domingo, 27 de mayo de 2012

JEAN ZIEGLER: El vicepresidente de la ONU quiere "ocupar y nacionalizar la banca" y proclama la lucha de clases como "inevitable".

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“Vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg”... Su receta para revertir esta situación es, si cabe, tan radical o más que su tesis sobre la generación de las desigualdades: “Ocupar masivamente los bancos, nacionalizarlos y confiscar las arrogantes riquezas robadas por los especuladores financieros”. Una extremista postura que lo lleva incluso a criticar la incapacidad de movimientos de la sociedad civil como el 15-M en España u Occupy Wall Street en Estados Unidos. “Reconozco que son símbolos importantes y que han logrado la simpatía de la sociedad, pero todavía son insuficientes para quebrar la actual relación de fuerzas si no desembocan en una huelga general indefinida. Hay que darse cuenta de que en el orden mundial reina una violencia estructural que se debe combatir con una contraviolencia basada en la resistencia pacífica”.
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Jean Ziegler. Vice-Presidente del Consejo Consultivo de Derechos Humanos de la ONU, nos presenta un interesante análisis sobre la crisis actual del sistema capitalista.
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JEAN ZIEGLER: El vicepresidente de la ONU quiere "ocupar y nacionalizar la banca" y proclama la lucha de clases como "inevitable".
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El Confidencial.
Rebelión sábado 26 de mayo del 2012.

“Vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg”...

Con esta aplastante contundencia despacha Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo consultivo de Derechos Humanos de la ONU, su particular análisis del actual momento histórico.

La dilatada trayectoria diplomática de este profesor emérito en la Universidad de Ginebra y comprometido analista internacional, que fue relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación durante ocho años, impide que le tiemble la voz a la hora de señalar con el dedo inquisidor a los ‘culpables’ de la crisis sistémica. “No puede ser que en un planeta con los recursos agroalimentarios suficientes para alimentar al doble de la población mundial actual, haya casi una quinta parte de sus habitantes sufriendo infra-alimentación”. En su último libro Destrucción Masiva. Geopolítica del hambre (Península), que Ziegler presentó ayer en Madrid, pone sobre la mesa una serie de cuestiones molestas de las que otros diplomáticos ni siquiera se atreven a hablar en los pasillos de la ONU. Unas críticas irreverentes que ya ventiló en otros trabajos como El hambre en el mundo, Los nuevos amos del mundo y aquellos que se le resisten, El imperio de la vergüenza o El odio a Occidente.

Su receta para revertir esta situación es, si cabe, tan radical o más que su tesis sobre la generación de las desigualdades: “Ocupar masivamente los bancos, nacionalizarlos y confiscar las arrogantes riquezas robadas por los especuladores financieros”. Una extremista postura que lo lleva incluso a criticar la incapacidad de movimientos de la sociedad civil como el 15-M en España u Occupy Wall Street en Estados Unidos. “Reconozco que son símbolos importantes y que han logrado la simpatía de la sociedad, pero todavía son insuficientes para quebrar la actual relación de fuerzas si no desembocan en una huelga general indefinida. Hay que darse cuenta de que en el orden mundial reina una violencia estructural que se debe combatir con una contraviolencia basada en la resistencia pacífica”.

La migración de los grandes fondos especulativos a los mercados de materias primas, principalmente de la agroalimentación, la cual creció exponencialmente en el trienio 2005-2008 como explica Ziegler en su último libro, “es el origen de esta crisis genocida porque han disparado el precio de los alimentos básicos”. A pesar de la ‘destrucción masiva’ conceptualizada por Ziegler, el diplomático exhibe su característico optimismo de luchador a contracorriente y asegura que esta situación creará la conciencia social necesaria para “multiplicar rápidamente las fisuras en el muro capitalista, que acabarán derrumbándolo y creando un nuevo orden mundial”.
La insurrección será por el hambre o no será.

El primer paso, explica, es darse cuenta de que “los criminales financieros son el enemigo común de los europeos, de los africanos y del resto de la población que sufre de hambre y desempleo en el mundo. Unos oligarcas que monopolizan los beneficios y privatizan los servicios y recursos”. Para Ziegler, esta toma de conciencia será el advenimiento de una nueva forma de solidaridad internacional entre todos los pueblos, que posteriormente se transformará en un “frente de resistencia intercontinental”.

Un convencimiento “total”, pero que se transforma en duda cuando se le pregunta por los riesgos y los pilares sobre los que se fundará este alzamiento popular. “Es un misterio, no puedo hablar de la revolución porque se trata de la libertad liberada en el hombre y los procesos revolucionarios son imposibles de prevenir porque tienen sus propias leyes y no son conocidas”.

Lo que sí tiene claro Ziegler es que la insurrección, como ha ocurrido en la mayoría de estos procesos a lo largo de la historia, se producirá por el hambre. “La hambruna ya es una realidad en las banlieues parisinas y el pueblo español también está sufriendo la pobreza, como el resto de Europa”. En este contexto, indica, la lucha de clases es “absolutamente inevitable porque las oligarquías capitalistas no serán capaces de reeditar el genocidio americano de los indios, ya que es imposible matar a todo un país como España y hacerle aceptar permanentemente las cadenas”.

“España no debería pagar su deuda porque es delictiva e ilegítima”

Las “cadenas”
a las que retóricamente se refiere este diplomático de la ONU estarían impuestas por las políticas económicas de la austeridad, que califica como “absurdas y destructoras”. Los teóricos del neoliberalismo, añade, “nos han hecho creer que hoy en día la austeridad es la única política posible, pero sólo se aplica a la clase trabajadora y nunca a los banqueros. Estas políticas tienen un límite objetivo y no van a resolver los problemas”.

En contraposición a estas recetas neoliberales, Ziegler defiende unas políticas centradas en el crecimiento. Esta es la única esperanza que deposita en los representantes políticos, aunque matiza que de forma “extremadamente leve”. Sus protagonistas no podrían ser otros que François Hollande y Barack Obama. “Ambos deben formar una alianza por el crecimiento basada en la inversión pública, el incremento del salario mínimo, las prestaciones sociales, la búsqueda del pleno empleo y la lucha contra la desindustrialización”.

Para el vicepresidente del consejo consultivo de Derechos Humanos de la ONU estas políticas no son la solución final si no van acompañadas de un despertar de la sociedad civil y, sobre todo, del impago de la deuda. “Los dirigentes españoles deben hacer lo mismo que ha hecho Rafael Correa en Ecuador, es decir, negarse a pagar la deuda, cuya amortización ya es altísima, porque es odiosa e ilegítima. Esto es, se ha creado, en gran parte, por la delincuencia financiera y la corrupción política, sin materializarse en inversiones reales”.

Una perspectiva que lo lleva incluso a cometer el atrevimiento de recomendar a los españoles que objeten en la declaración de la renta al porcentaje del gasto dedicado a la deuda pública. Una campaña lanzada desde el 15-M que califica de “necesaria, inteligente y eficaz”. Todos estos elementos en su conjunto, unidos a la inflación, podrán acabar con las “deudas injustas”.

Refundar la ONU para instaurar un nuevo orden mundial.

La Organización de las Naciones Unidas debe tener un papel central en el futuro escenario mundial. Como explica Ziegler, la ONU se fundó con el objetivo principal de defender el interés general de los pueblos y promulgar los principios recogidos en la Carta de los Derechos Humanos. Sin embargo, “los mercenarios han pervertido su papel y destruido su credibilidad moral”. Entre ellos, no duda en señalar al exsecretario general Ban Ki-moon o al presidente del consejo de selección de los relatores, el hondureño Roberto Flores, “quien apoyó el golpe de Estado en su país en 2009”.

Para Ziegler, la refundación de esta organización pasa por imprimirle “mucha más democracia” eliminando el poder de veto de las naciones integrantes del Consejo de Seguridad, limpiándola de “golpistas” y eliminando las prebendas del FMI y el BM. El neoliberalismo delictivo, concluye el diplomático, “se cura con política”.
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Iván Gil

sábado, 26 de mayo de 2012

RAFAEL CORREA, de “indignado” a presidente de la República. Revolución Ciudadana, el camino de Ecuador.

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“Me parece que se ha creado una convergencia de gobiernos, una conciencia única en la historia de América Latina acerca de la necesidad de la integración. Gobiernos de derecha o Izquierda, tenemos una convicción muy profunda de impulsar la integración y la democracia. Son dos cosas sumamente importantes que nos permiten avanzar, más allá de diferencias ideológicas. Pero obviamente, con los gobiernos que compartimos una visión bolivariana, como Venezuela, Bolivia o Cuba, o visiones revolucionarias como Nicaragua, de justicia como Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, tenemos más cercanía. Pero, insisto, las relaciones son muy buenas con todos los gobiernos de la región. La Patria Grande ya no es un sueño. Se ha entendido como una necesidad de supervivencia, es lo que necesitamos para tener presencia internacional. La integración, como decía Bolívar, ‘no es el deseo de los hombres sino el inexorable decreto del destino’. Estamos construyendo esa Patria Grande: ahí están la alianza bolivariana (Alba), Unasur y Celac, que superan con mucho a organismos creados bajo esquemas neoliberales.

Por ejemplo Unasur significa un proyecto de integración -digámoslo así- ‘integral’. La parte comercial es importante -hablo de un comercio justo, desde luego-. Pero va mucho más allá, aborda integración energética, financiera, conectividad, armonización de políticas, acción colectiva para no ser víctimas de explotadores como ocurrió durante la larga noche neoliberal. En esa etapa América Latina precarizó su oferta laboral: garantizó bajos salarios y estabilidad laboral; el esfuerzo de nuestros trabajadores se traspasó como ganancias a las transnacionales. Ahora no vamos a competir por quién reduce más los impuestos para transferir riqueza y aportar renta a los inversionistas extranjeros. Queremos coordinar un salario mínimo regional sin precarizar nuestra fuerza laboral. Estos temas trata Unasur.  A su vez, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) es más nuestra porque es más latinoamericana. ¿Por qué tenemos que ir a discutir los problemas de América Latina en Washington? El golpe en Honduras tuvimos que discutirlo en Washington. En el caso del diario El Universo, nos acusaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ¡en Washington! por haber osado denunciar a los poderosos de siempre.(2) ¿Por qué tenemos que ir a Washington a dejar en claro que Ecuador respeta los derechos humanos? Es insólito, más aún cuando Washington no reconoce a la CIDH. Son aberraciones intolerables… Es necesario cambiar estas cosas y para eso, se necesita un nuevo sistema fundamentalmente latinoamericano. A eso apunta la Celac”.
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RAFAEL CORREA, de “indignado” a presidente de la República.
Revolución Ciudadana, el camino de Ecuador.
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Francisca Cabieses Martínez.
Punto Final.
Rebelión. Sábado 26 de mayo del 2012.

A las diez de la mañana en punto, como estaba convenido, el presidente del Ecuador, Rafael Correa Delgado (economista, 49 años, tres hijos, casado con la profesora belga Anne Malherbe a quien conoció en la Universidad Católica de Lovaina), entra al Salón Amarillo (o de los Presidentes) en el palacio de gobierno de Quito, donde se realizará la entrevista con Punto Final. Desde las paredes observan inescrutables los retratos de los ex presidentes del país (hoy de catorce millones y medio de habitantes y casi 300 mil kms2, incluyendo las islas Galápagos). El palacio del siglo XVIII -varias veces remodelado- fue sede de la Real Audiencia de Quito y también se conoce con el nombre de su constructor, el barón de Carondelet. El salón en que el presidente Correa nos da la bienvenida está adornado para la ocasión con hermosos ramos de rosas y de flores silvestres. Esta es el área del edificio abierta al público. El palacio -que conocieron Bolívar y otros visitantes ilustres- se ha convertido en museo y las oficinas presidenciales funcionan en un piso superior. La entrevista se verá interrumpida en dos ocasiones: por un grupo de turistas extranjeros -a los que el presidente saluda en inglés- y por los niños de tercero básico de la escuela “Concentración Deportiva de Pichincha”, que se alborotan al encontrarse a boca de jarro con el popular presidente de su país.

Correa encabezó un movimiento ciudadano que rompió los desprestigiados monopolios partidarios del Ecuador. Fundó la Alianza (hoy Movimiento) PAIS (Patria, Altiva i Soberana), cuyo programa es la Revolución Ciudadana. Con esa bandera, Correa llegó a la Presidencia en 2006 con respaldo del 57 por ciento de los votos. Dos años después, Ecuador aprobó una nueva Constitución y en 2009 Correa fue elegido para un nuevo periodo, que termina en 2013. Las encuestas le otorgan 67 por ciento de apoyo para respostularse. Cuando le preguntamos si lo hará, respondió que eso lo determinará en agosto próximo el movimiento que le apoya. Pero a la vez defendió la tesis de la reelección de los buenos gobernantes -inmediata o después de un periodo- reconocida por muchas democracias del mundo

Con luces y cámaras de TV que grabaron un registro completo de la entrevista, iniciamos la conversación con el presidente ecuatoriano.

Nos interesa conocer, en sus palabras, cómo se define la Revolución Ciudadana que tiene lugar en Ecuador. Sus objetivos, los obstáculos que enfrenta, qué alianzas sociales y políticas requiere para alcanzar sus propósitos.

“En términos muy concretos, es el cambio radical, profundo y rápido de las estructuras vigentes y, básicamente, de las relaciones de poder en la sociedad ecuatoriana. El desarrollo de nuestros países, al menos en su punto inicial, no es un problema técnico como se nos hizo creer durante mucho tiempo. Es un problema político. Si América Latina no cambia las relaciones de poder, no va a producir desarrollo para las grandes mayorías. Tal vez sí para las elites que siempre han dominado, pero no para las mayorías.
Nuestra revolución no significa cambios violentos, pero sí cambios profundos y radicales. ¿Por qué es ciudadana? Porque los legisladores y demás ‘representantes’ del pueblo ya no se representaban ni siquiera a ellos mismos. Este proceso fue el fruto de los ‘indignados’ del Ecuador, que se indignaron mucho antes que los de Europa. Fue un movimiento de protesta contra el gobierno corrupto y entreguista de Lucio Gutiérrez(1) que nos llamó ‘forajidos’. Los ciudadanos, en forma prácticamente espontánea, nos llevaron a la Presidencia de la República. Y este es uno de los problemas que hemos enfrentado. A diferencia de otros países latinoamericanos, el ecuatoriano es un proceso revolucionario que se inicia sin una estructura política organizada. Hemos logrado avanzar en este aspecto, pero aún nos falta mucho por recorrer. Existe un riesgo: como tenemos gran apoyo popular, pero sin estructuras organizadas y con capacidad de movilización, somos vulnerables a minorías que sí tienen esa capacidad”.

OPOSITORES A LA REVOLUCION CIUDADANA

Nos cuesta comprender que algunos movimientos sociales, indígenas y ambientalistas, entre otros, hagan oposición a su gobierno. ¿Les reconoce usted una cuota de razón? ¿Hay posibilidades de entendimiento?

“Con todos los que tengan buena fe y razón, por supuesto. Me molesta aparecer como intolerante, como algunos quieren caricaturizarme. Soy un hombre que tiene la cabeza fría, estoy acostumbrado a debatir. Pero hay muchísima mala fe en esa oposición. Toda revolución tiene su contrarrevolución, ¿verdad? ¿Y qué proceso revolucionario no ha tenido sus traidores? Esos grupos presuntamente de Izquierda son aliados de la derecha. En la Asamblea votan con la derecha. Y no es que se opongan a los temas mineros solamente, se oponen a todo. ¿Y por qué? No porque estemos haciéndolo mal, porque es indudable el cambio que está ocurriendo en el país en favor del pueblo. Se oponen porque no están ellos en el gobierno. Es un problema de ambiciones, de ilegítimas aspiraciones políticas por sobre los intereses del pueblo. Si no están en el gobierno, están contra el gobierno. Cuesta mucho conversar con gente de mala fe con agendas político-electorales propias. En cambio la gente que discrepa de buena fe y lucha por el bienestar del país, es bienvenida”.

Sin embargo, algunos de esos movimientos sociales tienen opiniones de Izquierda, lo cual hace inexplicable que no apoyen este proceso…

“Mire, las últimas encuestas -que no han sido encargadas por nosotros- confirman que los sectores populares están con nosotros. Pero siempre habrá algunos seudo-dirigentes que se toman el nombre de la sociedad y aunque no representen a nadie, la prensa de derecha los magnifica para dañar al gobierno. Esto no sólo ocurre en Ecuador; mire en Bolivia cómo Evo Morales, dirigente social, tiene oposición de grupos indígenas y de trabajadores. Siempre hay desubicados, algunas veces de buena fe, pero la mayoría por ambiciones.

Mire Venezuela, mire el caso de Lula, en Brasil, atacado por sectores de trabajadores, etc. Es la oposición más letal porque utiliza nuestro mismo lenguaje, plantea nuestros mismos objetivos e incluso, invoca nuestros mismos principios. Son lobos disfrazados de ovejas. Los grupos de extrema Izquierda que denuncian a este gobierno porque se ha ‘derechizado’, votan en la Asamblea con la extrema derecha para conspirar contra el gobierno. Pese a nuestras diferencias, con la verdadera Izquierda siempre será más lo que nos une que lo que nos separa. La seudo Izquierda se toma la representación de ese sector político, pero en la práctica actúa como la extrema derecha. Y eso es injustificable, no hay cómo sostenerlo”.

MODELO EXTRACTIVISTA DE ECONOMIA
Un reproche frecuente a gobiernos que encabezan el proceso de cambios en América Latina es que mantienen un modelo tradicional de economía, basado en la extracción de riquezas mineras. ¿Qué opina de esa crítica?

“Es un error garrafal… ¿Dónde está en el Manifiesto Comunista el no a la minería? Tradicionalmente los países socialistas fueron mineros. ¿Qué teoría socialista dijo no a la minería? Son los   seudo-intelectuales postmodernistas los que meten todos estos problemas en una interminable discusión. No hay dónde dudar: salir del modelo extractivista es erróneo. Hay que aprovechar estos recursos al máximo para desarrollar otros sectores de la economía, haciendo que el sector extractivista vaya perdiendo peso para avanzar a etapas superiores en las relaciones económicas. Por ejemplo a una economía del conocimiento, que se basa en el talento humano. ¿Pero de dónde sacamos los recursos para las escuelas y universidades, para los centros de investigación que necesitamos? Es torpe creer ese discurso que busca superar la economía extractivista cerrando las minas y los pozos de petróleo. Probablemente llegaríamos a la economía de recolección, porque no tendríamos nada. Regresaríamos a un estado primitivo, que es lo que algunos quisieran. ¡Perfecto, propóngalo en las elecciones y que democráticamente ganen el derecho a hacerlo!

Creo que la mayoría quiere, razonablemente y en armonía con la naturaleza, tener satisfechas ciertas necesidades básicas. Ecuador ha sido el primer país que en su Constitución ha dado derechos a la Pacha Mama. Pero aquellos seudoeconomistas creen que el ser humano es un estorbo para la naturaleza. Nosotros sostenemos que el ser humano sigue siendo lo más importante. En 2016 seremos exportadores de energía eléctrica gracias a las once hidroeléctricas que estamos construyendo con los recursos del petróleo. Vamos a cambiar estructuralmente la economía ecuatoriana: aumentaremos el sector servicios convirtiéndonos en exportadores de energía limpia”.



GOBIERNOS DEL ALBA

¿Qué principios y objetivos hermanan a su gobierno con los de Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua? ¿Cómo valora los instrumentos de integración creados en los últimos años: Alba, Unasur, Celac?

“Me parece que se ha creado una convergencia de gobiernos, una conciencia única en la historia de América Latina acerca de la necesidad de la integración. Gobiernos de derecha o Izquierda, tenemos una convicción muy profunda de impulsar la integración y la democracia. Son dos cosas sumamente importantes que nos permiten avanzar, más allá de diferencias ideológicas. Pero obviamente, con los gobiernos que compartimos una visión bolivariana, como Venezuela, Bolivia o Cuba, o visiones revolucionarias como Nicaragua, de justicia como Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, tenemos más cercanía. Pero, insisto, las relaciones son muy buenas con todos los gobiernos de la región.

La Patria Grande ya no es un sueño. Se ha entendido como una necesidad de supervivencia, es lo que necesitamos para tener presencia internacional. La integración, como decía Bolívar, ‘no es el deseo de los hombres sino el inexorable decreto del destino’. Estamos construyendo esa Patria Grande: ahí están la alianza bolivariana (Alba), Unasur y Celac, que superan con mucho a organismos creados bajo esquemas neoliberales.

Por ejemplo Unasur significa un proyecto de integración -digámoslo así- ‘integral’. La parte comercial es importante -hablo de un comercio justo, desde luego-. Pero va mucho más allá, aborda integración energética, financiera, conectividad, armonización de políticas, acción colectiva para no ser víctimas de explotadores como ocurrió durante la larga noche neoliberal. En esa etapa América Latina precarizó su oferta laboral: garantizó bajos salarios y estabilidad laboral; el esfuerzo de nuestros trabajadores se traspasó como ganancias a las transnacionales. Ahora no vamos a competir por quién reduce más los impuestos para transferir riqueza y aportar renta a los inversionistas extranjeros. Queremos coordinar un salario mínimo regional sin precarizar nuestra fuerza laboral. Estos temas trata Unasur.

A su vez, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) es más nuestra porque es más latinoamericana. ¿Por qué tenemos que ir a discutir los problemas de América Latina en Washington? El golpe en Honduras tuvimos que discutirlo en Washington. En el caso del diario El Universo, nos acusaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ¡en Washington! por haber osado denunciar a los poderosos de siempre.(2) ¿Por qué tenemos que ir a Washington a dejar en claro que Ecuador respeta los derechos humanos? Es insólito, más aún cuando Washington no reconoce a la CIDH. Son aberraciones intolerables… Es necesario cambiar estas cosas y para eso, se necesita un nuevo sistema fundamentalmente latinoamericano. A eso apunta la Celac”.

RELACIONES CON EE.UU.
¿Considera posible que América Latina pueda alcanzar un nivel razonable de convivencia con EE.UU.?

“Deberíamos tenerla… Está claro que la política de EE.UU. hacia América Latina ha sido básicamente de explotación y subordinación. Pero también hemos sido responsables nosotros, que históricamente hemos agachado la cabeza precisamente por actuar aislados. Integrándonos podremos actuar de igual a igual…”.
Perdone, presidente, pero no es de “nosotros”, los pueblos; la responsabilidad ha sido de los gobiernos entreguistas y de la burguesía…
“Sí, usted tiene razón. Nuestras elites siempre utilizaron el pretexto del progreso de los países para excluir; concentraron todo: sus colegios de lujo, sus barrios de lujo. Crearon ‘Estados aparentes’, representando sólo a una pequeña porción de la sociedad, no Estados integrales como decía Gramsci. Usted tiene razón: no han sido nuestros pueblos, han sido los gobiernos entreguistas y las dictaduras militares que hablaban español pero pensaban en inglés… cuando pensaban, como Pinochet. Por otra parte, hago una diferencia entre los gobiernos de EE.UU. y su política exterior, y el pueblo norteamericano, que es muy bueno. He vivido en ese país, lo conozco. La gente es buena, afable y solidaria. Lamentablemente -y sobre todo en las últimas décadas-, EE.UU. no ha sido gobernado para su pueblo, sino para grandes intereses corporativos. Al pueblo lo manipulan los medios de comunicación. La lucha contra el fantasma del comunismo por ejemplo; después de la segunda guerra mundial convirtió a EE.UU. en un ‘manicomio del anticomunismo’, como escribe Punto Final (PF N° 755, págs. 10 y 11. N. de PF). Pero con una América Latina unida, los norteamericanos se darían cuenta que somos pueblos hermanos que debemos y podemos tener relaciones de amistad y respeto mutuo”.


SISTEMA LATINOAMERICANO DE DD.HH.

Su gobierno plantea reemplazar el sistema “interamericano” de derechos humanos por un sistema “latinoamericano”. Entretanto, Venezuela ha anunciado su retiro de la CIDH, aduciendo motivos semejantes a las críticas del Ecuador. ¿Podría ser también el camino que seguirá su gobierno?

“El caso del diario El Universo nos abrió los ojos en muchos sentidos. Los alcances del poder mediático de la derecha son impresionantes. Se valen además de instancias internacionales como la CIDH, que están por encima de los Estados soberanos. La relatora de esa Comisión pretendía que hasta sus opiniones tuvieran carácter vinculante para nuestro país. Parece ignorar que las únicas cuestiones vinculantes para Ecuador son los tratados firmados. La CIDH, sin embargo, nos pedía información de acuerdo a lo que publicaba el diario acusado. Ni siquiera nos llamaban para consultar nuestro punto de vista. ¡Algo increíble! Descubrimos que la CIDH estaba tomada por intereses ajenos a la región y a los derechos humanos. Hay una burocracia internacional creada por las políticas neoliberales. Son burócratas imbuidos de la visión anglosajona del derecho. ¿Qué es la libertad para los anglosajones? ¡Simplemente la libertad de mercado! De las ocho relatorías de la CIDH, la única con presupuesto propio es la relatoría de libertad de expresión. Sus financistas son EE.UU. -que no reconoce a la CIDH- y la Unión Europea, que no es parte del sistema interamericano”.

A la CIDH sólo le interesan algunos aspectos de la libertad de expresión. ‘Punto Final’, por ejemplo, tiene una disputa con el Estado chileno porque hemos sido excluidos de la publicidad estatal, junto con otros medios de Izquierda. Agotadas las instancias judiciales, llegamos a la CIDH. Ha pasado el tiempo y no hay ningún pronunciamiento de la Comisión...
“Así es, aquí casi matan a una joven periodista ecuatoriana de Telesur, María Elena Rodríguez. ¿Dónde estuvo la CIDH en ese caso? Es impresionante la doble moral de esa instancia. Con este tipo de sistema interamericano de derechos humanos no vamos a ningún lado”.

¿Ecuador está evaluando su retiro de la CIDH?
“No excluimos esa posibilidad. Mañana hablaré con Insulza sobre estos asuntos (el secretario general de la OEA se encontraba en esos días en Quito. N. de PF). Estamos hasta la coronilla con esta situación. Una fundación privada, Fundamedios, financiada por los grupos que controlan la prensa ecuatoriana, tenía acceso directo a la CIDH, trabajaba con ella para elaborar informes contrarios a Ecuador. El representante de la fundación era recibido en Washington hasta por autoridades de gobierno”.
¿No cree que es tiempo de superar la OEA?
“Creo que estamos en otro momento histórico, distinto a aquel en que fue creada la OEA. Ella es fruto de la guerra fría. Fidel Castro la definió como ‘Ministerio de Colonias’ de Estados Unidos. Tenemos que crear un sistema nuestro; en vez de rescatar a la OEA -lo cual es imposible y no tiene sentido-, debemos crear algo nuevo y mejor”.
SOLIDARIDAD CON ARGENTINA
La renacionalización de YPF ha creado una tensa situación entre los gobiernos de Argentina y España. ¿Cómo aprecia la decisión de la presidenta Cristina Fernández? ¿Existe un grado suficiente de solidaridad con Argentina en América Latina?.

“Hay que recordar que YPF era estatal. La privatizó Menem en la larga y triste noche neoliberal. Tengo entendido que Repsol-YPF se negaba a cumplir las políticas del Estado argentino sobre independencia energética. Creo que Argentina tiene todo el derecho de renacionalizar la empresa, en ejercicio de su soberanía y, sobre todo, cuando se trata de proteger recursos no renovables. Un problema bilateral entre Argentina y una empresa se ha convertido en un problema entre Estados. Pero si además se mete la Unión Europea, no dejaremos sola a Argentina. Si este asunto traspasa la dimensión bilateral y la UE se pronuncia, también se pronunciará Unasur. En lo personal, el gobierno de Cristina Fernández tiene toda mi solidaridad. Las empresas privadas en sectores estratégicos, como en este caso, están obligadas a acatar las políticas públicas de los países donde operan. No son empresas que vendan corbatas. Explotan riquezas naturales, son recursos no renovables del país que acoge a esos inversionistas”.

SOCIALISMO DEL SIGLO XXI
¿Cree posible el socialismo en esta América Latina del siglo XXI? ¿Cuáles serían las diferencias con los “socialismos reales” que se derrumbaron en Europa?

“¡Por supuesto que lo creo posible! Pero una parte importante de las definiciones del socialismo del siglo XXI consisten en caracterizar los errores que cometió el socialismo del siglo anterior. Pero veamos las coincidencias: primero, la búsqueda de la justicia. Si uno quisiera definir en una palabra al socialismo del siglo XXI sería: justicia. Socialismo y justicia son palabras mayores en América Latina, que es la región más desigual del planeta. Para oponerse a la justicia, la derecha utiliza conceptos sublimes pero etéreos, como la palabra libertad. Estaríamos atentando contra la libertad los que luchamos por la justicia. Pero la única manera de alcanzar la libertad es a través de la justicia. Y eso es el socialismo.

La necesidad de la acción colectiva es otro elemento fundamental del socialismo. Hay problemas comunes en la sociedad que requieren respuestas comunes. Se presentan hoy desafíos muy grandes, por ejemplo el socialismo del siglo XXI no puede tener una realidad económica que no considere el mercado, que fue el error del socialismo tradicional. El gran desafío es la acción colectiva para gobernar ese mercado y controlarlo para que rinda los frutos que son esenciales. Lo que no se puede dejar al mercado es salud y educación. Privatizarlos es un absurdo. Lo mismo ocurre con sectores estratégicos, como los recursos no renovables. Al mercado se le sobrestimó: puede hacer algunas cosas pero no puede hacer todas las cosas.
El neoliberalismo satanizó la política para dejar indefensas a las sociedades. Entre las diferencias del socialismo de este siglo con el anterior hay que destacar no ser dogmático, no se puede aplicar el mismo remedio a toda enfermedad; el socialismo nuestro se basa en principios, no en modelos. La solución de cada problema no está en un manual. El socialismo hay que construirlo día a día. Hay gente que prefiere estar rigurosamente equivocada sin aceptar la razón y la verdad. No hay un solo socialismo. El del Ecuador es diferente al de Venezuela, Francia, etc.

Tampoco podemos ser estatistas absolutos. A esta altura del desarrollo de la Humanidad no podemos sostener que todos los poderes corresponden al Estado. Hay que lograr un justo balance entre el individuo y la sociedad. Demasiado individualismo mata a la sociedad, demasiado colectivismo mata al individuo, y ambos son necesarios para el buen vivir. En nuestro socialismo del siglo XXI hay que cuestionar incluso aspectos del materialismo dialéctico. Puede ser que la tesis estaba equivocada y que la antítesis era correcta. Pero nos quedamos con una síntesis incorrecta y el resultado fue que retrocedimos...”
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viernes, 25 de mayo de 2012

COLOMBIA. TLC: ¿Hacia dónde vamos”. “Hay que hacer lo que Estados Unidos hizo, no lo que Estados Unidos dice que hagamos”.

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¿Pero qué vamos a vender y a comprar a los Estados Unidos? Tanto hoy como en el siglo XIX, la ventaja comparativa de los recursos naturales es la salida a la impotencia creativa, nuestro destino marcado por los intereses creados en el pasado colonial. El ex director de Planeación Nacional Santiago Montenegro lo expresó así: "Cada día hay más conciencia de las posibilidades de crecer hacia fuera y aprovechar las ventajas comparativas que tiene Colombia (...) con base en recursos naturales" (2006, 'Sociedad abierta, geografía y desarrollo'). En este sentido, el proyecto de la Ley 178 de 2006, que reglamenta el TLC con Estados Unidos, es más concreto en la clase de los productos que se van a exportar: "Las frutas, las hortalizas, los productos cárnicos, los lácteos, el cacao, el tabaco, el caucho, los productos de la acuicultura, los maderables, las confecciones, los productos de la industria editorial, y muchos más". ¿Cuáles? Si fueran importantes, estarían de primeros.
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COLOMBIA. TLC: ¿Hacia dónde vamos”.
“Hay que hacer lo que Estados Unidos hizo, no lo que Estados Unidos dice que hagamos”.
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Guillermo Maya (especial para ARGENPRESS.info).

Jueves 24 de mayo del 2012.

Hay que hacer lo que Estados Unidos hizo, no lo que Estados Unidos dice que hagamos.
Los colombianos fueron a una guerra, en la mitad del siglo XIX, Gólgotas contra Draconianos, en lucha por el libre comercio. Mientras los artesanos se oponían al libre comercio, los comerciantes lo apoyaban. Estos últimos, los Gólgotas, ganaron.

En toda Latinoamérica se repitió el libreto colombiano, e igualmente ganaron los comerciantes. De otro lado, también en Estados Unidos fueron a una guerra entre 1862-65, no tanto por la libertad de los esclavos, como por el libre comercio internacional. Sin embargo, ganó el norte industrial y proteccionista, mientras el sur, terrateniente, esclavista y productor de materias primas, algodón, azúcar, etc., perdió sus privilegios.

La comparación derivada de estas dos historias resulta interesante, sobre todo por las consecuencias que cada una de estas confrontaciones tuvo para sus respectivos países. Mientras los estadounidenses desarrollaron la economía manufacturera más poderosa del mundo, "haciendo lo que los ingleses habían hecho", es decir, protegiéndola; los latinoamericanos, "haciendo lo que los ingleses predicaban", han arrastrado una historia de fracasos y violencia, y economías nacionales entre la mediocridad y la pobreza.

Hoy, después de 150 años, en Colombia, la élite dirigente le está apostando al libre comercio, bajo diversos ropajes, como motor del crecimiento y el empleo. Primero fue la llamada apertura, con rebajas arancelarias unilaterales, privatizaciones de activos públicos, liberalización cambiaria y financiera, etc. Un decálogo de medidas más conocidas como el Consenso de Washington, desde finales del gobierno de Virgilio Barco hasta el presente. Luego, en segundo lugar, con los llamados tratados de libre comercio (TLC), que son acuerdos entre partes, y que son más tratados de inversión que de comercio, siendo el TLC con Estados Unidos el más importante y que comenzó a ejecutarse a partir de mayo 15.

¿Pero qué vamos a vender y a comprar a los Estados Unidos? Tanto hoy como en el siglo XIX, la ventaja comparativa de los recursos naturales es la salida a la impotencia creativa, nuestro destino marcado por los intereses creados en el pasado colonial. El exdirector de Planeación Nacional Santiago Montenegro lo expresó así: "Cada día hay más conciencia de las posibilidades de crecer hacia fuera y aprovechar las ventajas comparativas que tiene Colombia (...) con base en recursos naturales" (2006, 'Sociedad abierta, geografía y desarrollo'). En este sentido, el proyecto de la Ley 178 de 2006, que reglamenta el TLC con Estados Unidos, es más concreto en la clase de los productos que se van a exportar: "Las frutas, las hortalizas, los productos cárnicos, los lácteos, el cacao, el tabaco, el caucho, los productos de la acuicultura, los maderables, las confecciones, los productos de la industria editorial, y muchos más". ¿Cuáles? Si fueran importantes, estarían de primeros.

¿Y qué vamos a comprar? El principal argumento a favor del TLC es que los consumidores son los grandes ganadores porque se importarán alimentos más baratos. Para Armando Montenegro, el consumo de arepa está castigado con el arancel del 40% al maíz blanco: "Se trata, por lo tanto, de un injusto mecanismo para trasladar plata de los millones de consumidores de arepas, en su gran mayoría de bajos ingresos, a los productores de maíz". ('El Espectador', octubre 16-2011).

En el mismo sentido, Juan Carlos Echeverry, Ministro de Hacienda, argumenta a favor de los consumidores, los beneficios del libre comercio: "Igualmente, como consumidor, uno preferiría que llegaran millones de toneladas de pollo barato con las cuales se pudieran alimentar millones de familias. (...) Mayor variedad, mayor competencia y precios más bajos es lo que interesa al consumidor" (El Tiempo, 'Tratado de libre comercio: negociadores de quién', sept. 2-2005). Igual sucede con el ex ministro Carlos Caballero Argáez: "El TLC me gusta por otra razón, los consumidores van a ser los grandes ganadores porque los precios de los alimentos (...) se van a reducir". (El Tiempo, '¿Por qué no cambiar una realidad inaceptable?', octubre 21-2011).

Sin embargo, lo que todos no dicen es que los subsidios que reciben los grandes productores agrícolas estadounidenses de su gobierno son enormes, aunque inevitables para los 'lobbistas'. Colombia juega gallina, Estados Unidos subsidia: "Los subsidios que otorgan ciertos países existen y van a existir y no nos deben asustar, porque son una inevitabilidad" (El Tiempo, entrevista a Alberto Carrasquilla, octubre 21-2011).

Es decir, Estados Unidos va a seguir subsidiando sus productores agrícolas y pecuarios, a pesar del tratado. Por esta razón, Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, en sus declaraciones sobre el TLC de Colombia con Estados Unidos a la cadena de radio Caracol, el 2 de febrero de 2007, dijo que el TLC "no es justo ni libre (...) lo llaman libre pero, si lo fuera, se eliminarían (los) subsidios de la agricultura norteamericana y las barreras de tarifas (aranceles)".

Florentino González, el ideólogo de los Gólgotas, esperaba que la Nueva Granada (Colombia hoy) se especializara en las exportaciones agrícolas y mineras, mientras se importaban manufacturas de Europa y Estados Unidos (Nieto Arteta, Eduardo, 1942, 'Economía y cultura en la historia de Colombia'). Sin embargo, "los tecnócratas", aquellos que en economía creen en la omnipotencia del mercado, esperan que Colombia se convierta en un importador no solo de manufacturas sino también de productos agrícolas subsidiados, mientras la megaminería transnacional arrasa con el medio ambiente y los bienes comunes de los colombianos.

En consecuencia, en estas dos últimas décadas, no solo se destruyó la manufactura, sino también la agricultura. Colombia se desindustrializó, se cerraron plantas industriales en todas las ciudades, y se volvió importadora de alimentos. La economía se convirtió en minera-exportadora, transformación productiva al revés, y una pésima infraestructura. La revaluación del peso abarató las importaciones (funciona como un subsidio) y encarecieron las exportaciones (la revaluación actúa como un impuesto), y de paso, convirtió a los industriales en ensambladores de piezas importadas. El ingreso se concentró, el Gini pasó de 0,47 a 0,58. Y como corolario, sucedió la crisis económica (1998-2001) más grave de la historia colombiana.

¿Esperar otros 150 años para que los colombianos nos demos cuenta de que se tomó el camino equivocado? Hay que hacer lo que Estados Unidos hizo, no lo que Estados Unidos dice que hagamos.
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jueves, 24 de mayo de 2012

El G-8 y el nuevo ajuste económico global. “Mitigar la recesión y estimular el crecimiento”.

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El FMI pronostica para 2012 un crecimiento global de 3.5 por ciento y en las economías industrializadas se estima un crecimiento levemente sobre el 2 por ciento para 2013. La elevada deuda fiscal en varios países como España, Grecia, Italia, Francia entre ellos, la disminución del volumen de liquidez bancaria en especial en la economía real y la reducción del gasto fiscal, todo combinado, contribuirá a la anunciada recesión de la Euro Zona en 2012 y que se puede prolongar hasta 2013. No es la economía el dilema del G 8 que se reunió en Chicago recientemente, sino que la política. El esquema de gobernar el capitalismo y la democracia capitalista con órganos tan centralizados como el que refleja este grupo para dictar políticas públicas es una ruptura respecto a la carta de Naciones Unidas que aboga multilateralismo en la toma de decisiones globales. La proliferación de instancias como G-8, G-20 y órganos intergubernamentales o regionales está sofocando esa vía.
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El G-8 y el nuevo ajuste económico global.
“Mitigar la recesión y estimular el crecimiento”.
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Martes 22 de mayo del 2012.
Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Frente al incremento de las demandas sociales a nivel global el G8 asegura desde la partida que no se les desarme el tablero. En cierta forma advierten de que en vez de mitigar recesión y estimular crecimiento, cualquier concesión podría crear expectativas para la rectificación más radical del actual modelo.

El planteamiento es claro. Existen condiciones más bien para un nuevo ajuste que para implementar el pacto social pendiente desde que se aplicó el gran ajuste estructural global en la década de 1980, 25 años atrás. La interpretación de que Angela Merkel, la jefa de estado alemana, estaría aislada en su postura de un ajuste más radical es un espejismo porque el diagnóstico de la economía mundial le favorece.

El FMI pronostica para 2012 un crecimiento global de 3.5 por ciento y en las economías industrializadas se estima un crecimiento levemente sobre el 2 por ciento para 2013. La elevada deuda fiscal en varios países como España, Grecia, Italia, Francia entre ellos, la disminución del volumen de liquidez bancaria en especial en la economía real y la reducción del gasto fiscal, todo combinado, contribuirá a la anunciada recesión de la Euro Zona en 2012 y que se puede prolongar hasta 2013.

No es la economía el dilema del G 8 que se reunió en Chicago recientemente, sino que la política. El esquema de gobernar el capitalismo y la democracia capitalista con órganos tan centralizados como el que refleja este grupo para dictar políticas públicas es una ruptura respecto a la carta de Naciones Unidas que aboga multilateralismo en la toma de decisiones globales. La proliferación de instancias como G8, G 20 y órganos intergubernamentales o regionales está sofocando esa vía.

Frente al conservadurismo galopante estimulado por la crisis financiera que estalla en 2008, el grupo de las ocho economías más desarrolladas decide montar medidas económicas igualmente conservadoras aunque menos agresivas en la dimensión social. No tienen otra alternativa para mitigar los efectos de la bomba social, porque las limitantes son mayores que las oportunidades.

Sin embargo el tema de modificar con cierta radicalidad el modelo está latente y en vez de abordarlo, se buscan medidas paliativas a través de combatir el desempleo, el ataque a la pobreza, educación, seguridad, innovación, entre otros paradigmas del desarrollo

La crisis financiera de 2008 demostró la carencia de mando político y de gestión que no se encontraba en la estructura del sistema económico. Desde la elite del poder económico se reaccionó para proteger el circuito inmediato de la supervivencia de modo que el “sistema no se detuviera” como fue la declaración de los banqueros. Se reclamó liderazgo político como si fuera algo externo. Esa misma elite que limitó la vía política y una mayor participación ciudadana en la gestión del nuevo orden económico internacional implantado, demandaba una urgente intervención política.

El argumento de que democracia y libre mercado pueden formar el sistema político que estimule la capacidad de las sociedades para absorber los ajustes fiscales y las reformas institucionales correspondientes ya no se sustenta. La actual situación de la economía ha hecho más visible una falla principal en el estado liberal y dos de sus pilares a los que recurre discrecionalmente en tiempos de crisis: autoritarismo económico y demagogia política.

Desde la aplicación del ajuste estructural en la década de 1980 estos dos argumentos fueron llevados a un extremo tal que ahora en 2012 se viven las consecuencias sociales. El problema central consiste en que el actual modelo económico no ha generado un sistema político que lo sustente socialmente. Las dificultades políticas de este modelo económico instaurado en las tres últimas décadas así lo demuestra

El primer capítulo se inaugura con el ajuste estructural de las economías a comienzos de la década de 1980. La medida se adopta sin consulta ciudadana. Es cuando la crisis financiera de la década anterior obliga a las economías a que el estado reduzca su rol económico a través de privatizaciones y desregulaciones. Este fenómeno fue global aunque la fuerza gravitacional estaba centrada en Estados Unidos y Europa.

Los países pobres y subdesarrollados debieron comenzar a pagar deudas, equilibrar sus cuentas y reducir el gasto fiscal. El proceso incitó a varios próceres del desarrollo a anticipar una debacle en el tren de progreso del control de las enfermedades y reducción de la mortalidad infantil. El segundo capítulo comienza con la crisis 25 años más tarde y se le solicita a ese estado ya debilitado que sostenga al sistema financiero.

El ajuste fiscal, la desregulación, la privatización a ultranza fueron aceptados políticamente y consolidados mientras se caía el andamiaje político que propendía a la estatización. Es así que esta fórmula instalada 25 años atrás es la misma que transpira detrás de la cosmética en la declaración final de esta cumbre en Chicago.
El corolario triste es que una vez más se constata un multilateralismo desmembrado en su rol político más básico como es el de instalar una agenda global relevante para desarrollar un nuevo pacto social a nivel global, que es la esencia de la carta fundamental de la ONU.
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