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HOY REVISANDO LAS PÁGINAS del DIARIO LA JORNADA de MEXICO encontramos Buenos Artículos,
escritos por Académicos Universitarios,
como el relacionado con la Sociología
del Cambio Climático Global y un análisis muy importante en relación al gobierno
del señor TRUMP en Estados Unidos,
que al haber retirado como país a Estados Unidos del Foro Mundial París 2015 y además incentivar públicamente una mayor producción petrolera en su país y en el
mundo, es un personaje de definitivamente nos muestra que su total NEGACIONISMO al Cambio Climático Global
es en realidad un gran peligro para la HUMANIDAD.
Y ello hoy en su país tiene aún mucho más peligro al poner en la Institucional nacional sobre el Clima, Medio Ambiente a un socio suyo, un ultra
negacionista, que en forma definitiva a comenzado a “desmontar todas las Instituciones Nacionales” responsables.
Un Segundo Artículo de
un Académico que se formula una
Pregunta muy importante en los tiempos
actuales, cuando vemos a nivel mundial la derecha y la ultra derecha “política” crecen a pasos
incontrolables. Si esta DERECHA tiene
o no NACIÓN. LA ULTRADERECHA CREE en la NACIÓN. Un buen trabajo sobre lo que el
denomina la SOCIOLOGIA del IMPERIALISMO.
Análisis. investigación y opinión muy
acertada hoy cuando la ultraderecha carente absoluta de IDEAS CENTRALES o PROGRAMAS de GOBIERNO o PROYECTOS PAÍS, única y exclusivamente a y través de un POPULISMO ultra neoliberal se concentra
íntegramente en COPIAR – No es Copia, ni
Calco – para sorprender por la
general en nuestras poblaciones, donde ellos también han destruido la EDUCACION. En esas condiciones, como propietarios absolutos de la tecnología
comunicacional moderna – dueños absolutos de las Redes Sociales – hoy venden en
los procesos electorales, un conjunto de Fake-news. Mentiras, tras
mentiras, farsas y más venenos impuestos desde el “mundo de la CORRUPCIÓN”. Una lectura muy importante en tiempos donde los caminos se abren para
el FASCISMO GLOBAL y se cierran todos los caminos y entradas para la DEMOCRACIA.
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EL CALENTAMIENTO GLOBAL Y EL
GOBIERNO DE DONALD TRUMP.
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Por Iván Restrepo.
Fuente. Diario La Jornada México martes
18 de marzo del 2025.
Una
semana después de haber
ganado las elecciones, Donald Trump
designó al ex congresista republicano Lee
Zeldin para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés). Zeldin cumplió cuatro mandatos en la Cámara de Representantes donde
siempre votó contra protecciones ambientales básicas y de crear empleos en el
sector de energías renovables. La designación se produjo después de que se supo
la idea de trasladar la sede de la EPA
fuera de la ciudad de Washington.
Muchos funcionarios de carrera de la EPA
advirtieron que la abandonarían.
Trump elogió la formación jurídica de Zeldin y ser un luchador por las
políticas de “Estados Unidos primero”.
Agregó que
“garantizará
decisiones desreguladoras justas y rápidas que liberen el poder de las empresas
estadunidenses”, pero manteniendo las normas ambientales más estrictas en la
calidad del aire y el agua, que serán las más limpias del planeta”.
Pero no habrá tal calidad de esos dos elementos claves, ni Estados Unidos logrará el crecimiento
económico sin depredar. La política de Trump
y sus aliados financieros tiene como objetivo eliminar las normas ambientales
que consideran “estrictas”, so
pretexto de que frenan el crecimiento económico y restan a muchas ramas de la
industria la capacidad de producción. Algunas normas se relacionan con la
contaminación del aire y el agua y fueron aprobadas durante el gobierno de Joe Biden.
Fiel a Trump, Zeldin no tiene los conocimientos para llevar a buen puerto los asuntos ambientales del país. Su misión es dar vía libre a la explotación a gran escala de los hidrocarburos, para garantizar el dominio energético de Estados Unidos; impulsar la fabricación de vehículos que consumen hidrocarburos y convertir a su país en líder mundial en inteligencia artificial. Sostiene que logrará todo eso sin contaminar el agua y el aire.
La reacción de los grupos ecologistas y
los científicos por
la designación de Zeldin fue muy
clara: no tiene la capacidad para desempeñar el cargo y su misión es reducir el
trabajo regulatorio de la EPA.
Recuerdan que como congresista votó contra los trabajos de la EPA destinados a regular a las
compañías petroleras; por no otorgar incentivos a las energías verdes; contra
la protección del agua y el aire limpios, y las medidas para evitar la
contaminación por metano.
También
Zeldin criticó a la
administración anterior por cancelar el propuesto oleoducto Keystone XL, el cual transportaría
millones de litros de petróleo desde Canadá
a refinerías en Estados Unidos;
y por reincorporar a su país al Acuerdo
Climático de París, que Trump retiró
en su primer mandato. Prueba de su ignorancia del tema ambiental la dio
durante su audiencia de confirmación en el Senado.
No supo responder las preguntas de los legisladores sobre el papel de la EPA en la reducción de la dependencia
estadunidense de los combustibles fósiles.
Pero en un giro inesperado, reconoció que el cambio climático es
real y una amenaza. Algo que, durante la primera administración de Trump, él y los encargados de la EPA calificaron de “engaño”. Los
legisladores recordaron a Zeldin la
resolución de la Corte Suprema (en 2007), por la que le concedió a la EPA toda la autoridad para regular los
gases de efecto invernadero, además la Ley
de Aire limpio, que busca garantizar la salud
y el bienestar de la población.
En el Senado Zeldin mostró su inclinación por el uso de
todo tipo de energías, pero “sin sofocar
la economía”. Y eludió responder sobre la agenda ambiental de Trump, que comenzó con la orden
ejecutiva para retirar nuevamente a Estados
Unidos del Acuerdo de París.
Será con Irán, Libia y Yemen los
únicos que no forman parte de dicho Acuerdo. Además, firmó otras órdenes donde prioriza la energía fósil frente a la
renovable y retirar a su país de cualquier acuerdo relacionado con el ambiente,
pues “éstos obligan a enviar el dinero de
los contribuyentes estadunidenses a “países que no lo necesitan, o
merecen”.
Además, dejó sin efecto el compromiso de su antecesor de que Estados Unidos se comprometía a reducir
las emisiones de gases que causan el calentamiento global entre 61% y 66% para 2035 respecto a 2005. Con Zeldin en la EPA, la gran potencia contribuirá, más que hoy, al cambio climático.
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LAS DERECHAS NO SON NACIONALES.
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Fuente. Diario La Jornada, México martes
18 de marzo del 2025.
Por. Jaime Ortega. *
Se ha establecido un contexto en los últimos años de que las
derechas –especialmente las que gobiernan
Estados Unidos– son nacionalistas, vinculando esta posición con eventos
pasados como el nazismo alemán, el fascismo italiano y variaciones subsidiarias.
Esta imagen, heredera de proyecciones
políticas que afirmaban un sentido
de nación de manera agresiva y
destructiva sobre otras, es propio del siglo
XX. Hay que cuestionar el consenso de
ese uso. Dichas fuerzas políticas,
cuya agresividad es indudable y soberbia mediática desbordante en el horizonte político global, no son
nacionales, por más que llamen a
supuestas grandezas de tiempos perdidos: recordando a Marx, hay que evaluar a los seres humanos por lo que realmente son, no por lo que dicen que son.
Existen cientos de páginas dedicadas a explicar la condición de la
nación y llevaría no años, sino décadas escarbar en la bibliografía sobre lo
que históricamente han sido, lo que políticamente se ha hecho con ellas y lo
que imaginariamente se ha proyectado que sean para el futuro. Pero si
entendemos a la nación a la manera de la dupla Karl Marx y René Zavaleta, es
decir, como una fuerza productiva, las actuales corrientes reaccionarias en el
poder, no tienen algo que ver con ella, antes bien, son antinacionales.
En su toma de postura que daba apertura a Sociología del imperialismo, el marxista egipcio Abdel-Malek alababa la condición militante de la obra de Rosa Luxemburg, pero criticaba su incomprensión de la dimensión nacional. Para él, la gran marxista alemana había partido del horizonte alemán sobre la acumulación de capital y lo había querido universalizar teóricamente. Algo similar sucede hoy con la búsqueda conceptual por comprender las importantes variaciones del capitalismo, hasta ahora la categoría que se ha instalado es la de “tecnofeudalismo” y si bien ésta responde a una condición innegable del peso de la producción vinculada a la tecnología, no deja de ser una deriva bastante reducida del globo. Por ello quizá esa más útil acudir críticamente a la noción de capitalismo caníbal que propone Wendy Brown. Si bien sus preocupaciones son, esencialmente, la de las izquierdas de Estados Unidos, Brown sigue una línea argumental proveniente de Marx, en cuyo centro se encuentra la idea de que el capital destruye sus condiciones mismas de posibilidad.
Y es que la nación fue un requisito para el
despliegue del capital en los grandes centros europeos; sin embargo, no cumplió
esa misma función en la mayor parte del mundo, donde se organizaron las
principales relaciones sociales antes de la existencia de las naciones. El
siglo XX en buena medida fue una gran travesía de las mayorías del globo por
conquistar la nación y hoy, el capital de nuestros días, tecnológico al
extremo, avanza con la espada de la automatización desenvainada y con el
imperio del mercado como escudo, socavando a la comunidad nacional.
Al arremeter contra la migración son disgregantes
de la comunidad real, destrozando, de hecho, cualquier sentido de nación. Con
sus acciones y llamados violentos contra los otros, atomizan, disgregan,
dispersan, envenenan el vínculo social: en ese escenario, la función en tanto
fuerza productiva de la comunidad nacional, está vedado. No puede haber nación
donde asustados e iracundos oligarcas gobiernan llamando a expulsar al
otro.
Más aún, en las actuantes fuerzas derechistas la
invocación a la comunidad nacional es una farsa porque lo suyo es el imperio
del mercado, sin cortapisas ni regulaciones. Ya el Marx de los Grundrisse de
1857 alertaba sobre el poder del dinero, aquel que disolvía todos los lazos
comunitarios existentes. Ese es el programa político de las actuales fuerzas
derechistas. Si seguimos a Rudolf Rocker, crítico por excelencia del
nacionalismo de la centuria anterior, lo que miramos es que estas corrientes no
asumen un “fanatismo estatal” (que sería el componente esencial del
nacionalismo del siglo XX), sino un más bien un fanatismo
mercantil-capitalista.
Como toda forma de organización humana, la nación
seguramente se evaporará y será sustituida por otras. Pero ahora estamos lejos
de ese sendero. Antes bien, recobrando una tradición política del mundo
periférico, es pertinente evocar que la nación es un artilugio siempre
incompleto, pues evoca el sentido de una comunidad que se reinventa. Como campo
de disputa, no está prefigurada su función, y en su origen no se encuentra el
secreto de su trayecto. Más aún, como lo han mostrado las experiencias
nacional-populares, ésta puede ser de un carácter abierto, tendiente a la
protección de la comunidad, solidaria, y convocante a la integración, es decir,
no excluyente. Al ser el principal espacio donde se puede cultivar la soberanía
popular es proactivamente antioligárquica. La nación es algo muy importante
para las pugnas del presente y del futuro, no hay que ceder a las fuerzas
derechistas ni un ápice de ella.
*Investigador UAM.
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