martes, 18 de marzo de 2025

EL CALENTAMIENTO GLOBAL Y EL GOBIERNO DE DONALD TRUMP. LAS DERECHAS NO SON NACIONALES.

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HOY REVISANDO LAS PÁGINAS del DIARIO LA JORNADA de MEXICO encontramos Buenos Artículos, escritos por Académicos Universitarios, como el relacionado con la Sociología del Cambio Climático Global y un análisis muy importante en relación al gobierno del señor TRUMP en Estados Unidos, que al haber retirado como país a Estados Unidos del Foro Mundial París 2015 y además incentivar públicamente una mayor producción petrolera en su país y en el mundo, es un personaje de definitivamente nos muestra que su total NEGACIONISMO al Cambio Climático Global es en realidad un gran peligro para la HUMANIDAD. Y ello hoy en su país tiene aún mucho más peligro al poner en la Institucional nacional sobre el Clima, Medio Ambiente a un socio suyo, un ultra negacionista, que en forma definitiva a comenzado a “desmontar todas las Instituciones Nacionales” responsables.

Un Segundo Artículo de un Académico que se formula una Pregunta muy importante en los tiempos actuales, cuando vemos a nivel mundial la derecha y la ultra derecha “política” crecen a pasos incontrolables. Si esta DERECHA tiene o no NACIÓN. LA ULTRADERECHA CREE en la NACIÓN. Un buen trabajo sobre lo que el denomina la SOCIOLOGIA del IMPERIALISMO. Análisis. investigación y opinión muy acertada hoy cuando la ultraderecha carente absoluta de IDEAS CENTRALES o PROGRAMAS de GOBIERNO o PROYECTOS PAÍS, única y exclusivamente a y través de un POPULISMO ultra neoliberal se concentra íntegramente en COPIAR – No es Copia, ni Calco – para sorprender por la general en nuestras poblaciones, donde ellos también han destruido la EDUCACION. En esas condiciones, como propietarios absolutos de la tecnología comunicacional moderna – dueños absolutos de las Redes Sociales – hoy venden en los procesos electorales, un conjunto de Fake-news. Mentiras, tras mentiras, farsas y más venenos impuestos desde el “mundo de la CORRUPCIÓN”. Una lectura muy importante en tiempos donde los caminos se abren para el FASCISMO GLOBAL y se cierran todos los caminos y entradas para la DEMOCRACIA.

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EL CALENTAMIENTO GLOBAL Y EL GOBIERNO DE DONALD TRUMP.

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Por Iván Restrepo.

Fuente. Diario La Jornada México martes 18 de marzo del 2025.

Una semana después de haber ganado las elecciones, Donald Trump designó al ex congresista republicano Lee Zeldin para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés). Zeldin cumplió cuatro mandatos en la Cámara de Representantes donde siempre votó contra protecciones ambientales básicas y de crear empleos en el sector de energías renovables. La designación se produjo después de que se supo la idea de trasladar la sede de la EPA fuera de la ciudad de Washington. Muchos funcionarios de carrera de la EPA advirtieron que la abandonarían. 

Trump elogió la formación jurídica de Zeldin y ser un luchador por las políticas de “Estados Unidos primero”. Agregó que

“garantizará decisiones desreguladoras justas y rápidas que liberen el poder de las empresas estadunidenses”, pero manteniendo las normas ambientales más estrictas en la calidad del aire y el agua, que serán las más limpias del planeta”. 

Pero no habrá tal calidad de esos dos elementos claves, ni Estados Unidos logrará el crecimiento económico sin depredar. La política de Trump y sus aliados financieros tiene como objetivo eliminar las normas ambientales que consideran “estrictas”, so pretexto de que frenan el crecimiento económico y restan a muchas ramas de la industria la capacidad de producción. Algunas normas se relacionan con la contaminación del aire y el agua y fueron aprobadas durante el gobierno de Joe Biden

Fiel a Trump, Zeldin no tiene los conocimientos para llevar a buen puerto los asuntos ambientales del país. Su misión es dar vía libre a la explotación a gran escala de los hidrocarburos, para garantizar el dominio energético de Estados Unidos; impulsar la fabricación de vehículos que consumen hidrocarburos y convertir a su país en líder mundial en inteligencia artificial. Sostiene que logrará todo eso sin contaminar el agua y el aire. 


La reacción de los grupos ecologistas y los científicos por la designación de Zeldin fue muy clara: no tiene la capacidad para desempeñar el cargo y su misión es reducir el trabajo regulatorio de la EPA. Recuerdan que como congresista votó contra los trabajos de la EPA destinados a regular a las compañías petroleras; por no otorgar incentivos a las energías verdes; contra la protección del agua y el aire limpios, y las medidas para evitar la contaminación por metano. 

También Zeldin criticó a la administración anterior por cancelar el propuesto oleoducto Keystone XL, el cual transportaría millones de litros de petróleo desde Canadá a refinerías en Estados Unidos; y por reincorporar a su país al Acuerdo Climático de París, que Trump retiró en su primer mandato. Prueba de su ignorancia del tema ambiental la dio durante su audiencia de confirmación en el Senado. No supo responder las preguntas de los legisladores sobre el papel de la EPA en la reducción de la dependencia estadunidense de los combustibles fósiles.

Pero en un giro inesperado, reconoció que el cambio climático es real y una amenaza. Algo que, durante la primera administración de Trump, él y los encargados de la EPA calificaron de “engaño”.  Los legisladores recordaron a Zeldin la resolución de la Corte Suprema (en 2007), por la que le concedió a la EPA toda la autoridad para regular los gases de efecto invernadero, además la Ley de Aire limpio, que busca garantizar la salud y el bienestar de la población. 

En el Senado Zeldin mostró su inclinación por el uso de todo tipo de energías, pero “sin sofocar la economía”. Y eludió responder sobre la agenda ambiental de Trump, que comenzó con la orden ejecutiva para retirar nuevamente a Estados Unidos del Acuerdo de París. Será con Irán, Libia y Yemen los únicos que no forman parte de dicho Acuerdo. Además, firmó otras órdenes donde prioriza la energía fósil frente a la renovable y retirar a su país de cualquier acuerdo relacionado con el ambiente, pues “éstos obligan a enviar el dinero de los contribuyentes estadunidenses a “países que no lo necesitan, o merecen”. 

Además, dejó sin efecto el compromiso de su antecesor de que Estados Unidos se comprometía a reducir las emisiones de gases que causan el calentamiento global entre 61% y 66% para 2035 respecto a 2005 Con Zeldin en la EPA, la gran potencia contribuirá, más que hoy, al cambio climático.

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LAS DERECHAS NO SON NACIONALES.

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Fuente. Diario La Jornada, México martes 18 de marzo del 2025.

Por. Jaime Ortega. *

Se ha establecido un contexto en los últimos años de que las derechas –especialmente las que gobiernan Estados Unidos– son nacionalistas, vinculando esta posición con eventos pasados como el nazismo alemán, el fascismo italiano y variaciones subsidiarias. Esta imagen, heredera de proyecciones políticas que afirmaban un sentido de nación de manera agresiva y destructiva sobre otras, es propio del siglo XX. Hay que cuestionar el consenso de ese uso. Dichas fuerzas políticas, cuya agresividad es indudable y soberbia mediática desbordante en el horizonte político global, no son nacionales, por más que llamen a supuestas grandezas de tiempos perdidos: recordando a Marx, hay que evaluar a los seres humanos por lo que realmente son, no por lo que dicen que son. 



Existen cientos de páginas dedicadas a explicar la condición de la nación y llevaría no años, sino décadas escarbar en la bibliografía sobre lo que históricamente han sido, lo que políticamente se ha hecho con ellas y lo que imaginariamente se ha proyectado que sean para el futuro. Pero si entendemos a la nación a la manera de la dupla Karl Marx y René Zavaleta, es decir, como una fuerza productiva, las actuales corrientes reaccionarias en el poder, no tienen algo que ver con ella, antes bien, son antinacionales. 

En su toma de postura que daba apertura a Sociología del imperialismo, el marxista egipcio Abdel-Malek alababa la condición militante de la obra de Rosa Luxemburg, pero criticaba su incomprensión de la dimensión nacional. Para él, la gran marxista alemana había partido del horizonte alemán sobre la acumulación de capital y lo había querido universalizar teóricamente. Algo similar sucede hoy con la búsqueda conceptual por comprender las importantes variaciones del capitalismo, hasta ahora la categoría que se ha instalado es la de “tecnofeudalismo” y si bien ésta responde a una condición innegable del peso de la producción vinculada a la tecnología, no deja de ser una deriva bastante reducida del globo. Por ello quizá esa más útil acudir críticamente a la noción de capitalismo caníbal que propone Wendy Brown. Si bien sus preocupaciones son, esencialmente, la de las izquierdas de Estados Unidos, Brown sigue una línea argumental proveniente de Marx, en cuyo centro se encuentra la idea de que el capital destruye sus condiciones mismas de posibilidad. 



Y es que la nación fue un requisito para el despliegue del capital en los grandes centros europeos; sin embargo, no cumplió esa misma función en la mayor parte del mundo, donde se organizaron las principales relaciones sociales antes de la existencia de las naciones. El siglo XX en buena medida fue una gran travesía de las mayorías del globo por conquistar la nación y hoy, el capital de nuestros días, tecnológico al extremo, avanza con la espada de la automatización desenvainada y con el imperio del mercado como escudo, socavando a la comunidad nacional. 

Al arremeter contra la migración son disgregantes de la comunidad real, destrozando, de hecho, cualquier sentido de nación. Con sus acciones y llamados violentos contra los otros, atomizan, disgregan, dispersan, envenenan el vínculo social: en ese escenario, la función en tanto fuerza productiva de la comunidad nacional, está vedado. No puede haber nación donde asustados e iracundos oligarcas gobiernan llamando a expulsar al otro. 

Más aún, en las actuantes fuerzas derechistas la invocación a la comunidad nacional es una farsa porque lo suyo es el imperio del mercado, sin cortapisas ni regulaciones. Ya el Marx de los Grundrisse de 1857 alertaba sobre el poder del dinero, aquel que disolvía todos los lazos comunitarios existentes. Ese es el programa político de las actuales fuerzas derechistas. Si seguimos a Rudolf Rocker, crítico por excelencia del nacionalismo de la centuria anterior, lo que miramos es que estas corrientes no asumen un “fanatismo estatal” (que sería el componente esencial del nacionalismo del siglo XX), sino un más bien un fanatismo mercantil-capitalista. 

Como toda forma de organización humana, la nación seguramente se evaporará y será sustituida por otras. Pero ahora estamos lejos de ese sendero. Antes bien, recobrando una tradición política del mundo periférico, es pertinente evocar que la nación es un artilugio siempre incompleto, pues evoca el sentido de una comunidad que se reinventa. Como campo de disputa, no está prefigurada su función, y en su origen no se encuentra el secreto de su trayecto. Más aún, como lo han mostrado las experiencias nacional-populares, ésta puede ser de un carácter abierto, tendiente a la protección de la comunidad, solidaria, y convocante a la integración, es decir, no excluyente. Al ser el principal espacio donde se puede cultivar la soberanía popular es proactivamente antioligárquica. La nación es algo muy importante para las pugnas del presente y del futuro, no hay que ceder a las fuerzas derechistas ni un ápice de ella.

*Investigador UAM.

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