domingo, 23 de marzo de 2025

SON TIEMPOS DE GUERRA. TRUMP..... BUKELE, EL CARCELERO SALVADOREÑO DE TRUMP. El gobierno estadounidense habría pagado U$S 20 mil por cada deportado.

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Lo que se denomina como desglobalización no es más que el fracaso del neoliberalismo evidenciado inicialmente en la crisis del 2008. En febrero, el gasto del Gobierno federal de los Estados Unidos alcanzó los 603 mil millones de dólares. Ese monto supera en 36 mil millones la cifra gastada durante febrero de 2024, pese a las promesas de Elon Musk y su Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). El incremento se vincula con el aumento de los intereses de la colosal deuda del Estado, el aumento de la compra de armamento al Complejo Militar Industrial y la desviación de recursos hacia empresas ligadas directa o indirectamente al entramado empresarial del propio Musk. Durante más de dos siglos, el patovica del barrio se encargó de castigar a todos sus vecinos, invadirlos, extorsionarlos, bloquearlos y amenazarlos. Pareciera estar llegando la hora del empoderamiento de los que fueron golpeados. Que dispongan de una oportunidad para esperar al matón en la esquina, para terminar su reinado de terror injerencista y supremacista, o al menos limitarlo. El triunfo militar de Moscú, el éxito económico de Beijing, y el fastidio de América Latina y el Caribe permiten vaticinar dicha encrucijada. Hace tres décadas y media, los CEOs de la vida brindaban en las terrazas del boato el fin de los conflictos sociales y políticos frente a la paz perpetua (de los cementerios).

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SON TIEMPOS DE GUERRA. TRUMP.

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Por. Jorge Elbaum.

Fuente. Página /12. Domingo 23 de marzo del 2025.

 

Una semana atrás el presidente de los Estados Unidos Donald Trump decidió apelar a una ley del siglo XVIII para encarcelar en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT) de el Salvador, ubicado en Tecoluca, a tres centenas de migrantes venezolanos. La reclusión –que incluye trabajos forzados– le permitirá a Nayib Bukele embolsar varios millones, como producto de los servicios carcelarios ofrecidos. Luego de conocida la medida de Trump, el juez James Boasberg, del distrito de Washington, consideró que la expulsión era ilegal porque la norma en la que se basó, la Alien Enemies Act de 1798, solo puede ser utilizada ante un conflicto bélico. Trump, sin embargo, decidió desconocer la resolución del magistrado y ante una pregunta de un periodista afirmó que su orden ejecutiva era incontrovertible porque “estos son tiempos de guerra”.


La Ley fue utilizada por los mandatarios estadounidenses en tres ocasiones: en 1812, ante la invasión británica que incendió la Casa Blanca; durante la Primera Guerra Mundial; y con el ingreso de Estados Unidos al conflicto iniciado por la Alemania nazi. Esta es la cuarta ocasión. Pero los enemigos –o Alien– son solo inmigrantes. En este marco, la política estadounidense hacia América Latina y el Caribe se sintetiza en cuatro lineamientos básicos:

(a) el bloqueo criminal a Cuba, Venezuela y Nicaragua;

(b) la racialización de las y los migrantes latinoamericanos,

(c) la utilización del narcotráfico como justificación para políticas comerciales y arancelarias y

(d) el intento de desacople a las economías latinoamericanas de las iniciativas de cooperación y articulación promovidas por China y los BRICS+. Para lograr esos cuatro objetivos, el trumpismo profundiza la agenda estigmatizadora y negativa sobre sus vecinos del sur.

Se estima que once millones de personas trabajan en Estados Unidos sin que las autoridades les concedan los documentos. Dicha exclusión tiene un doble objetivo: por un lado, evitar que dichos asalariados o sus hijos puedan sumarse –en un futuro– a los padrones electorales. En segundo término, lograr que la precariedad laboral contribuya a limitar el ingreso promedio de los trabajadores. A mayor precariedad, menor capacidad de negociar condiciones de trabajo y aumentos salariales.

La globalización promovida por Occidente maximizó beneficios al trasladar empresas productivas fuera de sus fronteras y difundir el mito de la sociedad postindustrial, del conocimiento y de los servicios. Hoy advierten, al interior de los Estados Unidos, que tropezaron con su propio artificio, al tiempo que la República Popular China, liderada por su Partido Comunista, lograba un desarrollo formidable por no sumarse a los cantos de sirena de la financiarización y el pensamiento rentista.



Para el Departamento de Estado, los pueblos latinoamericanos están asociados a lo que catalogan como inmigración ilegal, criminalidad, narcotráfico y –sobre todo– el peligro de contaminación de una población que pretenden perpetuar como “blanca, protestante y anglosajona”, WASP. Hasta hace apenas unos meses, el Departamento de Estado estimuló la emigración de Cuba y Venezuela con intereses propagandísticos, con la intención de exhibir como catastrófica la situación de esos países. Las penurias sufridas por los países sometidos a bloqueo son utilizadas, de esa manera, para culpabilizar a las víctimas: te ahogan y responsabilizan porque se te llenan los pulmones de agua.

El estilo trumpista, que varios analistas califican de transaccional, propone una original forma de intercambio: los países latinoamericanos tienen que garantizar que no emigren sus ciudadanos y a cambio el trumpismo se compromete a limitar sus aranceles comerciales. El esquema se asemeja al accionar de la mafia: se ofrece protección a cambio de amenazas criminales, castigos económicos o militares. La política de la intimidación y de extorsión directa ya no se combina con el poder blando propuesto por Joseph Nye para las relaciones internacionales.

Según Juan Gabriel Tokatlián, Trump considera que

“Estados Unidos atraviesa un estado calamitoso, una suerte de impotencia, que él resuelve con una prepotencia total.”

La frustración del magnate devenido en mandatario responde al acelerado naufragio de una ilusión difundida tres décadas atrás, cuando Francis Fukuyama auguraba que el fin de la historia supondría una autopista sin freno al neoliberalismo perpetuo y a la victoria final de un globalismo hegemonizado por Occidente.

Este fracaso del otantismo brinda una gran oportunidad para América Latina, el Caribe y el Sur Global en su conjunto. Los analistas rusos nominan a este colectivo como Mayoría Global por su compromiso común para defender la soberanía, la no intervención en los asuntos internos de cada país, el respeto a la seguridad de cada nación y el repudio a toda forma de expansionismo, injerencismo y colonialismo. La agresividad exhibida por Trump para “recuperar el tiempo perdido” y “hacer grande a Estados Unidos” –a costa del resto del planeta–, permite conjeturar una reconfiguración defensiva frente a su prepotencia.

Lo que se denomina como desglobalización no es más que el fracaso del neoliberalismo evidenciado inicialmente en la crisis del 2008. En febrero, el gasto del Gobierno federal de los Estados Unidos alcanzó los 603 mil millones de dólares. Ese monto supera en 36 mil millones la cifra gastada durante febrero de 2024, pese a las promesas de Elon Musk y su Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). El incremento se vincula con el aumento de los intereses de la colosal deuda del Estado, el aumento de la compra de armamento al Complejo Militar Industrial y la desviación de recursos hacia empresas ligadas directa o indirectamente al entramado empresarial del propio Musk.

Durante más de dos siglos, el patovica del barrio se encargó de castigar a todos sus vecinos, invadirlos, extorsionarlos, bloquearlos y amenazarlos. Pareciera estar llegando la hora del empoderamiento de los que fueron golpeados. Que dispongan de una oportunidad para esperar al matón en la esquina, para terminar su reinado de terror injerencista y supremacista, o al menos limitarlo. El triunfo militar de Moscú, el éxito económico de Beijing, y el fastidio de América Latina y el Caribe permiten vaticinar dicha encrucijada. Hace tres décadas y media, los CEOs de la vida brindaban en las terrazas del boato el fin de los conflictos sociales y políticos frente a la paz perpetua (de los cementerios).

Un siglo y medio antes, Charles Baudelaire advertía que

“la irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa, o el estupor, son elementos esenciales y característicos de la belleza.” Quizás Ludwig Wittgenstein lo definió con más precisión: “Nunca puede haber sorpresas en la lógica". Los que siguen apostando al trofeo de la codicia y el supremacismo no debieran apresurarse a salir en la foto.

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BUKELE, EL CARCELERO SALVADOREÑO DE TRUMP.

El gobierno estadounidense habría pagado U$S 20 mil por cada deportado.

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Traslado de un supuesto miembro del Tren de Aragua en el aeropuerto internacional de El Salvador. . Imagen: EFE.

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El Gobierno de El Salvador comenzó a recibir a supuestos miembros de una organización criminal venezolana y a pandilleros de la Mara Salvatrucha expulsados de EE.UU. 

Por Stanley Luna.

Fuentes. Página /12 domingo 23 de marzo del 2025.


El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, comenzó a cumplir la promesa que le hizo en febrero pasado al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, durante su gira por Centroaméricarecibir a migrantes deportados y de diferentes nacionalidades desde el país norteamericano como parte de la política anti-inmigrante implementada con celeridad por Donald Trump. Así, el pasado domingo, el Gobierno salvadoreño recibió a los primeros deportados. De acuerdo con la información oficial, se trató de 238 miembros de la organización criminal venezolana El Tren de Aragua y otros 23 miembros de la pandilla salvadoreña Mara Salvatrucha (MS-13), pero especialistas en seguridad pública ponen en duda el perfil de estas personas por la crisis democrática y falta de transparencia que vive El Salvador desde que Bukele asumió el poder, en 2019, y por el discurso xenófobo de Trump.

En su visita a El Salvador, Rubio se reunió en privado con Bukele. Tras la reunión, el funcionario estadounidense confirmó que Bukele se había ofrecido en no solo recibir a miembros de estas bandas criminales, sino que también a convictos estadounidenses o con residencia legal en Estados Unidos que hubiesen cometido delitos graves. Días después de esta reunión, la embajadora de El Salvador en Estados Unidos, Milena Mayorga, dijo en una entrevista televisiva que Bukele le había pedido a Rubio la devolución de los líderes pandilleros detenidos en territorio norteamericano.

Aunque este acuerdo de expulsión de migrantes de otras nacionalidades que no fueran la salvadoreña para ser recibidos en El Salvador parecía incierto y horas antes de que se concretara un juez estadounidense había prohibido a Trump invocar la Ley de Enemigos Extranjeros -que es del año 1798- para realizarlas, la noche del domingo, Bukele hizo una publicación en X junto a un video en el que se observa la llegada de un grupo de hombres de Estados Unidos. Los hombres son custodiados por fuerzas de seguridad desde su arribo al aeropuerto salvadoreños y luego aparecen siendo rapados de la cabeza dentro del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la cárcel destinada para pandilleros que se ha vuelto un símbolo mundial de la estrategia represiva de Bukele y que ha sido visitada por funcionarios y funcionarias internacionales, como la Ministra de Seguridad de ArgentinaPatricia Bullrich. Ningún periodista salvadoreño ha podido acceder a ella.

Uno de los detenidos que aparece en el video es el líder histórico de la pandilla MS-13César Humberto López Lario, alias El Greñas de Stoner, acusado de terrorismo en Nueva York. La pandilla a la que pertenece es una de las tres principales en El Salvador y ha sido señalada en investigaciones periodísticas y fiscales de haber negociado con Bukele la reducción de homicidios.



"Seguimos avanzando"

“Como siempre, seguimos avanzando en la lucha contra el crimen organizado. Pero esta vez, también ayudamos a nuestros aliados, logrando la autosuficiencia de nuestro sistema penitenciario y obteniendo información vital para hacer de nuestro país un lugar aún más seguro. Todo en una sola acción”, publicó Bukele. En el mismo posteo, el mandatario dijo que por estas detenciones Estados Unidos pagaría “una tarifa muy baja, pero alta” para El Salvador. La agencia AP, que obtuvo detalles del acuerdo firmado entre ambos países, detalló que por cada preso El Salvador recibirá 20 mil dólares anuales. 

Trump publicó el video compartido por Bukele en la red social Truth Social y agradeció a su par por su “comprensión ante la horrible situación que se permitió Estados Unidos por la incompetencia demócrata”.

En los próximos días la lista de deportados que recibe El Salvador podría multiplicarse, ya que la Casa Blanca anunció que este martes revocará el permiso de residencia de más de 500.000 migrantes procedentes de Cuba, Nicaragua, Haití y Venezuela que ingresaron a Estados Unidos bajo la figura legal de "parole humanitario" durante la gestión de Joe Biden. A las personas que gozan de este beneficio migratorio se les cancelará el permiso de trabajo y cualquier protección contra la deportación. 

Bukele y la mano dura

Durante la primera administración de Trump (2017-2021) desde Honduras, Guatemala y El Salvador partieron caravanas de migrantes hacia Estados Unidos y estos países del Triángulo Norte de Centroamérica firmaron con el Gobierno estadounidense un acuerdo de “tercer país seguro” que les obligaba a frenar la migración, recibir a sus ciudadanos retornados y ofrecer condiciones dignas de vida para sus habitantes, similar a lo que firmó en julio pasado Panamá con Joe Biden ante la crisis migratoria en la selva del Darién, frontera entre Panamá y Colombia.

Pero hasta el día de hoy, solo Guantánamo, la base militar estadounidense en territorio cubano en la que están recluidas las personas acusadas de terrorismo, tiene similitudes con lo que está ocurriendo en El Salvador, señala a Página/12 la investigadora salvadoreña especializada en seguridad pública, Jeannette Aguilar.

La mayor ganancia de Bukele es geopolítica al aparecer en el escenario internacional como aliado incondicional de Trump y ser legitimado por Estados Unidos como referente del modelo securitista a nivel internacional. Con este acuerdo, Trump potencia y amplía el mensaje central del modelo Bukele que, para conseguir seguridad, hay que violar derechos humanos”, opina Aguilar. La especialista también menciona que con este acuerdo Bukele busca “conseguir impunidad” en los casos ventilados en cortes de Estados Unidos que investigan las negociaciones de su gobierno con líderes de la MS-13 para reducir los homicidios.



Bukele se convirtió en presidente en 2019, rompiendo con la tradición bipartidista salvadoreña y en medio de una escalada violencia causada por las pandillas. Construyó su carrera política como alcalde de una localidad cercana a la capital, San Salvador, y luego fue alcalde de la capital bajo la bandera del FMLN, el partido nacido de la guerrilla. Dos años después de ganar la Presidencia, su partido obtuvo la mayoría de diputaciones en el Congreso y esto le permitió maniobrar la cooptación del Estado: sus diputados y diputadas y otros afines destituyeron a los magistrados del Tribunal Constitucional y al Fiscal General para imponer a personas cercanas al Gobierno. Y, luego, esta concentración de poder también fue clave para que, partir de 2022, el Gobierno implementara un régimen de excepción que a la fecha suma 85 mil personas detenidas; y, en 2023, le permitió a Bukele la reelección inmediata a pesar de una prohibición constitucional.

Para Enrique Anaya, constitucionalista salvadoreño, el acuerdo entre Estados Unidos y El Salvador para recibir a personas provenientes de Norteamérica carece de sustento legal, incluso deja en el vacío sobre cuál de los dos países recaerá la responsabilidad ante las denuncias internacionales que estas deportaciones generen. En Caracas, Venezuela, ya hubo una manifestación en donde familiares de deportados desvincularon a sus parientes enviados a El Salvador de El Tren de Aragua, la organización criminal que nació en una cárcel de este país sudamericano.

El mensaje

Sin embargo, en medio de un contexto en donde hay censura a las voces críticas del discurso oficialista, Anaya señala que las detenciones de los deportados en el CECOT también funcionan como un mensaje para la ciudadanía: 

“Que la represión en El Salvador va a continuar, que, si inclusive se está recibiendo a personas del extranjero, a cualquier salvadoreño lo van a poder meter preso”.

Gabriela Santos, directora del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, estima que aún no es posible conocer los efectos que pueda causar el hecho de juntar en una misma cárcel a personas que presuntamente pertenecen a dos organizaciones criminales diferentes.

“Supone distintas interrogantes en materia de seguridad”, dice. Mientras que Verónica Reyna, directora de la organización Servicio Social Pasionista, señala que, ante la cooptación estatal en El Salvador, la única vía para frenar estas deportaciones son las cortes federales estadounidense.

Página/12 intentó contactar al Gobierno de El Salvador a través de su secretario de Prensa, Ernesto Sanabria, pero al cierre de esta nota no hubo respuesta. 

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