencia son las mismas del conocido recetario
neoliberal, produzcan resultados positivos de manera que esos líderes de derecha
prosperen políticamente. Esa pretensión es un desafío a uno de las frases más
conocidas de Albert Einstein: si buscas resultados distintos no hagas siempre
lo mismo. La economía macrista está brindando una prueba contundente de que no
respeta ese postulado de Einstein.
Macri y la coalición
política y económica que representa es una pieza clave en la estrategia
regional de Estados Unidos. Para consolidarla es imperativo para la potencia
mundial ayudar a garantizar resultados favorables de aquellos que siguen
caminos alineados con su filosofía económica y política. Así se entiende el
decidido apoyo para que el Fondo Monetario se apresure en el auxilio financiero
al gobierno de Macri, que evita de ese modo la declaración de un nuevo default,
instancia que perjudicaría a bancos y fondos de inversión internacionales.
En América latina, a
Estados Unidos se les presenta una nueva oportunidad luego del derrape de los
noventa. En la región son mayoría los gobiernos neoliberales y a favor de
Estados Unidos. En su radar, hoy están en primer lugar Argentina, Brasil y
Perú; y luego Colombia y Chile, que ya están bajo su influencia porque no se
han movido del péndulo ubicado en el lado derecho en el manejo de la economía y
de las relaciones internacionales desde hace varias décadas.
Enemigos.
En 2017, antes de
emprender un viaje a la región, el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson
(luego fue reemplazado por Mike Pompeo), habló sobre América latina en la
Universidad de Texas. No dejó dudas de que la Doctrina Monroe está vigente. Lo
expresó abiertamente sin recurrir a un lenguaje ambiguo. Tillerson identificó
dos contrapartes amenazantes para los intereses estadounidenses en América
latina. Rusia, cuya creciente presencia en la región “es alarmante”, y China,
que “tiene una apariencia atractiva” pero en realidad conduce a una
“dependencia de largo plazo”. Definió que “nuestra región debe ser diligente
contra poderes lejanos que no reflejan los valores que nosotros compartimos”.
Enfatizó que “a veces creo que nos hemos olvidado de la importancia de la
Doctrina Monroe y de lo que significó para este hemisferio y para mantener
aquellos valores compartidos”. Fue explícito: “América latina no necesita de un
nuevo poder imperial que busque beneficios solamente para su gente. El modelo
de desarrollo de China guiado por el Estado es una reminiscencia del pasado. La
creciente presencia de Rusia en la región es también alarmante en la medida en
que continúe vendiendo armas y equipo militar a regímenes que no son amigos y
que no comparten o respeten los valores democráticos”. “La Doctrina Monroe es
relevante actualmente como lo fue el día en que fue escrita”, concluyó
Tillerson.
La
Doctrina Monroe es
una pieza, no la única, de la geopolítica estadounidense, y es clave para
interpretar el actual ciclo político argentino y regional. También para confirmar el papel subordinado en el que actúa el gobierno
de Macri respecto a la política exterior de Estados Unidos. Esto provoca más
lágrimas que las que se le escaparon a Macri en el Teatro Colón.
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