IMMANUEL WALLERSTEIN: LAS
NEGOCIACIONES Y SUS ENEMIGOS.
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Immanuel
Wallerstein.
La
Jornada lunes 27 de abril del 2015.
Revista
rebelión.
Tal vez el título correcto
debería ser
los negociadores y sus enemigos. En los días que corren, aparecen muchas negociaciones en las noticias. Estados Unidos negocia con Cuba, con Irán y, lo más reciente, parece que con Venezuela. El gobierno de Colombia está negociando con un movimiento que durante muchos años ha estado contra el gobierno: las FARC.
Luego están también las
pre-negociaciones, que podrían no llegar a la etapa de negociación: Rusia y la
Unión Europea (dentro de ella, el gobierno de Kiev en Ucrania y los gobiernos
autonomistasde Donetsk y Lutsk; China y Estados Unidos; el gobierno de Afganistán y los talibanes.
Finalmente, en el espíritu
del misterio del
perro que no ladró, de Sherlock Holmes, están las negociaciones que NO están ocurriendo: Israel y los palestinos; Irán y Arabia Saudita; China y Japón.
¿Qué nos dice acerca del
estado del mundo situar un foco particular sobre tales negociaciones, incluidas
aquellas que no están ocurriendo? Lo primero es que, mientras más cerca estamos
de unas negociaciones reales, más fiera es la oposición a un acuerdo que resulte
de ellas. Quienes están a favor, de algún modo dudan y siempre están inseguros
de poder hacer que sus propios simpatizantes acepten cualquier arreglo que
resulte en un acuerdo público con el otro bando. Pero quienes se oponen no
dudan para nada. Son feroces, están muy enojados y utilizan cualquier
apalancamiento que bloquee o sabotee las negociaciones.
¿Son las negociaciones
algo bueno? Ese es, exactamente, el argumento. La ventaja más grande de las
negociaciones que finalizan con una especie de acuerdo de compromiso es que
reducen (reducen, no eliminan) el sufrimiento que la continuación del conflicto
impone a casi todo mundo. Una segunda ventaja es que quienes favorecen la
continuación del conflicto continuamente arguyen que el modo de ganar es
incrementando la presión –más acciones militares, más bloqueos, más tortura–,
lo que resultará en un incremento progresivo de la violencia en el tiempo, algo
que un acuerdo frena, más o menos.
Pero existe también algo
negativo. El otro lado sobrevive, y algunas veces inclusive prospera. El
acuerdo los legitima. Y si son atacados políticamente, pueden argumentar –y lo
hacen– que sus acusadores están intentando revivir el conflicto y socavar el
acuerdo. La paz, si así es como le nombramos, tiende a lograrse al precio de no
desafiar las injusticias subyacentes que, para empezar, provocara el conflicto.
Vemos esto en el papel jugado por los antiguos revolucionarios, en la era
posterior a los acuerdos, en países como El Salvador o Guatemala.
¿Cuándo es que ocurren
estas negociaciones, esos acuerdos? Un elemento crucial es el extenuamiento
político interno combinado con un punto muerto militar. Pero esto no es, por lo
común, suficiente. El segundo elemento crucial es la presión geopolítica
externa. Los países no involucrados directamente en el conflicto –que de alguna
manera están atados a uno u otro lado de una negociación–, encuentran que es su
interés como tercer país que el conflicto termine. Han adquirido un interés en
el conflicto, y su interés requiere que el conflicto cese. Si Estados Unidos o
Cuba están negociando hoy, la explicación yace en la combinación de presiones
internas en el caso de Cuba y de presiones externas en el caso de Estados
Unidos.
Si miramos las dos
ausencias más fulgurantes en las negociaciones –Arabia Saudita e Irán, o Japón
y China– ¿por qué siempre la retórica de enojo, por qué tanta hostilidad? A un
antropólogo que viniera de Marte le resultaría difícil creerlo. Arabia Saudita
e Irán comparten un profundo compromiso con la cultura islámica y un respaldo
muy fuerte hacia la sharia.
Japón y China comparten un compromiso mutuo y prolongado con una serie de
valores culturales entrelazados y aun estructuras y símbolos lingüísticos.
Y no obstante se denuncian
unos a otros, y prosiguen el objetivo geopolítico de debilitar al otro en
términos de poder e influencia geopolíticos. En estos días invocan
deliberadamente las partes de sus legados culturales que los diferencian uno
del otro en vez de invocar esas partes que, de hecho, podrían juntarlos.
¿Por qué, por qué, por
qué? Una respuesta es que el liderazgo en cada uno de esos países tiene que
retener, en su interés propio, la imagen del otro como enemigo. Enfrentados con
los profundos cismas internos que podrían desgarrar estos países, apelan a la
cohesión nacional que se enfrenta a una supuesta amenaza externa. Una segunda
razón es que las fuerzas exteriores urgen al conflicto, debido a que es en el
interés de estos terceros países el que las hostilidades existan y se definan
de ciertas maneras.
Las negociaciones entre
Arabia Saudita e Irán podrían perjudicar el interés de Estados Unidos, Turquía,
Paquistán, Israel y muchos otros. Las negociaciones entre China y Japón podrían
alterar no sólo a Estados Unidos, sino también a India y tal vez a Rusia también.
Así, en estas dos negociaciones putativas hallamos condiciones que son el
opuesto exacto de los casos donde las negociaciones van ahora caminando. En las
negociaciones en curso, existe una presión interna positiva y una presión
externa positiva. En los sitios donde no hay señales de negociaciones serias,
hay presiones internas negativas y presiones externas negativas.
Hacia donde nos dirigimos.
Debemos recordar siempre que la geopolítica es un juego fluido, y más
particularmente en este tiempo de crisis estructural en el sistema-mundo
moderno con sus rápidos y caóticos vaivenes en todos los ámbitos, donde no son
menores estos vaivenes en las alineaciones geopolíticas. El ambiente puede
cambiar, y bastante inesperadamente. Recuerden que las pre-negociaciones
tienden a ser secretas –mientras más secretas más exitosas. Hasta donde
sabemos, están en curso ahora mismo. Y es que tal vez sólo cuando hay
filtraciones secretas y cuando sabemos que las negociaciones comenzaron es que
los enemigos se movilizan e intentan sabotearlas. Y por supuesto es bastante
frecuente que los enemigos de las negociaciones ganen. Trabajan muy arduamente
para que fracase un potencial acuerdo EU-Irán. En el caso de este potencial
acuerdo, yo
confío en que se llegue a un arreglo, dado que los aspectos positivos pesan
mucho más que los negativos.
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Traducción:
Ramón Vera Herrera.
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