sábado, 11 de abril de 2015

ARRECIA CAMPAÑA CONTRA GLIFOSATO EN CULTIVOS LATINOAMERICANOS.

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QUÉ ES EL GLIFOSATO?.- El glifosato es un herbicida no selectivo de amplio espectro, desarrollado para eliminación de hierbas y de arbustos, en especial los perennes. Es un herbicida total. Es absorbido por las hojas y no por las raíces. El glifosato (N-fosfonometilglicina, C3H8NO5P, CAS 1071-83-6) es un herbicida no selectivo de amplio espectro, desarrollado para eliminación de hierbas y de arbustos, en especial los perennes. Es un herbicida total. Es absorbido por las hojas y no por las raíces. Se puede aplicar a las hojas, inyectarse a troncos y tallos, o asperjarse a tocones como herbicida forestal. La aplicación de glifosato mata las plantas debido a que suprime su capacidad de generar aminoácidos aromáticos. El glifosato es el principio activo del herbicida Roundup (nombre comercial producido por Monsanto, cuya patente expiró en 2000). Monsanto patentó en algunos países el evento "40-3-2" en la soja transgénica, el cual confiere resistencia al glifosato. Aunque existen actualmente muchos otros tipos de cultivo resistentes al glifosato como maíz, algodón, canola, etc.

EFECTOS SOCIALES Y AMBIENTALES DEL USO DEL GLIFOSATO

Los herbicidas, especialmente el glifosato, son ampliamente utilizados en todo el mundo. Países como Argentina, Colombia y Brasil sufren, además de las consecuencias ecológicas y sanitarias derivadas de su uso, agresión social y política. Sobre esto se ha escrito muchísimo, por lo que sólo daré algunos elementos que me parecen especialmente importantes y/o desconocidos.

El glifosato no sólo afecta a las plantas a las que se supone que va dirigido. Es importante estudiarlo no sólo por las consecuencias sobre la salud humana, sino por las que tiene sobre el medio ambiente. Desde la contaminación de aguas por su gran estabilidad, a la disminución en la supervivencia de diferentes artrópodos, lo que afecta gravemente a la cadena trófica de los entornos agrarios donde se utiliza este herbicida.

Muchos de los estudios realizados están hechos en ambientes controlados, exponiendo a los organismos a niveles controlados del herbicida o adyuvantes. Existe algún estudio muy interesante que tiene en cuenta otros elementos existentes en los ecosistemas, que incrementan la toxicidad del glifosato. El glifosato no se utiliza únicamente en el control de "malas hierbas", sino que se utiliza para destruir distintos cultivos, tanto legales como ilegales. Numerosas organizaciones sociales, humanitarias y ecologistas han denunciado su uso en las fumigaciones llevadas a cabo por el Plan Colombia. Porque las fumigaciones no sólo afectan al medio ambiente, sino que directa e indirectamente afectan a la salud y a la vida de las personas provocando el desplazamiento de poblaciones enteras.

Suponiendo que la especificidad del compuesto fuese tan elevada como para sólo afectar a la enzima que sintetiza esos aminoácidos esenciales en las plantas, su acción sin duda también afecta a la flora microbiana necesaria para mantener la fertilidad y el equilibrio ecológico del suelo. Incluida la flora necesaria para que plantas como la soja se desarrolle correctamente. Es importante indicar la aparición de resistencias al glifosato. Tanto por transferencia entre plantas transgénicas y silvestres, como por mutaciones de novo. Estas resistencias hacen que sea necesario el uso de más cantidad de producto, con las consecuencias obvias. Pero no sólo está causando estragos en países empobrecidos. En países como España hay estudios de los efectos de la fumigación del glifosato en riveras de los ríos como el Llobregat en la provincia de Barcelona. Según un estudio realizado por la Universidad de Barcelona, por el Dr. Puértolas, el uso del glifosato en esta zona afecta negativamente a la fauna y flora del río Llobregat. Su uso en parques y otros lugares públicos en ciudades como Barcelona está siendo objeto de denuncia por organizaciones ecologistas.

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                                La fumigación de cultivos ilícitos con glifosato ha dañado el ambiente de la                                     selva colombiana. Crédito: Dominio público.
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ARRECIA CAMPAÑA CONTRA GLIFOSATO EN CULTIVOS LATINOAMERICANOS.
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Fabiana Frayssinet.

IPS. Agencia de Noticias.

Miércoles 8 de abril del 2015.

BUENOS AIRES, 8 abr 2015 (IPS) - Tras el dictamen de la Organización Mundial de Salud (OMS) sobre los efectos “probablemente cancerígenos” del glifosato, se intensifica la campaña en América Latina para prohibir “antes que sea tarde” ese herbicida,  el más vendido en la región y usado masivamente en los cultivos transgénicos.

En una publicación el 20 de marzo, los científicos de la Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer  de la OMS incluyeron al herbicida más usado en el mundo como “probable” causa de la enfermedad, como resultado de numerosos estudios.

Con ese informe, organizaciones sociales y científicas latinoamericanas consideran que los gobiernos no tienen más excusas para no intervenir, después de años de investigación sobre el daño a la salud y al ambiente del glifosato a nivel regional y mundial.

“No podemos admitir más el uso de estos venenos porque destruyen la biodiversidad causando alteraciones climáticas, acabando con la fertilidad del suelo, contaminando las aguas e incluso el aire. Y sobre todo, traen más enfermedades y cáncer”: Joao Pedro Stédile.

“Creemos que se debe aplicar el principio de precaución y evitar seguir acumulando información de investigaciones, a fin de tomar decisiones que pueden llegar muy tarde”,  declaró Javier Souza, coordinador de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas en América Latina (Rap-Al).

“Abogamos por la prohibición del glifosato que debería comenzar a  corto plazo con restricciones a la compra, sus aplicaciones y envases”, agregó a IPS el también responsable del  Centro de Estudios sobre Tecnologías Apropiadas de Argentina.

Carlos Vicente, dirigente de GRAIN, recordó a IPS que el herbicida ingresó al mercado a mediados de los 70 y se extendió masivamente por el Cono Sur americano, promovido por  la estadounidense corporación de biotecnología Monsanto.

“Su aumento sostenido obedece en gran parte a los cultivos transgénicos,  genéticamente modificados para tolerar el glifosato, como la soja RR (Roundup Ready), introducida en Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y otros países”, explicó el representante de la organización internacional que promueve la actividad campesina y la agricultura sostenible.

La soja transgénica ocupa 50 millones de hectáreas en la región y en su cultivo se utilizan 600 millones de litros anuales del herbicida, aseguró.

En total, según datos de Souza, hay 83 millones de hectáreas de cultivos transgénicos tan solo en Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.

La publicación de la OMS “es muy importante pues demuestra que pese a las presiones de Monsanto es posible pensar en una ciencia independiente al servicio del bien común y no a los intereses corporativos”, aseguró Vicente.

Mosanto vende el glifosato con la marca de Roundup, pero también se comercia bajo los nombres de Cosmoflux, Baundap, Glyphogan, Panzer, Potenza, Rango, y en algunos sectores campesinos se la conoce como “randal”.

Además de en los cultivos transgénicos, este herbicida se aplica en sectores de la agricultura tradicional, para hortalizas, tabaco, frutales y monocultivos forestales de pino o de eucalipto, igual que en jardines y otras áreas urbanas o en vías férreas.


Pero en la agricultura tradicional se aplica tras la germinación de las semillas y antes de la siembra, mientras en los transgénicos se hace durante la plantación, actuando de forma no selectiva y destruyendo así variedad de plantas y pastos, de acuerdo a Rap-Al.


Los habitantes de Malvinas Argentinas, un pueblo de la provincia de Córdoba, en Argentina, mantienen bloqueada desde 2013 la construcción de la planta de semillas de maíz transgénico de la corporación Monsanto, en una larga movilización contra alegados efectos nocivos para la población y el ambiente. Crédito: Fabiana Frayssinet /IPS

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“Esta lluvia literal de glifosato impacta de manera directa los ecosistemas, las comunidades, el suelo y en el agua, con impactos que ya son inocultables”, subrayó  Vicente.

“No podemos admitir más el uso de estos venenos porque destruyen la biodiversidad causando alteraciones climáticas, acabando con la fertilidad del suelo, contaminando las aguas e incluso el aire. Y sobre todo, traen  más enfermedades y cáncer”,  señaló a IPS el dirigente del brasileño Movimiento de los Sin Tierra, Joao Pedro Stédile.

El argentino Rafael Lajmanovich, experto de ecotoxicología  de la Universidad Nacional del Litoral, ha investigado ampliamente al glifosato.

Consumo de glifosato en el Cono Sur.

• Brasil es desde el 2008 es el mayor consumidor mundial por persona de pesticidas y absorbe 20 por ciento de su demanda mundial. El glifosato representa casi 40 por ciento de sus aplicaciones.

• Argentina consumió en 2011 la cantidad de 238 millones de litros de glifosato, un incremento de 1.190 por ciento con respecto a 1996, cuando el país comenzó a producir soja transgénica.

• En Paraguay, sexto productor mundial de soja transgénica, se aplicaron más de 13 millones de litros de glifosato en 2007.

• En Uruguay, donde también avanza ese cultivo transgénico, se aplicaron en 2012 un mínimo de 12 millones de litros.

Fuente: GRAIN

“Aunque no están referidos a salud o carcinogenesis humana, demostraron en modelos animales (embriones de anfibios) que el glifosato es ‘teratogénico’, es decir que produce malformaciones durante el desarrollo de estos vertebrados”, explicó a IPS el también integrante del gubernamental Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

“Además, en esos modelos,  comprobamos que produce efectos sobre la actividad de sistemas enzimáticos muy importantes (colinesterasas) que le confiere cierto grado de neurotoxicidad”, agregó.

Estudios epidemiológicos señalaron efectos en comunidades afectadas por pulverizaciones de glifosato.

“Las principales afecciones que los científicos y médicos rurales han vinculado con esas aplicaciones, se refieren específicamente a enfermedades respiratorias, alergias, abortos espontáneos, aumento del caso de niños nacidos con malformaciones y una mayor incidencia en enfermedades tumorales”, agregó Lajmanovich.

Vicente, por su parte, destacó que hay investigaciones aplicadas en varios países latinoamericanos, que van en la dirección de la OMS. En Argentina, por ejemplo,  estudios realizados en las provincias de Rosario y de Córdoba “testimonian claramente el incremento de los casos de cáncer que en algunos casos llegan a triplicar o quintuplicar la media nacional”.

Otro ejemplo, En Colombia el informe “Glifosato, prontuario de un plaguicida”, elaborado por Rap-Al, las fumigaciones con Roundup en grandes áreas para erradicar cultivos de coca y amapola, causaron incidentes de envenenamiento en más de 4.000 personas y animales. Ese estudio incluye casos de intoxicación en Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

Souza criticó que en América Latina el herbicida se venda sin restricciones en comercios de forrajes y agroquímicos, ferreterías y negocios similares,  muchas veces “fraccionado y en envases de gaseosas”.

El brasileño Stédile, integrante también de la organización internacional Vía Campesina, espera que esta región y también Europa prohíban su aplicación agrícola, como hizo Holanda.

Propuso como alternativa “una producción agroecológica, que combine el conocimiento científico con la sabiduría milenaria de los campesinos, para desarrollar cultivos sin uso de venenos, adecuados a cada bioma”. Esa metodología ha aumentado “la productividad del suelo y del trabajo, mejor que las prácticas que utilizan venenos”, aseguró.

No se trata, reforzó Vicente, de reemplazar el glifosato por nuevos herbicidas, varios aún más tóxicos,  “sino de cambiar hacia un modelo de agricultura agroecológica de base campesina, que se oriente a la soberanía alimentaria de nuestros pueblos”.

Para Stédile, los gobiernos sudamericanos mantienen el apoyo a la agricultura transgénica pese a las evidencias de los daños sanitarios y ambientales,  porque piensan que “el agro negocio puede ayudar a la economía aumentado las exportaciones de ‘commodities (materias primas)’, contribuyendo al equilibrio de sus balanzas comerciales”.

Esa “ilusión de las exportaciones” impide a los gobiernos afrontar lo que calificó como “un verdadero genocidio”, se lamentó.
Vicente pidió que ahora que la OMS ratifica investigaciones regionales, ello “se refleje en medidas concretas” gubernamentales.

Monsanto rechaza calificación.

En un comunicado, Monsanto criticó el informe de los científicos de la OMS como  “ciencia basura” y demandó una rectificación del organismo, a lo que los científicos recordaron que su indicación es que el glifosato es “probable”  cancerígeno y no lo han dado por seguro.

Consideró que es “incompatible” con décadas de “continuos exámenes exhaustivos de seguridad” realizados sobre el glifosato por “autoridades reguladoras de líderes de todo el mundo” que lo calificaron de “seguro para la salud humana”.

Para Lajmanovich, la posición de una empresa “no puede prevalecer sobre la de una institución internacional de reconocido prestigio y rectora del cuidado de  la salud mundial como la OMS”. Además, recordó, Monsanto consideraba los informes la OMS como “buena ciencia” cuando apuntaban que el glifosato era “inocuo”.

Editado por Estrella Gutiérrez.

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1 comentario:

Flavia Difilippo dijo...

Quiero seguir el blog, pero no me lo permite. flaviadifilippo@gmail.com