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“La traición de Columbia. Pero es imposible tener una política imperialista y genocida en el frente externo, sin que afecte el frente interno, donde se
ha empezado a perseguir severamente la
disidencia, violando el derecho a la libre expresión y de cátedra con el falso mantra del “antisemitismo”. En “obediencia anticipada”, muchas autoridades
universitarias empezaron a
ceder, ya desde el gobierno de Biden,
reprimiendo brutalmente a sus alumnos
por protestas pacíficas solidarias con Palestina y contra la política
pro Israelí del gobierno de Biden, realizadas en congruencia con
los llamados de la ONU de que los
países miembros no deben colaborar
con un Estado que está presumiblemente
cometiendo genocidio.
“Hace
unos días arrestaron
a Mahmoud Khalil, un palestino recién graduado de la Universidad de Columbia y residente
permanente en EEUU, líder de
las protestas de solidaridad con Palestina en ese campus. Khalil fue secuestrado de noche, por
agentes de la ICE no uniformados,
sin orden de arresto y frente a su esposa estadounidense, embarazada de 8 meses. Mientras escribo sigue detenido sin explicaciones y sin que exista
ningún cargo su contra. En las
protestas que ocurrieron unos días
después, en Nueva York, había muchos judíos en defensa
de Khalil, entre ellos varias hijas y nietas de sobrevivientes del
Holocausto. Una de ellas le contó a una periodista cómo a su padre los agentes
de la Gestapo lo habían secuestrado de noche, sin explicaciones
igual que a Khalil. La
ICE es la nueva Gestapo y los palestinos son los nuevos
judíos. Está demasiado claro como para que alguien pueda darse el lujo
de ser neutral.
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FASCISMO Y “OBEDIENCIA
ANTICIPADA”,
por Cecilia Méndez.
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“El fascismo es siempre el producto de un liberalismo en quiebra”
— Chris Hedges
Por
Cecilia Méndez. Dra. En Historia.
Fuente.
La República domingo 16 de marzo del 2025.
Han sido semanas especialmente pavorosas aquí, en los Estados Unidos. La destrucción de lo que queda del Estado de bienestar —es decir, de las agencias estatales dedicadas a proporcionar un servicio público, desde educación hasta salud, pasando por pensiones de jubilación e investigación científica— han sufrido purgas, despidos en masa y recortes presupuestales que en apuntar a su desactivación y presumible reemplazo por corporaciones privadas. Ello hará que muchas personas de escasos recursos o necesidades especiales ya no perciban su jubilación, no puedan seguir estudiando, o pierdan el acceso a atención médica gratuita o de bajo costo. Su ejecutor ha sido Elon Musk, el hombre más rico del mundo y brazo de derecho de Trump, otro millonario con déficit de ética, y criminal convicto convertido en presidente por segunda vez. Este asalto a los bienes públicos esconde un obvio conflicto de interés y revela el grado de bajeza moral del actual gobierno.
Escribo, entonces, como el escritor Pankaj
Mishra, “para aliviar mi perplejidad desmoralizante frente a una gran
bancarrota moral y para invitar a los lectores a una búsqueda de
clarificaciones”. Parafraseando al filósofo Karl Jaspers — quien se pregunta por responsabilidades diversas en
la Segunda Guerra Mundial— Mishra siente
una “una culpa metafísica”
y escribe
“con la aflicción de quienes se vuelven impotentemente
conscientes de una barbarie inconcebible en su entorno”. Existe, decía Jaspers — prosigue Mishra— “una
solidaridad entre los hombres como seres humanos que nos hace corresponsables
los unos a los otros por cada mal e injusticia en el mundo, especialmente por
crímenes cometidos en nuestra presencia o con nuestro conocimiento. Si fracaso
en el intento de hacer todo lo que puedo para prevenirlos, yo también seré
culpable” (The World After Gaza: A History,
Nueva York: Penguin Press, 2025, p. 20).
Una bancarrota moral
Y
es que la bancarrota moral
a la que me refiero va mucho más allá de la demolición del Estado de
bienestar fundado por F.D.
Roosevelt en los años 30 del
siglo a manos de Trump y
los multimillonarios que lo rodean. Y tampoco empezó con Trump. Este despojo de derechos a
los ciudadanos es un proceso que inicia Reagan,
consolida Clinton y Trump acelera
llevándolo a su forma más grotesca en el marco de un asalto totalitario
del poder.
Me refiero también, y más importante aún, a la perversión moral que supone financiar y avalar un genocidio —el de los palestinos— con armas, distorsiones verbales y silencios; con apoyo político y blindaje diplomático, como en los innumerables vetos a resoluciones de cese al fuego por parte de EEUU en la ONU; como cuando Biden suspendió los fondos para la UNRWA, principal agencia humanitaria en Gaza para los refugiados palestinos, mientras aviones o drones soltaba bombas estadounidenses sobre escuelas, universidades, almacenes con víveres y medicinas, hospitales con pacientes y doctores adentro, y mataban periodistas y familias enteras.
Dra. Cecilia Méndez. Historiadora y Docente Universidad de California.
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La abdicación de los “liberales”
Me
refiero a los vítores exaltados que los congresistas estadounidenses
ofrecieron al Primer Ministro del Genocidio, Benjamín Netanyahu,
invitado de Biden, en el Congreso
hace unos meses, y los abrazos fraternos poco después en la Casa Blanca, ya con Trump. Todo ello, pese la orden internacional de captura que pesa sobre
dicho Primer Ministro por
crímenes de guerra y de lesa humanidad por parte de la Corte Penal Internacional y un juicio por genocidio
contra estado de Israel en la
Corte Internacional de Justicia. El establishment político de EEUU
— republicanos y demócratas— no
ha mostrado la más leve intención de querer detener la exterminación de palestinos en curso, pese a que Israel ha quebrado innumerables veces
el último acuerdo de cese al fuego con Hamás y
ha bloqueado desde hace más de dos
semanas el acceso a alimentos, víveres, agua, y electricidad.
Personalmente,
siento que el establishment mediático supuestamente “liberal” y del Partido Demócrata
tienen la mayor responsabilidad en
la debacle moral que ha terminado conduciendo al fascismo de Trump, porque abdicaron
de su responsabilidad de ofrecer una alternativa viable a Trump e informar con verdad. Los
congresistas trocaron cualquier
principio democrático que podían haber tenido por los
millones del AIPAC (la
organización pro-israelí de EEUU
dedicada a la compra congresistas y
políticos, digámoslo claro), que garantizaban
la renovación de sus curules o cargos políticos. Su complicidad
con el silencio y distorsiones de los
medios con respecto a la real situación de los palestinos y las responsabilidades
de Israel (con raras excepciones
como la Rashida Tlaib, la única palestina en el Congreso) debe
ser sopesada. Los medios supuestamente “liberales”, por su parte, en
lugar de ponerse firmes frente a Trump,
como lo hicieron en su primer
gobierno, ahora no solo se muestran complacientes, sino que lo
vienen apoyado de maneras más o menos directas. El New York Times se olvidó de indignarse y de contar
escrupulosamente cada mentira de Trump,
como lo hizo en su primer gobierno. Bezos y
Zuckerberg han puesto el Washington
Post y Meta, respectivamente, al
servicio del dictador.
La traición de Columbia
Pero
es imposible
tener una política imperialista y
genocida en el frente externo, sin
que afecte el frente interno, donde se ha empezado a perseguir severamente la disidencia,
violando el derecho a la libre
expresión y de cátedra con el falso mantra del “antisemitismo”. En “obediencia anticipada”, muchas autoridades universitarias empezaron a
ceder, ya desde el gobierno de Biden, reprimiendo brutalmente
a sus alumnos por protestas
pacíficas solidarias con Palestina y contra la política pro Israelí del gobierno de Biden, realizadas en congruencia con
los llamados de la ONU de que los
países miembros no deben colaborar
con un Estado que está presumiblemente cometiendo genocidio.
Hace
unos días arrestaron
a Mahmoud Khalil, un palestino recién graduado de la Universidad de Columbia y residente
permanente en EEUU, líder de
las protestas de solidaridad con
Palestina en ese campus. Khalil fue secuestrado de noche, por agentes de
la ICE no uniformados, sin
orden de arresto y frente a su esposa estadounidense, embarazada de 8 meses.
Mientras escribo sigue detenido sin
explicaciones y sin que exista ningún cargo su contra. En las protestas que ocurrieron
unos días después, en Nueva York,
había muchos judíos en defensa
de Khalil, entre ellos varias hijas y nietas de sobrevivientes del
Holocausto. Una de ellas le contó a una periodista cómo a su padre los agentes
de la Gestapo lo habían secuestrado de noche, sin explicaciones
igual que a Khalil.
La
ICE es la nueva Gestapo y los palestinos son los nuevos judíos. Está demasiado
claro como para que alguien pueda darse el lujo de ser neutral.
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