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“Lo
singular del nuevo monroísmo del
“America first” también afecta a América Latina. Pasa a vivir un momento histórico en el cual
se cierne el peligro real del intervencionismo, si es que los gobiernos de la región no se ajustan
a los intereses y geoestrategias
globales de los Estados Unidos.
Se ha comenzado por imponer una mano
de hierro a los migrantes; queda destrozada la ideología del “mercado libre” ahora sujeta a las sanciones arancelarias
unilaterales y al proteccionismo;
se cortaron los programas de
financiamiento y cooperación como
los de USAID; desde antes ya se había dejado en claro que importan mucho los recursos
latinoamericanos (litio, cobre,
aguas, tierras, etc.); se considera el combate al “terrorismo” y al crimen
organizado; tajantemente se advierte
contra la creciente presencia de China
(el “enemigo” principal) así como de
otros países como Rusia; están amenazados los BRICS; lo mismo Panamá, incluso con
preparativos para tomar el canal (https://t.ly/Oz-a7);
se revisan acuerdos militares como ha
ocurrido con Ecuador, sin descartar el interés por las Galápagos. Y todo esto no es más que el “comienzo”, como lo ha destacado el mismo presidente Trump.
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EL INTERVENCIONISMO AMENAZA.
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Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 19/03/2025 | América Latina y Caribe
Fuente.
Revista Rebelión miércoles 19 de marzo del 2025.
Fuentes: Rebelión
Es probable que sean
pocos los marxistas que no han leído el libro “El imperialismo,
fase superior del capitalismo”, escrito en 1916 por V. I. Lenin, el
líder de la Revolución Bolchevique en Rusia. Como dice su autor, se trata
de un
“folleto”
escrito “con un ojo puesto en la censura zarista”, “con la mayor de las
prudencias”, con pocas observaciones políticas, empleando “alusiones” y “un
lenguaje alegórico”, un “maldito lenguaje esópico”, debido a que tenía que
sortear la persecución zarista. De allí, también, que se limita al “análisis
teórico” y “específicamente económico”.
Lenin sostuvo:
“Si fuese necesario definir el imperialismo lo más brevemente posible, deberíamos decir que el imperialismo es la fase monopolista del capitalismo”. Pero era un concepto reduccionista, de modo que el imperialismo tenía por lo menos cinco “rasgos fundamentales”, que los resumió así:
1. surgen los monopolios;
2. se funden
el capital bancario con el industrial y
surge el capital financiero en
manos de la oligarquía financiera;
3. exportación
de capitales (distinto al de mercancías);
4. formación de asociaciones
capitalistas monopolistas internacionales
que se reparten el mundo; y
5.
culmina el reparto territorial del mundo entre las grandes potencias capitalistas, lo cual no impide un nuevo reparto.
Para llegar a esas conclusiones,
Lenin examinó abundante material histórico,
datos económicos, estadísticas, aunque
“tropecé -dice- con cierta escasez de publicaciones
francesas e inglesas y con una gran carestía de materiales rusos”.
De modo que el libro se detiene a examinar cada uno de los rasgos que caracterizaron al nacimiento del capitalismo monopolista en el siglo XX. Cabe resaltar que a partir de la Conferencia de Berlín (1884-1885) para repartirse el África entre las potencias europeas, quedó en claro el reparto del mundo; pero la Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue para Lenin la expresión de un nuevo reparto imperialista. Pero Lenin falleció en 1924, por lo cual no era posible que examinara los acontecimientos que siguieron en el siglo posterior y que adquirieron, además, nuevas características. Asia y África continuaron largamente sujetas al colonialismo europeo y sus procesos de independencia, después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), levantaron al “Tercer Mundo”, a raíz de la Conferencia de Bandung (1955). Pero América Latina era casi un continente de nuevos Estados, que lograron sus independencias contra el coloniaje (principalmente frente a España y Portugal), en las dos primeras décadas del siglo XIX. Sobre estos países no fue posible una recolonización, incluso porque la Doctrina Monroe (1923) detuvo cualquier intención al respecto. Sin embargo, esta misma doctrina no impidió que los Estados Unidos aseguraran su presencia continental, que en el siglo XX expandieran aquí sus intereses y que en la segunda postguerra se convirtieran en la potencia hegemónica del mundo.
Durante el siglo XX
América Latina experimentó lo que bien puede llamarse -siguiendo a Lenin-, el sexto rasgo fundamental del imperialismo: el intervencionismo para subordinar o
condicionar a los gobiernos latinoamericanos a los intereses continentales de los Estados Unidos. Y
la región puede dar cuenta de un largo listado de acciones que ha sufrido
hasta el presente: amenazas,
intervenciones directas, desestabilización
política, derrocamiento de gobiernos, acuerdos militares, dictaduras
anticomunistas, mecanismos de asistencia o cooperación, sanciones económicas.
Hay una gigante bibliografía y
documentación sobre estos temas, que comprueba cómo el intervencionismo monroísta no ha dejado
de estar presente en América Latina,
aunque a veces luce débil y otras fuerte.
Si bien es
cierto que la segunda postguerra mundial paulatinamente
fortaleció un mundo internacionalmente basado en normas legales y
principios comunes para la solución de
los conflictos, así como fueron creadas una
serie de instituciones para una convivencia pacífica y civilizada entre las naciones (ONU, OEA) y para su coordinación económica (con los Acuerdos de Bretton Woods nacieron el FMI y el BM [1944] y en 1995 se creó la OMC), la
Guerra Fría significó una época de tensiones internacionales.
América Latina igualmente fue arrastrada a ese conflicto y sufrió
intervenciones para garantizar gobiernos anticomunistas subordinados a las estrategias norteamericanas, como
ocurrió en el Cono Sur. En Ecuador
fue derrocado el presidente Carlos Julio
Arosemena para instalar una Junta
militar (1963-1966) nacida de la directa intervención de la CIA. Imposible dejar a un lado a Cuba,
que lleva el peso de un bloqueo
ilegítimo por más de seis décadas.
El panorama internacional ha cambiado con el avance del siglo XXI y se ha delineado un mundo multipolar que surge mientras se derrumba la hegemonía unipolar de los Estados Unidos. En este tiempo también América Latina cambió y los gobiernos progresistas impulsaron alternativas para crear economías sociales y democracias populares. Bajo este conjunto de macroprocesos históricos, la nueva “era” que ha inaugurado el presidente Donald Trump está provocando cambios insospechados, que han fracturado el proclamado mundo basado en normas y principios comunes, así como los acuerdos por la coordinación económica planetaria. Incluso Europa está desafiada a redefinir su tradicional alineamiento con Estados Unidos, revisar el papel de la OTAN y reorientar recursos para su propia defensa (https://t.ly/Zfzx4).
Lo singular del nuevo
monroísmo del “America first”
también afecta a América Latina.
Pasa a vivir un momento histórico en
el cual se cierne el peligro real del intervencionismo, si es que los gobiernos de la región no se ajustan
a los intereses y geoestrategias
globales de los Estados Unidos.
Se ha comenzado por imponer una mano
de hierro a los migrantes; queda destrozada la ideología del “mercado libre” ahora sujeta a las sanciones arancelarias
unilaterales y al proteccionismo;
se cortaron los programas de
financiamiento y cooperación como
los de USAID; desde antes ya se había dejado en claro que importan mucho los recursos
latinoamericanos (litio, cobre,
aguas, tierras, etc.); se considera el combate al “terrorismo” y al crimen
organizado; tajantemente se advierte
contra la creciente presencia de China
(el “enemigo” principal) así como de
otros países como Rusia; están amenazados los BRICS; lo mismo Panamá, incluso con
preparativos para tomar el canal (https://t.ly/Oz-a7);
se revisan acuerdos militares como ha
ocurrido con Ecuador, sin descartar el interés por las Galápagos. Y todo esto no es más que el “comienzo”, como lo ha destacado el mismo
presidente Trump.
América
Latina está desafiada. La unión e integración de políticas comunes
para enfrentar la nueva avalancha americanista se volvió urgente, aunque no vendrá de la mano de los
gobiernos empresariales y de la derecha
oligárquica. Así como México,
bajo la presidenta Claudia Sheinbaum,
demuestra las virtualidades de adoptar
posiciones firmes y progresistas,
en Ecuador y Argentina parece que sus gobiernos compiten por demostrar cuál será el mejor ejemplo
en ofrecerse como serviciales
encubridores del intervencionismo, que vuelve a mostrarse como el rasgo esencial del imperialismo frente a Nuestra
América Latina. Blog del
autor: Historia y Presente
www.historiaypresente.com
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