sábado, 16 de junio de 2018

KIM, TRUMP Y LA NUEVA GEOPOLÍTICA MUNDIAL.

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LA CUMBRE DE SINGAPUR ABRIRA EL CAMINO HACIA LA PAZ ?. TRUMP Y KIM JON-UN Y SU COMPROMISO HISTÓRICO-POLÍTICO. PODEMOS REALMENTE CONFIAR EN AMBOS PERSONAJES?.- Los presidentes de la República Popular Democrática de Corea, KIM JONG-UN, y el de Estados Unidos, DONALD TRUMP, lograron bajar las tensiones al concretar una Cumbre en Singapur cuyo tema central fue el NUCLEAR. Por el momento los pueblos de las dos Coreas y los países que los circundan, desde Japón a Filipinas en el Pacífico pasando por más de la mitad de Asia, pueden dormir más tranquilos porque la amenaza de una catástrofe nuclear que los afecte directamente se aleja, aun cuando todavía no hay concretadas garantías definitivas. Según los trascendidos, tales puntos se refieren a lo siguiente: Estados Unidos y la República Popular Democrática de Corea (RPDC) se comprometen a:

1) ESTABLECER nuevas relaciones entre ambos países en correspondencia con el deseo de sus pueblos de alcanzar la paz y la prosperidad. 2) AUNAR esfuerzos para construir un régimen pacífico y estable en la península de Corea. 3) REAFIRMAR la Declaración Panmunjom del 27 de abril de 2018 según la cual Corea del Norte se compromete a trabajar en una desnuclearización completa de la península. 4) COMPROMETERSE en recuperar a los prisioneros de guerra y desaparecidos en combate, incluyendo la repatriación inmediata de aquellos que ya han sido identificados.
DE TODAS FORMAS ES MUY IMPORTANTE QUE LUEGO DE CASI 70 AÑOS de odios, rencores, amenazas y temores de todo tipo, se haya realizado una reunión al más alto nivel y aparentemente exitosa en relación con un contexto signado por una retórica muy agresiva en la que se desarrollaron las pésimas relaciones entre el gobierno de TRUMP y el de COREA DEL NORTE. Esta cumbre, realizada en un terreno neutro como SINGAPUR, fue posible gracias a una indeclinable política nuclear defensiva por parte de Pyongyang sin cuyo desarrollo y sostenibilidad una reunión de esa naturaleza. Indudablemente es un gran paso, y si se concretan será un aporte a la tranquilidad que el mundo necesita, pero no el último. Hacen falta más todavía. Si realmente hay una voluntad de paz global, TRUMP tiene otra gran oportunidad de demostrarlo: restablecer su compromiso con el acuerdo nuclear iraní, y retirar las nuevas y viejas sanciones al gobierno de Teherán.
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KIM, TRUMP Y LA NUEVA GEOPOLÍTICA MUNDIAL.

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Ángel Guerra Cabrera.

Rebelión viernes 15 de junio del 2018.

 
La cumbre coreano-estadounidense de Singapur parece significar un importante jalón hacia la distensión y la paz en la península coreana. El solo hecho de que haya iniciado un diálogo fluido entre los jefes de Estado de los dos archienemigos el acuerdo alcanzado entre ellos, también constituye un gran paso de distensión en el este de Asia y para el resto del planeta, pues ningún país, no importa cuán lejano se encuentre del conflicto, podría escapar a los terribles efectos de una guerra nuclear.

Desde luego, si esta cumbre pudo celebrarse y reencarrilar, tal vez por un buen tiempo, la deriva fatídica a la que parecía encaminarse el diferendo entre Washington y Pyongyang, se debe en primer lugar a la recomposición geopolítica que vive el mundo. Ya no existe más aquella hegemonía de Estados Unidos, que parecía incontestable hace poco menos de tres décadas. Es más, la alianza occidental surgida después de la Segunda Guerra Mundial se resquebraja por fallas tectónicas ya inocultables. De ello son ejemplos la brutal guerra comercial de Estados Unidos contra Rusia, China, la Unión Europea, Canadá y México y el sensacional derrumbe del G-7 en su reciente cumbre de Canadá.

En contraste, paralelamente se desarrollaba en Qingdao, China, una pujante cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, que agrupa a Rusia, China, India, Irán, Pakistán y Afganistán, a la mayoría de países asiáticos del espacio ex soviético y hasta 23 naciones en las distintas formas de membrecía. Ella era el marco de un nuevo encuentro entre Xi Jing Ping y Vladimir Putin, que adoptó importantes acuerdos entre las dos potencias, cuya alianza se profundiza más cada día.

Precisamente, Pekín y Moscú han desempeñado un papel decisivo, junto a Pyonyang y Seúl, en la configuración de un escenario favorable para que se concretara la cita en Singapur de Kim Yong-un y Donald Trump. Debe subrayarse el lúcido y perseverante protagonismo de Moon Jae-in, presidente de Corea del Sur para que pudiera celebrarse esta cumbre. Por su parte, Kim demostró saber sacarle provecho a la carta nuclear para forzar a Trump a dialogar, tal vez con excesos retóricos en determinados momentos, pero una bien concebida estrategia, combinada con indudable flexibilidad táctica, que le permitió conseguir lo que ha sido un anhelo de su país por décadas. Pionyang siempre pensó que el trato directo con Washington al más alto nivel era indispensable para lograr la paz y la prosperidad en el norte y la normalización de las relaciones con el sur. Kim fue también capaz de llegar a la cita con un sólido espaldarazo de China, para lo cual sostuvo dos reuniones en Pekín con Xi. Si este paso es muy favorable para el norte de Corea, también lo es para China, que necesita, de paz y estabilidad en la península coreana. Pero no deben obviarse como premisas de este desenlace las dos cumbres intercoreanas de este año y la histórica Declaración de Panmunjom, simbólicamente implicó una declaración de paz entren las dos Coreas, al proclamar que ambas cesarían todo acto hostil entre ellas y consideraban la desnuclearización y reunificación como importantes objetivos a lograr.

Para el norte la cumbre de Singapur significa también la posibilidad de recibir importantes flujos de inversión de la otra Corea, que le permitan modernizar su economía, romper el aislamiento e insertarse en la economía mundial. Paradojas de la política de nuestros días, del “fuego y furia” que recibiría Pyonyang y el “hombre-cohete” acuñados por Trump hace unos meses, Kim pasó a ser objeto de los elogios del inquilino de la Casa Blanca e invitado a visitarla. A la vez, el estadounidense era invitado a realizar en Pionjang la segunda ronda de la cumbre.

La desnuclearización “completa” de la península coreana, garantías de seguridad para Corea del Norte, el deseo de ambas partes de construir un “régimen de paz duradera y estable” y la repatriación de los cadáveres de los estadounidenses caídos en la guerra de Corea son puntos muy importantes acordados en Singapur. En efecto, son muy generales y necesitan de definiciones más claras y de un cronograma para su concreción. De eso se encargarán el secretario de Estado Mike Pompeo y un alto cargo coreano, según reza el comunicado firmado por Kim y Trump.

Creer en la palabra de Estados Unidos es muy riesgoso pero no hay otro camino viable para Corea del Norte y Estados Unidos que la diplomacia. Se inicia un largo y escabroso proceso, siempre mejor que el fuego nuclear.

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