sábado, 23 de marzo de 2019

JAMES PETRAS: LA MASACRE DE LAS MEZQUITAS EN NUEVA ZELANDA. La supremacía blanca y las guerras de Occidente.

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"En primer lugar y antes que nada, los países occidentales liderados por el mundo angloamericano han estado en guerra y han asesinado y desplazado a millones de musulmanes con total impunidad durante los últimos treinta años. Los principales comentaristas de los medios de comunicación y los portavoces e ideólogos de partidos políticos han identificado a los musulmanes como una amenaza terrorista global y el principal objetivo de su “guerra contra el terror”. El mismo día en que se produjo la matanza, Israel lanzó ataques aéreos a gran escala contra cien objetivos en Gaza. Israel ha asesinado a cientos de palestinos desarmados y herido gravemente a más de 20.000 en menos de dos años. Las masacres israelíes suelen producirse también en viernes, el Sabbat musulmán".

"La islamofobia es un fenómeno que supera enormemente otros “delitos de odio” en todo Occidente y ha penetrado en las instituciones políticas y culturales judeocristianas. Los dirigentes políticos occidentales e israelíes han impuesto políticas de inmigración extremadamente restrictivas (que en algunos países han supuesto la prohibición total de inmigración musulmana). Israel va todavía más lejos al expulsar del país a residentes históricos árabes. Es obvio que el asesino neozelandés siguió las pautas israelíes y occidentales".

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JAMES PETRAS: LA MASACRE DE LAS MEZQUITAS EN NUEVA ZELANDA.
La supremacía blanca y las guerras de Occidente
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Sociólogo. James Petras.

Rebelión sábado 32 de marzo del 2019.

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo.

La masacre perpetrada el viernes 15 de marzo en Christchuch, Nueva Zelanda, que causó 97 muertos y heridos musulmanes, tiene profundas raíces políticas, ideológicas y psicológicas.

En primer lugar y antes que nada, los países occidentales liderados por el mundo angloamericano han estado en guerra y han asesinado y desplazado a millones de musulmanes con total impunidad durante los últimos treinta años. Los principales comentaristas de los medios de comunicación y los portavoces e ideólogos de partidos políticos han identificado a los musulmanes como una amenaza terrorista global y el principal objetivo de su “guerra contra el terror”. El mismo día en que se produjo la matanza, Israel lanzó ataques aéreos a gran escala contra cien objetivos en Gaza. Israel ha asesinado a cientos de palestinos desarmados y herido gravemente a más de 20.000 en menos de dos años. Las masacres israelíes suelen producirse también en viernes, el Sabbat musulmán.

La islamofobia es un fenómeno que supera enormemente otros “delitos de odio” en todo Occidente y ha penetrado en las instituciones políticas y culturales judeocristianas. Los dirigentes políticos occidentales e israelíes han impuesto políticas de inmigración extremadamente restrictivas (que en algunos países han supuesto la prohibición total de inmigración musulmana). Israel va todavía más lejos al expulsar del país a residentes históricos árabes. Es obvio que el asesino neozelandés siguió las pautas israelíes y occidentales.

En segundo lugar, en años recientes, todos los regímenes occidentales han tolerado a individuos indeseables, violentos y supremacistas blancos, que gozan de libertad para propagar con palabras y hechos la violencia contra el islam. La mayor parte de las masacres contra musulmanes fueron anunciadas por adelantado en las denominadas redes sociales, como Twitter, que llegan a millones de seguidores.

En tercer lugar, mientras las fuerzas policiales locales y estatales recopilan información y espían a ciudadanos musulmanes cumplidores de la ley, aparentemente fracasan a la hora de actuar de la misma manera con peligrosos individuos que se autodefinen como antimusulmanes. Tal es el caso del reciente asesino en masa de Nueva Zelanda, Brenton Torrant.

La policía y los servicios de inteligencia del país no guardaban información sobre Torrant ni le tenían sometido a vigilancia, a pesar de que defendía abiertamente la supremacía blanca a través de la violencia y admiraba a otros supremacistas como el noruego Anders Brevet, autor de la muerte de más de 70 jóvenes cuando estaban de campamento.

Torrant publicó un manifiesto contra el islam de 44 páginas, fácilmente disponible para cualquiera que tuviera un ordenador –incluso un poli torpe– y mucho más para las fuerzas de seguridad neozelandesas. Torrant planeó el ataque con meses de antelación, pero no estaba en la lista de personas sometidas a vigilancia.

Torrant no tuvo ningún problema en conseguir una licencia de armas y comprar una docena de ellas de gran potencia, incluyendo material para fabricar artefactos explosivos improvisados, que la policía descubrió posteriormente sujetos a su vehículo.

Por qué la policía llegó tarde.

La mezquita de Al Noor, donde se produjeron la mayor parte de los muertos y heridos, se encuentra en el centro de Christchurch, a menos de cinco minutos de la jefatura de policía, pero la policía tardó 36 minutos en responder. El supremacista blanco tuvo tiempo para asesinar y mutilar, para salir de la mezquita, regresar a su coche, recargar las armas y regresar a la mezquita, vaciar su munición sobre los fieles musulmanes (con una versión civil del fusil M 16), conducir hasta el Centro Islamico Linwood y seguir asesinando y mutilando a más fieles musulmanes, antes de que la policía apareciera finalmente en escena y le detuviera.

¡Y el alcalde felicitó a la policía! ¡Uno podría sospechar que las autoridades estaban en connivencia!

¿Qué razones podrían explicar la ausencia o el fracaso total de la policía? ¿Que el individuo no estuviera bajo vigilancia, el retraso en llegar a la escena del crimen o la falta de cualquier tipo de autocrítica?

El aumento de la extrema derecha contraria a la inmigración y a los musulmanes.

Los individuos como Brenton Torrant están proliferando en todo el mundo, y no se debe a que sean enfermos mentales o psicópatas. No son tanto producto de la ideología de la supremacía blanca como producto de las guerras occidentales e israelíes contra los musulmanes: sus dirigentes están detrás de esa lógica, de esos métodos (las armas) y de la impunidad de la que gozan.

Los regímenes occidentales guardan información de los ecologistas y de los activistas contra la guerra, pero no de los supremacistas contrarios al islam, que se preparan abiertamente para la guerra contra la “invasión” de los inmigrantes musulmanes, que huyen de las guerras europeas y estadounidenses contra Oriente Medio.

La policía tarda medio minuto en responder al tiroteo contra un agente; no permiten que los delincuentes, disparen, recarguen armas, vuelvan a disparar y se trasladen para matar a más policías. No creo que el retraso se deba a la negligencia de la policía local.

La matanza fue consecuencia del hecho de que las víctimas eran musulmanes que se encontraban en el interior de una mezquita. Las lágrimas y las coronas de flores, las oraciones y las banderas posteriores al crimen no cambian ni cambiarán el asesinato de musulmanes.

Las campañas educativas contra la islamofobia pueden ayudar solo si el Estado actúa para acabar con las guerras occidentales e israelíes contra los países y las personas musulmanas. Solo cuando las autoridades occidentales acaben con la imposición de restricciones especiales contra los llamados “invasores musulmanes”, los “supremacistas blancos” y sus vástagos ideológicos dejarán de reclutar seguidores entre los, por lo demás, ciudadanos normales.

Las masacres en las mezquitas y los crímenes contra individuos musulmanes dejarán de ocurrir cuando los estados imperialistas y sus gobernantes dejen de invadir, ocupar y desarraigar a los países islámicos y a sus gentes.
 
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