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"La presencia de las figuras de
Vladimir Lenin, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en las actividades del PCM y en las páginas de El
Machete tuvo, en ese mismo periodo, un correlato visual en algunas
obras de los principales muralistas mexicanos. Por ejemplo, Diego Rivera
incorporó a Rosa Luxemburgo y a Lenin en el mural Retrato de
América (1933), específicamente en la sección titulada “Unidad
proletaria”. Lenin también apareció en otras obras de Rivera, como El
hombre controlador del universo (1934), cuya versión original fue
realizada en el Rockefeller Center de Nueva York y posteriormente destruida
debido a la inclusión de la imagen del líder de la revolución rusa de 1917.
Más tarde, esta obra fue reproducida en el Palacio de Bellas Artes de México,
recinto que también alberga la pintura La revolución rusa
(1933), en la que nuevamente figura Lenin. Por su parte, José Clemente
Orozco incluyó a Lenin en el panel Lucha en Occidente (1931), parte
del mural realizado en la New School for Social Research, de la ciudad de Nueva
York.
"La peculiaridad de las jornadas LLL en
México –que
relacionaron la actividad de comunistas, obreros y campesinos mexicanos con
figuras comunistas extranjeras– fue una clara expresión de internacionalismo.
Este afirmaba que para los trabajadores mexicanos era tan importante conocer
sus propias luchas como las de los trabajadores de otros países, y
que no existía ninguna peculiaridad nacional que estuviera por encima de las
generalidades de la revolución socialista a escala mundial.
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Tres grandes revolucionarios comunistas murieron en enero y, por si fuera poco, sus nombres comienzan con la letra L: Lenin, Luxemburgo y Liebknecht. Foto La Jornada.
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LENIN, LUXEMBURGO Y LIEBKNECHT.
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Por Ángel
Chávez Mansilla.
Fuentes. Diario La Jornada Ciudad de México martes 20 de enero del 2026.
Decía Friedrich Engels que la casualidad no es la ausencia de orden, sino la incapacidad humana para explicar las múltiples determinaciones que hay detrás de un acontecimiento o fenómeno. Sin embargo, cuando la casualidad se hace presente, a veces no queda más que aceptarla sin buscarle explicación. Así, por ejemplo, existe la casual coincidencia de que tres grandes revolucionarios comunistas murieron en enero y, por si fuera poco, sus nombres comienzan con la letra L: Lenin, Luxemburgo y Liebknecht.
Luxemburgo y Liebknecht fueron miembros del Partido
Socialdemócrata de Alemania, pero cuando esta organización apoyó al
gobierno en la Primera Guerra Mundial, ambos se deslindaron y crearon el
grupo espartaquista, que encabezó un levantamiento revolucionario en
enero de 1919. La detención y asesinato de Luxemburgo y Liebknecht el 15 de
enero de 1919, así como la represión del levantamiento obrero por
parte del gobierno alemán dirigido por Friedrich Ebert, ex compañero de
ambos comunistas confirmó que la socialdemocracia, en su aspiración
de obtener reformas que mejoraran de manera inmediata la condición de los trabajadores,
actúa como guardiana del orden capitalista, dispuesta a ahogar en sangre
cualquier intento de supresión del sistema capitalista.
Ante la derrota de la revolución en
Alemania, en su
último artículo Liebknecht reflexionó que los vencidos se curan de
falsas ilusiones y que la lección era que no cabía confiar más que en las
propias fuerzas, en clara referencia a la traición de la
socialdemocracia a los trabajadores que deseaban derrocar el capitalismo.
Por su parte, Rosa Luxemburgo sentenció:
“¡El orden reina en Berlín!” ¡Ah, estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro “orden” está levantado sobre la arena. Un retrato literario de estos acontecimientos fue realizado por Alfred Döblin en la tetralogía noviembre de 1918.
Por si fuera poca la tragedia de enero
de 1919, la
casualidad quiso que el 21 de enero de 1924 falleciera Lenin, dirigente bolchevique
de la revolución rusa, quien había rendido homenaje a Luxemburgo al
llamarla “águila de la revolución”. Frente a esta tétrica coincidencia de
la “triple L”, la Internacional Comunista (IC) decidió organizar
actos conmemorativos conocidos como las Jornadas
LLL. Siguiendo esta
orientación, los partidos comunistas organizaron conferencias, mítines y
publicaron textos en honor a estos revolucionarios.
En nuestro país, el Partido Comunista de México (PCM) atendió la tarea encomendada por la IC realizando actos públicos en homenaje a la LLL. En las páginas de El Machete combinó semblanzas e imágenes de estos tres revolucionarios con notas sobre la lucha del pueblo mexicano. Por ejemplo, en El Machete de enero de 1933 se incluyeron notas sobre la toma de tierras por campesinos en Nuevo León, la represión militar contra los obreros de San Bruno en Xalapa, Veracruz, y se publicaron imágenes de Lenin, Luxemburgo y Liebknecht, destacando que eran ejemplo para los comunistas mexicanos. En 1934, como parte de la jornada LLL, El Machete publicó fotografías de Rosa y Karl junto a una nota sobre una huelga de camioneros en Azcapotzalco. En 1935, la jornada LLL culminó con la organización de un mitin en el Teatro Hidalgo, en el Distrito Federal, el 21 de enero, al que asistieron más de 500 personas. En aquel acto, el PCM aún sostenía una posición crítica frente al gobierno de Lázaro Cárdenas, al que caracterizaba como burgués y demagogo, usuario de frases de izquierda tomadas del socialismo.
kart Liebknecht.
La conmemoración de la triple L fue asumida por el PCM como un medio de agitación para atraer nuevos militantes. Por ejemplo, en 1935 el partido inició una campaña de reclutamiento que combinó en la portada de El Machete información sobre la huelga de los trabajadores petroleros de El Águila con la consigna “Recordad a Lenin: ingresad a su partido”. De igual forma, en enero de 1934 el PCM organizó una campaña de reclutamiento vinculada a la jornada LLL que adquirió una peculiaridad propiamente mexicana: asociar esta labor a la figura de Julio Antonio Mella, el revolucionario cubano asesinado en México como militante del PCM. Así, los comunistas mexicanos impulsaron de manera simultánea la jornada LLL y la campaña de afiliación al PCM, que iniciaba el 10 de enero, fecha del asesinato de Mella, y concluía el 18 de marzo, aniversario del inicio de la Comuna de París. La consigna publicada en El Machete fue: “Ingresa al Partido Comunista, el partido de Julio Antonio Mella”.
La presencia de las figuras de
Vladimir Lenin, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en las actividades del PCM y en las páginas de El
Machete tuvo, en ese mismo periodo, un correlato visual en algunas
obras de los principales muralistas mexicanos. Por ejemplo, Diego Rivera
incorporó a Rosa Luxemburgo y a Lenin en el mural Retrato de
América (1933), específicamente en la sección titulada “Unidad
proletaria”. Lenin también apareció en otras obras de Rivera, como El
hombre controlador del universo (1934), cuya versión original fue
realizada en el Rockefeller Center de Nueva York y posteriormente destruida
debido a la inclusión de la imagen del líder de la revolución rusa de 1917.
Más tarde, esta obra fue reproducida en el Palacio de Bellas Artes de México,
recinto que también alberga la pintura La revolución rusa
(1933), en la que nuevamente figura Lenin. Por su parte, José Clemente
Orozco incluyó a Lenin en el panel Lucha en Occidente (1931), parte
del mural realizado en la New School for Social Research, de la ciudad de Nueva
York.
La peculiaridad de las jornadas LLL en
México –que
relacionaron la actividad de comunistas, obreros y campesinos mexicanos con
figuras comunistas extranjeras– fue una clara expresión de internacionalismo.
Este afirmaba que para los trabajadores mexicanos era tan importante conocer
sus propias luchas como las de los trabajadores de otros países, y
que no existía ninguna peculiaridad nacional que estuviera por encima de las
generalidades de la revolución socialista a escala mundial.
*Historiador de la ENAH. @Chavez_Angel
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