El
informe mundial de OXFAM Internacional – presentado en el escenario mundial,
cuando los ricos del mundo se reúnen – como todos los
años – en el Foro Económico Mundial de Davos, con la finalidad de fijar u
ordenar algunas “tareas o responsabilidades que deben ser abordadas en el año” –
como el problema de la guerra, la nueva bomba de hidrógeno, la violencia y el
terrorismo en las ciudades, el estado Islámico, la pobreza, el desempleo
mundial, la contaminación ambiental, el cambio climático global y las consecuencias
sobre la población y en general el
problema de la desigualdad, que se ha mundializado. Pero la observación
central se concentra y sistematiza en este aspecto hoy sumamente grave, frío, calculado, inhumano, como es
el de la desigualdad económico-social. (El gran problema para ellos y todo
el neoliberalismo global, que la desigualdad la siguen considerando como un
resultado de la falta de “oportunidades” para
miles de millones de seres humanos a nivel sistémico). Ahí radica la raíz del
problema múltiple, complejo, que nace en
la propia estructura del sistema y cada vez se ahonda – las distancias son
más extremas – es producto de la propia concentración en pocas manos de la propiedad de las corporaciones globales – (el
origen de la desigualdad económica y su mundialización) y como estas
corporaciones han eliminado – destruido totalmente – los derechos de los trabajadores, originando nuevas “formas y prácticas” de contratación cada vez más extremas, humillantes y
esclavizantes, (incluido el proceso global de la Deslocalización Empresarial de miles de miles de empresas de
occidente hacia el sudoeste asiático,
México, Centro América y el Caribe), dando origen hoy a miles de millones de
los “nuevos esclavos asalariados del siglo XXI”, sin derechos sociales y víctimas directas de la desigualdad social
Carlos
Slim, Warren Buffett y Bill Gates son los tres hombres más ricos del mundo. La acumulación de riqueza continúa en forma ascendente en
imparable, por lo general, mediante “nuevos” mecanismos y prácticas – que hasta
“ayer” – parecían servicios sociales de parte del Estado hacia la Ciudadanía,
pero hoy son fuentes de acumulación mundial del capital por desposesión: Educación, Sanidad, Sistema de Pensiones
(AFP), deuda externa, sistema financiero (tarjetas de crédito) y un “mundo” de
negocios que hoy acumulan la riqueza, por ejemplo en beneficio absoluto de los
tres distinguidos empresarios mundiales. Y
el informe de OXFAM Internacional , como la entrevista al distinguido
Econometrista, nos informan que todo este sistema de mayores fuentes de
acumulación se dan en un escenario mundial de un sistema que ha fracasado totalmente,
he ahí la gran contradicción de un Mundo Multipolar.
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Carlos Slim, Warren Buffett y
Bill Gates son los tres hombres más ricos del mundo. La acumulación de riqueza
continúa en forma ascendente en imparable, por lo general, mediante “nuevos”
mecanismos y prácticas – que hasta “ayer” – parecían servicios sociales de
parte del Estado hacia la Ciudadanía, pero hoy son fuentes de acumulación mundial
del capital por desposesión: Educación, Sanidad, Sistema de Pensiones (AFP),
deuda externa, sistema financiero (tarjetas de crédito) y un “mundo” de
negocios que hoy acumulan la riqueza, por ejemplo en beneficio absoluto de los
tres distinguidos empresarios mundiales.
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“EL MODELO
ECONÓMICO HA FRACASADO”
Entrevista a Mikhail
Maslennikov, Econometrista de OXFAM.
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Sesenta y dos multimillonarios
son tan ricos como la mitad del mundo, según el informe de Oxfam. El consejero
Maslennikov sostiene que la desigualdad demuestra el fracaso del modelo y
exhorta a los países a redefinir el sistema fiscal.
Elena Llorente
Página/12 En Italia
Desde Roma jueves 21 de enero del 2016.
El
informe de la organización internacional Oxfam sobre la desigualdad en el
mundo, “An economy for the 1%” (una economía para el 1%), difundido esta
semana, muestra que las 62 personas más ricas del mundo –53 de ellas hombres,
con los estadounidenses Bill Gates y Warren Buffet y el mexicano Carlos Slim a
la cabeza– detentan en conjunto la misma riqueza que 3600 millones de pobres
del mundo. Esto equivale a decir que poseen la riqueza de casi la mitad de la
población mundial que hoy suma poco más de 7300 millones. Las cifras son
espeluznantes si se agrega además que esta brecha está creciendo más rápido de
lo que la misma Oxfam había predicho hace un año y que las mujeres están
desproporcionadamente afectadas por esta desigualdad. Oxfam –cuyo nombre deriva
de Oxford, Inglaterra, donde fue fundada en 1942, y de famine que en inglés
significa hambre o hambruna– es una confederación de 17 organizaciones no
gubernamentales que trabaja en 94 países para encontrar soluciones a la
pobreza. Mikhail Maslennikov es un matemático y econometrista que trabaja en
Oxfam Italia como policy advisor (consejero político) sobre temas de
desigualdad económica y justicia fiscal.
–Según
el informe de Oxfam 62 multimillonarios tienen la misma riqueza que casi la
mitad del mundo. ¿Cómo se ha llegado a esta conclusión?
–Hemos
analizado la distribución del rédito a escala global. La desigualdad es un
síntoma de gran malestar social y por otra parte ahora se está transformando en
un argumento llevado adelante por organizaciones económicas internacionales
como el FMI, Ocde (Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico),
Banco Mundial. Porque si las desigualdades económicas no fueran tan extremas
como ahora, se habría favorecido el crecimiento económico interno en distintas
regiones del mundo. En Italia, por ejemplo, se estima que la pérdida del PIB
(Producto Bruto Interno) del 8 por ciento en estos años se debió también a las
desigualdades económicas. Por eso hay un gran interés en las organizaciones
internacionales por la reducción de las desigualdades económicas, para
favorecer así un crecimiento duradero y sostenible.
–Y
los gobiernos, ¿qué rol han cumplido en todo esto?
–Los
gobiernos en general han subestimado el fenómeno y en cierto sentido lo han
favorecido con ciertas decisiones a nivel de política pública. Oxfam se ha
concentrado en los efectos producidos por las políticas fiscales, especialmente
en los sistemas fiscales nacionales que no son lo suficientemente progresivos
(más se gana, más se paga). En muchos países –un caso llamativo es Estados
Unidos– en los últimos 30 años las alícuotas fiscales para los réditos más altos
han sido llevadas al mínimo. Esto ha permitido la concentración del rédito en
los sectores más altos de la población que pagaron menos tasas al estado. Un
ejemplo de poca progresividad en materia fiscal es Italia, donde la alícuota
que paga al estado una persona que gana 80.000 euros al año y otra que gana 8
millones, es la misma.
–Usted
mencionó también los salarios...
–Para
analizar la desigualdad hemos visto también el rédito del trabajo en los
últimos 25 o 30 años, hemos analizado el rédito global debido al rédito del
trabajo. Y concluimos que sobre la amplia desigualdad económica inciden también
las variaciones retributivas. Entre los que ocupan cargos de directivos y los
empleados medios la brecha se ha ampliado con el pasar de los años. En el informe
hemos analizado casos significativos de grandes compañías estadounidenses. Hay
datos de varios países, como Estados Unidos, India o Reino Unido, pero no todas
las compañías tienen obligación de publicar los salarios de los grandes
managers. En otros países no están obligados a hacerlos públicos. En los países
que se pudo ver, la diferencia se está acentuando.
–¿Otros
factores que han influido en agrandar la brecha entre ricos y pobres?
–Han
influido también las políticas económicas de los últimos 30 años. Ha habido una
reducción de las inversiones en los servicios públicos esenciales en general.
La de- sigualdad económica para nosotros es también una demostración de que
este modelo económico ha fracasado. Cuanto más poder económico se tiene, más
riqueza se posee y más se pueden condicionar las decisiones en materia de
política económica de parte de los gobiernos.
–¿Cuál
ha sido el rol del dinero enviado a los llamados paraísos fiscales?
–Cuando
la concentración de la riqueza llega a la cúspide de la pirámide, se trata de
conservarla. Una de las formas para hacerlo es defender los privilegios
fiscales o bien esconder esa riqueza en algún paraíso fiscal. Algunos
economistas y Oxfam han estimado que unos 7600 billones de dólares están
escondidos en los paraísos fiscales. Si sobre esta riqueza se pagaran los
impuestos, los introitos fiscales para los gobiernos serían de unos 190 mil
millones por año. Además los paraísos fiscales son el punto de llegada de las
ganancias transferidas por las grandes multinacionales pero también por
individuos, fuera de las jurisdicciones fiscales de los países donde realmente
hacen su actividad. El ejemplo es el reporte 2012 de grandes compañías
estadounidenses que han declarado réditos en las islas Bermudas –un paraíso
fiscal– por 80.000 millones de euros, que es el 3,3 por ciento de sus réditos
globales. Pero esa cifra no refleja la real presencia económica de esas
compañías en las Bermudas donde tienen apenas el 0,3 por ciento de sus ventas
globales y el 0,01 por ciento del costo laboral global.
–En
estos días se hace el tradicional Foro de Davos, en Suiza, que concentra a
políticos, economistas y empresarios de todo el mundo. ¿Qué planteará Oxfam
allí?
–Queremos
hacer un llamado a las elites y a los gobiernos, lanzando una petición por una
mayor justicia fiscal, y queremos también recordar a las elites el nivel de
desigualdad en el que vivimos y la responsabilidad que ellos tienen. Oxfam ha
demostrado que de las 200 compañías analizadas –entre las que están incluidas
las 120 más grandes del mundo y unos 100 socios estratégicos del Forum–, 9 de
cada 10 están presentes en los paraísos fiscales. No se pretende demonizar con
esto las compañías, pero queremos decir que el dinero enviado a los paraísos
fiscales exacerba la desigualdad. O sea, habrá un llamado de atención sobre los
niveles insostenibles de la desigualdad y por otra parte se apuntará el dedo de
forma provocadora contra la evasión fiscal de las corporaciones que estén
presentes en Davos.
–¿Según
usted qué debería hacer cada país para tratar de disminuir las diferencias
entre ricos y pobres?
–Como prioridad creo que sería necesaria una redefinición del sistema
fiscal para que sea más progresivo y un análisis del impacto de ese nuevo
sistema sobre los niveles de desigualdad. También mayores inversiones en
servicios públicos esenciales como educación y salud, y políticas de apoyo al
trabajo. Y a
nivel internacional, los gobiernos deberían contribuir a una reforma de la
fiscalidad internacional, poniendo fin a los paraísos fiscales.
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