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Tras
la guerra de Ucrania,
han sido varios países los que han restaurado el servicio militar obligatorio (Dinamarca, Suecia, Noruega, Estonia,
Letonia, Lituania) y a lo largo de 2025
han dicho que lo harán Serbia, Croacia y
Alemania; Bélgica y Reino Unido permitirán que los jóvenes lo hagan de manera voluntaria; Países Bajos lo permitirá a
las mujeres; y Polonia adiestrará militarmente a todos sus adultos.
Francia ha ofrecido que su arsenal nuclear sirva para dar cobertura a todo el
espacio europeo. Y Donald Tusk,
primer ministro de Polonia, ha dicho que, ante la amenaza rusa, está
dispuesto a comprar bombas atómicas. Pero,
¡qué locura es esta! Acaso no sabe este hombre que el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares prohíbe la compra de bombas atómicas.
Por si no fuera bastante, Tusk ha
anunciado que rompe con los tratados de minas antipersona y de bombas racimo para así poder sembrar de
minas su frontera con Rusia.
Nada
bueno nos espera si nos dejamos llevar de los excesos
testosterónicos belicistas que exhiben nuestros dirigentes. Recientemente
se ha dejado que personajes, como Benjamin
Netanyahu y otros, se comporten como
crueles asesinos, saltándose con total impunidad tratados internacionales,
no respetando Derechos Humanos, y
ahora, cuando Donald Trump muestra
sin tapujos su buena relación con otro asesino, Vladimir Putin, al tiempo que despliega su ideario político a todo
el mundo: “America First”, o lo que
es lo mismo, “la ley del más fuerte en
la jungla”, muchos parecen haberse contagiado
de ese espíritu belicista y abrazan el “todo vale para protegerse del lobo
feroz”.
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¿NOS
ENCAMINAMOS A LA TERCERA GUERRA MUNDIAL?
*****
Por Javier Díez Moro | 27/03/2025 | Opinión
Fuente. Revista Rebelión jueves 27 de marzo del 2025.
¿Existen razones objetivas para el
rearme europeo? Si
hacemos caso a la corriente catastrofista, que desde hace ya algunos años
difunde la Unión Europea, parece que sí. Según los distintos gobiernos del
viejo continente ese rearme es necesario para asegurar la paz en Europa. ¿Y cuál es el monstruo que amenaza con
devorarnos? Vladimir Putin,
la Rusia de Putin. Nos dicen que este sátrapa nacionalista y expansionista
desea que Rusia vuelva a ser lo que fue en los tiempos de la Guerra Fría, una
especie de nueva URSS. Y para colmo
quien habita la Casa Blanca es Donald
Trump, otro déspota y ambicioso, que guarda una buena relación con su
homónimo ruso desde hace unos cuantos años. Además, ambos personajes son los
nuevos gurús del neofascismo internacional.
Aunque
es innegable que Occidente
está en crisis y que el imperialismo es un valor al alza, mientras que los
derechos humanos y los tratados de paz son valores a la baja, Europa no puede precipitarse a adoptar
medidas para la paz de dudosa eficacia, siguiendo el viejo adagio de si
quieres la paz prepárate para la guerra. Es un gravísimo error
apostar por el belicismo, aunque sea bajo el pretexto de defenderse. Los
principios que gestaron la Unión Europea
no fueron esos precisamente. Cierto es que los gobiernos actuales de la mayor
parte de los países miembro de la UE
nada tienen que ver con los de antaño. Ahora abundan la mediocridad y un
excesivo seguidismo al amigo americano, convertido recientemente
en enemigo, por obra y gracia del matón Donald Trump. Pese a ello, alguien debe pedir cordura en este
gallinero de pollos sin cabeza.
La Guerra Fría. Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. URSS. terminó en 1989 con la Caída de la URSS. y su desaparición, de un "Socialismo realmente NO existente".
*****
En
primer lugar,
conviene recordar cuál ha sido la política internacional de EE.UU. desde que terminó la Guerra Fría. Con mayor o menor
agresividad, este país se ha arrogado en sheriff del mundo, en
líder incontestable de la OTAN,
interviniendo en conflictos bélicos de manera unilateral y en contra del
criterio de Naciones Unidas, inventándose guerras, apoyando a dictadores,
propiciando golpes de Estado, asesinando a enemigos, y todo esto lo ha hecho
con independencia de si el inquilino en la Casa
Blanca era demócrata o republicano. Sin ir más lejos, Joe Biden ha sido acusado recientemente ante la Corte de La Haya por complicidad con
crímenes de guerra y de lesa humanidad israelíes
en Gaza.
En
segundo lugar, la
Rusia de Putin no es la URSS. La temida
“invasión rusa de Europa” es una
falacia. Rusia no tiene capacidad
armamentística para una empresa de ese calibre. Si en tres años de guerra con Ucrania no ha sido capaz de alcanzar
todavía la victoria, qué nos hace pensar que puede invadir otros países
europeos.
Si Europa hace tres años hubiese apostado por buscar una negociación con Rusia, al margen de los intereses estadounidenses, posiblemente se hubieran evitado más del millón de muertos que ha propiciado esta guerra (aunque existen sospechas fundadas de que el número sea mucho más grande) y los casi 7 millones de desplazados ucranianos (según datos de ACNUR, repartidos sobre todo en Polonia y Alemania, y en Rusia, donde hay más de 1 millón). Igualmente se habrían evitado las enormes pérdidas materiales, que han contribuido al estancamiento de la economía europea y la recesión alemana.
Allá
por 1962, en la época de
la Guerra Fría, EE.UU. estuvo a
punto de protagonizar un conflicto nuclear con la URSS. La llamada Crisis de
los Misiles de Cuba tuvo su origen en el despliegue por parte de los
soviéticos de misiles con cabeza nuclear en la isla caribeña, gobernada por Fidel Castro. Durante 13 días el mundo
entero dejó de respirar. Los estadounidenses se sintieron amenazados por la
proximidad del enemigo a sus territorios. De igual modo, Europa debería haber entendido que en las últimas décadas la OTAN se ha ido acercando cada vez más a
las fronteras rusas. Y que la alarma se encendió cuando Ucrania manifestó que entraría a formar parte de la Alianza Atlántica. La invasión rusa,
aunque condenable, tuvo otras causas además de la expansión de la OTAN. El incumplimiento sistemático de
acuerdos internacionales, la violación de tratados históricos, como los
acuerdos Reagan-Gorbachov y los Protocolos de Minsk, el maltrato a la
población rusófila de Ucrania,
fueron también importantes factores.
Una
Unión Europea
desnaturalizada, incapaz de liderar políticas ejemplares para la paz y el
desarrollo, se ha limitado a apoyar las directrices de la Casa Blanca en política internacional y, ahora, con Trump de enemigo, piensa que la única
solución es incrementar el gasto en defensa.
¿Tiene sentido la existencia de la
OTAN en la actualidad? La
Alianza Atlántica se creó en 1949 como escudo militar contra la URSS. Pero perdió su razón de ser tras
la Guerra Fría. Pero, en lugar de
disolverse, se expandió hacia las fronteras rusas, violando el espíritu de
cooperación posterior a 1991.
La
OTAN tiene una carta fundacional, el Tratado del Atlántico Norte
de 1949, anacrónica, de tan solo 14 artículos, en la que lo único que aparece
por todos los resquicios es el dominio absoluto de Estados Unidos, que si entonces, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, tenía sentido
por la polarización Estados Unidos-URSS,
hoy no lo tiene, porque la URSS ha
desaparecido.
El incumplimiento continuado de los fundamentos del tratado: “los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley”, practicando la OTAN una política cínica de admisión de Estados dictatoriales antidemocráticos, como, en su momento, Grecia, Portugal y Turquía, y, por otro lado, propiciando golpes de Estado, ayudada por la CIA, contra países democráticos, convierten a la organización en un instrumento inadecuado y peligroso, en un juguete al servicio, muchas veces, de los intereses de los EE.UU.
George
W. Bush prescindió de
la OTAN en su programa de guerras
contra el Eje del Mal -Irak, Irán y
Corea del Norte-, rompiendo sus relaciones con sus aliados europeos. Trump la ha marginado y vilipendiado,
llegando a decir de la OTAN que “no existiría si no fuera por él”. Ambos
presidentes maniobraron para poner a la OTAN
al servicio de sus intereses nacionales y su política exterior, con frecuencia
contrarios a los de sus aliados.
Donald
Trump en su primer
mandato (2017-2020) ya exigió a los países miembros de la UE que debían incrementar su gasto en defensa dentro de la OTAN porque, según él, era su país
quien financiaba mayoritariamente a la organización. ¿Es eso cierto? Estados Unidos aporta el 15,8% del
presupuesto de la OTAN, igual que Alemania, algo más que Francia y Reino Unido. En cuando al PIB no está a la cabeza Estados Unidos, con el 3,38%, sino Polonia, con el 4,12% y Estonia, con el 3,43%. Son datos de la
propia OTAN en 2024. El liderazgo
absoluto de Estados Unidos se
justificaría si, al menos, su aportación a la alianza alcanzase el 51%. Como
sucede en la toma de decisiones de los reglamentos de las instituciones
públicas y privadas de las sociedades democráticas. ¿Por qué admiten los socios de la entidad atlántica este servilismo
extremo?
En 2014, tras la apropiación de Crimea (Ucrania) por Rusia, se aprobó una franja de diez años, de 2014 a 2024, para que los miembros aportaran a las arcas de la UE el 2% de su PIB en el epígrafe de armamento. Ante el incumplimiento generalizado se ha prorrogado hasta 2029. Esta manera de proceder provoca una extrema desigualdad en las contribuciones, que justifica la crítica soterrada o abierta de unos contra otros.
Ahora, ante los miedos que despierta Donald Trump con respecto a la
seguridad de Europa, la presidenta
de la Comisión Europe, Ursula von der
Leyen, ha propuesto movilizar la friolera
de 800.000 millones de euros para financiar el rearme de los países europeos.
Y todos los gobiernos de los distintos miembros de la UE han comprado la propuesta sin alzar la voz. ¿Realmente todos piensan que necesitamos
rearmarnos porque si no vendrá el lobo feroz? ¿Nos hemos preguntado a quien
vamos a beneficiar con este gasto astronómico en defensa? Pues a EE.UU., el mismo país que, con el matón
de Donald Trump en el trono
presidencial, castiga con aranceles salvajes nuestras economías. La industria
armamentística estadounidense es de lejos la más poderosa del mundo. Según datos
del Instituto Internacional de Estudios
para la Paz de Estocolmo, en el período 2017-2021, entre los países de
la Alianza Atlántica, EE.UU. ocupaba el primer lugar de las exportaciones de armas mundiales
(38,6%), seguido de Francia (10,7%),
Alemania (4,5%), Italia (3,1%) y Reino Unido (2,9%).
El
Viejo Continente
lleva bastante tiempo desnortado, incapaz
de liderar políticas de distensión y paz. Se lanzan proclamas, se hacen
denuncias con la boca pequeña, pero, a la hora de la verdad, se siguen los
dictados del amigo americano. ¿Qué
ha hecho Europa ante el genocida
estado de Israel? ¿Qué hizo en las
vísperas del conflicto ruso-ucraniano? Nadar y guardar la ropa. Tenemos
unos líderes lamentables e ineptos que son capaces de cualquier cosa por
mantener su estatus.
Tras
la guerra de Ucrania,
han sido varios países los que han restaurado el servicio militar obligatorio (Dinamarca, Suecia, Noruega, Estonia,
Letonia, Lituania) y a lo largo de 2025
han dicho que lo harán Serbia, Croacia y
Alemania; Bélgica y Reino Unido permitirán que los jóvenes lo hagan de manera voluntaria; Países Bajos lo permitirá a
las mujeres; y Polonia adiestrará militarmente a todos sus adultos.
Francia ha ofrecido que su arsenal nuclear sirva para dar cobertura a todo el
espacio europeo. Y Donald Tusk,
primer ministro de Polonia, ha dicho que, ante la amenaza rusa, está
dispuesto a comprar bombas atómicas. Pero,
¡qué locura es esta! Acaso no sabe este hombre que el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares prohíbe la compra de bombas atómicas.
Por si no fuera bastante, Tusk ha
anunciado que rompe con los tratados de minas antipersona y de bombas racimo para así poder sembrar de
minas su frontera con Rusia.
Nada
bueno nos espera si nos dejamos llevar de los excesos
testosterónicos belicistas que exhiben nuestros dirigentes. Recientemente
se ha dejado que personajes, como Benjamin
Netanyahu y otros, se comporten como
crueles asesinos, saltándose con total impunidad tratados internacionales,
no respetando Derechos Humanos, y
ahora, cuando Donald Trump muestra
sin tapujos su buena relación con otro asesino, Vladimir Putin, al tiempo que despliega su ideario político a todo
el mundo: “America First”, o lo que
es lo mismo, “la ley del más fuerte en
la jungla”, muchos parecen haberse contagiado
de ese espíritu belicista y abrazan el “todo vale para protegerse del lobo
feroz”.
Una
Europa que ha visto
como la socialdemocracia ha ido perdiendo
pujanza, al tiempo que crecía la extremaderecha, que ha ido retrocediendo
en derechos sociales, menguando el estado de bienestar, este gasto de 800.000 millones de euros en armas, con
toda probabilidad redundará en un
empobrecimiento de los europeos, porque son los ciudadanos quienes pagarán de
sus bolsillos el rearme.
Un
poco de sensatez,
por favor. La disuasión militar que se propone frente a Rusia, beneficiará especialmente a EE.UU., hará más pobres a los ciudadanos
europeos, nuestro continente perderá la poca credibilidad de liderazgo que le
queda en el mundo en lo concerniente a la paz. Y lo peor, alimentaremos las
tensiones prebélicas. Dos guerras
mundiales deberían habernos enseñado algo. El camino adecuado debería ser la cooperación, la distensión que
permita una coexistencia pacífica con Rusia y con cualquier otro país.
Javier Díez Moro / Escritor y columnista
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